Orson Welles

Por: Jaime Bergamin Leighton
Fuente: www.encontrarte.aporrea.org

Orson Welles (1915-1985)

De padres divorciados y su hermano mayor recluido en un hospital psiquiátrico, es el “médico de la familia”, vinculado sentimentalmente a su madre, quien se hace cargo del pequeño Orson cuando ésta muere, ya que su padre, alcohólico, solo tuvo legalmente la tutoría sin interesarse mayormente por él. Es este médico de Chicago quien descubre el talento del niño quien, desde muy pequeño, dio muestras de su genialidad e interés por las artes. El dibujo, la pintura y la música se convirtieron en sus primeras inquietudes. Adolescente aun, se monta en las tablas en la irlandesa Dublín para, a los 23 años, fundar una compañía de teatro con el que logra un éxito inmediato, tanto de público como de crítica.

Regresa a Estados Unidos y debuta en Broadway con el clásico shakespereano Romeo y Julieta. El reconocimiento a nivel nacional y mundial de su talento vino casi por accidente, cuando, con algunos miembros de su compañía teatral presentara, en el temprano 1938, una obra dentro del género que terminaría por consolidarse para ser conocido como Ciencia Ficción. “La Guerra de los Mundos” fue transmitida por una de las primeras cadenas radiales de la Unión. En la intención de hacer más creíble la trama, presentaron la radionovela como un reportaje de hechos que estaban aconteciendo en esos precisos momentos. Los pases a supuestos corresponsales repartidos por todo el país y en otras naciones, en los que se narraba paso a paso la invasión de marcianos a la Tierra, confirieron un dramatismo insospechado al relato:”El realismo fue tal que la emisión causó auténtico pánico en Nueva Jersey, donde, según la obra, estaba teniendo lugar la invasión de los extraterrestres”. Cabe señalar que la inestabilidad, en una Europa con aires de guerra que presagiaban la conflagración que estallaría al año siguiente, hizo que el público estadounidense, víctima de sus propios fantasmas, estuviera particularmente sensibilizado en una nación que se preciaba de no haber sido nunca invadida. Como resultado de dicho suceso, una productora de cine, RKO, lo contrató con absoluta libertad para escribir, producir y dirigir dos películas.

El siguiente paso de Welles fue convencer a un conocido guionista para que escribiera una historia que tenía como personaje inspirador al magnate de la prensa, especialmente la amarillista, William Randolph Hearst, arquetipo del self made man norteamericano, un ser poderoso, mezcla de empresario y gángster, para quien la moral era algo difuso y la impunidad un bien negociable. Tras unos retoques que él mismo realizó en el guión, Welles dirigió y protagonizó “El Ciudadano Kane”, considerada la mejor película de la historia de Hollywood. Hearst montó en cólera y, por todos los medios legales y no tanto, intentó prohibir la proyección de la misma. Pero finalmente logró estrenarse, con gran éxito de crítica aunque no de taquilla, esto último, debido a las innumerables trabas que tuvo en la distribución, promovidas por el mismo Hearst. Con este film no solo se consagró un realizador sin experiencia previa, sino que creó un estilo visual propio, desconocido hasta entonces, que fue el uso del “documental” incorporado a la historia, lo que le confirió un realismo hasta entonces inexistente en las producciones de la época A los 24 años dirigió y protagonizó la película considerada como la más importante de la historia del cine.

A pesar de ser el niño mimado de los estudios, su segunda película, “El Cuarto Mandamiento”, fue alterada de tal modo en el proceso de edición que hiciera la productora, que hizo exclamar al creador: -¡Arruinaron mi obra!- Esta solo sería la primera de una larga saga de dificultades que marcarían la vida de Orson Welles en la Meca del Cine. Se convirtió en un actor, talentosísimo, que a menudo financiaba sus propias producciones con lo ganado en la actuación (participó en 15 películas entre las que él mismo dirigiera o bajo las órdenes de otros directores). Sigue una serie de films con resultados desiguales aunque en todos se puede percibir el genio de este personaje único en los anales del cine. La mayoría dejó huellas que pasaron a engrosar la lista de anécdotas que jalonan la historia de Hollywood. “La dama de Shanghai”, de corte policial y con una mínima participación de Welles, demostró su capacidad artesanal para contar y representar historias. Como constatación de su oficio queda la inolvidable escena de los espejos. La siguiente creación, “Mr.Arkadin” solo es recordable por la actuación del propio Welles como protagonista.
Internándose en el mundo de uno de sus autores fetiches, ofreció una personalísima y, sobre todo, muy intensa visión del mundo de Shakespeare en tres películas: “Macbeth”, “Othello” y “Campanadas a Medianoche”. Ésta última, que recoge diversos pasajes de la obra del dramaturgo inglés, es un monumento de inventiva visual y maestría interpretativa. La película tiene como hilo conductor a Sir John Falstaff, en una soberbia interpretación del propio Welles. En 1958 filma su segunda obra maestra, “Sed de Mal”, donde nuevamente se reserva el papel protagónico en el rol de un corpulento inspector de policía que, mediante métodos, a menudo poco ortodoxos, obtiene que “al culpable”, se le aplique todo el peso de la ley. Otro personaje arquetípico, válido hasta el presente en una sociedad y un sistema donde la codicia es la que dicta la ley.

Siendo Welles uno de los primeros cineastas en apreciar la obra del duende de Praga, Franz Kafka, quiso recrear su mundo en “El Proceso”, con resultados poco convincentes aunque bastan unas cuantas escenas para reflejar la genialidad de su autor. En 1973, estrena “Fraude”, una película de corte experimental planteada como un falso reportaje que, recuperando lo mejor de su talento, se anticipa a algunas propuestas del cine postmoderno, siendo reconocida como una de sus influencias capitales por los realizadores que integraron la llamada Nueva Ola (Nouvelle Vague), francesa, especialmente por el autor del célebre film: “À Bout de Souffle”, Jean-Luc Godard.

A pesar que el nombre de Orson Welles quedará por siempre ligado al Ciudadano Kane y en menor (y manipulado), grado a sus dificultades con los todopoderosos productores de Hollywood, sus otros films tienen, al menos, un par de escenas que hacen obligatoria la revisión de su filmografía por todo aquel que se interese en conocer las obras maestras que la industria ha producido. En otras palabras, de saber cómo se hace buen cine: La secuencia inicial de “Sed de mal”, una toma ininterrumpida que se desplaza en un solo plano por varios minutos, demuestra un dominio de la puesta en escena y organización de los movimientos como sólo un cineasta excepcional podría conseguir. Hasta títulos de tono menor, como es el caso de “El extraño”, ofrecen rasgos de su enorme talento.

Resulta imposible establecer una cronología exacta de su filmografía pues, de los 18 films en que asumió la dirección, 5 de ellos no solo no se terminaron, sino una (Tanques, 1942), permanece desconocida y no se sabe de nadie que sepa de su argumento ni de la etapa a la que llegó. Quizás permanezca en un rincón olvidado de los grandes estudios a la espera del afortunado que lo encuentre.

Solo cabe esperar que sea tratada con la reverencia que se merece su autor y no termine en una codiciosa subasta buscando el mejor precio posible para volver a quedar sepultada en la caja fuerte de un banco.

Su fin estuvo ligado a sus dificultades con el system y su maquinaria tragavidas. Quienes cuentan con más de cuatro décadas quizás recuerden a un Orson Welles, en toda la majestad de sus casi setenta años, promocionando un mediocre vino californiano. Aun en el triste rol que su genialidad de hombre siempre en el lado no “correcto” lo llevó a asumir en afanes de supervivencia, lucía imponente. Murió de un infarto en la ciudad donde creara y padeciera: Los Ángeles.

Hijo de su época, sintió gran admiración por España y verdadera pasión por las corridas de toros.
Sus cenizas yacen en Málaga enterradas en la hacienda de su amigo, el torero Antonio Ordóñez.

 

 

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