Chilevisión y el terror informativo

Por:  Paul Walter
Fuente: Diario “El Clarín de Chile” ( 29. 03.08 )
 
La televisión es espectáculo. Lo que resulta un uso metafórico, una imagen crítica, es el hecho. La TV es entretenimiento, show business, negocio de la distracción, farándula, drama, representación, disfraz,  también información. Un paquete sin sorpresas, un combo, un producto elaborado. Y es también, dentro de su representación, una modelación de la sociedad, la que está presentada cual espejo de tal sociedad.

Podemos elaborar una representación ideal y por cierto naïf  de la sociedad –como aquellas antiguas series de TV inspiradas en una familia nuclear que resultaba ser un modelo conservador-, contar y contarnos un cuento de arribismo económico y ceguera social -un relato tal vez real para unas pocas miles de familias millonarias chilenas pero leído como historia de hadas por otras decenas de miles de escaladoras- como lo hacen las revistas Capital, Gestión, el diario Estrategia o las páginas de negocios de El Mercurio. Es  igualmente posible recrear nuestra vida cotidiana como si fuera una revista picante, un vaudeville barato, como bien lo hacen Las Últimas Noticias, La Cuarta y horas y horas de televisión en programas innombrables como SQP, CQC o PP. Y podemos también representar como nuestra realidad lo más infame de la infamia. Hacer de nuestro mundo un espacio de la mentira, el engaño, el crimen, la muerte. Hacer de la perversidad nuestro espacio natural. Ese es el caso de Chilevisión.

Cada representación es un producto. Pero es también una percepción y una pauta de comportamiento social. Algo de todo lo representado ronda el ambiente social, así como lo representado moldea comportamientos. Que los personajes de una teleserie expresen el comportamiento histérico de una sociedad puede comprenderse, como denuncia, como ironía, como crítica o chiste, pero no que los gritos, pataletas y otros trastornos sean norma y modelo de conducta de chicos y chicas. Este es un riesgo, una forma de contaminación y degradación .

La especialidad de Chilevisión, aun cuando ahora ingresa a las teleseries, es la crónica roja, el reportaje recreado, el docudrama, el, como ellos mismos le denominan, docu-reality. Aquí está su producto estrella, que es también su representación social, su estrategia, su propuesta. Aquí está la entretención, la distracción, pero aquí está también la información, todo ello entregado en un mismo paquete, en un servicio completo y entrelazado. Chilevisión inicia la crónica roja cada día a las 21 horas con su informativo y no cambia de registro hasta la medianoche. Aparentemente cruza géneros narrativos, pero en los hechos los fusiona. No hay gran diferencia entre la crónica de  Chilenoticias que los programas posteriores, como “Policías en Acción”, “Mujeres que Matan”, “Pecados Capitales” o “Historias de Eva”. Un continuo de odio, furia, traición y crimen une la parrilla del canal de Sebastián Piñera.

Producción en serie, como papas fritas con ketchup o hamburguesas con queso. Comida chatarra y televisión basura. Basura en su producción seriada, y basura, pestilencia en este caso, en sus contenidos. Veamos un ejemplo, explicado por el mismo canal. “Mujeres que Matan” es una “serie que muestra los ámbitos más extremos de la vida común, donde las mujeres son sus protagonistas. Verónica vive con su hija Camila, producto de su primer matrimonio, y Daniel, su segundo marido. Verónica quiere creer que todo está bien en su vida y que su relación de pareja está llena de amor, pero la verdad es difícil de ocultar, ella está enferma de amor, sumergida en una relación tóxica, de maltrato emocional y físico que destruirá la vida no sólo de ella y de su hija sino de Valeria, la vecina de 16 años y mejor amiga de Camila. Una noche todos se darán cita en casa de Verónica y el espiral de maltrato culminará en un acto que los marcará para siempre (sic)”.

Autores como Doris Cooper, socióloga chilena experta en la marginalidad, han escrito sobre la delgada línea que existe entre la delincuencia, ilegalidad y la economía informal. Otros factores como la falta de organización sindical y social, la creciente externalización de los empleos, la misma precariedad laboral conducen cada vez más hacia la informalidad. Los chilenos estamos cada vez más cercanos, por nuestra propia vulnerabilidad laboral y social, a aquella delgada línea. Estamos cada vez más expuestos a caer en la ilegalidad.

Y hacia allá señala Chilevisión. Hacia los chilenos, los pobres, las clases medias, los que luchan diariamente por la sobrevivencia. Aquí desea hallar su culpable.

¿Es esa programación un reflejo de la nueva vida cotidiana de los chilenos? ¿Hace Chilevisión investigación y denuncia social? Más parece una tergiversación más del forzado y artificial ingreso en la modernidad. ¿Es la delincuencia, o esta seudo delincuencia, parte de la cultura de masas? ¿O se trata de un producto más? Obviamente, se trata de esto, lo que está avalado por las cifras de negocio. Hay un mercado para la industria de la perversión y el terror.

Las personas más expuestas a la televisión son más sensibles a los temores que infunde la TV. Quienes ven más televisión, como las mujeres dueñas de casa, colocan entre sus mayores preocupaciones la seguridad ciudadana.  Y si estimamos que este ha sido un tema de la derecha y los conservadores –en Chile, en Estados Unidos, en España, en muchas partes- no es difícil hacer la relación entre los intereses del candidato de derecha con los contenidos de su canal.  Un producto basado en el miedo cuya solución será una solución política.
Artículo publicado en Punto Final
 

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