La necesidad de una historia subversiva en tiempos de posmodernidad

Por: Emil Beraún Beraún
Fuente: Rebelión.org (24-11-2005)

El objetivo del presente trabajo es el planteamiento de un tipo de historia que se hace de lo mas necesaria en el presente postmoderno, una historia que literalmente termine con los falsos mitos, discursos y lenguajes con que se busca controlar y unidimensionalizar a la sociedad para que se crea el cuento de la sociedad ideal y rumbo al progreso de la cual “todos” somos participes.

Denomino a esta historia subversiva por que lo que busca en realidad es subvertir la forma tradicional de hacer historia y en donde su fin último es buscar una verdadera transformación de la sociedad para su propio beneficio. Sé que muchos asociaran el termino subversivo con el terrorismo, pero esto no es sino un claro ejemplo del triunfo del lenguaje orweliano en donde los conceptos son tergiversados y adaptados para no ser una amenaza para los grupos de poder y en donde mas bien son adaptados para sus propias conveniencias. Tal es así que el concepto de subversión que significa el transformar la sociedad, obviamente para un mejor, se asocia ya con normalidad ahora con la violencia terrorista y esto para que dicho concepto o mejor valga decir cualquier tipo de transformación de la sociedad sea vista como dañino para la sociedad; a esto se debe que los conceptos ya muchas veces no significan lo que en verdad quieren significar, pues ahora se les quita la transitividad, o como diría Marcuse: son victimas de una desublimacion conceptual.

Este tipo de historia a la que denomino subversiva plantea una historia ya no hecha como siempre desde arriba, es decir hecha por los grupos de poder, una historia oficial y llevada a cabo por intelectuales institucionalizados( aquellos carentes de compromiso social), en donde al mismo estilo medieval crean mitos y falsos discursos aprovechándose que el hombre siempre necesita algo en que creer( mito del progreso, de la democracia etc), sino que plantea una historia hecha desde abajo, comprometida con los problemas sociales y totalmente desmitificadora, una historia lo mas objetiva posible en donde se busque no solo el comprender el presente sino transformarlo.

Esta historia recae bajo la responsabilidad de los intelectuales orgánicos(aquellos realmente comprometidos con la sociedad), los cuales son escasos actualmente y de los cuales se necesita con urgencia para darle un verdadero rumbo a la sociedad y darle la neurosis que necesita para que se de cuenta de la conciencia desgraciada que actualmente posee, una historia que no solo busque un conocimiento intelectual, o llenar los vacíos de la ciencia histórica sino que sea comprometida, en palabras de Chesneaux: que una el saber histórico con la práctica social.

Una historia de este tipo es urgente en la posmodernidad en la cual vivimos, en donde la historia es vista como un arte, como literatura, o vista como una simple narración de acontecimientos en donde la verdad es relativizada de tal modo que se niega su cientificidad, debido a la subjetividad y a la “imposible” condición del historiador de apartarse de su conciencia de clase o de sus propios intereses.

En una primera parte analizo el origen de la tendencia historiográfica burguesa como generadora de falsos mitos justificadores de la “nueva y mejor sociedad” de la cual ellos no sólo eran la base sino también los más privilegiados ahora que abandonan cualquier intento revolucionario, prefiriendo la alianza con los grupos de poder y, analizar también como esos mitos y discursos se mantienen hasta la actualidad justificando el neoliberalismo y la democracia liberal, basta ver el fin de la historia del nipón Fukuyama; en una segunda parte analizo la forma como llevar a cabo esta transición de Narciso a Prometeo en la sociedad actual, teniendo como punto de partida la educación y la concientización hacia las masas y, en donde la toma de conciencia llegue también al intelectual pues si este se mantiene en una dimensión y feliz dentro de esta irracionalidad virtual llamada sociedad como esperar que sus escritos y trabajos no reflejen dicha postura. En una tercera parte planteo la necesidad de esta historia subversiva no para el mañana como diría Fontana, sino una historia para el hoy, pues creo que esta sociedad no puede esperar “un día” más en su necesidad de ser transformada hacia las verdaderas necesidades del hombre como sociedad.

Una historia subversiva

En el año de 1848 se llevaría a cabo en Europa lo que sería denominado por Hobsbawn como la primavera de los pueblos, una serie de revoluciones que se extendieron por todo el centro de Europa y que si bien se expandieron como reguero de pólvora tuvieron un debilitamiento también rápido, esto debido a que en la mayoría de los países los que llevaron a cabo la revolución eran trabajadores pobres que no contaron debido a sus ideas comunistas con el apoyo de los liberales moderados, quienes cayeron en cuenta que la revolución era peligrosa pues se acortaba socialmente la distancia entre ellos y el pueblo, además cayeron en cuenta de que cualquier cambio, sobretodo aquellos económicos eran posible hacerlos sin la necesidad de una revolución misma sino pactando con los grupos de poder, es así como en el mismo 1848 la burguesía deja ya de ser una fuerza revolucionaria para convertirse en defensora del régimen capitalista.

Esta misma defensa del régimen capitalista se vería de manifiesto ahora en la misma historiografía burguesa, una historiografía marcada por el irracionalismo, el subjetivismo y el pesimismo, producto de su impotencia de comprender las mismas contradicciones del sistema capitalista. Les resultó mas cómodo el desacreditar a la ciencia histórica afirmando que la historia es una simple consecución de hechos casuales, que no tiene sentido, que es totalmente subjetiva, que no puede dar leyes, que no tiene por que estar orientada a la preocupación por lo social, que el afirmar que la sociedad de la cual ellos eran la base estaba orientada a cualquier rumbo menos hacia el progreso. Una historia de este tipo reflejaba la crisis del pensamiento burgués debido a su incapacidad de comprender el mundo.

Se puede apreciar entonces la intencionalidad de la burguesía de desacreditar a la historia como una forma de no poner en evidencia la incapacidad de comprender la sociedad capitalista y sus contradicciones. Es de notar también como a partir de este momento se gestarían ya los falsos mitos y discursos modernos justificadores de la sociedad capitalista, esta elaboración de mitos justificadores no es nueva pues fue algo común desde la época primitiva y medieval en donde se elaboraban mitos que justificaban el por qué la sociedad se encontraba de una referida manera y, el por que una determinada persona, casta o dinastía se encontraba en el poder; a su vez se necesitaban de determinados comportamientos rituales en la sociedad, pues es sabido que el mito necesita del rito para subsistir: comportamientos orientados sobretodo a aceptar “religiosamente” lo justificado.

Es así como en la era moderna surgen mitos tales como el mito del progreso, elaborado por la burguesía en los siglos XVIII y XIX como una manera de justificar la sociedad que ellos mismos conformaban y contraponerla a la sociedad feudal, sobretodo para ejemplificar como en dicha sociedad medieval la gente común representada en el campesino vivía sumido en la pobreza y como ahora “libres” de la triestamentalidad en la cual estaban inmersos podían aspirar producto del individualismo, la competencia y la simpatía de Smith a un progreso representado en el “éxito” acumulativo.

La idea de progreso no es nueva, pues ya existía desde la época antigua representada en la acumulación de conocimientos y un desarrollo espiritual, en cambio en la época moderna y sobretodo debido a la burguesía, este referido progreso estaría representado por todo lo cuantificable, por lo material y esto ya se hace exagerado en la sociedad posmoderna en la cual vivimos, donde ya la ciencia y el racionalismo han sido desplazados por un progreso que solo se preocupa por el bienestar del yo y sus placeres, en donde ya el progreso solo es visto como desarrollo tecnológico.

La burguesía utilizaría este mito de progreso para justificar el régimen capitalista y justificarlo, este mito se mantendría y reforzaría en la actualidad posmoderna en donde se plantea que hemos llegado al fin de la historia y por ende ya no es necesaria ninguna revolución, transformación en la sociedad, pues la democracia liberal y la economía neoliberal, expresan el máximo progreso en la sociedad.

Esta idea del hegeliano Fukuyama plasma la intencionalidad de la extrema derecha por mantener todo tal y “cuanto” está, en el sentido que se busca que las masas acepten la idea de no transformar la sociedad debido a que ya alcanzamos una sociedad ideal, donde todos nos beneficiaremos con el máximo progreso, creyéndonos ciegos para no darnos cuenta que este imperialismo sólo hace posible que muchos se mueran de hambre y pocos tengan todo. René Guenon escribiría ya por los años cincuenta un texto titulado: El reino de la cantidad, haciendo una correcta alusión a que todo en esta sociedad se mide por la cantidad y no por la cualidad, esto por la intencionalidad de las potencias mundiales de hacernos creer que estamos mejor por que hay mas para contar, sin importar la ausencia en la mayoría del globo de una mejora en la calidad de vida, se nota entonces la idea de justificar la sociedad actual, impidiendo cualquier transformación en la sociedad pues se estaría atentando contra el progreso. Esta idea del progreso representada en el sistema capitalista también la aceptaron muchos marxistas catequeticos o dogmáticos pues consideraban que toda sociedad que quiera llegar a un comunismo tendría que llegar primero a un capitalismo, para luego aprovechar los medios de producción cayendo en el error de considerar al capitalismo como símbolo de progreso.

Esto debido al error de interpretación en los escritos de Marx de la secuencia única de los modos de producción, en donde si bien afirmó que se podía aprovechar el desarrollo del capitalismo en los países de occidente que habían alcanzado tal condición no quiso decir que todos sigan una única secuencia histórica, pues acaso no sería como plantea Jean Chesneaux más “fácil” llegar al comunismo en los países pre-capitalistas en donde no tienen una conciencia de consumo tal alta, que por ejemplo en países altamente industrializados y capitalistas como Estados Unidos?

Habiendo hecho una mirada a vuelo de pájaro sobre el “progreso” analicemos también el falso lenguaje que nos brinda la sociedad posmoderna: George Orwell a mediados del siglo escribía un relato de anticipación, es decir una obra futurista, cuyo titulo: 1984 avizoraba una época futura en donde el lenguaje ya no iba a significar realmente lo que quería dar a entender, sino que iba a estar orientado y reelaborado a no atentar contra un orden establecido, coloque como ejemplo en las líneas introductorias el concepto de subversión. Marcuse en su texto: El hombre unidimensional analiza también como no sólo se utiliza la tecnología para unidimensionalizar al hombre “moderno” sino también como se utiliza el lenguaje, en lo que él denomina el cierre del universo del discurso, en donde los conceptos que poseen transitividad como libertad, democracia, son víctimas de una desublimación, en donde éstos conceptos que tienen por su contenido abstracto múltiples significados se circunscriben ahora a uno sólo, un solo significado, que te es brindado por la sociedad, es decir se les “convierte” ahora en un concepto con un contenido funcional.

Entonces ahora se define a la democracia como se definiría la utilidad de una silla, circunscribiéndose ahora el concepto de democracia a la simple ausencia de dictadura, para evitar así que la gente en la sociedad reflexione y por ende que el concepto tenga transitividad y la sociedad se vuelva crítica sobre lo que en verdad significa, no siendo por ejemplo el hecho de ir a votar cada cierto tiempo solamente. Un análisis similar ofrece también Marcuse en: Un ensayo para la liberación, donde analiza lo que es en verdad lo obsceno dentro de la sociedad moderna, calificando que no es como se piensa actualmente que obsceno es una mujer que enseña cierta parte de su cuerpo, sino que más obsceno en el sentido que atenta contra el pudor o contra el orden es un general que ostenta medallas por su “valor” en la guerra en nombre de la paz.

Así entonces se busca que controlar y acomodar el lenguaje utilizado por el hombre ahora ya posmoderno según sirva para consolidar el régimen y evite a su vez cualquier posible alteración del bienestar social y del progreso. La forma como se ajustan los conceptos y términos me hace reflexionar sobre el concepto de utopía, término acuñado por Tomás Moro en 1516 en su obra la isla de utopía, primera obra en donde ya se plasma la idea de la ausencia de propiedad privada como la única forma de buscar el principio de igualdad y justicia, así como también dicho autor analiza que es lo que sucedería con los miembros de la sociedad si no se suprime la propiedad privada calificando que habría mucha pobreza y miseria, anticipándose muchos años a los que sería denominado por Marx el lumpen proletariado.

Para Moro utopía que era una isla donde se cumplía con la ausencia de propiedad privada y donde a nadie le faltaba nada, producto a que todos trabajaban y se almacenaba. Era un lugar que no existía, pero al cual se podía llegar en la medida en que se apliquen los referidos principios.

Nótese como con el discurrir de los años el concepto de utopía a terminado significando algo fantástico e irrealizable, siendo actualmente calificado alguien que piensa que es posible algún cambio o transformación en la sociedad como utópico, no olvidemos como el mismo Marx calificaba con la terminología de utópicos a los libertarios que planteaban una revolución en colectividades, sin ningún liderazgo revolucionario.

Volveremos a lo “utópico” más adelante. Me parece pertinente analizar como mientras lo que no es útil es tergiversado, lo que es útil para mantener un sistema de opresión se mantiene a pesar de los años que se van sucediendo y esto debido a la falta de una verdadera educación y toma de una conciencia crítica por parte de la sociedad, pues no olvidemos que mientras una sociedad menos conciente y crítica es, es más fácil el tenerla adormecida y maniatada.

Mucha de las personas que conforman la sociedad y me refiero a las masas, que son las más desfavorecidas, no se dan cuenta la forma como se les oprime y se les oculta esa opresión y olvido de su condición de pobreza en el presente, haciéndosele creer que en verdad por parte del gobierno hay un interés por su condición, cuando son sólo víctimas de una falsa generosidad y un asistencialismo. Si revisamos lo que planteaba Maquiavelo en el príncipe, que si bien es una forma como justifica los medios para llegar a un determinado fin, y que se ajustaba a un determinado contexto vemos como se aplican sus ideas hasta hoy: planteaba Maquiavelo que la principal fortaleza frente a cualquier tipo de amenaza al gobierno es el pueblo, por lo que hay que mantenerlo contento, pero ese mantenerlo contento no significa una verdadera preocupación real por ellos, sino el tenerlos contentos para que no se subleven contra ti (príncipe) es darles regalos de lo que te sobra, es contentarlos… Algún parecido con la actualidad? actualidad donde se cree que el luchar contra la pobreza es simple asistencialismo y no ir contra las causas estructurales de la pobreza.

Es entonces un tipo de historia subversiva la que tiene que hacer tabla rasa con estos falsos mitos y discursos, romper literalmente con el lenguaje unidimensional con el que se busca alienar a la sociedad posmoderna, es necesaria una subversión en el amplio sentido de la palabra, una historia que inserte críticamente a los problemas sociales a la misma sociedad para que sea conciente de lo que realmente sucede, es momento ya que la sociedad empiece a preguntarse el por que?… en las siguientes páginas se establecerá la forma como llevar a cabo este tipo de historia que nos lleve a una época prometeica nuevamente para llevarle el “fuego” liberador a la sociedad.

De Narciso a Prometeo

De lo presentado en las páginas precedentes se puede notar que la historiografía burguesa es la que ha predominado y predomina hasta hoy, reflejada en la historia hecha desde arriba,es decir elaborada por los grupos de poder para justificarse así mismos y mantener un status quo que los privilegia, ¿pues como elaborar una historia que atente contra sí mismos?, basta con ver la postura de la escuela de los annales que surge en 1929,en donde si bien “rompe” con la forma tradicional de hacer historia hasta ese momento, escapando a la historia relato y a la simple descripción de acontecimientos, lamentablemente refleja la conciencia de clase burguesa de sus representantes y esto se puede apreciar cuando Marc Bloch se refiere a la relación entre pasado y presente, afirmando que el presente necesita del pasado para poder comprenderlo, la pregunta que se formula, va orientada a la cuestión si para una mejora en la sociedad basta con comprender el presente?… Chesneaux responde con un rotundo no, afirmando que la importancia que tiene el entendimiento del pasado es importante para el entendimiento y comprensión del presente en la medida que se busque transformarlo.

Muy acomodaticia es para el historiador burgués la postura de la búsqueda sólo de comprender el presente y no de transformarlo, pues de darse el caso perdería los privilegios que le dan sustento y si bien no quiero entrar aquí en el debate si el historiador juzga o comprende, la postura burguesa de los annales es criticada por la mayoría de historiadores marxistas al considerar también la facilidad que significa para el burgués el afirmar que sólo se debe comprender y no juzgar

Es entonces una transformación de la sociedad la finalidad que tiene que tener una historia hecha ya no desde los grupos que crean los falsos mitos y discursos, sino una historia hecha desde abajo, es decir hecha preocupándose por los problemas reales de la sociedad, una historia que no se enfrasque sólo en un intelectualismo, es decir en completar simplemente los vacíos de la ciencia histórica, sino que una este saber histórico con la práctica social, que no esté apartada de la política, y que sobretodo este comprometida con la sociedad, sociedad a la cual todo intelectual se debe como fin último para su transformación.

Como plantea Chesneaux es importante el romper los falsos mitos y discursos pues si bien es necesario el estudio del pasado para poder entender el presente para poder luego transformarlo, ¿cómo sería posible un análisis válido del pasado, si está conformado en su mayoría por una historia oficial e intencionalmente elaborada por los grupos de elite? Es por esto la necesidad de una historia que haga tabla rasa del pasado, para reconstruirlo de la manera más objetiva posible y entender mejor el presente para su posterior transformación.

Para poder llevar a cabo este tipo de historia a la cual denomino subversiva es trascendental el papel que van a jugar los intelectuales, en este caso los intelectuales comprometidos con la sociedad a los cuales Gramsci los denominó orgánicos, este termino sería luego recogido por el norteamericano James Petras, quién en un artículo titulado “ La metamorfosis de los intelectuales en América Latina” afirma como en la actualidad la mayoría de intelectuales se institucionalizan y prefieren una mejora económica que un compromiso frente a la sociedad, y esto debido a que cuando trabajan para una institución, mayormente siguen las directrices mismas de la institución que les paga y en muchos casos las investigaciones mismas atentan contra los propios principios del intelectual, pero al representar ingreso económico los principios quedan de lado y el compromiso se esfuma.

Para poder efectuar un cambio en la sociedad se necesita de intelectuales comprometidos con la sociedad, a aquellos que mantengan sus principios y su compromiso a pesar de tener que sacrificar cualquier beneficio económico que atente contra la libertad para poder expresar lo que de verdad sucede en la sociedad y no lo que la historia oficial o desde arriba indica o plantea.

La dificultad es mucha para el intelectual comprometido, pues implica mucho sacrificio y vocación, significa no “compartir” los mismos beneficios y reconocimientos que los llamados intelectuales de elite, al ser más bien vistos como “peligrosos”, pero en la medida en que esto no afecte su vocación y compromiso un verdadero cambio en la historia será posible, tanto en el plano científico como en el social.

Corresponde analizar ahora como hacer concientes de los problemas sociales a la población, siendo la única forma posible mediante una educación problematizadora, es decir una educación que inserte críticamente a la sociedad en los problemas reales y les muestren sus verdaderas necesidades, que le haga entender al pueblo que no poseen en realidad ninguna libertad y que esta seudo libertad con la que se busca engañarlos esconde en realidad una impersonal opresión.

Una educación problematizadora que transmitida por los intelectuales orgánicos se lleve a cabo de una forma horizontal en las aulas, en la cual tanto educadores y educandos aprendan cada uno del otro, o en el caso de elaborar un texto que este se lleve a cabo en un lenguaje de fácil asimilación para la población y que obviamente por sobretodo tenga una orientación y trascendencia social.

Sólo con la toma de conciencia por parte de la población se podrá dar cuenta que en realidad es oprimida y que no es libre y así y sólo así podrá entonces perder su miedo a la libertad y a la capacidad creadora del hombre como sociedad de poder transformarla a su propio beneficio.

Es entonces mediante una historia hecha desde abajo, mediante el compromiso y aporte de los intelectuales orgánicos y mediante la toma de conciencia de las masas mediante una educación que los inserte críticamente a los problemas sociales, la forma como se podrá subvertir la manera como se está elaborando la historia en la actualidad, empapada de falsos mitos y discursos y, totalmente desvinculada de los problemas sociales.

Sólo de esta manera se podrá terminar con esta época de narcisismo posmoderno en donde el hombre ahora está totalmente despreocupado y desvinculado de la colectividad, pues se interesa sólo por sí mismo; posee una cultura basada ahora en lo light, lo estético, donde la verdad está totalmente relativizada, la ciencia a perdido su valor, prima la sensación frente a la razón, el hombre piensa ahora en falsas necesidades que impone la sociedad, permitiendo así una falsa realización del hombre, llegando a sentirse satisfecho al alcanzar el “éxito” material que es actualmente el fin último del hombre, tal como plantea Marcuse en el hombre unidimensional.

La historia en cuanto a su forma de elaborarse y a los fines que persigue debe dejar de verse el ombligo así misma y preocuparse nuevamente por lo social y alumbrar el camino para la sociedad con el fuego prometeico, representado por una subversión histórica, que en tiempos actuales es urgente.

Una Historia para el Hoy

En la época medieval se buscaba la verdad mediante la teología, luego dicha búsqueda en siglos posteriores sería reemplazada por la filosofía cuando prima ya la razón sobre la fe. Posteriormente la búsqueda por la verdad estaría en manos de la ciencia, ciencia que era considerada infalible pero luego se caería en cuenta que ni la misma ciencia nos presentaba una verdad absoluta, se puede apreciar esto en los análisis sobre la caída de los paradigmas científicos de Kuhn y de Lakatos, referidos a que ninguna verdad es absoluta en la ciencia y que ni las mismas ciencias “exactas” poseen en realidad una verdadera objetividad.

Mucho tiempo se pensó como lo harían los positivistas que debido a la exactitud que mostraban las ciencias naturales, éstas debían de prestar sus métodos a las ciencias sociales como una forma de obtener una mayor objetividad. Esto producto a que la historia al no poder dentro de sus métodos experimentar era acusada de falta de objetividad, algunos como Jerzy Topolsky en su Metodología de la historia afirmaban que la historia por esa misma carencia de experimentación era considerada una ciencia blanda, particular frente a los demás y esto se puede apreciar también por la particularidad frente a las demás ciencias que representa lo complejo de su objeto de estudio, además parece un error también el mirar a la historia y negarle el carácter científico teniendo como punto de comparación las demás ciencias que son muy diferentes.

El asunto a tratar es que debido a la caída de los paradigmas científicos toda verdad es considerada como relativa en extremo, siendo calificada la historia en la actualidad posmoderna como simple arte, relato, o narración de acontecimientos.

En la actualidad la historia posmoderna está desvinculada totalmente de lo social, se impone el individuo frente a la sociedad, despreocupándolo de lo que acontece a su alrededor y aconsejándole que lo mejor que puede hacer es “preocuparse por sí mismo”

También se afirma que la historia es como páginas en blanco en donde cada historiador las “llena” de acuerdo a su versión de cómo cree que sucedieron las acontecimientos, así si tenemos a veinte historiadores que analicen un mismo hecho, tendremos tal vez veinte explicaciones diferentes, de “su” forma de concebir dicho acontecimiento pero ninguna en realidad nos acerca a como habría sido la historia en realidad. Cada historiador hace entonces su historia y no la historia en sí.

Otro ejemplo claro de como en la historia por la carencia supuesta de objetividad no es ciencia nos la muestra también Foucault, en su Arqueología del saber, en donde afirma que siempre la historia a sido manejada por discursos y por ende se debe aplicar una arqueología en el saber escrito debido a que no nos podemos fiar de todo la historia tal y como ha sido elaborada pues tiene una determinada intencionalidad de acuerdo el contexto, si bien es cierto esto, no se puede generalizar y afirmar que no hay conocimientos ya concretos en la historia de donde el historiador puede generalizar y buscar unas posibles leyes, además acaso no han existido por más minoría que representen historiadores que han buscado la mayor objetividad posible como para poder basarnos en ello, no me parece correcto hacer un revisionismo total en la historia y relativizarla a tal grado, fuera del hecho de afirmar que es necesaria para su mejor estudio una segmentarización en contra de la historia total.

Esta es la situación de la historia en la actualidad, condición que si lo que en verdad se busca es un bienestar real para la sociedad no es para nada conveniente que se mantenga, es necesario transformar la percepción que tiene este tipo de historia posmoderna frente a lo social; los problemas en la sociedad han existido, existen y existirán, habiendo actualmente una indiferencia hacia ellos, es el papel de esta historia subversiva el cambio de dicha percepción y de orientarla hacia las verdaderas necesidades de la sociedad.

Fontana en su respuesta a Fukuyama, plantea una historia total con contenido político, y una historia que muestre una vía alternativa al único camino que se nos muestra como posible, que es el de seguir las riendas del progreso. También como plantea Fontana se debe buscar una historia total, primero globalizándola nuevamente, debido a que muchos historiadores en su afán de darle un carácter científico buscaron complementarla con otras disciplinas que a su vez tenían su forma de concebir la sociedad, esto tuvo como consecuencia una división de la historia en múltiples disciplinas que al querer analizar la sociedad escapaban a la visión social de la historia.

Esta historia subversiva plantea el romper con los mitos y discursos y orientar los esfuerzos del hombre a alcanzar lo supuestamente imposible, estudiando los problemas sociales con una visión total; esta historia tiene que hacer dar cuenta al hombre que lo utópico es posible convertirlo en real en la medida en que el hombre crea en sí mismo y en la sociedad. Basta de historia desde arriba, basta de individualismo, es hora de hacer real lo que la misma sociedad quiere que siempre nos parezca utópico. Este tipo de historia no puede esperar hasta mañana, es una historia para el hoy, la sociedad no puede esperar más, pero lo seguirá haciendo en la medida en que el hombre no se tenga confianza a sí mismo en lo que puede alcanzar.
 

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