Arte e Ideología

Por: Aníbal Venegas
Fuente: http://www.elclarin.cl ( 20.08.08)

Desde siempre he considerado que toda creación artística precisa remecer a la audiencia, no sólo a través de lo que la obra como tal puede contener en términos estrictamente estéticos, sino además por la ideología allí impresa. El artista que renuncia a la vida, que la desprecia y que rehúsa hablar de ella no merece nuestra atención, acaso sólo nuestro más profundo desdén y rechazo. Yo sólo entiendo cataclismos artísticos, violaciones constantes y sistemáticas de lo que se concibe como “bello” y de las categorías descritas en eternos volúmenes redactados por la voluntad ociosa de los eruditos en la materia. En Chile ha habido sólo casos aislados, y en nuestro tiempo existe la constante inclinación hacia el vacio, la negación de toda encomiable voluntad de creación verdaderamente artística.

Urge preocuparse de la situación agónica en la que se encuentra el arte chileno. De ordinario nos llegan buenas noticias respecto al crecimiento sostenido que está experimentando la producción cinematográfica nacional (o más bien debiéramos decir el crecimiento sostenido del delirio, el marketing y los clichés), las renovadas galerías de arte regentadas por marchantes del barrio alto capitalino o la profusión de nuevas bandas de “rock” capitalistas y tuteladas por las modas europeas en el campo. “Nada nuevo hay bajo el sol” y la verdad es que la producción de arte en el Chile actual ha sentado sus bases en la lógica del mercado, posicionándose las obras que de forma simple y sin ningún esfuerzo mental pueden ser introducidas en las concepciones de mundo de la chusma predecible y decadente que día a día mira con arrobo e infinitas ansias las teleseries, los reality o cuanta estupidez se transmita a través de los Medios de Comunicación.

Se podría pensar ¿Qué discurso manejan los creadores del arte local, en una sociedad desencantada donde la dualidad derecha-izquierda ha quedado prácticamente en el olvido? ¿Contra qué se podrían revelar los artistas? La esencia de toda voluntad creadora es el descontento con la vida, el rechazo filosófico a las estructuras vigentes que ensalzan el poder de las oligarquías económicas e intelectuales. Dijo Hegel: filosofar supone que ya no estoy satisfecho con mi vida. La filosofía indica de esta manera cuando se realiza la desunión de la vida, la separación en realidad inmediata y pensamiento, la reflexión sobre ello. Es la época de la decadencia que comienza, la ruina de los pueblos; cuando el espíritu ha huido al reino del pensamiento, la filosofía se perfecciona ¡Cuanta veracidad hay en sus palabras!

En una sociedad como la chilena, tan cargada a la imperfección y la estupidez, único lugar en el mundo civilizado donde la explotación y la decadencia humanas son dignas de loa, hay material suficiente con el cual construir ideas magistralmente malvadas, fatales, diabólicas, perversas y ruines respecto a la vida. Sin embargo los obreros del arte (o artistas les llaman en Chile) continuamente nos atormentan con sus ideas-aborto de la belleza, con sus deplorables mirada de niño burgués y pusilánime, con sus percepciones moribundas y pestilentes de la vida. A grandes rasgos ¿Qué podemos opinar nosotros, las tarántulas de la doxa ansiosas por inyectar el veneno almacenado en nuestros atrofiados sentidos, respecto a la música, la cinematografía y la concepción de lo bello y lo sublime del Hommo Chilensis?

Por el principio por favor…

Cine

Mucho se ha insistido respecto al olvido de nuestra historia, al dejar en el cajón de los recuerdos un pasado doloroso que ya no se corresponde con el Chile de hoy, la nación de la plusvalía económica y el arribismo sin límites. En este sentido los cineastas han sabido obedecer de manera eficaz, optando por la narración de historias íntimas, manejando temáticas que sin lugar a dudas sorprenden al enajenado público pero que producen arcadas en cualquier conocedor de la obra de Ingmar Bergman, Federico Fellini o Eric Rommer. Se han estrenado cintas delirantes como “El Rey de los Huevones”, “Fuga”, “Normal con Alas”, “Chile Puede” o “Promedio Rojo” ¡Qué elevada cinematografía! ¡Majestuosas odas a la genialidad conservadora y escatológica chilena! Lo peor es que los creadores de tamañas caricaturas humanoides se exhiben como vacas histéricas a través de los platós de televisión y diarios nacionales existentes, espetando su moral de izquierdas a la medida de los Fondart y cuanto recurso público les haya sido mendigado ¡Hay que rendir justo tributo a los señores que reparten la plata pues! Los directores normalmente son jóvenes, educados en los sectores altos de la capital, henchidos de orgullo por haber ganado todos los premios en el Festival de Samunda, y con una intelectualidad basada en sus anteojos de carey, macilenta figura y voz de ultratumba. Pero sus producciones cinematográficas son ideológicamente huecas, indiferentes respecto a las problemáticas reales que como sujetos históricos no les son ajenas. El cine chileno crece al ritmo del capital y jamás a la par del hundimiento generacional en la ciénaga del embrutecimiento, la soledad, la desidia y el silencio. Cine sin ideología no sirve ¡No señor!

Música

La música popular es aquella destinada a multiplicarse entre las audiencias, quienes tomarán o rechazarán las obras de acuerdo a las categorías presentes en su goce estético. Hay quienes sienten que el pop es comidilla populachera, construcciones musicales fabricadas de manera similar a otros productos ensartados en la lógica posmoderna de la rapidez y de la moda (Lamentos y jubileos descritos con o sin pasión, en dos y tres minutos, fácilmente memorizables y rechazables también). Sin ánimos de comparar el rock, las baladas o la electrónica con Zoltan Kodaly, Wolfgang Mozart o Edward Elgar, la verdad es que la música popular actual es un compendio de simplicidad y bagatelas bochincheras carentes de cualquier sello intelectual e ideológico, y en cambio muy de la mano con la producción de ropa, zapatos y accesorios (¡¿Cuántos no se rinden ante los abultados cheques ofrecidos por las casas comerciales para promocionar productos, al punto de infringirse dolor con silicios y disciplinas?!) Las audiencias enajenadas pueden encontrar a sus artistas favoritos en cualquier portal de Internet, ladrando respecto de su último disco en programas de televisión diversos, y defendiendo sus “creaciones” en entrevistas basados en el argumento de la “cercanía vital con el público” (El eufemismo de “tengo que tener plata para parar la olla”). La ideología presente en las canciones de La Ordenanza, Lucía y la Campana o Rosa Peluda es tan falsa como el socialismo de la presidenta o la existencia de vida humana ulterior. Aún cuando traten de tocar el corazón de sus seguidores, susurrando entre tamborileos y riffs secos la moral de Camus, Schopenhauer o Nietzsche, la lógica de sus contratos y el hambre y la sed de sus fanáticos es la que importa, es la que finalmente paga el dividendo de la casa y los moteles de lujo ¡Cómo despreciar Facebook si todos los seguidores vomitan sus percepciones a través de él! Ecce Hommo Chilensis.

Constituye un imposible pretender estructurar arte y poesía sin el rechazo y la maldad como motores impulsores. Latinoamérica en tal sentido es una fuente insondable de recursos que a gritos exige una atención y tratamientos urgentes, con un cansancio de los pueblos, un anhelo de socorro intelectual que no ha sido atendido con inteligencia, disciplina y rigor. Que no surja un Kant que diga nuevamente que los negros de África carecen por naturaleza de una sensibilidad que se eleva por encima de lo insignificante. Los imperios del arte no están exentos de ideología y por lo tanto precisamos abordarla, porque nosotros, los rompehielos, los patetas de la vida no podemos vivir sin poesía.

anibal.venegas@gmail.com

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