Propiedad Intelectual de Mercado

Por: Arturo Alejandro Muñoz
Fuente: Kaos en la Red (22.01.08)

Las autoridades acuerdan secretamente con la Sociedad Chilena del Derecho de Autor un proyecto de ley que transforma a la cultura y al arte en elementos prohibitivos para la mayoría de los chilenos

Hace algunos años (en el 2007, si la memoria no me traiciona) escribí un artículo refiriéndome a la “sonrisal” Ministra de Cultura, Paulina Urrutia, de quien aseguré que merced a su insípida gestión la cultura sigue atenazada por su desprolija tarea ministerial , tanto como por su anuencia a dictámenes emitidos interesadamente por quienes, desde siempre y a través del familisterio que los cobija, se han apropiado de la vida y anhelos de los dieciséis millones de chilenos en estas y en otras muchas materias.

Por cierto, el ahogo en que las verdaderas actividades culturales sobreviven en nuestro país no encuentra una vertiente única en el quehacer de la ministra, ya que es en el gobierno en su conjunto –y más allá de La Moneda también- donde resulta posible hallar las verdaderas causas de tantos incordios parafernálicos que atentan contra el arte, las letras, la música y toda expresión que supere el griterío producido por una masa adormecida chillando ante la exposición de glúteos, senos y otras presas humanas registradas por las pantallas de nuestra mediocre televisión, o venteadas en escenarios comunales con el auspicio de municipalidades cuyos ediles confunden arte con ‘parte’ y, por supuesto, prefieren atontar a sus vecinos con ‘shows’ de calidad más que desechable, en lugar de otorgar –de vez en cuando al menos- un programa que enriquezca los espíritus y oxigene el alma comunal.

Digámoslo entonces sin ambages, de una buena vez. Para nuestro establishment político, la cultura es un chiste. Nos han llenado las calles con saltimbanquis, bombos, zancos, batucadas y gritos, intentando convencernos de que eso es arte (‘popular’, lo apellidan por si alguien los pilla en falta)…y como que no quiere la cosa, por ahí en medio, algo disfrazada, meten una que otra estrofa poética lanzada al aire como serpentina, pero pasa tan desapercibida que nadie se percata. Afortunadamente, Da Vinci, el Greco y Van Gogh pertenecen a otras épocas y otros lugares, pues de haber sido chilenos y estar presentes en esta era, los veríamos instalados en la Plaza de Armas pintando retratos por una ‘luca’ y arrancando de los ‘pacos’ que los buscarían, lumas en mano, para aporrearlos por órdenes de las autoridades civiles.

Oficialismo y oposición –estoy hablando de los políticos- muestran interés sólo en un evento: el dinero, la plata, el capital, la inversión, el financiamiento, la ganancia…es decir, el vulgar ‘billete’. Para nuestros dirigentes de acá, allá y acullá, todo el quehacer nacional debe resumirse en ‘ganancia económica’. Si no produce jugo, se bota, se desecha. Y en esta anomalía psicológica de nuestros líderes están incluidos cultura y arte. Por cierto, en estas materias la ‘sonrisal’ ministra del ramo, siempre mostrando los dientes en una mueca que ya irrita, se alinea en la trinchera de los comerciantes y abraza la causa economicista.

DELENDAS CULTURA, ES LA ORDEN DEL MINISTERIO DEL RAMO

Hace pocos días el país se enteró de las tratativas –ocultas y confidenciales hasta ayer- llevadas a cabo por el Gobierno en orden a cambiar, durante el período legislativo 2008/2009, la actual Ley de Propiedad Intelectual que está vigente desde el año 1970. Para ello, La Moneda convocó a una mesa de diálogo conformada por diversos organismos públicos, privados y de la sociedad civil, que tienen vinculación directa con esta temática, para que de allí surgieran perspectivas de acuerdos con el fin de consensuar posiciones y lograr una ley justa para todos.

No obstante de ser un proceso bien concebido, en el contexto de la tramitación de esta Ley en el Congreso Nacional, la organización denominada Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD), una de las organizaciones participantes en esta mesa de diálogo, reconoció tener un ‘acuerdo secreto’ con el Gobierno, hecho que fue, además, ratificado por la propia Ministra de Cultura, en orden a plasmar en el texto de dicha Ley los intereses exclusivos de la SCD, dejando al resto de los participantes fuera de la discusión de sus aspectos centrales.

Independiente de lo nefasto que resulta esta falta de respeto a las organizaciones que fueron convocadas al diálogo, la Ley propuesta por SCD y finalmente aceptada por el Gobierno, pasa a llevar un conjunto de aspectos que están en contra del interés de la gran mayoría de chilenas y chilenos, en la medida en que se terminan diversos derechos que nuestra sociedad había logrado para el beneficio público.

Sólo como ejemplo, la ley contempla aberraciones como las siguientes: usted será considerado legalmente un delincuente si:

• Comparte música o copia música con derechos de autor a un disco virgen
• Fotocopia apuntes de clases

• Hace una parodia a partir de otra obra
• Cita en público más de 10 líneas de un libro
• Copia un poema de amor para dedicárselo a su pareja
• Graba un libro para un ciego

El acuerdo Gobierno-SCD plantea, además:

– Eliminación de excepciones para uso justo y educacional: Se prohíbe a las bibliotecas reproducir sin pago obras protegidas para uso de colegios o universidades, (fotocopiar textos adquiridos legalmente para fines académicos). Al mismo tiempo se elimina el uso justo que permite utilizar contenidos protegidos, en la medida en que estos usos contribuyan a la sociedad generando innovación, creando nuevas obras o fomentando la discusión pública sobre una obra determinada.

– Eliminación de la necesidad de probar el uso efectivo de las obras: La SCD calcula lo que le cobra a restaurantes, conciertos y hasta bingos por la totalidad de ingresos brutos y no por el uso efectivo, que no tiene necesidad de probar.

– Eliminación de arbitraje forzoso: La SCD fija unilateralmente sus tarifas. En caso de desacuerdo, el usuario no tendrá más opción que aceptarlas o recurrir a tribunales.

– Responsabilidad de las operadoras de Internet: La SCD supone a priori que Internet está concebida o hecha para bajar contenidos en forma ilícita. Al responsabilizar a las ISP podría eventualmente cobrarles por conexión (y supuesto pirateo). Ese cobro lógicamente terminaría traspasándose al usuario, aún sin demostrarse que éste realizó un delito.

– Rechazo a indicaciones posteriores: El Gobierno se compromete a no apoyar ninguna modificación posterior que contravenga el acuerdo con la SCD. La Ley aún no se promulga. Aún es tiempo de detener esta situación, toda vez que estamos seguros de que en Chile hemos alcanzado la suficiente madurez para comprender los nuevos tiempos que vivimos, y las perspectivas que nos muestra la naciente sociedad de la información. Hoy en día emergen nuevas formas de producir arte y cultura, así como nuevas formas de vivir con su comercialización; formas que no atentan contra la libertad de los usuarios, que no atentan contra la innovación y la creatividad, contra el desarrollo artístico y cultural del país, ni contra el dominio público.

Sin duda, el gobierno y el empresariado inserto en la SCD han abierto un flanco por el cual atropellarán violentamente instituciones como la Sociedad de Escritores de Chile, las Federaciones Estudiantiles, la Central Unitaria de Trabajadores y decenas de otros organismos que, apoyados por millones de personas, se opondrán a un proyecto de ley que no solamente lesiona la esmirriada economía de las clases no enriquecidas del país sino, además, atenta abiertamente contra la presencia, desarrollo y masificación de las actividades culturales, amén de colocar trabas casi insalvables a la inmensa mayoría de jóvenes estudiantes que carecen de presupuestos para adquirir textos originales de aquellas obras y materias que sus mallas curriculares exigen.

Si el proyecto de ley prospera y se concreta, ¡¡adiós a las representaciones estudiantiles de ‘Romeo y Julieta’, o a las veladas poéticas con obras de Huidobro, Neruda y la Mistral!! Ni hablar de lo que ocurrirá a centenares de mini empresas de fotocopiados que sobreviven hoy con los pedidos de estudiantes. Los Bingos comunales y barriales se encarecerán a tal grado que más rápido que lento terminarán asfixiados por las exigencias de la ley. ¿Y qué ocurrirá con los ‘bailes populares’, que muchas juntas de vecinos realizan en orden a proveer fondos para financiar beneficios sociales como, por ejemplo, comprar regalos para la Navidad de sus niños? Ello no es ‘cultura’, protestará algún representante del gobierno o del empresariado de las editoriales y sellos grabadores. Cierto, no es precisamente ‘cultura’ en términos ortodoxos…pero se trata de actividades sociales, populares, que se nutren de la cultura, y que sin ella no pueden realizarse exitosamente.

En definitiva, el actual establishment político-económico se esmera en transportar la cultura hacia los requiebros del mercado como si fuera un artículo de tienda comercial, un automóvil o un paquete turístico al Caribe. Para los guarapos que administran nuestra nación desde hace ya 30 años, ‘cultura’, la verdadera, es sólo aquella a la cual tienen acceso los poderosos, los burgueses enriquecidos que pueden pagar cincuenta o sesenta mil pesos por una entrada al Teatro Municipal, y quince mil piticlines por un libro best seller que sin lugar a dudas irá a engalanar la biblioteca casera, aunque en muchos casos lo hará virgen y así se mantendrá ad eternum, ya que sus dueños mostrarán satisfacción y contentamiento sólo con recitar ante sus amistades el título y el nombre del autor.

¿Y qué opinan sobre estos asuntos los diputados y senadores, personajes vitales en la aprobación o rechazo de esta torpe y bolichera iniciativa de la sociedad “Empresarios-Duopolio Binominal”? En cada región, en cada provincia, en cada distrito, en cada comuna, la gente debería exigir a sus parlamentarios una explicación al respecto y, por supuesto, el compromiso férreo a rechazar en el Congreso Nacional el proyecto impulsado y parido por una ministra de ‘Cultura’ que se ha quitado el falso velo de la igualdad de oportunidades mostrando un rostro que agrada a la casta bolichera comercial.

Arturo Alejandro Muñoz en Kaos en la Red

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