Tres textos históricos en homenaje al pueblo indígena de Bolivia

Por: Antonio Maira
Fuente: http://www.insurgente.org (27.01.09)

Los blanquiñosos derrotados… Con un 61,96% de votos, aplasta en las urnas el Sí a la refundación de Bolivia:

inSurGente (Antonio Maira).- La oligarquía que siempre ha hecho de Bolivia un feudo privado, los herederos de la mita y de la encomienda, del “perro indio” y de la opresión de la mayoría indígena, han sido aplastados. inSurGente le dedica este triunfo del pueblo boliviano a la maldita tradición de los reyes que se apropiaron de las tierras y de las gentes portando espadas, cruces y requerimientos. Se lo dedica también al rey Borbón que tuvo la infinita osadía, la genética desvergüenza, la ignorancia supina, y el desprecio inconmensurable de pronunciar en la “Cumbre Colonial de Chile” el nuevo mandato real y divino del Imperio y del Dios Mercado: ¿Por qué no te callas?. El reyezuelo venido a menos, a residuo risible de la historia, pretendió dictar la ley de los nuevos encomenderos –las transnacionales españolas y estadounidenses. Fue una auténtica vergüenza con la que la Falsimedia española y los representantes de su “bipartidismo permanente” (perpetuamente reelegido): modelo Zaparajoy o Rajozapa, pretendieron ensañarse con los representantes populares de América Latina. El indio Evo Morales ha compuesto para el pueblo boliviano una primera estrofa de dignidad que completamos desde aquí nosotros con espíritu republicano y socialista: ¡Cállate tú, y vete! (Noticia completa, Vídeo y tres textos breves para valorar este hecho histórico, en “leer más”)Le recomendamos que disfrute del rabioso cabreo y la «insidia de perfecta técnica» que reflejan textos tan profesionales como el de la enviada especial de El País (Soledad Gallego-Díaz). Los encontrará en toda Falsimedia.

(Amor América 1400. Pablo Neruda)

Antes de la peluca y la casaca
fueron los ríos, ríos arteriales:
fueron las cordilleras, en cuya onda raída
el cóndor o la nieve parecían inmóviles:
fue la humedad y la espesura, el trueno
sin nombre todavía, las pampas
planetarias.

El hombre tierra fue, vasija, párpado
del barro trémulo, forma de la arcilla,
fue cántaro caribe, piedra chibcha,
copa imperial o sílice araucana.
Tierno y sangriento fue, pero
en la empuñadura
de su arma de cristal humedecido,
las iniciales de la tierra estaban
escritas.

Nadie pudo
recordarlas después: el viento
las olvidó, el idioma del agua
fue enterrado, las claves se perdieron
se inundaron de silencio o sangre.

Cinco siglos de expolio

Desde este confín del gigantesco océano que separaba dos mundos ignorados, casi al remate del siglo XV, se descargó sobre América, con filo de espada y galope de caballos, un torrente irresistible de codicia. Lo que en los albores fue un husmeo comercial tras una ruta ignorada para llegar a las especias se convirtió pronto, entre la añoranza de un Cipango perdido y el asombro ante un continente desmesurado, en un saqueo febril. Muchedumbres de desarraigo y delirios de dorados se desparramaron sobre aquél mundo milenario que al apropiárselo les parecía nuevo.

La cruz titulaba y bendecía empresas de mercaderes y huestes de guerreros, apadrinando sometimientos y bautizando caminos ensangrentados. La Iglesia aportaba coartadas al expolio y se imponía a las conciencias domeñadas por el acero, El tonsurado Vicente de Valverde marcó la pauta: en Cajamarca fue el primer oficiante de la indigna trampa en la que cayó el inca Ataualpa. Los frailes evangelizadores recogieron a pie de cepos y garrotes la humillación o la gallardía indefensa de los vencidos, Hatuey cacique rebelde en Cuba, antes de ser quemado rechazará el bautismo para no compartir el cielo con los cristianos. Ataualpa, con la argolla al cuello, apenas puede creer que ha sido abandonado por los dioses; acepta la bendición y recibe el nombre de su vencedor y asesino: Francisco Pizarro.
La espada y la cruz convirtieron el continente de los hijos del sol en un gigantesco humilladero. América vio romperse su hilo vital y entró uncida en la historia de Occidente. Miles de años de despertar y conocer, de hacerse poco a poco, de aproximarse en mitos al misterio de las cosas, perecieron bajo la tea purificadora. Fiebre de cruzada y furor inquisitorial se abatieron sobre creencias y memoria, sobre ritos y dioses. Templos, ídolos y frescos, estelas mayas y códices aztecas, piezas de orfebrería: todo fue arrasado o transformado en lingotes sellados de oro y plata. Bajo repartimientos y encomiendas, despojos de humanidad truncada de su pasado milenario, de su ser colectivo, fueron sometidos y embrutecidos, exprimidos en puro sudor y esfuerzo. Enrolados y enrebañados en el trabajo esclavo de la mita hombres y mujeres se convirtieron en indiada.

A Fernandez de Oviedo, cronista puntilloso y locuaz, trota oficios y correcaminos, campeón del ir y volver navegando la mar océana, que ama tanto a las frutas como odia a los hombres y mujeres del Nuevo Mundo, le resulta ocioso explicar y demandar obediencias. Casi nos llegan sus carcajadas cuando disfruta como enorme broma la bufonada de predicar al aire, por acatamiento de letra o aspaviento para dar fé, a indígenas que no pueden entender.

«Señor paréreme que estos indios no quieren escuchar
la teólogía deste requerimiento, ni vos teneís quién
se la de a entender; mande vuesa merced guardarlo
hasta que tengamos a algún indio de estos en una
jaula, para que despacio lo aprenda, y el señor obispo se lo de a entender.»

Como antes Hojeda, Nicuesa y Balboa, y después Córdoba y Grijalba, Pedrarias Dávila capitanea una empresa de rescate de oro y captura de esclavos. El oro, suprema filosofía, primera realidad tangible, hambre insaciable, no admite demoras ni transaciones. Largos son los caminos sobre la mar e inciertos el éxito y el retorno. La impaciencia infiníta de las singladuras sin fin estalla en cacerías implacables. A toda prisa, con poco trámite, reatas de indios son embarcados en las naves. Cuenta Oviedo:

«Y después de estar metidos en cadena, uno les traía
aquél requerimiento, sin lengua o intérprete, y sin
entender el lector ni los indios; y aún se lo dijeran
con quién entendiera su lengua, estaban sin libertad
para responder a lo que se les leía, pues al momento
tiraban de ellos, aprisionados, adelante, no dejando
dar palos a quién poco andaba»

Cuando a la lectura del Requerimiento le responden la cerbatana y la flecha el formalismo de comunicar acaba convirtiendose en un mero ritual de alevosía:

» Así que, como llevaba aquél triste y malventurado
gobernador instrucción de que hiciese los dichos
requerimientos… cuando acordaban de ir a asaltar
y robar algún pueblo… estando los indios en sus
casas seguros, ibanse de noche los tristes salteadores
españoles hasta media legua del pueblo, y allí entre
si mismos aprogonaban o leían el dicho requerimiento,
diciendo: caciques e indios de esta tierra firme, de
tal pueblo, os hacemos saber que hay un Dios y un Papa
y un Rey de Castilla que es señor de estas tierras…
y al cuarto de alba, estando los inocentes durmiendo
con sus mujeres e hijos, daban en el pueblo, poniendo
fuego a las casas, que comunmente eran de paja, y
quemaban vivos los niños y mujeres y muchos de los
demás, antes que despertasen… »

Así se lo contarán los testigos al escandalizado Bartolomé de Las Casas.

(Fragmentos, Antonio Maira 1989, 1991)

REQUERIMIENTO (texto histórico)

De parte de Su Majestad Don N. Rey de Castilla, etc., yo N., su criado, mensajero y capitán, vos notifico y hago saber como mejor puedo que Dios Nuestro Señor, uno y eterno, creó el cielo y la tierra, y un hombre y una mujer, de quién nosotros y vosotros y todos los hombres del mundo fueron y son descendientes procreados y todos los que después de nosotros vinieren; más por la muchedumbre de generación que de éstos nos ha procedido desde cinco mil y más años que ha que el mundo fue creado, fue necesario que los unos hombres fuesen por una parte y los otros por otra, y se dividiesen por muchos reinos y provincias, que en una sola no se podían sustentar e conservar.

De todas estas gentes Dios Nuestro Señor dio cargo a uno que fue llamado San Pedro, para que de todos los hombres del mundo fuese señor y superior, a quien todos obedeciesen, y fuese cabeza de todo el linaje humano, dondequiera que los hombres viviesen y estuviesen, y en cualquier ley, secta o creencia, y diole a todo el mundo por su señorío y jurisdicción.

Y como quiera que le mandó que pusiese su silla en Roma, como en lugar más aparejado para regir el mundo, mas también le permitió que pudiese estar y poner su silla en cualquier otra parte del mundo y juzgar y gobernar todas las gentes: cristianos, moros, judíos, gentiles y de cualquier otra secta o creencia que fuesen. A éste llamaron Papa, que quiere decir admirable mayor padre y guardador, porque es padre y gobernador de todos los hombres. A este San Pedro obedecieron, y tomaron posesión Rey y superior del universo [sic] los que en aquel tiempo vivían; y asimismo han tenido a todos los otros que después de él fueron al Pontificado elegidos; así se ha continuado hasta ahora y se continuará hasta que el mundo se acabe.

Uno de los Pontífices pasados que en lugar de éste sucedió en aquella silla e dignidad que he dicho, como señor del mundo, hizo donación de estas islas y tierra firme del mar Océano a los católicos Reyes de España, que entonces eran Don Fernando y Doña Isabel, de gloriosa memoria, y sus sucesores en estos reinos, nuestros señores, con todo lo que en ellos hay, según se contiene en ciertas escrituras que sobre ello pasaron, según dicho es, que podéis ver si quisiereis. Así que su majestad es rey y señor de estas islas y tierra firme por virtud de la dicha donación, y como a tal rey y señor, algunas islas más y casi todas a quienes esto ha sido notificado, han recibido a Su Majestad y le han obedecido y servido, y sirven, como súbditos lo deben hacer.

Y con buena voluntad y sin ninguna resistencia, luego sin ninguna dilación, como fueron informados de lo susodicho, obedecieron y recibieron los varones religiosos que les enviaba para que les predicasen y enseñasen nuestra Fe; y todos ellos, de su libre y agradable voluntad, sin premio ni condición alguna, se tornaron cristianos y lo son; y Su Majestad los recibió alegre y benignamente, y así los mandó tratar como a los otros súbditos y vasallos: y vosotros sois tenidos y obligados a hacer lo mismo.

Por ende, como mejor puedo, vos ruego y requiero que entendáis bien esto que os he dicho, y toméis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuese justo, y reconozcáis a la Iglesia por señora y superiora del universo mundo, y al sumo pontífice llamado papa en su nombre, y a Su Majestad en su lugar, como superior y señor y rey de las islas y tierra firme, por virtud de la dicha donación, y consintáis que estos padres religiosos os declaren y prediquen lo susodicho.

Si así lo hiciereis, haréis bien, y aquello que sois tenidos y obligados, y Su Majestad, y yo en su nombre, vos recibirán con todo amor y caridad, y vos dejarán vuestras mujeres e hijos libres sin servidumbre, para que de ellas y de vosotros hagáis libremente todo lo que quisiereis y por bien tuviereis; y no vos compelerá a que os tornéis cristianos, salvo si vosotros, informados de la verdad os quisiereis convertir a la santa fe católica, como lo han hecho casi todos los vecinos de las otras islas; y a más de esto Su Majestad vos dará muchos privilegios y excepciones y os hará muchas mercedes.

Si no lo hiciereis, o en ello dilación maliciosamente pusiereis, certifícoos que con la ayuda de Dios yo entraré poderosamente contra vosotros y vos haré guerra por todas las partes y manera que yo pudiere, y os sujetaré al yugo y obediencia de la Iglesia y de Su Majestad, y tomaré vuestras mujeres e hijos y los haré esclavos, y como tales los venderé y dispondré de ellos como Su Majestad mandare, y os tomaré vuestros bienes y os haré todos los males y daños que pudiere, como a vasallo que no obedece ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen; y protesto que las muertes y daños que de ella se recrecieren sea a vuestra culpa, y no de Su Majestad, ni mía, ni de estos caballeros que conmigo vinieron y de cómo os lo digo y requiero, pido al presente escribano que me lo dé por testimonio signado.

____________________________
Nota de redacción de inSurGente
____________________________

Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información”.

Rodolfo Walsh, ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina), 1976

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