Los avatares de la desmunicipalización

Por: Héctor Cataldo Ávila
Fuente: Especial para http://www.hernanmontecinos.com (30.06.11)

Que la educación municipalizada no funciona es un hecho notorio e indesmentible. Los alcaldes no tienen problema en deshacerse del “cacho” porque es una actividad que no se financia y los estudiantes secundarios, por su lado, ven en la gestión municipal la causa de sus problemas.

No hay dudas de la enorme desventaja con que los alumnos que egresan de los liceos públicos enfrentan los desafíos del ingreso y la permanencia en la Universidad, en relación con sus similares de los colegios particulares.

Superar esta desigualdad es una tarea país en la que los jóvenes están poniendo su parte, y los profesores también. Es el momento, entonces, de iniciar un debate serio para resolver un problema que, y esto sí es absolutamente seguro, el ministerio neoliberal y de empresarios que encabeza Lavín no resolverá.

La desmunicipalización de la educación básica y media es una demanda que suena fuerte y en todo Chile y sus ecos llegaron con claridad a La Moneda y al MINEDUC, despertando las células olfativas de los hambrientos de lucro. El subsecretario de educación, Fernando Rojas, afirmó el 23 de junio pasado “Puede ser que en algunas comunas las municipalidades ya no se hagan cargo de la educación, (pero) creemos también que la solución no es que el Estado se haga cargo de todos los colegios”, poniendo una nota de suspenso al rumbo que pueden tomar los acontecimientos si no se acotan adecuadamente.

Esta óptica del subsecretario exuda apetitos privatizadores, que es la forma excluyente en que el modelo en funciones resuelve los problemas, a menos que la voluntad popular se exprese fuerte en sentido contrario.

Por otro lado, y asumiendo que el estado se haga cargo de algunos establecimientos, no se ve claro cómo se resolverán los problemas que no son de gestión sino de recursos. Porque uno de los factores de la diferencia de resultados es que la educación privada cuesta unos 200 o 300 mil pesos mensuales por alumno, mientras que la subvención estatal para los establecimientos municipalizados es de sólo 50 mil pesos. Ni municipal, ni estatal; con 50 lucas al mes por alumno no se puede.

Este es un tema a abordar entonces: mayor inversión estatal ahora. Y plata hay, que nadie diga lo contrario.

Otro aspecto negativo de la educación municipalizada es la falta de transparencia en la administración de los recursos, cuestión que no necesariamente garantizan los aparatos estatales neoliberales que son prolíficos en ejemplos de corrupción y dolo. Las movilizaciones en desarrollo son una oportunidad para plantear la fiscalización popular en la gestión educacional, mediante la participación de los profesores organizados, los Padres y Apoderados, los propios alumnos y la ciudadanía a través de representantes elegidos democráticamente.

Otro problema de marca mayor, que no siempre se enuncia con la debida fuerza, es el carácter mercantíl del modelo educacional en término de los valores (o antivalores) que promueve. No es sólo el lucro brutal como estímulo para asegurar calidad, sino el profundo arraigo en el diseño de los planes y programas del individualismo en perjuicio de la solidaridad, de una lectura sesgada de la historia, de la interpretación de todo – hasta de la cultura – como objeto de consumo. Esta distorsión de enseñar para perpetuar el modelo económico, de formar individuos conformistas que no se cuestionen sus propios roles sólo es superable mediante cambios estructurales que arrebaten la batuta a los empresarios y administradores del modelo.

Por lo anterior los secundarios ponen el dedo en la llaga cuando plantean que sólo un nuevo tipo de estado puede realizar los cambios necesarios y que para eso se requiere una nueva constitución, que elimine el carácter subsidiario que le impide al estado regular, producir y administrar. Claro que no cualquier constitución sino una que surja del debate democrático a través de una Asamblea Constituyente independiente de los partidos y de los poderes fácticos. ¡Chico desafío! diría una entrañable amiga.

Desde el punto de vista del tipo de educación básica y media que requiere una comuna o región, dadas las características tan disímiles que genera una geografía como la chilena, especialmente la formación técnica de la juventud, sin dudas que una óptica descentralizada ofrece mejores oportunidades personales, económicas y sociales que una visión uniformadora desde la metrópolis del estado.

Hay que explorar nuevos caminos, que es también el desafío del movimiento social en otros frentes como el de los pobladores que reconstruyen después del terremoto o de las ciudades puerto que se defienden de la centralización y concentración del poder. Porque si se plantea como solución para el tributo que el comercio internacional debe pagar a las ciudades sede de dicha actividad la creación de una corporación ciudadana autónoma y representativa, tal vez no sea mala idea que asuma también la gestión educacional para beneficio de la población y no sólo de unos pocos empresarios.

Hay que estrenar orejas grandes para escuchar y voluntad enorme para resolver unidos.

HÉCTOR CATALDO ÁVILA

29 DE JUNIO DE 2011

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