La crisis económica y el pensamiento de Marx

Por:  Alejandro Yáñez
Fuente: Especial para http://www.hernanmontecinos.com

Estamos viviendo una crisis económica mundial, catalogada como la más grande desde la Gran Depresión de los años 30. Esta crisis  fue  iniciada en Estados Unidos el año 2007 y provocada allí por la desastrosa especulación de los llamados “créditos subprime” vinculados  al sector financiero-inmobiliario.

Lo que está pasando ahora en Europa pone un gran suspenso sobre si la crisis ha llegado a su fin, o se prolongará por un tiempo aún indefinido.

Según Marx, las crisis económicas son las soluciones violentas con que se terminan los ciclos de desarrollo del sistema capitalista, con una periodicidad aproximada entre 6 a 12 años, las cuales tienen causas concretas diversas y consecuencias impredecibles. Las crisis económicas, sin embargo, permiten restablecer el equilibrio roto  en la economía capitalista e iniciar otro período de desarrollo y auge, que desemboca en otro estancamiento y culmina con una nueva crisis.

El sistema capitalista  se expande impulsado exclusivamente por el afán de ganancia de los dueños del capital, que compiten entre ellos a muerte y buscan acumular y acumular riqueza en sus manos, sin otro norte que enriquecerse cada vez más.

Esta dinámica ha conducido a la concentración de estos capitales y a la conformación  de  enormes  monopolios transnacionales que controlan las áreas más importantes de la economía mundial. El capitalismo  es un sistema de producción social y la apropiación de las ganancias que este sistema genera es absolutamente privada. El carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación es la contradicción fundamental del capitalismo.

Este sistema está emparentado con la producción mercantil antigua, eso sí, con una diferencia esencial: allí el proceso de producción era individual y el productor era dueño del fruto de su trabajo.                                      

El productor mercantil primitivo era dueño tanto de sus medios de producción y condiciones de trabajo como del fruto de su trabajo. Este era el fundamento del derecho de propiedad de la producción mercantil simple que tiene más de 5.000 años de antigüedad, derecho de propiedad que no rige en el capitalismo.

                                                              1.-

De esa producción mercantil simple provino, a partir del siglo XV de nuestra era más o menos, la producción mercantil capitalista,  que comenzó  enfrentándose al poder feudal y logra su verdadero auge con la revolución industrial y la introducción, en el proceso de producción, de la cooperación de muchos obreros en una sola empresa desarrollándose la manufactura, la maquinaria y luego la gran industria.

El productor directo, en este nuevo sistema, es un obrero asalariado libre e independiente,  pero que  no es dueño ni de los medios de producción ni del fruto de su trabajo.

El proceso de trabajo dejó de ser individual y se convirtió en un proceso social.

Quien mantiene en funcionamiento y desarrollo este sistema social es el afán desatado de ganancia de los dueños del capital. Ello  implica que el sistema capitalista no puede  planificarse en función de las necesidades sociales ni de los intereses  del conjunto de la sociedad humana.

¿ De  dónde salen las ganancias del capital por las cuales luchan los capitalistas por apropiárselas ?

De la explotación de los trabajadores asalariados.

Carlos Marx demostró, en su obra “El Capital”, que las Ganancias de los capitalistas no son otra cosa que la forma transfigurada en que aparece la Plusvalía generada  por los trabajadores  asalariados  en el  proceso de  producción   de   mercancías.

El Valor de una Mercancía, o su Precio final, está determinado por el valor de los medios de producción que participan en su producción y traspasan proporcionalmente ese valor al producto, más el Valor Nuevo aportado por el trabajo humano que realizó ese proceso productivo. El Valor que traspasan los medios de producción al producto no es Valor Nuevo, sino valor antiguo que va transmitiéndose al producto proporcionalmente y se llama depreciación.

El Valor Nuevo nace del trabajo de los asalariados que emplean esos medios de producción. Ese Valor Nuevo, materializado en el Valor de las mercancías producidas, se divide en dos partes: una de ellas sirve para pagar el Salario de los trabajadores y la otra es la Plusvalía de la cual se apropian los capitalistas dueños de las empresas donde se efectuó ese proceso de producción.

La cantidad de Valor Nuevo que se materializa en una mercancía está dada por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción, que va disminuyendo con el aumento de la productividad del trabajo.

                                                              2.-

En la época en que Marx escribió “El Capital”, se estimaba que con el 50% del Valor Nuevo creado en el proceso de trabajo se cubrían los salarios y el otro 50% era la Plusvalía apropiada por los dueños del capital. Si se suma la Plusvalía y el Salario en una empresa se obtiene el total del Valor Nuevo creado en ella y la proporción entre Plusvalía y Salario define el grado de explotación del trabajo asalariado, que en aquellos años era del 100%.

En el día de hoy, fruto del aumento de la productividad del trabajo que genera la ciencia y sus nuevas tecnologías, los salarios de los trabajadores productivos se cubren aproximadamente con un 10%  a 20% de la jornada y el resto es todo Plusvalía. El grado de explotación del trabajo hoy es del orden del 500% o más, mucho más alto que en el siglo 19 y eso seguirá creciendo.

El trabajo humano es la fuente del valor que se transa en el mercado. Marx demostró que el Valor que se materializa en una Mercancía es fruto de ese trabajo. La Mercancía tiene dos aspectos fundamentales: su Valor de Uso y su Valor o Valor de Cambio, que se manifiesta finalmente en su Precio a partir de la época en

que apareció el Dinero, varios siglos antes de nuestra era.

El Valor Nuevo es un concepto económico fundamental en la economía. El PIB – Producto Interno Bruto – de cada país, de un continente o el PIB mundial, no son otra cosa que el Valor Nuevo creado en un año de producción económica,  es decir,  la suma del valor nuevo de  los bienes  y servicios que se han producido en un año, sea en un país, en una región o en el mundo entero.

En el día de hoy las empresas capitalistas se dividen en tres sectores: el sector productivo, el comercio y las finanzas. Pero el Valor Nuevo sólo se crea en el sector productivo al cual pertenece también el transporte. El comercio y las finanzas no crean valor nuevo y por tanto, no generan plusvalía.

Sin embargo, la mayor parte de la plusvalía generada en el sector productivo se la apropian, en última instancia, los capitalistas dueños de las empresas comerciales,  de los bancos y demás entidades financieras que se quedan con las mayores ganancias.

Esto tiene una explicación concreta. Los capitalistas del sector productivo, si no logran vender las mercancías producidas en sus empresas y que llevan en su seno la plusvalía generada en el proceso de trabajo, no ganarían nada y terminarían quebrados.  Como tienen que concentrarse en su fábrica, les sale más conveniente ceder parte de esa plusvalía al capitalista comercial, que  le compra sus productos “al por mayor” y los lleva al mercado. Al venderlos, realiza la plusvalía materializada en ellos, recuperando  el  “precio al por mayor”  que pagó y que es inferior a su precio final de venta,  quedándose con una parte de la plusvalía que le permite cubrir sus costos y obtener lo que aparece como “ganancia comercial”.

                                                              3.-

Del precio final que paga el consumidor, a veces más del 40% queda en poder de los dueños del comercio, que le pagan al dueño de la fábrica por lo general 6 meses después que entregaron los productos a la cadena comercial.

Finalmente, cuando un capitalista del sector productivo necesita ampliar su produc-

ción  invirtiendo más capital en su empresa, recurre a un banco. Eso también   lo hacen los comerciantes y muchos consumidores finales que mantienen cuentas corrientes y ponen  sus ahorros en los bancos. Esos bancos manejan una enorme cantidad del valor que circula en la sociedad, sin participar en el proceso de producción de ese valor. Todo esto, además, va conduciendo a una fusión global del capital comercial con el capital financiero.

Esto llevó a Marx a resumir la tendencia histórica del sistema capitalista, al final del Tomo 1º de  “ El Capital ”, sección 7ª, luego de exponer lo que fue el proceso de acumulación originaria, señalando que:

“ La  propiedad privada fruto del propio trabajo y basada…en la compenetración del obrero individual e independiente con sus condiciones de trabajo, es devorada por la propiedad capitalista, basada en la explotación de trabajo ajeno, aunque formalmente libre.

Una vez que este proceso de transformación corroe suficientemente, en profundidad y extensión, la sociedad antigua; una vez que los trabajadores se convierten en proletarios y sus  condiciones  de  trabajo en capital; una vez que el régimen capitalista de producción se mueve ya por sus propios medios, el rumbo ulterior de la socialización del trabajo y de la transformación de la tierra y demás medios de  producción en medios de producción explotados socialmente, es decir, colectivos, y, por tanto, la marcha ulterior de la expropiación de los propietarios privados, cobra una forma nueva. Ahora, ya no se trata de expropiar al trabajador independiente, sino de expropiar al  capitalista explotador de numerosos trabajadores.

Esta expropiación la lleva a cabo el juego de las leyes inmanentes de la propia producción capitalista, la centralización de los capitales.

Cada capitalista desplaza a otros muchos. Paralelamente con esta centralización del capital o expropiación de muchos capitalistas por unos pocos, se desarrolla en escala cada vez mayor la forma cooperativa del proceso de trabajo, la aplicación consciente de la ciencia, la explotación sistemática y organizada de la tierra, la transformación de los medios de trabajo en medios de trabajo utilizables sólo colectivamente, la economía de todos los medios de producción al ser empleados como medios de producción de un trabajo combinado, social, la absorción de todos los países por la red del mercado mundial y, como consecuencia de esto, el carácter internacional del régimen capitalista.” (Ver “El Capital de Carlos Marx. Resumen del Tomo I”, editorial Usach, pag. 242, Alejandro Yáñez  )

Hace más de 140 años que Marx escribió esta brillante síntesis de la esencia del sistema capitalista y de su carácter internacional. Hoy día la red del mercado mundial

                                                               4.-

se manifiesta en todas partes.

Actualmente, de las 100 economías más grandes del mundo, 49 son Estados y 51 son empresas transnacionales.

Y es habitual que en el control político del gobierno de esos 49 Estados y de muchos más,  diversos monopolios transnacionales o nacionales tengan influencia decisiva. La familia Bush, padre e hijo, socios dirigentes de una transnacional petrolera, ejerció el poder por más de una década en el gobierno de los EE.UU.

A los Estados los controla, al menos, el electorado, el sistema político que rige en cada país, la prensa y los organismos sociales. Además, están internacionalmente vinculados por las Naciones Unidas y organizaciones regionales.

Los monopolios transnacionales, en cambio, se mueven por el mundo entero sin ningún control real, con paraísos tributarios y financieros, moviendo sus capitales donde les den más ganancia, sin que nadie pueda tener acceso a lo que sucede con sus multimillonarias riquezas. Muchas veces, basta con tener el 20% de las acciones de una gran empresa que se transa en la bolsa, para tener la mayoría de su Directorio y disponer de ella como si fuese de su entera propiedad.

Sólo las crisis logran dejar algo en evidencia de lo que sucede a esos niveles del poder económico contemporáneo.

De las crisis, por cierto, quienes salen más perjudicados son los trabajadores, muchos de los cuales quedan cesantes o se le rebajan los salarios. Pero no sólo ellos pagan las consecuencias económicas de las crisis. Como lo dice Marx en el párrafo citado más arriba, también pagan las consecuencias la mayoría de los pequeños y medianos empresarios, no pocos de los cuales, al fragor de la crisis, quiebran, es decir, son totalmente expropiados por los dueños del gran capital. La posibilidad de unir a los asalariados y a los pequeños y medianos empresarios en un esfuerzo común frente al gran capital tiene fundamento concreto.

Los escándalos financieros que han salido a la luz pública a propósito de las crisis, especialmente la última, han llevado a los organismos políticos mundiales a elevar su atención y vigilancia sobre estos temas.

La OIT – Organización Internacional del Trabajo -, entidad tripartita de la ONU constituida por Gobiernos,  organizaciones de Trabajadores y de Empleadores, realizó en Junio del  2009 la Conferencia Internacional del Trabajo y adoptó, por unanimidad, el documento titulado «Para recuperarse de la crisis: Un Pacto Mundial para el Empleo», fechado el 19.6.2009.

                                                                5.-

En sus considerandos dice la OIT en ese documento: 

“La crisis se inició en el sector financiero de un país, de  allí se extendió a lo largo y ancho del planeta, afectando a la economía real, y terminó por provocar una crisis mundial en los campos social y del empleo. Además, la recesión cada vez más profunda del empleo y de la economía productiva está golpeando a su vez al sector financiero, debilitando aún más a un sector bancario en serias dificultades y contribuyendo así a agravar la contracción del crédito necesario para la economía real. Hoy nos vemos confrontados a lo que el Director Gerente del FMI ha llamado «la Gran Recesión», es decir, la peor crisis desde la depresión de los decenios de 1920 y 1930. Las perspectivas de recuperación no son todavía visibles y dependen de la normalización de las corrientes crediticias y de la aplicación efectiva de las medidas de estímulo gubernamentales.” ( Ver www.ilo.org.)

Y agrega:

Los efectos sociales de la crisis, que ya son sumamente inquietantes, podrían empeorar. Los avances que se habían logrado en la reducción de la pobreza en los países en desarrollo se están esfumando de forma alarmante. En muchos países, la clase media se está debilitando. Los grupos vulnerables están siendo duramente afectados. Hay un grave riesgo de que se produzcan retrocesos en la lucha contra el trabajo infantil. Las oportunidades de empleo para las mujeres y hombres jóvenes son muy escasas, lo que redunda en un aumento del desempleo de los jóvenes. Los trabajadores con contratos de corta duración, muchos de los cuales son mujeres, no vuelven a ser contratados. Se ha reducido el ingreso de los trabajadores migrantes, y algunos están perdiendo sus puestos de trabajo, lo que se traduce en una fuerte reducción de las remesas y en un movimiento migratorio de retorno. En los países en desarrollo, aumentan día a día las pérdidas de empleo en el sector formal de la economía, de manera que los trabajadores se ven obligados a ocuparse en la ya hipertrofiada economía informal y los migrantes de las zonas rurales, a regresar a sus aldeas.” (Ibid)

Todo esto confirma  el análisis científico del  capitalismo  que hizo Marx.

Juan Somavía, Director General de la OIT, en su Prefacio al citado documento, dice:

“ El deterioro del empleo está ocasionando grandes dificultades a muchos trabajado-res y trabajadoras, y por ende a sus familias y comunidades, y agravando la pobreza. Asimismo, la crisis del empleo está poniendo en peligro el cumplimiento de  los Objetivos de Desarrollo del Milenio, debilitando a las clases medias, amenazando la cohesión social y erosionando la confianza en los dirigentes. Además, habida cuenta de que cada año se incorporan al mercado de trabajo mundial otros 45 millones de personas — en su mayoría hombres y mujeres jóvenes —, de hoy día al año 2015 habrá que crear unos 300 millones de puestos de trabajo nada más que para respon-

                                                                   6.-

der al ritmo de crecimiento de la fuerza de trabajo.

Las crisis anteriores también  han enseñado que entre la recuperación económica y la recuperación del empleo suele haber un desfase considerable.

Todo esto explica por qué la crisis mundial del empleo podría persistir durante muchos años, a menos que se adopten desde ya decisiones más enérgicas y focalizadas para acelerar la recuperación del empleo y mantenerla a la par con la reactivación económica. ” (Ibid)

Y termina señalando:

“El Pacto se proyecta hacia el futuro, más allá de la recuperación inmediata. Al respecto, se destacan cuatro áreas:

i)un marco regulador y de supervisión financiera al servicio de la economía real, las empresas sostenibles y el trabajo decente;

ii) comercio y mercados eficientes y bien regulados que redunden en beneficio

de todos, sin proteccionismo pero con la debida consideración de la situación de los países de bajos ingresos;

iii) la transformación de la economía hacia actividades con baja emisión de carbono y respetuosas del medio ambiente; y

iv) una senda de desarrollo sostenible que permita que todos los países — inclusive los países en desarrollo — pongan el empleo y la protección social en el centro

de sus políticas económicas, sociales y de reducción de la pobreza, con el apoyo internacional.

El Pacto, y el compromiso tripartito mundial que en él se ha expresado, ofrece una                              

oportunidad única para que los países y el sistema multilateral afronten la crisis con

una visión común en torno a una recuperación productiva y equilibrada que proteja la dignidad de las personas y, al mismo tiempo, contribuya a una economía mundial y un proceso de globalización más equitativos y sostenibles.” ( Ibid)

Es un gran paso adelante que un organismo de la ONU como la OIT haya acordado este Pacto Mundial por el Empleo, que debiera tener mucha difusión y no la ha tenido. Y de aquí surge una pregunta: ¿ Será posible implementar estas medidas con un sistema capitalista global controlado por  los monopolios transnacionales ?

Lo que está ocurriendo en Europa permite visualizar que la realidad concreta marcha por otro camino. En Grecia, España, Italia, Portugal e incluso Francia ya se habla de niveles de desempleo entre el 15% y 20%.

Un grupo de más de 150 economistas italianos enviaron en Junio pasado una carta al Primer Ministro de Italia Silvio Berlusconi cuyo contenido vale la pena conocer (www.letteradeglieconomisti.it ).  Esa carta fue publicada en el diario español

                                                              7.-

 “El País” el 27.6.2010 y en ella advierten que los planes de austeridad que impulsa el Gobierno italiano  empeorarán la crisis, estimularán la especulación y con todo ello se podría provocar la desintegración de la Zona Euro.

Entre los puntos principales de esa carta están los siguientes:

1.- La gravísima crisis económica mundial y la de la Zona del Euro no se resolverán mediante la reducción de salarios, pensiones, servicios sociales,

educación, investigación, cultura y servicios públicos esenciales.-

2.- Existe el grave peligro de que la llamada “austeridad” terminará acentuando aún más las características de la crisis, haciendo que la insolvencia, la quiebra de empresas y el desempleo crezcan más rápido y, con toda probabilidad, obligando a algunos estados miembro a retirarse de la Unión Monetaria Europea en algún momento.-

3.- La crisis mundial que estalló en 2007-2008 sigue en marcha dado que ninguna intervención se realizó sobre sus causas estructurales.-

4.- El punto fundamental que hay que entender es que la inestabilidad actual de la Unión Monetaria no es simplemente el resultado de la “contabilidad resbaladiza” o  gasto fácil. En realidad, es el resultado de una profunda vinculación entre la crisis financiera mundial y una serie de desequilibrios en la Zona Euro, derivadas princi-palmente del diseño neoliberal del Tratado de la Unión y de la política económica restrictiva de los Estados miembros (en referencia a Alemania) que sistemática-mente muestran un superávit en su balanza de pagos. Por tanto, creemos que el enfoque adoptado hasta ahora debe ser abandonado antes de que sea demasiado tarde.

( Resumen hecho por Alfredo Zaiat en http://www.pagina12.com.ar)

Y aquí surge la pregunta de fondo: ¿ demasiado tarde para quién  ? 

Por cierto que para nosotros, los que no somos propietarios de millones y millones de dólares.

El fenómeno cíclico de las crisis del sistema capitalista está vinculado a la Ley de la Tendencia Decreciente de la Cuota de Ganancia del Capital, formulada por Carlos Marx y expuesta en el Tomo 3º de “ El Capital”, sección 3ª.

La Ganancia del Capital es la forma transfigurada en que aparece la Plusvalía ante los ojos de la sociedad.

Al inicio del Tomo 3º de El Capital,  Marx explica cómo la Plusvalía se transforma en Ganancia y cómo la Cuota de Plusvalía se convierte en Cuota de Ganancia, para luego exponer cómo la Ganancia se convierte en Ganancia media del Capital,   imponiéndose el principio de que   “a capitales iguales ganancias iguales”,  al margen de donde opere  ese capital en el sector productivo, donde se produce plusvalía o en los sectores comercial y financiero, donde no se produce.

                                                               8.-

La Cuota de Plusvalía se calcula dividiendo la Plusvalía por la parte del capital invertido en salarios. La Cuota de Ganancia se calcula dividiendo la Plusvalía por todo el capital invertido en la empresa, la parte invertida en salarios y la parte invertida en medios de producción.

Esa proporción, lo invertido en medios de producción dividido por el capital invertido en salarios, Marx la define como Composición Orgánica del Capital, que va creciendo constantemente. A medida que se desarrolla el sistema capitalista, cada vez es más alta la Composición Orgánica del Capital, es decir, la parte del Capital que se invierte en medios de producción frente a la que se invierte en salarios. O sea, la parte del Capital de la cual nace la Plusvalía va decreciendo en proporción al Capital social en funciones.

Ello conduce a que la cuota de ganancia va decreciendo a pesar de que la cuota de plusvalía crezca aceleradamente por el aumento del grado de explotación del trabajo.

Todo este proceso está impulsado por la búsqueda de una mayor productividad del trabajo que permita ofrecer mercancías más baratas para ganar en la competencia con otros capitalistas del propio país o de países extranjeros, proceso que se acelera con la red del mercado mundial.

Esto se realiza al interior de cada empresa, en forma muy reservada  y va gestando los desequilibrios del sistema que sólo se ven restablecidos por las crisis, con las consecuencias ya conocidas y tan claramente expuestas por la OIT.

Marx demostró que el sistema económico era posible de ser analizado científicamente y el estudio de su obra cumbre “ El Capital ” permite visualizar el camino que permitirá a  la sociedad humana abrir la posibilidad de influir en su desarrollo teniendo en cuenta los intereses y el futuro de toda la humanidad. Ojalá que esto ocurra antes de que sea demasiado tarde, producto, entre otros factores, del calentamiento global, impulsado por las empresas transnacionales petroleras y automotrices que promueven el consumo de combustibles que emiten CO2 y están provocando el efecto invernadero, impulsados solamente por su afán de ganancias.

                                                              9.-

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