Por: Oriol
Funte: www.ellaberinto.net (Noviembre 2004)
Seguro que quien quiera esclarecer donde empezó la miseria de la izquierda política se encontrará en verdaderas dificultades. La historia nos lleva de la mano por un torrente de luchas, formulaciones teóricas, asaltos al poder, luchas ideológicas, revoluciones y guerras civiles. Desde antes de la Comuna de París, pasando por la revolución bolchevique, la guerra civil española, la revolución china o las incontables huelgas e insurrecciones en todo el mundo, la izquierda ha estado siempre presente abanderando el alumbramiento de un orden social superior. Justicia, Igualdad, Libertad, Solidaridad, Democracia, han sido banderas de millones de trabajadores en su lucha contra la explotación del ser humano y también han sido santo y seña de la izquierda política. Aun hoy estos valores continúan siendo las señas de identidad para la mayoría de los trabajadores que creen y luchan por una vida mas digna y libre de la opresión del capital. Tal vez muy pocos lleguen a descubrir como y de que manera un movimiento político como ha sido el de la izquierda, que ha organizado y dirigido impresionantes sindicatos de clase, soviets y consejos obreros, que ha englobado en partidos auténticamente de masas a millones de luchadores por la emancipación de los trabajadores de todo el mundo, ha devenido en un club de privilegiados que se arrastran por la obtención de un escaño en cualquier parlamento burgués. Algunos, ya mas numerosos, han podido descubrir que a pesar de haber conquistado el gobierno una y otra vez en la mayoría de los países mas adelantados de la Europa del Capital, la situación no ha cambiado a mejor, sino muchas de las veces a peor. Y otros, ya una inmensa mayoría, han dictado su sentencia renunciando a comprender: «Que se vayan todos», gritan en Argentina.
Tal vez no lleguemos a saber nunca donde empezó a gestarse esta miseria de la izquierda, como muchos se encumbraron en la cima del poder y de los negocios, como traicionaron a los militantes y a las masas que habían depositado en ellos su confianza y sus vidas. La historia está llena de esas miserables historias. Ni la gran biblioteca de Alejandría bastaría para contenerlas a todas.
Aunque nos sea difícil saber como empezó esta miseria, por el contrario nos resulta extremadamente fácil identificarla en nuestros días. Hoy vemos a esa izquierda balbuceante en los mullidos asientos de los parlamentos, en los bien pagados y liberados despachos de los sindicatos, algunos hasta en los palacetes de los ministerios afanados en garantizar que el Capital continúe gozando de buena salud y otros, los menos, todavía batallando como si la historia se hubiera detenido o suspendido para el resto de sus días. La miseria de esa izquierda salta a la vista cada vez que un jefe de un sindicato estampa su firma en una reducción de plantilla laboral, cada vez que un líder político llega al parlamento o al gobierno capitalista y les jura fidelidad, cada vez que un bosnio, un servio o un croata caen bajo las bombas de la OTAN, cada vez que un palestino es asesinado, cada vez que cae un iraquí, un sudanés hambriento, un angoleño, un afgano…. La miseria de esa izquierda está en su complicidad, en su colaboración con las fuerzas más reaccionarias de la sociedad, está en sus victorias electorales, en sus silencios ante los genocidios, en sus apoyos a Kerry, a Lula o a Kirchner.
Recordar el Manifiesto no es una manifestación de añoranza de nuestro pasado, es mucho más. Es poner en los platos de la balanza los hechos históricos que han desembocado en la actual situación de barbarie de la civilización capitalista. Se trata de acabar con las ataduras que tratan de frenar las nuevas luchas que emergen por doquier, que quieren vaciar de todo contenido revolucionario los intentos de construir una nueva sociedad libre de la explotación del hombre por el hombre.
Se trata de echar por la borda un pesado lastre que intenta mantener la nave de la humanidad, anclada en las pútridas aguas del capitalismo depredador y parasitario.
Oriol, Noviembre 2004
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