Democracia Medieval

Por: Bieito Landeira de Galiza
Fuente Kaos en la Red (04.10.08)

Si alguien nos preguntase por la Edad Media, así a bote pronto, a muchos se nos vendría a la cabeza esa imagen vista mil veces en las recreaciones históricas de los filmes de ficción en la que el rey, adulado por sus consejeros, protegido por la guardia real y con la aprobación temerosa y enfervorizada de sus súbditos, decide condenar a algún pobre hombre exponiendo los razonamientos más absurdos y parciales que uno se pueda imaginar. La escena siempre termina con un “Que le corten la cabeza!” dicho con tal desdén que limita en la desidia. Demostrando cierto cansancio vital por el hecho mismo de tener que impartir justicia tan a menudo.

Lo que se pone de manifiesto en esta imagen que ya forma parte de nuestro subconsciente cultural, es algo de lo que los europeos llevamos a mucha honra haber desterrado para siempre hace siglos: la concentración de todo el poder en un solo organismo o persona. El rey, el consejero real (generalmente alguien del alto clero) y la guardia real (elegida personalmente por el propio monarca y sus allegados), conforman un todo único que dicta, hace cumplir y sentencia acerca del bien y del mal según su capricho personal y en nombre de los más sagrados designios. Y todos los demás acatan, atacan o catan la dureza inmisericorde de su alteza.

La base para que este perverso sistema de justicia se sostenga es el miedo. Si quieres protección ante los bandidos, sométete. Si quieres salvaguardarte de los infiernos, sométete. Si quieres esquivar la represión, sométete. No nos obligues a hacerte daño!.

El mecanismo funciona por sencillo, y por no estar expuesto a fisuras internas. No es que en la corte real no hubiese discrepancias. Muy al contrario aquello más bien parecía un nido de víboras en busca de un poco más de poder. Pero cuando toca ejercer la represión ante auténticos disidentes, la unión entre las diferentes secciones dirigentes surge de forma espontánea, como por instinto. Hecho del que en Galiza tenemos una buena prueba con la respuesta que dieron los nobles a la “Revolta Irmandiña”. Enemigos declarados se convertían en hermanos de lucha ante la amenaza de ver peligrar el sistema, pues con él adiós a todas las prebendas y privilegios. Nadie puede pensar que es posible alterar el Status Quo, pues eso sería el fin de la sociedad tal y como la conocemos. Ya que nadie estaría dispuesto a acatar sentencias injustas si creyese que un mundo verdaderamente justo es posible.

Éste como digo, era el mundo medieval del que afortunadamente salimos hace ya varios siglos. Gracias a que nos dimos cuenta de que para garantizar un mínimo de justicia, para protegernos por lo menos de la arbitrariedad de un juez omnipotente y caprichoso, había que encargarle la redacción de las leyes, la ejecución de las mismas y la determinación de las sentencias a entidades intercomunicadas pero independientes entre sí. Este hecho sencillo está descrito de forma inequívoca y altiva en todos los libros de texto de la secundaria de todos los países europeos.

Pero observando detenidamente los últimos acontecimientos ocurridos en el estado español, que es el que nos toca vivir más de cerca, a uno le asaltan algunos parecidos razonables con aquellas entrañables películas de las que hablaba al principio.

Los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado andan a la busca y captura de delincuentes/disidentes siguiendo precisos dictámenes políticos, y le sirven en bandeja al sistema judicial la cabeza de éstos, actuando al mismo tiempo como denunciantes, testigos y peritos en los propios juicios. El sistema judicial, como venimos de corroborar claramente por si a alguien aun le cabía alguna duda, es un estamento notable y descaradamente politizado. Y así los denunciados entran a sus juicios ya como culpables, pues la ley que fundamenta sus detenciones está escrita ad hoc pensando en ellos. Sólo les queda esperar a escuchar la sentencia. Todo lo demás es pantomima televisiva. Pues los jueces sólo tienen que aplicar las leyes que dictaminan con precisión de francotiradores los mismos cargos políticos que vienen de ratificarlos en sus puestos.

Y esta élite político/administrativa que conforma las cámaras, responde realmente ante los ciudadanos? A todas luces no. Pues más allá de los enfrentamientos acerca del color del maquillaje que le van a poner hoy a la muñeca, forman una unidad indisoluble para todos los temas transversales de hondo calado que permiten mantener su sistema de privilegios, del que les tocó vivir la cara privilegiada. Y no responden ante nosotros no! Pues podríamos darles alguna mala contestación si les diese por preguntar de vez en cuando. Sino que lo hacen ante sus propias élites dentro del partido correspondiente (a las cuales nosotros no escogemos), pues son a su vez éstas las que los designan como aspirantes a burócratas reales. Élites interpartidistas que responde, si continuamos tirando del hilo, ante los grandes capitales inversores y financieros. Aquellos que financian las campañas, los que garantizan un futuro de lujo cuando la sonrisa de político haya aburrido a las masas y a los telediarios, y los que pagan las grandes obras que pueden hacerles ganar las próximas elecciones, o sacar plata o bronce por lo menos que tampoco está mal, mientras les permita seguir en el juego.

Es decir, que la supuesta separación de poderes que da forma a nuestra sacrosanta democracia occidental converge finalmente en dos o tres consejos de administración de grandes empresas financieras y de capital inversor para las que el único interés irrenunciable no es desde luego alcanzar las más altas cotas de justicia para el pueblo trabajador, sino mantener a toda costa la estabilidad social, que es la mejor manera de asegurar la prosperidad de sus inmensos negocios. Y ellos mismos son, casualidades de la vida, los principales propietarios de todos los grandes medios de comunicación dentro del estado. Medios supuestamente encargados de denunciar las injusticias, los abusos de poder y de marcar el camino a nuestros dirigentes para mantener siempre la democracia a flote. El llamado cuarto poder, que como no, también está en manos del Poder. Esto último es la única novedad respecto del medievo.

Y es debido a este gran parecido encubierto de donde surge el título de esta charla conmigo mismo que estoy teniendo esta noche. Democracia Medieval. Todo un ejemplo de reciclaje. Pues va cambiando la cara de generación en generación, de siglo en siglo, poniéndose a sí misma como ejemplo de superación de lo que ella misma ha sido y de lo que ciertamente continúa siendo. Es el arte de los privilegiados, el que mejor dominan pues lo vienen ejerciendo desde tiempos inmemoriales. Y hay que reconocer que lo han perfeccionado mucho. El rey medieval por lo menos tenía que dar la cara, y ante una improbable revuelta popular era su cabeza la que corría el riesgo de terminar rodando por las escaleras del trono. Pero los reyes de ahora se esconden debajo de veinte caretas. En caso de revuelta el pueblo ni siquiera tendría muy claro a quien pasar por la guillotina: alcaldes, diputados, presidentes, caciques locales, medios, banqueros, empresarios nacionales, multinacionales… Dónde termina esta pirámide del mal? Cómo saberlo si ya resulta complicado determinar incluso dónde empieza…

Aun así, recordad siempre que al igual que ocurría en el medievo, el pilar que sustenta este sistema es el miedo. Escribía Steve Biko que el arma más poderosa del opresor es la mente del oprimido. Tenía toda la razón. Así que si conseguimos perderles el miedo serán ellos los que empiecen a temblar. Sólo unidos podremos. Pues el miedo compartido siempre es menos, por eso intentan por todos los medios segregarnos, separarnos, aislarnos en individuos inconexos. Condenando arbitrariamente a las agrupaciones y a los colectivos porque saben que juntos somos más fuertes. Porque saben que la consciencia y la unidad son el mejor antídoto contra el terror. Y ellos, si no consiguen dar miedo están vencidos. Sean quienes sean finalmente.

Mi solidaridad y la de mi pueblo Galiza va entonces para todos los oprimidos, reprimidos, silenciados, explotados, encerrados, rechazados, marginados, colonizados, contaminados… que resisten en cualquier parte del planeta. El camino es duro y es largo, y sólo se puede recorrer con pasos firmes. Compartiendo sin descanso la ilusión y la esperanza de alcanzarlo.

Fuxan os ventos dos agoreiros!

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