La otra cara del mundial de fútbol

Por: Hernán Montecinos
(29.06.10)

No soy ni hincha ni fanático del fútbol, ni tampoco asisto a los estadios a ver jugar a los equipos. Que yo recuerde desde antes de la dictadura hasta ahora, por una sola vez asistí a un recinto deportivo (Estadio Nacional), pero no precisamente para ver un partido de fútbol, sino para asistir a un recital de Joan Manuel Serrat tras una larga ausencia involuntaria de éste, por habérsele prohibido la entrada a nuestro país por parte de la dictadura militar.

Sin embargo, eso no quiere decir que no me guste el fútbol lo que me lleva, cual reacción refleja, -cuando se realizan los mundiales-, sumarme a esa inmensa mayoría que prende su televisor para ver, donde se supone, se dan cita los mejores equipos del mundo. Una vez finalizados éstos hasta ahí no más llega mi entusiasmo, informándome del resto de los eventos deportivos, en forma muy ligera, nada más por los titulares que aparecen en portadas de los diarios que cuelgan en los kioscos.

Entonces, no siendo ni hincha ni fanático ni nada que se le parezca, todo haría suponer que no tendría autoridad para estar opinando sobre un tema que, supuestamente, poco conozco. Sin embargo, influenciado bajo la ola mundialera y mi costumbre de analizar los problemas con mis propios ojos y no con los ojos de los demás, me atrevo a dar mi opinión sobre este asunto, así corra el riesgo de ser vilipendiado por una masa irredenta de fanáticos de cuya reacción se puede esperar cualquier cosa.

Quiero empezar recordando que, en sus inicios, el fútbol nació plenamente como deporte amateur. Eran los tiempos en que el jugador mojaba la camiseta y daba todo de sí por el equipo de sus amores. Hoy con la profesionalización del fútbol todo ese original encanto ya es cosa del pasado. Como sabemos el jugador hoy ya no juega por amor a la camiseta y por ser fiel al club de sus amores. Sólo juega para auto referenciar su propia imagen y por el club que le de una mejor paga. Es decir, en el fútbol de hoy el jugador no juega, “trabaja”, y los clubes deportivos no fomentan el deporte, hacen “negocio”. Dos aspectos esenciales que, de algún modo han llevado a desnaturalizar la esencia estrictamente deportiva que dio origen al fútbol.

Por esta y otras razones es que el fútbol me produce sentimientos encontrados. Por una parte, está su lado bueno. La fuerza de los músculos y la destreza en los pies de los jugadores dan garantía de ofrecer un bello espectáculo deportivo. También me gusta el fútbol porque lo practican masivamente los jóvenes en nuestras poblaciones. Como se sabe, la sociología ha demostrado que es preferible que los jóvenes practiquen y fomenten el fútbol, antes de caer en las redes de las drogas. Por eso es que me gusta el fútbol y pienso, por tal, que hay que estimularlo y promoverlo en todos los niveles.

En lo que dice relación con su otra cara, su lado anverso, no me gusta el fútbol por todo el entorno que lo rodea (publicidad, negocio, política, dirigentes, etc.). En efecto, tanto para el jugador como para el club, lo que más cuenta es la obtención de mayores réditos, tanto material como de mayor figuración y fama. Para las multinacionales, otro tanto, sus ojos puestos atentamente en el mundial, pero para hacer negocios. De otra parte, la publicidad y los medios de comunicación con sus mensajes subliminales hacen, como que no quiere la cosa, su aporte ideológico. En efecto, tratan de hacer aparecer, con el fútbol, un sentido de unidad e identidad nacional, a la vez que exacerban un sentimiento nacionalista en los fanáticos.

Sin embargo, en tanto la sociedad chilena siga excluyendo y marginando a un gran número de pobres, y a una clase media cada vez más proletarizada, que vive y se sostiene a través de la ilusión que les ofrecen las tarjetas de crédito, cualquier intento de unidad y fijación de una identidad nacional será en vano. Más aún, si sigue manteniendo ese impresentable expediente, -vergüenza para cualquier país-, que Chile se encuentra a la cola del listado de países con peor distribución del ingreso de sus habitantes. En un país con esas desigualdades no puede haber unidad, ni menos identidad como pretenden los agentes de la ideología dominante en el ámbito del fútbol.

De otra parte, muy pocos saben que detrás de un deporte que mueve y fanatiza multitudes, se encuentra una de las 20 economías más potentes a nivel mundial y un negocio multimillonario, concentrado en el poder económico que hoy ostenta la FIFA. De ese sano amateurismo de décadas pasadas, de esa sana idea del fútbol de los orígenes, de esa fervorosa pasión que mueve multitudes, en lo que es estrictamente deportivo, sólo va quedando el sano y honesto fervor de los hinchas, puesto que clubes de antaño han dado paso a poderosas y lucrativas empresas que mueven millones de dólares por compra y ventas de jugadores, vendidos éstos en sofisticadas “ferias humanas” que poco se distinguen, en su esencia, a la venta de reses en las “feria de animales”.

En estos últimos días se ha dado la noticia que David Villa, jugador de la selección española, ha sido vendido (recordar que los jugadores se venden) al Real Madrid por la friolera de 10 millones de Euros. Sin embargo esta cifra es una bicoca si lo comparamos con los 94 millones de Euros como fue vendido Cristiano Ronaldo. Esto último hizo que un indignado articulista (Carlos de Urabá) redactara un artículo bajo el título “Una puta de 94 millones de Euros”. Habría que sacar la calculadora para saber a cuanto equivale eso en nuestros escuálido pesos chilenos. Cualquiera sea el resultado, se puede concluir que hoy un ídolo del fútbol gana más, que lo que gana el mejor pagado de los presidentes, más que el mejor y más prestigiado de los profesionales, más que el más destacado de los científicos. Ese es el estado de alienación que hoy presenta el fútbol. El que chutea una pelota gana más que el mayor de los inteligentes, no importando si en su cabeza en vez de cerebro tiene alojado pura viruta. Cuánta razón tenía el filósofo Nietzsche cuando afirmaba que los valores de nuestra sociedad estaban “invertidos”; y más razón tenía, cuando recomendaba que había que “transvalorarlos”

Ahora bien, Chile ha sido eliminado por Brasil en las instancias finales del Mundial de fútbol. Algo previsto; la lógica terminó echando por los suelos las falsas ilusiones estimuladas por los programas deportivos criollos, de llegar cerca o hasta el mismo pináculo de la fama. Si hasta para no pocos, entre los que me cuento, la eliminación de Chile por Brasil ha representado todo un alivio, un respiro, un desahogo, ante tanta esquizofrenia y estupidización colectiva que los medios de comunicación armaron en torno a una simple pelota.

¿Se imaginan si nuestra selección hubiera seguido escalonando posiciones más altas en el tablero?… ¿O si hubiera salido Campeón del Mundo?…Francamente, honestamente, así lo creo, Chile se habría transformado en un país insoportable, mucho más de lo que ya lo es. Se habrían llenado de parrillas con asados antejardines y patios de las casas y los balcones de los departamentos; habría chorreado el vino por todas partes escanciado sobre los manteles en las mesas, y muchos curados botados en las veredas de las calles. Mientras tanto, Carcuro y Solabarrieta, esos tediosos charlatanes del fútbol, con lágrimas en los ojos, frente a las cámaras de televisión, se estarían abrazando emocionados y agradecidos de vivir en un país tan Súper y lindo como éste y, sobre todo, tan bueno para la pelota.

En todo caso, con la eliminación de Chile, no se vaya a creer que la parafernalia futbolística va a parar. No nada de eso, al fin y al cabo los mundiales se viven cada 4 años. Así, los que crean que vamos a tener algún respiro, están totalmente equivocados. Ya vendrán los campeonatos de Apertura y los de Clausura. También los de Primera, Segunda y Tercera División. Más aún, pronto nos atosigarán con las copas por aquí y copas por allá. Ahí estarán las transmisiones, en vivo y en directo, de la Copa Libertadores, la Copa UEFA, la Copa del Rey, la Champion League, el Campeonato Sudamericano, las ligas europeas, las Recopas y todas las demás copas que se quieran. Por si fuera poco, también vendrán los mundiales de la Sub 17 y la Sub 20, y también el Mundial de Mujeres. Al paso que vamos capaz que a la FIFA se le ocurra organizar un mundial para niños y otro para guaguas, este último, algo así como una Sub 2, es decir, guaguas de dos años para arriba, una vez hayan dejado el chupete.

En fin, todo válido para seguir anestesiando al vulgo con el fútbol, tal como lo hacían los romanos hace mas de dos mil años con su Pan y Circo. Eso bien lo saben los manipuladores ideológicos que sirven al poder (publicistas, sociólogos, políticos, sicólogos, medios de comunicación, etc.). Chilenas y chilenos, no se equivoquen, tenemos fútbol para rato. Descansen, respiren profundo, miren que pronto se nos viene la próxima oleada. Y no podría ser de otro modo, el mejor narcótico ideológico, el fútbol, siempre se encontrará ad portas para reinicias su labor de zapa: adormecimiento y bálsamo para olvidar nuestros problemas reales, y sólo pensemos nada más que en fútbol.

En efecto, fútbol por aquí, fútbol por allá, fútbol hasta en las orejas y en todas partes. Pero digámoslo, está bien, está correcto estimular y alentar el fútbol, eso está fuera de toda duda. Un deporte que desata pasiones y mueve multitudes no puede ponérsele freno. Sólo reivindico que todo esto no se transforme en una exageración, en un exceso, como si el fútbol fuera lo más importante del mundo, como si no hubiera nada más importante que aquello. No se puede seguir viviendo la vida con puro fútbol, quitándole espacio a otros temas que, por su relevancia, resultan ser más gravitantes para la vida de cada uno de nosotros.

Ahora bien, del fútbol no sólo sacan provecho las multinacionales y los medios de comunicación, tanto o más usufructo sacan el Estado y los poderes políticos de turno que gobiernan. Para el caso de este mundial hemos visto a la ex presidenta Bachelet, acompañar a la roja en toda su campaña, y según se ha dicho, ha servido como una cábala al equipo, claro está hasta que perdió con Brasil. Todo esto, mientras en Chile, el nuevo gobierno está destapando olla y más olla de corrupciones en Intendencias, Gobernaciones e Instituciones del Estado, cometidos bajo el gobierno de la presidenta futbolera. A su vez, el actual presidente Piñera, no ha encontrado mejor forma de promocionar su alicaída imagen, que yéndose a la zona afectada por el terremoto, a ver los partidos de la Roja junto a los pobres vecinos terremoteados. Resulta increíble contemplar el candor de estas dos figuras políticas, el enternecimiento que promueven en la masa, por ese compromiso a puro corazón que mantienen con la Roja de todos. A no dudar el futbol, como uso político por parte del gobierno, los partidos políticos y los grupos económicos cierra el círculo de enajenación y control sobre la sociedad entera.

La política, como se sabe, es la esencia de la actividad del hombre en la sociedad. Una actividad, una idea, un recurso, una personalidad, son palancas políticas en la medida en que conmueven a las masas y son capaces de unificar voluntades para movilizarlas en pos de un objetivo concreto. En tal virtud, cobran importancia y reciben atención preferente de los partidos, políticos y clase gobernante que buscan palancas políticas eficaces para agrupar a las masas en su derredor y hacerlas marchar bajo su dirección.

En este orden, no resulta raro que funcionarios de alto nivel, incluido el propio presidente de la República y sus ministros, hagan a un lado asuntos de mayor importancia y se muestren más preocupados por los resultados de los partidos que por los problemas de sus respectivas carteras. En dicha línea, reciben en sus despachos a futbolistas de prestigio con más atenciones y honores que a un diplomático de alto rango, y les otorgan premios que ya se quisieran para sí algunos investigadores destacados.

Sin embargo, la cosa cierta es que el Estado, administrado y dirigido por los políticos de turno, escaso interés suelen mostrar por incentivar la educación física y el deporte en la juventud y de la sociedad entera. En la práctica, la casi nula actividad deportiva se remite a los reducidos balbuceos que maestros mal preparados enseñan a los jóvenes en la enseñanza básica, media y universitaria, En efecto, en ninguno de estos referentes se implementa actividad física-deportiva programada. Fuera de las escuelas, la intervención del Estado en la actividad físico-cultural y deportiva de la sociedad es totalmente insignificante y marginal. La actividad deportiva descansa, totalmente, en manos privadas que la explotan comercialmente.

Por último, y para cerrar esta nota, es cierto, Chile logró conformar un buen equipo, una generación joven logró asimilar un estilo ofensivo que nunca antes había tenido nuestra selección. Mérito notable de su entrenador, que logró mentalizar tal estilo. Mérito también de los propios jugadores que supieron que en el fútbol no basta con ser diestro para la pelota, sino también constancia y auto disciplina. Fueron los propios jugadores y su entrenador los únicos que siempre actuaron y se comportaron con prudencia. En ningún momento se envanecieron ni se sobrevaloraron, a pesar de estar conscientes que habían llegado a un nivel futbolístico de los mejores nunca antes alcanzado.

La parte negra de todo este asunto tuvo sus protagonistas en una prensa deportiva criolla ramplona, por una parte, y, por otra, una hinchada fanática que llegó al máximo grado de estupidización colectiva, exhibiendo un nacionalismo barato que cayó muchas veces en la picantería y en lo rasca

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