Política mental del Sistema: apuntes criticos

Por: Patrocinio Navarro
Fuente: http://www.kaosenlared.net (02.11.09)

Comencemos por un noticiario típico: guerras y algunas de sus consecuencias que provocan estos políticos que vemos sonreír a las cámaras sin pudor alguno, algún conflicto social con perfil informativo siempre bajo, (culpables facilmente las víctimas) accidentes, crímenes, algunas pinceladas musicales siempre estresantes que se tildan de “lo último”, con ocasionales y fugaces referencias al mundo de la “gran cultura/espectáculo”. Y cierre con variedad de cotilleos del mundo del fútbol principalmente, las subidas y bajadas de las bolsas de todo el mundo, y como noticia final el tiempo que hará en cualquier parte.

Parecida es la radio, aunque aquí puede ser más visible la ideología política de quien la sostiene. Y, como en la televisión, semejantes contenidos informativos y de entretenimiento; programas de opinión sesgada hacia la derecha y la extrema derecha por un lado, y hacia el centro y la izquierda tímida y políticamente correcta, por otro. Y como en la televisión, publicidad exasperante.

Si ambas son muestras de pobreza cultural y de cortedad de miras, acerquémonos a la programación infantil, ese cursillo diario de violencia, perversidad moral, materialismo, ridiculización del mundo adulto, iniciación a la filosofía capitalista de la competitividad, al sexo como elemento lúdico y meta carente de otra perspectiva, junto a la falta de referencias culturales que inviten a evolucionar, la falta de interés por el desarrollo de la mente y, por supuesto, de la conciencia crítica, social y moral. Y con este mar de fondo transcurre la navegación diaria de la vida colectiva,- al margen de Internet, ese navegador de tantos paisajes y rostros con sumar de imágenes que llenan la mente de la infancia de escenas de terror, pornografía, violencia, inseguridad y peligrosos visitantes.Se echa en falta la autoridad de los padres y la existencia de modelos positivos que pudieran inducirles a pensar que es posible otro mundo diferente, donde reine la paz entre los hombres, la armonía, la amistad y el amor desinteresados, la esperanza, la confianza en la vida, la alegría de vivir, la seguridad emocional y otros sentimientos que tanto necesitan los niños y jóvenes para crecer interiormente.

De ser la televisión y otros medios, como Internet instrumentos para el progreso de la cultura, se han convertido (especialmente la primera) en un obstáculo donde sólo tienen cabida los mediocres, los comerciantes de diversas ramas del ocio y del negocio, el clero, los clubs de fútbol y los políticos del Sistema. Cada uno de estos medios y las variantes de los juegos electrónicos se ha convertido en un aislante individual del entorno familiar. Y aunque ahora se van extendiendo los juegos electrónicos compartidos entre los jóvenes como parte de su interrelación social, se acabaron las tertulias en familia, como antes se acabaron las tertulias vecinales al aire libre de las noches de verano: ahora cada cual tiene su propia diversión, incluso en cada habitación.

El mundo de la cultura en radio y televisión, entre tanto, se reduce a unas fugaces imágenes o comentarios sobre cine y exposiciones, alguna entrevista con alguien que vende siempre algo (un libro, un disco, un cuadro, su imagen), y bien poco más. Sólo en las ciudades más importantes existen espectáculos culturales, y pueden escucharse conciertos o visitar alguna exposición de cuando en cuando. En los pueblos y pequeños núcleos rurales de cada país, reina el silencio profundo de la ignorancia, la apatía cultural, el tradicionalismo laico o religioso, la opacidad cultural y la zafiedad. Esto da pie para pensar en lo que sigue a continuación.

El capitalismo nos prefiere incultos

Hemos oído muchas veces esta afirmación. ¿Tenemos razones para darla por buena?

Que nos prefiere pobres, de sobra es conocido por todos, especialmente por los pobres, claro está. En España existe al menos un millón – en aumento-de personas que se sostienen gracias a diversas o­nG.

En EEUU pasan de cuarenta millones los que están en las mismas condiciones, aunque en teoría viven en el primer mundo. Este es el capitalismo, antisocial por naturaleza. Pero ¿tendrá interés en que seamos cultos? Porque a veces salen por las pantallas hablando de la importancia de la cultura importantes prohombres premiados por reyes y grandes instituciones culturales: Premios Nobel, u otras instituciones o academias. Y eso da pie a algún ingenuo a pensar que esa es la única clase de cultura a tener en cuenta, aunque ya sabemos que los premios no son para gente que dice cosas como las que se dicen en estas páginas: sólo condecoran a los amigos del Poder aunque cuenten banalidades con mucha habilidad, como hacen tantos periodistas, novelistas, filósofos y demás “amas de llaves” del Sistema, aspirantes a premios junto a otros representantes de la estulticia en todos los campos, como el artístico. Aquí es ya la debacle, y merece unas frases.

El arte –salvo pocas excepciones- hace mucho que murió en manos de los mercachifles de todo género (galerías, discográficas, cine) y sus asalariados (antes llamados artistas) .Ahora existe el mercado y la industria del arte donde se procuran productos (antes llamados obras) que puedan penetrar como una inversión más en el reino de la oferta y demanda, desechándose los que no sigan las pautas que marcan los llamados “expertos”, tribus de vampiros ensortijados. Ahora sólo quedan algunos pequeños focos de belleza que no suele ser reconocida oficialmente. Y de cuando en cuando una noticia necrológica nos anuncia que fulano de tal, un excelente (músico, poeta, pintor…etc) ha muerto a tal edad dejando una obra importante….De la que nadie tenía noticia; como tampoco de su autor. El recién descubierto ilustre muerto jamás tuvo la opción de una sola entrevista entre las miles que se dedican a los miles de representantes de la estulticia.

Por ejemplo, señalemos cocineros que “deconstruyen”, palabreja esta de la nueva “cultura” culinaria que oculta la refinada adulteración/manipulación/desnaturalización de materias alimenticias buenas antes de caer en las manos de estos“artistas del fogón”, convertidas en objeto de admiración para la vista y de maldición para los estómagos.

¿Y qué decir de la música contemporánea, da igual la popular que la llamada culta, ese disparate sonoro?… Decir que el arte ha muerto en manos de los mercaderes aún resulta suave: cabría decir con más exactitud que ha sido fulminado y convertido en objetos de consumo rentable y en materiales de inversión para tiempos de crisis, como sucede con los cuadros de artistas reconocidos.

Un peligro mayor para los pueblos que todas las gripes.

Existe una decidida falta de interés de los gobiernos por tener poblaciones cultas, sensibles y correctamente educadas.

Según diversos estudios de fácil acceso en Internet (basta con buscar “Analfabetismo en el mundo”) se encuentra uno con el impresionante dato de que en la actualidad existen más de ochocientos millones de analfabetos en todo el Planeta. Estas cifras pueden ser inferiores a las reales si consideramos que existen dos tipos de analfabetos: los totales y los funcionales; los que no saben leer ni escribir mínimanente y los que son incapaces de resolver los problemas que le plantea la vida cotidiana (interpretar recibos, hacer una reclamación o rellenar un impreso oficial, una solicitud de trabajo, escribir una carta correctamente, un currículo, un mensaje de móvil, etc.).

Si tan sólo en Suiza, el granero de los ricos, existen medio millón de analfabetos según estudios recientes, imaginen en otros sitios.
Y si nos preguntamos por qué y vemos en una nación la diferencia existente entre los presupuestos militares y los dedicados a educación, la respuesta es bien evidente. Cuanto más pobres los países, más grande la brecha entre pobres y ricos, y entre gastos militares y gastos sociales en educación o sanidad. Da vergüenza ajena contemplar el estado en que se encuentran las escuelas, donde las hay, y las condiciones materiales precarias en extremo con que tienen que habérselas a diario los profesores(as) y los niños(as) de la mayoría de países, especialmente en África, y América Latina, pero también en la rica y próspera Europa y en EEUU, con sus bolsas de pobreza suburbana creciendo por meses.

Da una profunda tristeza ver las imágenes de los centros sanitarios en Palestina y otros países en guerra, pero también en otros emergentes como India. Ahora bien: si observamos las ropas y pertrechos de sus policías y ejércitos vemos que no tienen nada que envidiar exteriormente a los de los países más ricos, sus desalmados proveedores… Y si nos fijamos en los armamentos de que disponen para reprimir a sus poblaciones aún es mayor el contraste con la triste dotación de sus colegios en medios de enseñanza, donde la tiza y la voz del maestro o la maestra es casi lo único con que se cuenta en escuelas que a veces ni de techo disponen. Y eso con suerte para los niños y niñas que aún así pueden asistir a un colegio en un mundo donde cientos de millones no tienen ni esa posibilidad. Pensemos por un momento en los millones de desplazados por guerras, hambre, catástrofes naturales…O en la dificultad con que viven poblaciones de países que disponen de la bomba atómica y están en guerra como es el caso de Pakistán. Hemos de admitir el hecho, aunque nos duela y nos repugne, de que vivimos en un Planeta organizado en sociedades militarizadas cuyos dirigentes carecen de sensibilidad hacia los problemas públicos así como del más mínimo sentido de justicia y compasión. Sólo les mueve el interés por el voto, que es poder,y -para muchos- ocasión de robar al pueblo.

Dentro del campo propio de la cultura, pese a ser reconocidos como fundamentales para la transmisión del saber, (que tanto parece preocupar hipócritamente a los políticos) están los libros. Estos debieran ser considerados bienes de interés público. Tanto, que tendrían que darse gratuitamente y en abundancia a todos los escolares, como se hace en algunos países, y, dentro de España, en alguna comunidad. Todos los libros, y no sólo los de texto curricular, deberían estar libres de todo tipo de impuestos y los gobiernos de las naciones preocuparse de editar- a precio de coste – obras que favorezcan el conocimiento libre, la cultura critica, el espíritu investigador, la sensibilidad, el amor a la Naturaleza y a todos los seres, y, en fin, favorecer el aprendizaje y práctica de todas esas cualidades que los ciudadanos de un país civilizado deberían poseer y de las que algunos modelos tenemos en la historia de la humanidad. Pero los libros no tienen esa finalidad para los gobiernos.Y en cuanto esos modelos positivos, a los gobiernos no les interesan difundirlos. ¿Quién había oído hasta no hace mucho el nombre de Hipathia de Alejandría? Pero seguro que más de uno tuvo que aprender de memoria en las escuelas lecciones de Historia donde los protagonistas eran dinastías enteras de tiranos, conspiradores, políticos, supuestos santos y feroces guerreros.

¿Qué modelos se ofrecen hoy a la juventud?

Es evidente que estamos muy lejos en nuestras sociedades capitalistas de considerar como modelos a tomar en cuenta para construir una nueva sociedad a filósofos, místicos,poetas, narradores y hasta científicos que fueron colocados en su día en la “lista negra” por se considerados políticamente incorrectos. Se sabe de ellos tan poco a nivel popular como se les ha enseñado. Exactamente en esa medida. Pregunten por ahí ,incluso en medios universitarios que contesten razonadamente por qué fue condenado Sócrates a la cicuta, Jesús de Nazaret crucificado, Juan de la Cruz perseguido por la Inquisición, Miguel Servet quemado en la hoguera, o, por acercarnos un poco a nuestra época, a cualquiera de tantos como tuvieron que exiliarse perseguidos por los fascismos alemán y español cuyos nombres están la memoria colectiva pero difícilmente colocados por los gobiernos a la altura de sus propios e impresentables modelos tan opuestos a los que pueden suponer Tolstoi,Kropotkin, Marx, Pannekoeck , Evo Morales o Chávez, por citar algunos.

Caminamos, es lo que se pretende, hacia sociedades de descerebrados infantilizados y manipulables, incultos, enfermos y miedosos conducidos a admirar a futbolistas, cantantes, toreros, banqueros que desfalcan o políticos corruptos. ¿Acaso se ofrecen a la juventud en la vida cotidiana otros valores que el de gentes cuya máxima aspiración es el dinero y la fama conseguidos no importa cómo, aunque sea desde el fraude,la inmoralidad y la corrupción personal? ¿Acaso existe una educación moral de la juventud con un ambiente social acorde que le empuje a querer vivir con metas superiores?

Y sin embargo esto es de urgencia vital si queremos evitar un futuro de adultos egoístas, insolidarios, pasivos, inmadiuros emocionales, muchos de ellos enfermos de alcoholismo o alguna otra droga, y tal vez sordos por tantas horas de decibelios agresivos?

¿Por qué se lee poco?

Los libros cada vez se leen menos a causa de las políticas de precios altos y de su mal uso y abuso en las escuelas, que se encargan de matar en los pequeños la curiosidad inicial por aprender con ellos. Pero también por la censura industrial y las políticas culturales estatales tales como el desprecio,o el acoso ideológico en forma de vacío o ninguneo, de autores que denuncian al Sistema y promueven formas de pensamiento alternativo. Los medios informativos –voces de sus amos- raramente dan a conocer autores que aparezcan ante las gentes con remedios contra el caos político, cultural, económico y social en que vivimos. ¿Extraña que tantos jóvenes desencantados por el mundo en que viven y hartos de lugares comunes y de hipocresía de sus mentores se enganchen a los cómics o a las maquinitas por desconocer o desconfiar de hallar mejores alternativas culturales?

A pesar de la amenaza audiovisual, de la que tanto hablan cínicamente los responsables culturales, los libros están lejos de ser favorecidos por una política de publicidad imparcial donde el Estado interviniera para conseguir que la cultura del libro fuera un patrimonio social al alcance de cualquiera y aumentado el número de bibliotecas públicas bien dotadas en cada pueblo y en cada barrio urbano.

El hecho de que estas iniciativas no se lleven a cabo refuerza una vez más la tesis de la hipocresía del Sistema Capitalista sobre el valor de la cultura, que tanto dice amar a base de lo único que sabe hacer: dar algunos premios a algunos escritores convertidos interesadamente en referentes culturales de escaparate, favorecer marcas editoriales, y satisfacer los egos de todos: del que da los premios y de los premiados.

Enseñanza pública y pobreza educativa.

El capitalismo nos prefiere incultos pues cuantos más ignorantes, más sumisión y menos gentes pueden criticar públicamente sus acciones.

Si funciona la enseñanza pública y los niños aprenden algo es, ante todo, por el interés propio del Sistema en proporcionar unas bases culturales mínimas y acríticas que permitan buen rendimiento laboral, cultura de consumo, y la continuidad de ritos religiosos y normas sociales tradicionales ajustadas a las necesidades de las clases dominantes. Se procura a un sector mayoritario de la población manejarse mínimamente en un mundo cada vez más sofisticado tecnológicamente donde es preciso desarrollar diversas habilidades para producir, pero no por amor a la infancia. Desde luego, no invierte en colegios pensando en los estudiantes. Si así fuera habría una enseñanza de calidad con los medios suficientes y con personal docente más decentemente preparado: bien equipado culturalmente, bien formado académicamente, bien remunerado y muy promocionado socialmente para gozar del respeto colectivo, dada la importancia de su labor. Pero esto no ocurre en ningún caso. Los edificios escolares, sin ir más lejos, dejan mucho que desear en cuanto a diseño arquitectónico, espacios adecuados, aislamiento acústico, climatización, luz solar, zonas verdes y un largo etc. El modelo oficial de los colegios responde al de escuelas-cuartel urbanas típicas de la sociedad industrial del siglo XX. Sin edificios que favorezcan una buena diversidad de actividades, con programas intelectualoides de limitados contenidos y difíciles aplicaciones, basados en el individualismo competitivo, sin modelos educativos holísticos, con la Iglesia modelando mentes y con los padres y maestros cada uno por su lado sin ponerse de acuerdo en el qué y en el cómo educar, ¿qué clase de civilización se pretende construir? La civilización que tenemos y se resiste a cambiar aunque nos lleve al casos planetario.

Tal vez ya estamos viendo los primeros resultados en nuestras calles y lugares de ocio, especialmente los días festivos y sus vísperas.

No es mejor la formación cultural de fondo de los estudiantes universitarios. La instrumentalización de los conocimientos para ser utilizados por las industrias y negocios y la sumisión de los profesores de Universidad tanto a los gobiernos como a los eventuales “benefactores” privados actúan como peligrosos enemigos de la universalidad de los conocimientos y del espíritu crítico de los estudiantes fuera de su especialidad concreta. Es muy fácil hallar ahora mismo universitarios con una cultura general baja, una pésima formación moral y un fácil desequilibrio nervioso y emocional a causa de una mala dirección de sus profesores donde lo que cuenta es el lado izquierdo del cerebro ( el lado de la lógica y el razonar) y donde el derecho ( el de la creatividad, la intuición, las emociones artísticas) apenas o nada se ejercita. Acompañan con frecuencia a estos aspectos otros tales como la poca sensibilidad a los problemas sociales, a los temas de índole filosófica existencial o espiritual.
Preocupa que estos tipos humanos,vayan a ser en el futuro quienes asuman puestos de alta responsabilidad.

Y todo esto forma parte de un riguroso plan.

Con sus políticas culturales, los que dirigen el mundo de la injusticia global no pretenden otra cosa al fin que el sumiso silencio de los corderos, pretendiendo que bastará cualquier indicación de los pastores para que los rebaños del mundo obedezcan según aprendieron y sin hacerse preguntas.

Por fortuna aún es posible denunciar esto en voz alta, aunque no sea, como es evidente, en los medios oficiales. Puedo dar fe de esto tras muchos años en la enseñanza pública.

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