Sociedades psicopatogénicas

Por: Mariano González
Fuente: Rebelión (08.02.10)

Es conocido que la mayoría de pacientes de Freud eran histéricas. Esto no es gratuito. Es resultado del clima victoriano de patriarcalismo y represión sexual que se vivía en la Viena freudiana. Ahora resulta mucho más infrecuente asistir a fenómenos histéricos como los analizados por Freud. Esto significa que las sociedades cambian y las psicopatologías que se producen cambian tamb ién . Actualmente asistimos a la eclosión de ciertas expresiones psicopatológicas que son “signos de los tiempos” llenos de violencia. Recientemente escuché al psiquiatra guatemalteco Jacobo Muñoz decir que nuestras sociedades son sociedades psicopáticas y me parece que tal señalamiento es oportuno y certero. Apunta a un problema que resulta endémico en ciertas sociedades, pero que aparece en muchos más lugares del mundo como parte de ciertas condiciones compartidas. No obstante, por un prurito conceptual y lingüístico, creo que la mejor expresión es la de sociedades psicopatogénicas en tanto que las sociedades actuales son capaces de generar cuadros psicopáticos como una respuesta humana a las condiciones en las cuales se organizan las relaciones sociales y se convive con los otros y los objetos.
Para aclarar el sentido de la expresión, vale la pena recordar qué se significa cuando se habla de psicópatas. Una de las características principales de los psicópatas es que no pueden establecer vinculaciones significativas con los objetos de la realidad, es decir, establecer relaciones afectivas con los otros y las cosas. No pueden modular su relación con la realidad a la manera “normal”, en tanto que usualmente se está “interesado” en la realidad (en el sentido etimológico de interés). Pueden aprender a relacionarse como los demás esperan que lo haga para evitar castigos o conseguir lo que quieren, pero hay una falla en la vinculación y pueden actuar haciendo daño sin sentir remordimientos. Planteado en otros términos, hay una organización personal caracterizada por pobres vínculos con los objetos y una falla en la conciencia moral.

Con la expresión sociedades psicopatogénicas se propone que este tipo de organización personal puede estar estrechamente vinculado a ciertas condiciones económico-sociales del mundo. Hay condiciones que “psicopatologizan” y que pueden inducir a conductas y tendencias psicopáticas. [1]

En efecto, nuestras sociedades son un contexto ideal para que emerjan conductas y tendencias de naturaleza psicopática. Los fenómenos de asesinato/suicidio que ocurren en las escuelas de países “desarrollados” (como Estados Unidos) así como fenómenos aparentemente dispersos como la “guerra contra el terrorismo” que justifica masacres tecnologizadas vía bombardeos, así como la glorificación de la violencia a través de los medios de comunicación de masas confirman/ promueven/ expresan estas tendencias de “psicopatogenización” de la sociedad. Es muy claro cuando uno ve películas como Infamous Bastards que expresa una fantasía violenta de venganza o en figuras populares como James Bond, personaje que encarna la capacidad de acción agresiva y de desvinculación con el prójimo, es decir, el perfecto psicópata. La evidente falta de vinculación afectiva con el otro puede observarse en un ejemplo de escalofriante sinceridad en una breve entrevista aparecida en el Periódico (05-02-2009) respecto a un sicario de 23 años. Un entrevistador le pregunta: “¿Qué sentís cuando disparás?” y él contesta: “Cuando mato no siento miedo, ni lástima ni nada. Me siento normal. ¿Qué se puede sentir?”.

Hay una entrevista apócrifa atribuida a Marcola (Martín Camacho), del llamado “Primer Comando de la Ciudad” de Brasilia, que condensa perfectamente esta tendencia. Independientemente de su origen, da cuenta de ideas que se han querido esbozar en este espacio. [2] A la pregunta si tiene miedo de morir, en este texto se responde:

“Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Ya somos una nueva «especie», ya somos otros bichos, diferentes a ustedes. La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común. […] mis soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país. No hay más proletarios, o infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya surgió un nuevo lenguaje. ¿Ustedes no escuchan las grabaciones hechas «con autorización» de la justicia? Es eso. Es otra lengua. Está delante de una especie de post miseria. Eso. La post miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes. Mis comandados son una mutación de la especie social. Son hongos de un gran error sucio”

¿Qué está ocurriendo para que emerjan dichas expresiones? En ciertas sociedades como las latinoamericanas, existen una serie de factores que inciden en este fenómeno. Se podría plantear que la extrema desigualdad que se vive y la impunidad efectiva son un contexto ideal para que emerjan tendencias destructivas. También se aprecia que una “cultura del narcotráfico” se ha llegado a establecer en varios países. Tanto en Colombia como en México, se realizan producciones que presentan la “realidad” del narco en productos de consumo masivo como los narcocorridos mexicanos o telenovelas colombianas como El cartel de los sapos. No son ingenuas estas producciones. No solo presentan la realidad, sino muestran modelos. [3]

También existe un “magisterio de la impunidad” realizado por los gobiernos locales, pero que se ejerce a nivel global por Estados Unidos, otros países desarrollados y las transnacionales. Además, tendencias de larga data del capitalismo, al combinarse con los otros factores mencionados, proporcionan el medio ideal para actuaciones violentas. Indudablemente, el culto al dinero, al poder y al éxito, sin importar los medios para conseguirlos, es una fuente de violencia importante. Una racionalidad medio-fin que no puede preguntarse por la naturaleza de los fines propuestos, es una condición particular para la producción de actuaciones psicopáticas. Las sociedades anómicas (sin-norma, sin-ley), crean condiciones propicias para la violencia. No solo la aparición de actos violentos, sino también de diversas expresiones como la estafa y el fraude que revelan un olímpico desprecio por el otro, así como el único valor social real: el dinero fácil. [4]

Si se reflexiona, contextos de fuerte desigualdad, glorificación de la violencia, impunidad local y global, así como ese culto al dinero, son elementos que permiten entender el aparecimiento de conductas y tendencias psicopáticas como a las que se asiste hoy en día.

Esta es otra razón para la transformación de nuestra irracional forma de organizar la sociedad. Lo contrario es una apuesta por el suicidio colectivo.

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[1] Puede que la categoría diagnóstica también origine problemas si utilizamos criterios de clasificación demasiado estrechos. Aquí se está proponiendo que hay expresiones que pueden ser calificadas como psicopáticas en tanto que corresponden esencialmente a un tipo de actuaciones caracterizados por el desprecio y la falta de vínculos con los otros. A reconocer al otro como prójimo y ser capaz de tomarlo en cuenta.

[2] Esta supuesta entrevista (mejor sería decirle texto) se puede encontrar en varias páginas de Internet. En algunas, se encuentran comentarios diversos sobre la misma. Se consultó la versión digital de OGlobo y no se encuentra en la fecha que se sugiere. El llamado PCC es una organización criminal que opera desde las cárceles brasileñas y que, entre otras cosas, es responsable de los atentados a policías ocurridos en el 2006 en Río de Janerio.

[3] No significarían nada si no encontraran un caldo de cultivo ideal.

[4] En términos teológicos, el dinero es el verdadero ídolo de la sociedad, al cual se subordina cualquier otra consideración.

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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