El Sistema Económico Neoliberal

Por: Raúl Fierro Pradenas.*
Fuente: http://www.icalquinta.cl

* Conferencia dictada en el Centro Cultural Pablo Neruda de
Villa Alemana (28/5/05).

Introducción

El sistema económico neoliberal es una de las tres fases que ha tenido el capitalismo propiamente tal en la historia de la humanidad. El capitalismo, al igual que el esclavismo, el feudalismo y el socialismo, debe entenderse como un modo de producción. De acuerdo a la filosofía marxista, estos regímenes económicos son fenómenos materiales. Es decir, cada uno de ellos corresponde a cierto nivel de desarrollo de la humanidad, es una consecuencia de este desarrollo, pero la voluntad humana no ha intervenido en su creación. En consecuencia, el capitalismo no es una invención humana, sino que se nos ha presentado al igual como se nos presentan los fenómenos naturales, tales como terremotos, temporales, apariciones de arco iris si se quiere mostrar un fenómeno de la naturaleza no catastrófico.

Otra característica que Marx descubrió respecto de estos fenómenos sociales, fue que en virtud del crecimiento de las fuerzas productivas, un modo de producción se transforma en otro más elevado. Por ejemplo, del feudalismo nace el capitalismo.

Señalemos sí que el hombre algo tiene que decir y hacer ante aquellos fenómenos naturales que se presentan de manera independiente de su voluntad. En este sentido, el marxismo no es estático, sino que por el contrario es dinámico o dialéctico. De modo que si un determinado modo de producción afecta negativamente a la humanidad, el ser humano no esperará de brazos cruzados, y así ha sucedido a lo largo de la historia, que una transformación milagrosa de la naturaleza cambie el orden establecido.

Por supuesto, el capitalismo tiene sus causas, constituidas principalmente por la revolución francesa y la revolución industrial proveniente de Inglaterra con la invención de la máquina a vapor. Digo principalmente, porque sin duda la derrota del sistema económico feudal obedeció también a una fundamentación ideológica sin la cual, posiblemente la aparición del capitalismo habría tardado algo o bastante más en ocurrir.

Como señalan Marx y Engels en el Manifiesto Comunsista, la historia de la humanidad es una suerte de relato de conflictos entre clases sociales. Es lo que se conoce como lucha de clases. Entendiéndose como clase social aquel grupo que cumple un determinado rol en la producción. Es por ello que diferentes modos de producción están integrados por diferentes clases sociales. En el caso del capitalismo, estas clases sociales la integran los trabajadores poseedores de su fuerza de trabajo y los capitalistas dueños de los medios de producción necesarios para la elaboración de aquellos productos demandados por la sociedad.

No se puede dejar de mencionar que en el conflicto de clases que vió nacer el sistema capitalista, la burguesía protagonízó el papel de clase revolucionaria. Es así como los ideales de la revolución francesa, libertad, igualdad y fraternidad, son los ideales de la burguesía que se manifiestan de manera antagónica a la monarquía feudal.

Antes de referirnos al neoliberalismo que es el tema que nos convoca. Señalemos que con posterioridad a las revoluciones inglesas del siglo XVII, la francesa del siglo XVIII y de la independencia norteamericana, se implantó en todos los países civilizados de la época un sistema económico que se denominó liberalismo.

Comienzo del liberalismo

El liberalismo se basó en las libertades políticas y económicas de las personas. En este orden postuló el libre mercado, basado en el libre juego de la oferta y la demanda como único regulador de las relaciones económicas entre sujetos. Puso en vigencia la política del “dejar hacer, dejar pasar”, estableciendo como institución el mercado autorregulado y el estado como custodio de la propiedad privada.

El liberalismo económico se hizo famoso en Europa cuando Adam Smith publicó en 1776 “La riqueza de las naciones”, en este texto se promovía la abolición de la intervención gubernamental en asuntos económicos: no a las restricciones a la manufactura, no a las barreras al comercio, no a los aranceles. El libre comercio era, según Smith, la mejor forma de desarrollo de la economía de una nación.

Tales ideas eran liberales en el sentido que promovían la ausencia de controles. Esta aplicación del individualismo estimuló la libre empresa y la libre competencia. En estas circunstancias, los capitalistas por una parte pudieron acumular riquezas sin límites, y por otra, los trabajadores comenzaban a sentir los efectos del liberalismo económico.

La falta de preocupación por las condiciones de los trabajadores demostrada por los liberales burgueses, se expresó en el establecimiento de prolongadas jornadas laborales sin ningún control de los menores de edad y las mujeres, en bajos salarios y en condiciones deplorables de los lugares de trabajo. Esto, llevó a los obreros a crear organizaciones sindicales y a fundar partidos socialistas, que iniciaron una persistente defensa de los derechos de los trabajadores. Los partidos socialistas pusieron énfasis en la necesidad de hacer realidad las abstractas libertades políticas y económicas enunciadas por la burguesía liberal, a las que sumaron su lucha por una mayor igualdad y confraternidad entre las personas. Es así como el movimiento socialista hace suyas las consignas de la Revolución Francesa, en lo referente a las libertades políticas. A la lucha de los socialistas, se debe la conquista del sufragio universal, el cual era un privilegio sólo para los propietarios de fabricas, comercios y tierras. Además las luchas de los trabajadores y de los socialistas, lograron conquistas como la reducción de las jornadas de trabajo a ocho horas, y señalaron los inconvenientes que “la ley de la selva” sancionada por los liberales en lo económico, ocasionaba al bienestar de las grandes mayorías constituidas por la clase trabajadora.

Este liberalismo económico prevaleció en Estados Unidos y parte de Europa durante todo el siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, luego de la I Guerra Mundial y, fundamentalmente, con la Gran Depresión de los años 30, el capitalismo como sustento del liberalismo no parecía responder ya a sus postulados fundacionales.

El fin del liberalismo La crisis económica de 1929, que produjo la quiebra de la Bolsa de Nueva York, puso al desnudo las imperfecciones del liberalismo económico. Los monopolios habían concentrado excesivamente las riquezas, la superproducción desvalorizaba los productos industriales y agropecuarios, cayeron los valores de las bolsas, las empresas cerraban sus puertas y la desocupación crecía como consecuencia de la gran depresión.

Esta crisis, la mayor que haya conocido el capitalismo en el mundo, hizo necesaria la intervención del Estado que mediante la utilización del gasto publico logró un respiro para la economía. A esta política se conoce con el nombre de keynesianismo o Estado de Bienestar.

John Maynard Keynes fue un economista británico que planteó precisamente esta política como forma de evitar o al menos reducir los efectos de las crisis cíclicas del capitalismo. Por eso también se conoce a las políticas keynesianas como políticas anticíclicas o políticas inflacionistas, ya que a la larga produce una inflación descontrolada.

Con esta política, Keynes desafió los más preciados postulados del liberalismo para establecer una mejor política para la subsistencia del capitalismo. En esencia, Keynes señaló que el pleno empleo es necesario para el crecimiento del capitalismo, y que sólo puede lograrse con la intervención de los gobiernos y los bancos centrales. La revolución keynesiana, se conoce como Estado de Bienestar, entendido como aquel conjunto de acciones públicas tendientes a garantizar a todo ciudadano de una nación el acceso a un mínimo de servicios que mejore sus condiciones de vida. Este enfoque keynesiano predominó en la política económica hasta mediados de los años setenta. Todos los gobiernos aplicaron una política de gastos que tenía múltiples funciones, entre otras, garantizar el pleno empleo (con sus lógicas conexiones con el bienestar social), estimular el proceso de crecimiento de las economías de mercado y permitir el acceso a la educación, la salud, la vivienda, las pensiones y el seguro de desempleo, entre otros, a aquellas personas de bajos ingresos.

La primera vez que se puso en práctica semejante política fue durante el período del “New Deal” (Nuevo pacto) de Roosevelt que redujo notablemente los efectos dañinos de la gran depresión. Durante la posguerra, las políticas keynesianas se generalizaron a todo el mundo, coincidiendo con el llamado boom de la posguerra, un período de crecimiento sin interrupciones del capitalismo que duró aproximadamente unos 30 años (1945-1975).

La guerra mundial, por paradójico que parezca, sacó al mundo de la crisis. La destrucción causada por la guerra provocó una gran demanda de bienes y servicios. Al mismo tiempo, las políticas keynesianas inyectaron millones y millones de dólares en las economías de los países desbastados por la guerra, a través del Plan Marshall. Se produjeron los llamados “milagros económicos europeos”, como el alemán, el italiano y comienzo del japonés. Vale la pena insistir que las políticas keynesianas aplicadas por la burguesía de los países imperialistas buscaban salvaguardar al sistema capitalista.

Nace el Neoliberalismo Con el final del boom de la posguerra sobrevino la recesión de los años 74-75 y el capitalismo se encontró con un grave problema. A los efectos negativos de una típica crisis de sobreproducción tales como desempleo, cierres de empresas, etc., se le sumó una inflación galopante producto de los treinta años de políticas keynesianas. Asimismo, el desarrollo de nuevas fuerzas productivas tales como robótica, microelectrónica, informática, telecomunicaciones, etc., abría nuevas oportunidades para el mercado global que exigía un mecanismo financiero y productivo común, perdiendo peso los estados de las naciones en la gestión de sus respectivas economías cada vez más interrelacionadas. Los grandes capitales del mundo necesitaban del desarme arancelario y la desregulación laboral. El terreno parecía fértil para la vuelta del liberalismo, el cual en su nueva modalidad se conocería como sistema económico neoliberal.

Ya en 1944, Friederich Hayek escribía los fundamentos ideológicos del neoliberalismo en su texto Camino a la Servidumbre, donde hace una crítica apasionada y descarnada al Estado intervensionista y de bienestar, sosteniendo que la participación del estado en el mercado no sólo violaba las libertades económicas de las personas, sino que también las políticas. Pero Hayek no estaba solo en su orientación ideológica, lo acompañaba la Sociedad de Mont Pèlerin, la cual sostenía reuniones internacionales cada dos años y estaba integrada por célebres economistas, como por ejemplo, Milton Friedman fundador de la escuela neoliberal de Chicago. Cabe agregar que este grupo o sociedad todavía se reune con la misma frecuencia, y se ha venido ampliando, para discutir sobre las estrategias más apropiadas para implantar el neoliberalismo en todo el mundo.

Si bien Hayek puede considerarse el principal ideólogo del neoliberalismo proveniente de Austria, Milton Friedman es el referente norteamericano, contribuyendo en 1962 al liberalismo económico radical con su libro Capitalismo y Libertad.

Hemos expresado que el agotamiento de las políticas keynesianas expresada en el Estado de Bienestar fue la causa que gatilló la aparición en escena del sistema económico neoliberal. También hemos dicho que la Revolución Científica Técnica favoreció el implante de este sistema.

Lo que no hemos mencionado es la caída en Europa de los socialismos reales. Este acontecimiento fue el empujón final que puso al neoliberalismo en una posición de privilegio nunca antes alcanzado por el capitalismo, puesto que hasta aquí todo estaba pensado para expoliar a los países del III Mundo, con mecanismos tales como la deuda externa, el Fondo Monetario Internacional y el comercio exterior. Sin embargo, al desaparecer la Unión Soviética, casi el planeta entero resultó ser terreno fértil para la siembra del neoliberalismo.

Volvamos a los inicios del neoliberalismo. Estamos hablando de la fecha convencionalmente fijada en la crisis del petróleo de 1973. Aunque sea una casualidad, este año corresponde al inicio de la dictadura militar más sangrienta que haya conocido nuestro país, y dado que la gestación del golpe se dio en la más insana complicidad entre el imperialismo norteamericano y la oligarquía nacional; tanto industrial como financiera, fue nuestro país el más indicado para llevar a cabo el experimento neoliberal.

Como política concreta, el neoliberalismo se inició en América Latina, más precisamente en nuestro país dominado por la dictadura de Pinochet. Aquí la alternativa neoliberal planteó combatir la inflación como condición previa indispensable para retomar el crecimiento económico, la modernización tecnológica y la distribución de la renta. La lucha contra la inflación era la forma específica de combatir la presencia del Estado, acusándolo de fabricar moneda para cubrir el déficit. Esta acusación permitió la reducción del gasto público y, con esta medida, la reducción de prestaciones de servicios por parte del Estado, particularmente a las capas más pobres de la población, precisamente a aquellas capas que estaban en peores condiciones de disputar los reducidos recursos estatales.

La dictadura de Pinochet puede arrogarse el seudo mérito de haber sido el verdadero pionero del ciclo neoliberal de la historia contemporánea. En el Chile de Pinochet se comenzó la aplicación de los programas neoliberales de manera dura casi una década antes de que llegara Margaret Tatcher al gobierno de Inglaterra. Naturalmente en nuestro país la inspiración teórica provino más de Friedman, con sus Chicago boys, que de Hayek, como era de esperarse en América Latina.

Luego, con la elección de Margaret Thatcher (1979) en Inglaterra y Ronald Reagan (1980) en Estados Unidos, el neoliberalismo fue asumido como modelo hegemónico por el capitalismo a escala mundial. Estos no fueron los únicos gobiernos neoliberales que llegaban al poder. En 1982, Khol derrotaba al régimen social- liberal de Helmut Schmidt en Alemania. En 1983 Dinamarca, estado modelo del bienestar escandinavo, cayó bajo el control de una coalición clara de derecha, el gobierno de Schluter. En seguida casi todos los países de Europa Occidental, con excepción de Suecia y Austria, también viraron a la derecha.

Con la participación del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio, las políticas de liberalización económica y financiera permitieron la desregulación, privatización, apertura de las economías al mercado mundial, precarización de las relaciones de trabajo y retracción de la presencia del Estado en la economía.

La esencia del neoliberalismo

Una vez en la cúspide, el neoliberalismo se volcó a la tarea de establecer cuales eran los instrumentos que mejor reproducían este modelo económico. La aplicación de estos instrumentos que son diez, se conoce como Consenso de Washington, y refleja de manera fiel la naturaleza inhumana del capitalismo en general y del neoliberalismo en particular. Revisemos brevemente estos instrumentos.

(1) Disciplina fiscal. Se propone que exista un verdadero equilibrio fiscal. A lo más un déficit fiscal que no sobrepase el 1% del Producto Interno Bruto. La intención es frenar la inflación, el déficit en balanza de pagos y fuga de capitales, aun cuando el déficit fiscal vaya en beneficio de mayor empleo, mejorar la salud, la educación u otro objetivo que favorezca las necesidades de la población.

(2) Baja inflación. Una baja inflación permite a los estados pagar la deuda externa con menor dificultad.

(3) Prioridades en el gasto público. Para mantener del equilibrio fiscal se puede aumentar los impuestos o disminuir el gasto público. Por supuesto, los neoliberales prefieren frenar el gasto público.

(4) Reforma tributaria. Si de todas maneras hubiera que aumentar ingresos vía impuestos, la sugerencia neoliberal es ampliar la base tributaria y no tocar la tasa tributaria marginal.

(5) Tasas de interés. En primer lugar, éstas deber ser determinadas por el mercado, y en segundo lugar, incentivar el ahorro por un lado y por otro, desalentar la fuga de capitales.

(6) Tipo de cambio. Determinado por el mercado.

(7) Política comercial. Liberar las importaciones y eliminar el proteccionismo de la industria nacional.

(8) Inversión extranjera directa. No limitar la inversión extranjera.

(9) Privatizaciones. La lógica de las privatizaciones obedece a la creencia que la industria privada se administra de manera más eficiente que la empresa estatal. Permite un ingreso a corto plazo para el estado y además lo libera de la responsabilidad de financiar ulteriores inversiones. La creencia mencionada constituye un dogma de fe para el Consenso de Washington.

(10) Desregulación. Promueve la competencia. Con ausencia de reglas, el modelo se desarrolla libremente. Por ejemplo, con leyes laborales permisivas y la eliminación del encaje a los capitales extranjeros.

Como puede verse después de un análisis de estos diez instrumentos, la desigualdad aparece como valor positivo e incluso necesario, toda vez que ésta promueve la competencia. Por supuesto que la existencia de sindicatos que defiendan los intereses de los trabajadores no favorece la aplicación de los anteriores instrumentos. Al respecto, Hayek y sus compañeros de Mont Pèlerin afirmaban que los sindicatos y el movimiento obrero habían socavado las bases de la acumulación privada con sus presiones reivindicativas sobre los salarios y con su presión parasitaria para que el Estado alimentase cada vez más los gastos sociales.

En relación a la democracia, señala Hayek con toda franqueza: “la democracia en sí misma jamás ha sido un valor central del neoliberalismo”. Esto no lo dice un opositor al modelo en cuestión, sino que lo señala el propio líder ideológico del neoliberalismo. De hecho, este sistema económico ha mostrado una enorme compatibilidad con formas políticas antidemocráticas, como es el caso de nuestro país Chile, donde el neoliberalismo tuvo un extraordinario grado de desarrollo bajo la dictadura de Pinochet.

En todo caso, no se puede establecer una relación directa entre las políticas económicas neoliberales y la orientación de los estados hacia regímenes dictatoriales. Lo que si resulta evidente es que la ideología neoliberal privilegia los elementos formales de la teoría de la democracia y los aspectos vinculados a los procesos electorales. Al mismo tiempo que los aspectos vinculados con el contenido de la democracia se reducen, fundamentalmente los relacionados con la justicia social y el bienestar de la mayoría. Cuando en nuestro país los sectores populares luchan contra la exclusión, esta no es, o al menos no debería ser, una lucha sólo contra el sistema electoral binominal, sino que es o debería ser, una lucha contra la exclusión en todo orden de cosas que el neoliberalismo impone a los sectores desposeídos de la sociedad, como es la educación, la salud, el derecho a una vivienda digna, etc.

El neoliberalismo es la negación de la democracia en el sentido estricto de lo que este concepto encierra; pues constituye un instrumento de dominio que se reduce casi exclusivamente a la competencia política y a la sucesión de gobernantes. La ”democracia neoliberal” está vacía en su contenido, al abandonar el Estado parte significativa de sus responsabilidades hacia el conjunto de la sociedad y los intereses nacionales, al renunciar a la justicia social y abrazar las ideas de la ”soberanía limitada” ante los intereses de las grandes potencias y su permanente intervención e injerencia en los asuntos internos de los Estados.

El neoliberalismo conduce al establecimiento de un modelo de democracia que responde en primer lugar a los intereses de los que tienen la riqueza y el poder independientemente que el Estado esté regido por un régimen democrático-parlamentario o por una dictadura autoritaria. La implementación de la ideología neoliberal exige un cambio de mentalidad de tal manera que la política se convierta en algo privativo de los sectores privilegiados. La sociedad debe funcionar sobre la base de los intereses individuales los cuales supuestamente están en perfecta sintonía con el mercado.

A modo de síntesis señalemos que el neoliberalismo entiende el mundo como un gran mercado que se mueve por la ley de la competencia. Quién no entra en el juego de la competencia, ya sea un país, una empresa, una persona, queda excluido y marginado. Todo se centra en producir mercancías para venderlas y sacar beneficios. Las ganancias están por encima de las necesidades de la sociedad o la protección del medio ambiente. No importa destruir bosques y contaminar ríos si esto produce mayores beneficios pecuniarios, aun cuando estos beneficios no estén destinados a la satisfacción de necesidades de la mayor parte de la sociedad. Es el caso de nuestra III Región en el Valle de San Félix, donde se ha planteado el Proyecto Pascua Lama destinado al provecho de reconocidos beneficiarios del neoliberalismo, pero con el consiguiente deterioro de nuestras aguas y los intereses directos de una comuna que vive principalmente de lo que la naturaleza les da. A escala mundial, y en relación con el sobrecalentamiento del planeta, cabe aquí mencionar la negación de Estados Unidos a firmar el tratado de Kioto. No es posible entonces concluir algo diferente que no sea que los intereses del neoliberalismo están reñidos con los intereses de la humanidad y del planeta.

Para lograr más beneficios, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial obliga a los estados a poner en práctica recortes de gastos sociales, Seguridad Social, educación, arte y cultura, etc., los que son calificados como “improductivos”. Asimismo, exige pagar menos impuestos directos, como el impuesto a la renta y el patrimonio, y aumentar los indirectos, como el IVA que grava el consumo, afectando a los más pobres. Se exige desregular el mercado del trabajo para gracias a la precariedad en el empleo pagar menos salarios y desproteger laboralmente a los trabajadores.

El estado, según el neoliberalismo, debe preocuparse fundamentalmente de preservar los valores de sistema, como por ejemplo, favorecer el accionar del mercado, evitar la inflación y en general colaborar con la aplicación de los instrumentos del Consenso de Washington. Por ningun motivo el estado se debe inclinar por el gasto social ni menos participar con empresas en el proceso productivo, por el contrario, si la hubiera éstas deberían ser privatizadas.

Estado actual Cabe preguntarse hoy si el neoliberalismo ha tenido éxito o si ha sido un fracaso. La prioridad inmediata del neoliberalismo fue detener la inflación de los años 70 y lo logró con gran éxito. En los países de la Organización Europea para el Comercio y el Desarrollo la inflación cayó de 8,8% a 5,2% entre los años 70 y 80 y, y la tendencia continuó a la baja en los años 90. Esto le permitió al neoliberalismo obtener éxitos reales en el aumento de la tasa de ganancia. Junto con la derrota de la inflación otra causa de este aumento fue la derrota del movimiento sindical expresada por la caída del número de huelgas durante los años 80 y en la notable contención de los salarios. Este hecho produjo un tercer éxito del neoliberalismo; a saber, el crecimiento de las tasas de desempleo, concebido como un mecanismo necesario para cualquier economía de mercado eficiente.

Un cuarto éxito de este modelo económico lo constituye el grado de desigualdad social, el cual aumentó significativamente en los países europeos. Decimos éxito del neoliberalismo pues en otra de las franquezas de Hayek éste señala: “la desigualdad social no sólo es condición de progreso, sino que además es el resultado natural y justo de la acción del mercado”.

En todos estos aspectos, y por supuestos haciendo las mediciones con una vara neoliberal, este sistema económico se mostró realista y exitoso. Pero, estas medidas habían sido concebidas como un medio para alcanzar la reanimación del capitalismo avanzado mundial, restaurando altas tasas de crecimiento, como existían antes de la crisis de los años 70; es decir, durante el período de post guerra con el Estado de Bienestar. Este objetivo no fue alcanzado. Hay que decir que en este aspecto, el cuadro se mostró absolutamente decepcionante. Entre los años 70 y 80 no hubo cambios significativos. La razón de esto es que las medidas neoliberales tienden a favorecer la inversión especulativa. Para citar una de ellas, la desregulación financiera favorece la especulación en detrimento de la inversión productiva. Capitales golondrinas invertían para el corto plazo. Este tipo de inversión que no produce crecimiento económico, no permitió alcanzar el objetivo planteado por el neoliberalismo, cual es, recuperar el nivel de crecimiento sostenido que alguna vez alcanzaron las políticas keynesianas. Para citar algunas cifras señalemos que el capitalismo avanzado en Europa alcanzó un crecimiento anual de 5,5% en los años 60 y 3,6% en los 70 (período keynesiano) y, sólo 2,9% en los 80, donde el neoliberalismo ya estaba establecido.

Sumando y restando, considerando méritos y desaciertos, el neoliberalismo ha venido perdiendo impulso. El balance que hoy éste puede hacer no corresponde a sus promesas. La economía, en varios países y en la economía mundial en su conjunto, no ha retomado el crecimiento, la distribución de la renta ha empeorado, el desempleo ha aumentado sensiblemente, las economías nacionales son cada vez más frágiles, las crisis financieras se han sucedido con bastante periodicidad, y nadie asevera que no vuelvan a ocurrir.

Después de los últimos ciclos de crisis que comenzaron con la crisis mexicana en 1994, seguida por la crisis del sur este asiático en 1997, por la rusa en 1998 y por la brasileña en 1999, se ha configurado un cuadro de significativo agotamiento del sistema económico neoliberal. Recordemos que en América Latina los presidentes se elegían y reelegían conforme adoptaban políticas neoliberales, como sucedió con Carlos Menem, Alberto Fujimori y Fernando Henrique Cardoso. En este último tiempo apreciamos lo contrario, y es así como en América Latina podemos observar gobiernos antineoliberales, tales como el de Hugo Chávez en Venezuela, Ignacio Da Silva en Brasil y Tavaré Vásquez en Uruguay. Además, sin ser un gobernante de izquierda Néstor Kirchner también ha tenido propuestas antineoliberales oponiéndose al Fondo Monetario Internacional. Por otra parte, los pueblos luchan en América Latina por su independencia económica. Es el caso de Bolivia donde un porcentaje importante de la población lucha por la defensa de sus recursos naturales y en favor de una ley de nacionalización de los hidrocarburos. En nuestro país, la situación es diferente a la de nuestros vecinos. Es así como vemos tres candidatos a la presidencia planteando el mismo modelo económico; a saber, el modelo económico neoliberal. Lo que aquí se disputa es quien puede administrar mejor este modelo, y pareciera que hasta en esto no existen grandes diferencias. Para constatar esta afirmación basta analizar las opiniones de los candidatos de la oposición y de la Concertación respecto del discurso del presidente Ricardo Lagos pronunciado este 21 de mayo recién pasado en el Congreso Nacional. No obstante lo mencionado, el neoliberalismo también en nuestro país tiene una componente de retroceso, como se puede apreciar en las protestas de estudiantes y trabajadores que luchan por sus respectivas reivindicaciones; y cómo no mencionar el 9.14% de la votación obtenida por la izquierda en las últimas elecciones municipales. Esto no puede tener otra interpretación que no sea un claro rechazo de la población a la política sustentada por la Derecha y la Concertación.

El neoliberalismo ha entrado también en crisis ideológica, con el creciente cuestionamiento de los valores mercantiles, incluso por parte de organismos como el Banco Mundial y ex teóricos del neoliberalismo, que pasaron a reivindicar acciones complementarias por parte del Estado y formas compensatorias para remediar los daños sociales causados por este sistema económico. Los movimientos contra la globalización neoliberal, a partir de Seattle, han tenido su efecto, lo mismo que los Foros Sociales Mundiales de Porto Alegre que han cuestionado la efectividad de las políticas neoliberales, como también su pretensión de ser las únicas viables.

Puede ser apresurado creer que este agotamiento teórico y práctico del neoliberalismo represente su muerte. Los mecanismos de mercado que este modelo ha creado siguen siendo tanto o más fuertes que antes. Sus ideólogos poseen una gran capacidad intelectual y el avance científico-técnico, como si fuera una paradoja, favorece el desarrollo de las fuerzas productivas en el actual esquema neoliberal. Su fin no parece cercano, es la parte material de la vida, pero la parte ideológica proviene de nosotros, de la humanidad. Este sistema no sólo es inhumano, sino que atenta contra todo el planeta en su conjunto. Este hecho ha dado nacimiento a un nuevo sujeto histórico integrado no sólo por la clase trabajadora, sino que también por todos quienes se sienten afectados por el neoliberalismo, como por ejemplo, los pueblos originarios y los defensores del medio ambiente entre otros.

Dejo hasta aquí la exposición de esta materia. Finalmente, deseo dedicar el esfuerzo puesto en este trabajo, y expresar mi más profunda admiración a una mujer que dedicó su vida al bienestar de la humanidad, combatiendo al capitalismo en distintos frentes, con su corazón y su inteligencia, pues conocidas son sus intervenciones pronunciadas en distintos foros nacionales e internacionales en favor de los intereses de los trabajadores y de los más desposeídos. Me refiero a una de las más grandes mujeres que haya conocido la historia de nuestro país. Quien otra podría ser sino, doña Gladys Marín Millie.

Gracias.

Referencias

La vertiente de esta exposición proviene de las ideas planteadas en los artículos indicados a continuación.

[1] Álvarez Juan. La esencia inhumana del neoliberalismo. Documento Ical.

[2] Leonard Pedro y Cedeño Willman. Neoliberalismo: Plataforma programática del capitalismo actual. Documento Ical.

[3] Montecinos Hernán. Liberalismo, capitalismo y neoliberalismo. Documento Ical.

[4] Nuñez Daniel. Friedrich Hayek y la génesis del pensamiento neoliberal. Documento Ical.

[5] Sader Emir. Neoliberalismo. Documento Ical.

[6] Vargas Óscar. ¿Qué es el consenso de Washington? El Nuevo Diario. Nicaragua.

[7] . Balance del Neoliberalismo: Lecciones para la Izquierda. Documento Ical.

6 comentarios

  1. […] El Sistema Económico Neoliberal […]

  2. Muy buen documento. Los Felicito
    Graciias Por la ayuda

  3. Me siento muy agradecida por todo lo que acabo de leer. Excelente información. Muchas, pero muchas gracias.

  4. Abelardo Fernandez Ortiz 22 de febrero del 2016 ciudad de Patapo les felicito por su información que es muy valiosa despues de haberlo leído me da a entender muchas cosas que ignoraba y me doy cuenta que los gobiernos en nuestra Nación son conservadores del sistema que por unos miserables millones dejan de lado sus ideales y juegan a favor de los que mas plata tienen les falta lo que las gallinas ponen huevos y sus principios y valores los tiran al tacho en fin solo están cinco años en el poder y dicen hay que aprovechar porque despues de esta ya no hay otra ademas los heroes ya murieron hace muchos años …..

  5. Muʏ ɞıєň 😆 єňţєňԀıɞʟє ʏ ţoԀo

  6. Reblogueó esto en carmfg27.

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