Por qué no entendemos de economía

Por: Jaime Richart
Fuente: http://www.kaosenlared.net (11.06.10)

Sencillamente porque la economía capitalista es el oscurantismo del siglo XXI, como antaño el oscurantismo estuvo en la religión y anterior­mente en la alquimia, en la ciencia, o en la masonería.

No quieren que entendamos porque en la oscuridad estriba el éxito de políticos, bancos, empresas y economistas. Lo de siempre. Podrían reducirlo a un par de cosas, pero les es mucho más rentable darle vueltas y más vueltas para que nadie de la tropa ciudadana entienda nada, y para que todos los supuestos ilustrados se permitan sugerir solucio­nes que nadie encuentra ni se pueden aportar porque la economía capitalista y los capitalistas prosperan, aunque se empobrezca la mayoría, en el embrollo. Y cuanto más grande, mejor.

Prácticamente nos hemos pasado la historia de los últimos dos mil años pensando en las guerras y en la religión, nos gustase o no, las comprendiéramos o no. Luego, tras la segunda guerra mundial, en la Europa Vieja empezaron a pensar en claves políticas, como en la antigua Atenas, pero mientras Europa se iniciaba en la política de­mocrática, en España todos hacíamos lo que Franco decía: “haga como yo, no se meta en política”. Por eso entonces, durante cua­renta años, teníamos dos opciones: o pensar en religión, o pensar en los principios del Movimiento. Nos gustase o no.

Hoy día todo ha cambiado. Todo aquel o aquella que no com­prenda ni jota de economía capitalista, es un analfabeto técnico que ha de limitarse a ser un convidado de piedra que soporta las conse­cuencias de los tejemanejes de unos cuantos expertísimos que hablan y hablan, que dicen lo que hay y lo que no hay que hacer, pero para que toda siga igual o de mal en peor…

Pero se da la circunstancia de que, salvo esos que con un florilegio de fra­ses inconexas se hacen pasar por entendidos en economía (como los que dicen entender de fútbol), nadie entiende este galima­tías que nos montan a cuenta de la crisis, de los desfalcos, de la deuda, del défi­cit, de la recesión y de la inflación. Y si lo entende­mos, mucho peor. Pues estaremos viendo por dentro lo que es la es­tafa de las clases enriquecidas a las clases trabajadoras que no tie­nen más remedio que soportarlas sin ir a la revolución. Pero no basta con mezclar o ir situando cada palabra en sitio distinto en cada frase para enten­der de economía, es necesario saber aplicar una frase distinta a cada palabra y empaparse de los neologismos anglosajones que inundan los periódi­cos financieros anglosajones. De pronto aparecen los hedge founds, los fondos de in­versión ba­sura, como aparecen las agencias de calificación del riesgo de cu­yas calificaciones de­pende la suerte de cada país y de cada socie­dad (de la que una de ellas, por cierto, Standard & Poors, su delegado en España es Rajoy). Cuantos más factores entren en juego, más perdidos esta­re­mos…

Los ciudadanos “menores”, es decir, los centenares de millones de currantes en Europa y los treinta y cinco millones en Es­paña, no en­tienden nada y han de limitarse a escuchar a los miles o centenares de miles de economistas, políticos y periodistas, todos unos pi­llas­tres, que se esfuerzan por parecer todos a cual mejor intencio­nado pero que al final de lo que hablan es de cómo hacer o cómo re­par­tirse entre ellos los mayores trozos de la tarta mientras los demás nos limitamos a pasar por la caja del desempleo o por la casa de nues­tros padres a pedirles una limosna.

Como siempre ha sido y siempre será. Hasta que en España no desaparezcan la monarquía, la constitución y el concordato, y la banca, la ener­gía y la industria sean nacionalizadas, los ciudadanos corrientes no entenderemos de econo­mía aunque veamos clara­mente dónde está en cada momento el truco. Como antaño no en­tendíamos las abstrusas explicaciones de los curas sobre la San­tí­sima Trinidad y paridas por el estilo, pero sabíamos que nos enga­ñaban. Pues, mientras la economía capita­lista no es más que un montón de basura, de artificios y de falsedades donde nos hacen re­volcarnos mientras las clases opulentas los agitan, la economía no capitalista es simplemente te­neduría de libros contables.

Ahora resulta que la culpa de todo este desaguisado la tiene Ale­mania. Y todo por no haber reaccionado a tiempo la canciller Angela Merkel frente a la crisis de la deuda pública del gobierno griego. Y todo por no haber entrado en Grecia a sangre y fuego para reinte­grarse de la deuda contraída por Grecia. Y todo porque Alemania ha promocionado una economía basada en la exportación que ha supe­rado con creces a la importación; y todo porque gracias a Alemania y a sus préstamos a la banca española destinados al sector inmobi­liario y a la cons­trucción, la burbuja inmobiliaria terminó por estallar. Y todo porque Alemania se ha convertido en la mayor propietaria de bonos públi­cos hoy día en la UE. Y en lugar de afanarse los países mediterrá­neos a pagarle le deuda, se han dedicado a pedir más préstamos, a despilfarrar los obtenidos y a blindarse los directivos y gestores beneficios millonarios sin contrapartida en ventas de los inmuebles…

Se le acusa, en defini­tiva a Alemania, de falta de liderazgo. Al me­nos de eso le acusa Vi­çens Navarro en su artículo de ayer en “Pú­blico”. Según los casos, a la paciencia le llaman desidia, y a la efica­cia falta de liderazgo porque el acreedor -en este caso Alemania- no ha dado un puñetazo en la mesa a tiempo y ha embargado al país deudor entero.

Tanto los capitalistas declarados como los que se emboscan en la socialdemo­cracia -otro eufemismo infecto, como llamamos lavabos a los retre­tes- no tienen arreglo. Ahora no saben cómo arreglárselas para se­guir estafando al pueblo y seguir enriqueciéndose más y más los ricos. Cuando está muy claro que si quisieran de verdad desen­madejar el ovillo, la única solución consiste en condonar las cuantio­sas deudas, borrón y cuenta nueva, y suprimir de la economía la deuda pública en lugar de basarla en ésta. Poner entre todos, en fin, en Europa un in­menso cartel que, desde el Mar del Norte hasta Ta­rifa, desde los Urales hasta Estaca de Bares rezase: “FIN A LA GLOBALIZACIÓN. EN EUROPA NO SE FÍA”. Veríais cómo a partir de ese momento todos entende­ríamos de Econo­mía.

Una respuesta

  1. Muy buen artículo

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