La ruptura de la esencia con la existencia

Por: Francisco Umpiérrez
Fuente: Rebelión (09.06.11)

Esta reflexión tiene como causa originaria unas ideas expuestas por Ludwig Feuerbach en “Tesis provisionales para la reforma de la filosofía”. Pero en la elaboración también están presentes el pensamiento guía de Hegel y de Marx. Y por supuesto están también presentes mis preocupaciones epistemológicas y semiológicas. La reflexión versa sobre la lucha entre signo y existencia y el enseñoramiento que ejerce el signo sobre el ser en la mente de muchos semiólogos.

Conviene siempre partir de principios claros y evidentes. Hegel empieza su Ciencia de la Lógica con el ser indeterminado para llegar luego al ser determinado. Un ser indeterminado es un ser carente de determinación, un ser que no contiene propiedad alguna que podamos percibir o pensar. De ahí que Hegel llegue a la conclusión de que el ser indeterminado, el ser puro, es la nada.

Pero yo soy materialista y afirmo que el punto de partida es el ser determinado. No hay ser que no sea determinado. Por muchas vueltas que demos por el mundo siempre se nos presentará como un conjunto de seres determinados. Y al ser determinado Hegel lo llama la existencia. Así que el punto de partida es la existencia. Y si bien la existencia, al menos una parte de ella, nos da alegría, la no existencia, la muerte, nos provoca tristeza.

Desde que te levantas hasta que te acuestas, en tu casa, en la carretera o en la empresa, todo lo que se te presenta es lo existente. No puedes trasladarte de un punto a otro sino por medio de los existentes, no puedes producir sino con medios existentes, y no puedes consumir sino con existentes. Así que la existencia está ahí en tu vida diaria sin secreto y sin oscuridades, sólo éstas llegan cuando el filósofo y el semiólogo la transforma en pensamientos. Así que cuidémonos de ellos.

En la intuición –en la percepción -, dice Feuerbach, yo soy determinado por el objeto; en el pensamiento soy yo quien determino el objeto. E insiste en el desarrollo de esta contradicción: “en el pensar yo soy yo; en la intuición soy no yo”. En la intuición el poder del objeto se impone y a cada cosa que haga. No puedo librarme de esta carretera ni de este automóvil que conduzco. No puedo hacer cosa alguna sin estar determinado por los objetos. Y si hay algo en el objeto que no me gusta, sólo puedo modificarlo por medio de otros objetos y con el concurso de los otros. Pero mediante el pensamiento, sólo con cerrar los ojos, puede hacer desaparecer todo lo que me acucia, todo lo que está ahí delante de mí y en los alrededores. En el pensar yo soy yo.

Pero Feuerbach da un paso más hacia delante en la denuncia de la filosofía especulativa, que a su juicio comienza en Spinoza y culmina en Hegel: “La intuición proporciona la esencia inmediatamente idéntica con la existencia; el pensamiento proporciona la esencia mediatiza por la diferenciación, por la separación, de la existencia”. En la vida sensible, y la vida de todos desde que nos despertamos hasta que nos acostamos es una vida sensible, la esencia es inseparable de la existencia. Junto a la existencia de todo, perteneciéndoles, están sus esencias. Por esencia de una cosa entenderemos el conjunto de propiedades que la hacen distinta a otras clases de cosas. De hecho si una manzana existente no tuviera la esencia de una manzana, no serviría para alimentarnos. Si un automóvil no tuviera la esencia de un automóvil, no serviría para trasladarnos.

Partimos del supuesto que al lenguaje le es inasequible lo singular, que mediante el lenguaje sólo expresamos lo universal que hay en los singular. Si yo afirmo “esta mesa en la que escribo” suponiendo que con ello estoy captando un momento enteramente singular, me equivoco: pues todo el mundo puede decir “esta mesa en la que escribo”. Supongo que expreso lo singular, pero en verdad estoy expresando lo universal.

Todas las cosas singulares están compuestas de múltiples propiedades. Cada una de estas propiedades es una universalidad. Hegel las llama universalidades abstractas. Y mediante el lenguaje podemos separar las propiedades de una cosa de esa misma cosa. Dicho de otro modo: mediante el lenguaje podemos separar la esencia de la existencia. Y podemos tener la esencia sin tener la existencia. En el diccionario están casi todas las cosas con sus esencias, con sus rasgos definitorios, que hay en el mundo, más sólo existiendo como palabras. No confundamos nunca la apariencia de la existencia o el signo de la existencia con la existencia. No confundamos la existencia del signo con la existencia del objeto significado.

Gracias a esta función del lenguaje, gracias a su capacidad de separar la esencia de la existencia, es como muchos semiólogos y filósofos han presentado a la palabra, y con ello al signo en general, como el señor del mundo, como el ser mediante el cual la existencia nos viene dada. Pero esto se debe a que no saben captar el mundo desde la sensibilidad y la práctica, donde la existencia esta unida inmediatamente con la esencia, sino que sólo saben captarlo desde el lenguaje y el concepto, donde la esencia ha sido diferenciada de la existencia. Así, gracias a esta enajenación sígnica que experimenta el filósofo y el semiólogo, se produce la ruptura entre la esencia y la existencia.

Blog del autor: http://www.fcoumpierrezblogspotcom.blogspot.com

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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