Por: Max Colodro
Fuente: http://www.thepaskin.cl (14.09.08)
Como todo proyecto político, la Concertación tuvo en su origen a una generación, hombres y mujeres marcados por el dolor y la derrota que significó para la izquierda chilena el golpe militar del 73. El exilio y la represión fueron durante muchos años el destino dramático de esos jóvenes que trabajaron con entusiasmo por «la vía chilena al socialismo», y que terminaron viendo sus anhelos de cambio sucumbir en la más dura de las pesadillas.
Con el tiempo, esa generación de izquierda se reencontró en la lucha contra el régimen militar con sus antiguos adversarios democratacristianos, llegando a conformar una complicidad inédita que hizo posible la articulación de un proyecto de gobierno que se ha mantenido en el poder por casi veinte años, transformándose en un bloque de mayoría que generó estabilidad política y grandes
Dos décadas después de reiniciada la democracia, la generación de la derrota del 73 y de la victoria del 88 comienza a ver en el horizonte la línea de su propia declinación histórica. Habiendo conducido con éxito una de las transiciones más complejas del continente, fue sin embargo incapaz de construir las condiciones para un recambio generacional que permitiera el surgimiento de un nuevo «compromiso histórico», asociado ya no a la dicotomía dictadura-democracia, sino a la transformación de segunda y tercera generación que el país todavía requiere para un verdadero salto en su competitividad global.
Razones hay muchas para explicar esta incapacidad de la Concertación para renovarse y actualizarse como coalición en el poder. Entre ellas, el efecto nocivo de un sistema electoral que dificulta la circulación de las dirigencias políticas y la actual captura del Estado por parte de las burocracias partidarias, aspectos ambos que han llevado a la coalición gobernante a grados nocivos de deterioro y desprestigio social.
El hecho es que producto mucho más de sus desaciertos que de los méritos de sus opositores, la Concertación observa hoy con pánico la posibilidad de su derrota, casi sin advertir que fue ella misma la que cerró las puertas al aire fresco y a la renovación. Es cierto: muchos jóvenes han tenido responsabilidades de conducción en estos años, sobre todo en este Gobierno.
Pero ello no logró nunca dar origen a una nueva transversalidad, por la sencilla razón de que lo relevante en dichos casos era el posicionamiento personal, la ambición por ocupar los altos cargos en la dirección del Gobierno, y no el interés de aportar a la actualización de un proyecto político conectado con los nuevos tiempos nacionales y mundiales. Así, la generación de origen de la Concertación siguió siendo el espacio de la única complicidad real, y es ella la que ahora contempla dolorida y atónita el desquiciamiento de su propia criatura.
Quizás no había otro camino y la Concertación estaba condenada a seguir los pasos del PSOE español, donde la generación de Felipe González y Alfonso Guerra tuvo que terminar en una derrota electoral para que se produjera el ansiado recambio que hizo posible, dos períodos después, el triunfo de Zapatero.
Es que las generaciones en el poder tienden por lo general a volverse voraces, a no ceder espacios y a llenarlos únicamente con acólitos serviles e incondicionales. No hay lugar para la reflexión o la crítica, para la actualización de ideas o nuevos equipos dirigentes. Y el resultado de ello no puede ser otro que el progresivo deterioro ético y político, el imperio de la lógica de los leales o los traidores, la defensa obsesiva de un pasado ya sin futuro.
Todo eso es lo que parece estar viviendo en estos tiempos la Concertación. Poco o nada queda de los sueños, de la valentía, de la generosidad y el compromiso histórico original. Todos trabajan ahora para sí mismos, para mantener mientras se pueda los espacios y las cuotas de poder. Y esa es la razón de por qué todo esto parece de algún modo escrito de antemano, como el guión de una telenovela donde nadie quiere que llegue el final, pero donde todos trabajan para acercarlo y hacerlo inevitable.
Filed under: Sin categoría |
Deja un comentario