Por: René Dintrans
Fuente: www.elclarin.cl (28.o9.08)
Nada me duele más que escribir estas palabras, acabo de terminar de leer la propuesta que la Concertación hacía al pueblo de Chile cuando se consolidaba como la fuerza triunfante de aquella recordada batalla del No contra el Sí. Lo leí desde un cuadernillo a mimeógrafo y empastado, puesto que su dueño quiso preservar ese documento de ese modo, ya que su contenido de esperanza, de futuro, presentada en simples y claras ideas, era el bosquejo de la recuperación de la libertad, de la restauración de los derechos conculcados, de la encarnación del más grande acontecimiento para el pueblo de Chile, de la semilla que había sembrado Allende. Eso era lo que representaba aquel documento que significaba la luz después de las tinieblas (*).
He denominado adorada canalla, a la coalición política que nos gobierna por casi 20 años.
Adoración, es el verbo, y solamente ese vocablo explica que el pueblo de Chile siga votando por ellos, sin considerar que su conducta cuando han sido elegidos, ha sido la de ejecutar actos políticos antagónicos a las ideas que postularon, antagónicas a las que postulan, aún cuando ahora adolecen de claridad y ya no se encuentran escritas.
El pecado original, si es que pudiera denominarse así a la primera manifestación de abierta traición, pero encubierta de formas específicas que no ayudan ciertamente a comprenderlas cabalmente en la primera mirada, consiste en lo que pregonaban en el capítulo I, titulado Reformas constitucionales y leyes políticas (3).
En lo medular se postulaba en el nº12 al final del cap.I:
“ Junto con las reformas constitucionales señaladas anteriormente, deberán asimismo reemplazarse las leyes sobre partidos políticos, de tal manera de garantizar un efectivo pluralismo político, basado en el principio de libre asociación y de democracia interna, y sobre sistema y distritos electorales, de tal manera de garantizar una adecuada representación proporcional, reflejada en la distribución de diputados, senadores y distritos electorales.
La representación proporcional deberá elevarse a rango de garantía constitucional.
Sin embargo, acto seguido, como he comentado en una nota anterior (2), ellos inducen al pueblo delirante de triunfo, como se hace con ovejas alucinadas, guiándolo a votar la primera reforma, en el primer y único plebiscito que ha tenido lugar en casi 20 años, aprobado por un noventa y tantos %, y que consagra en una de sus 54 reformas:
“ 49.- En el artículo116, inciso segundo, agréguese la siguiente oración: “ Si la reforma recayere sobre los capítulos I, III, X, XI o XIV, necesitará en cada Cámara, la aprobación de las dos terceras partes de los diputados y senadores en ejercicio.”
Considérese que la letra original y vigente contemplaba:
ARTÍCULO 116.- Los proyectos de reforma de la Constitución podrán ser iniciados por mensajes del Presidente de la República o por moción de cualquiera de los miembros del Congreso Nacional, con las limitaciones señaladas en el inciso primero del artículo 62.
El proyecto de reforma necesitará para ser aprobado en cada Cámara el voto conforme de las tres quintas partes de los diputados y senadores en ejercicio.
Será aplicable a los proyectos de reforma constitucional el sistema de urgencias.
¿Es que el pueblo no existe o no vale nada, a pesar de su consolidación como tal en el gobierno popular encabezado por Allende?
¿Estaba tan encantado el pueblo o “la gente” con el triunfo del NO y por el alejamiento virtual del trauma vivido durante la dictadura, que entregaba su voluntad a ojos cerrados a los que habían hecho cabeza en ese proceso «liberador», como para concurrir a ese acto plebiscitario dando su voto aprobatorio que legitimó la Constitución bastarda de Pinochet, y corrigió en favor de él o de los que representaba, algunas cositas que a este o sus colaboradores se le habían pasado por alto, mediante la mano negra de la cúpula concertacionista?
Demás está decir, que este hecho, contradice las expresiones de su propuesta programática, puesto que aumenta el quórum, a los 2/3, es decir al 66% desde los 3/5 o el 60% que tenía en la letra original y vigente.
El sistema binominal está en virtud de esta reforma, asegurado para regir por los siglos de los siglos.
El sociólogo Tironi, una de las prominentes vestales que ostenta la Concertación , ha asegurado que si la Coca-cola ofrece “la chispa de la vida” no es sensato esperar que ella, la chispa de la vida, esté contenida en su tradicional marca embotellada.
De esa manera, “la alegría ya viene”, “gana la gente”, “justicia en la medida de lo posible” y otras frases célebres, no deberían considerarse que hayan sido dichas en serio.
Sin embargo, las bases programáticas que ofrece a los electores una coalición política que conforma partidos que tienen principios que están escritos y seguramente empastados por algunos de sus militantes, es otra cosa. Es un monumental engaño, y sus autores son avezados timadores, que de existir un “SERNAC” de los productos políticos, habrían sido impugnados desde el primer momento en que fueron ofrecidos para su consumo.
Yo los invito a revisar esas bases programáticas, a ver su capítulo I sobre Reformas Constitucionales, el II sobre Derechos Humanos. A leer con atención las bases programáticas económico-sociales, especialmente los criterios básicos de la gestión económica de gobierno, la política económica, la justicia social, Y por cierto, la recuperación de los derechos de los trabajadores y el cambio en la legislación laboral.
¿Cómo fue posible que hasta el cuarto gobierno no hayan sido capaces de cumplir en lo medular, cómo es que nuestro país haya devenido en uno de los países más desiguales en la distribución de los ingresos de sus habitantes de todo el planeta?
Sin duda que tiene que ver con la Constitución Política vigente, y sus respectivas reformas. Especialmente aquella que fue plebiscitada.
También hay una oscura operación política ocurrida en el interior y exterior del Partido Socialista, el eje sin el cual, no habría sido posible, y “exitosa”, la administración del gobierno en sus ya 4 versiones.
(*) Esta nota tiene lugar, necesariamente después de leer las palabras que nos regala Armando Uribe y que han sido publicadas en este medio (1). Su inevitable influjo de palabras precisas, su clarividencia explícita de voz autorizada de la tribu, ha catalizado mi estupor, decidiéndome a escribirlo en esta tímida hoja en blanco.
René Dintrans
erredintrans@yahoo.es
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