Una Mirada Marxista del Fenómeno de la Violencia y la Guerra

Por: Pablo Ramírez
Fuente: Revista “Pluma y Pincel” (Edición electrónica, Diciembre del 2004)

Al iniciarse el siglo XXI nada hacía presagiar que violentos acontecimientos remecieran nuestras sociedades, la oleada terrorista por un lado, y por otro, la Guerra al terrorismo. Tales acontecimientos han sido mirados desde la óptica de distintos expertos, tanto políticos como sociólogos, psicólogos, teóricos religiosos, economistas que entre muchos otros, han analizado y profundizado en la temática, intentando elaborar respuestas que permitan explicar la ocurrencia de dicho fenómeno en una sociedad como la nuestra, cuyos supuestos progresos económicos, tecnológicos y sociales asegura un clima de desarrollo humano democrático y verdadero.

Más allá de los significativos esfuerzos desplegados para comprender dicho fenómeno, el de la Violencia y la Guerra, se mantiene presente la necesidad de ahondar en una reflexión que mire dicho fenómeno desde una perspectiva tanto teórica como conceptual, para facilitar el arribo a las causas de dicho fenómeno.

En este sentido, resulta básico comprender que la Guerra no es un objetivo en sí, sino un medio de la política, que posee profundas raíces económicas, y asimismo contiene un sentido y significado de clase. Dentro de los autores clásicos que han teorizado y escrito sobre el tema, resulta imprescindible citar a Karl Von Clausewitz, quien en el siglo XIX en su obra “De La Guerra”, señala que “el objetivo político, como causa original de la guerra, será norma, tanto para el propósito a alcanzarse mediante la acción militar, como para los esfuerzos necesarios para el cumplimiento de ese propósito”, agregando además que “la guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de la actividad política, una realización de la misma por otros medios (…) el propósito político es el objetivo, mientras que la guerra es el medio, y el medio no puede ser nunca considerado separadamente del objetivo”. Las palabras de dicho autor ratifican el planteamiento inicial expuesto, es decir, la Guerra es la política por otros medios, medios militares, en donde el uso de la fuerza se transforma en el instrumento a través del cual se “cambia la pluma por la espada”, por tanto la Guerra, no se debe considerar separada del objetivo y contexto político.

Si bien el autor nos permite avanzar en el concepto mismo de la Guerra, no logra explicar las causas que originan tanto el uso de la Violencia como la Guerra misma. Esto, porque Clausewitz bajo una fuerte influencia hegeliana en sus planteamientos, no establece la relación y dependencia de la política con respecto a la economía, en otras palabras, la supremacía de los intereses económicos en las resoluciones políticas de un Estado, de una nación o de un grupo de poder. Posteriormente, Karl Marx y Federico Engels, logran situar y establecer que las causas originales del uso de la Violencia y de la Guerra misma, poseen una profunda raigambre económica.

Puntualmente, Federico Engels en su obra Anti-Dühring, en el capítulo titulado Teoría de la Violencia replica los escritos del señor Dühring, quien planteaba una inexistencia de relaciones directas entre la Violencia y la economía, asumiendo la existencia de efectos o consecuencias de dependencia económica siempre en un segundo orden y, según Dühring, las causas del uso de la fuerza se deben buscar en la Violencia política inmediata y no el poder económico indirecto.

Frente a lo que Engels, en un tono de ironía refuta drásticamente lo planteado por Dühring, afirmando que “aunque las pruebas fuesen tan baratas como las zarzamoras, el señor Dühring no nos daría prueba alguna. La cosa está ya demostrada por el famoso pecado original en que veíamos a Robinson esclavizar a Viernes. Esta esclavización era un acto de violencia, y por tanto, un acto político. Y como este acto de esclavización es el punto de partida y el hecho fundamental de toda la historia hasta nuestros días, la maculó con el pecado original de la injusticia, a tal grado, que en los períodos históricos posteriores sólo fue algo atenuado y convertido en formas más indirectas de dependencia económica; puesto que sobre esa esclavización originaria descansa toda la propiedad basada en la violencia que viene imperando hasta hoy, es evidente que los fenómenos económicos tienen todos su raíz en causas políticas, y mas concretamente, en la violencia. Y el que no se conforme con esta explicación es un reaccionario solapado”.

Lo que Engels intenta decir con el ejemplo citado, es que si bien Robinson logra esclavizar a Viernes, utilizando la espada como medio de coacción, lo hace con la finalidad de sacar provecho económico del trabajo de su esclavo, pues “debido a que Viernes crea, con su trabajo, más medios de vida que los que Robinson debe darle para que se mantenga en condiciones de trabajar”, logra así incrementar su acumulación de bienes. La historia y los hechos demuestran en realidad que la Violencia no es más que el medio y que el fin es el provecho económico, el aumento de las ganancias y la acumulación de capital, que se origina y enmarca en un estado de desarrollo superior de la producción, del comercio, de acumulación de riquezas y desigualdades en la distribución. Lo cual también es factible de encontrar a lo largo de los análisis que desarrolla Marx en sus trabajos, quien al igual que Engels, afirma que la Violencia está condicionada por la situación económica imperante.

Al igual que Marx y Engels, los análisis realizados por Lenin reafirman la postura desarrollada por los autores en torno a los supuestos que dan origen a la Violencia y precisa además, entorno de la Guerra y su conducción que “la política es la razón de la Guerra, es sólo el instrumento de la política y no al contrario, por consiguiente, sólo queda subordinar el punto de vista militar al político”, por tanto el carácter del objetivo político ejerce una influencia decisiva y trascendental en la conducción de la Guerra, la que se manifiesta tanto en la definición de los objetivos estratégicos (generales y parciales), como en la definición del carácter general de la estrategia del Estado y, en la elección de los métodos y formas de hacer la Guerra misma. La política prepara la Guerra, creando las condiciones favorables para la implementación y desarrollo de la estrategia, tanto económica como ideológica. En tal caso el Estado se prepara para la Guerra movilizando todos los recursos materiales y humanos para garantizar las operaciones de las Fuerzas Armadas; recursos que van desde lo político, diplomático, económico, moral, comunicación, apoyo social, etc.

De tal modo queda demostrado que las relaciones entre la política y la estrategia durante la Guerra son indisolubles e inseparables. Si bien ambos elementos –política y estrategia- en esencia son lo mismo se expresan de distinta forma y por tanto actúan y se mueven en lógicas distintas, las cuales se deben considerar y tener en cuenta, sin perder de vista el carácter interrelacionado de ambos elementos. “Esta interrelación tiene su origen en que en el período de la guerra, el centro de gravedad de la lucha política se desplaza de sus formas no militares a las militares” Entran en acción nuevas relaciones y leyes que no se pueden violar o ignorar ya que esto puede llevar a la derrota de las Fuerzas Armadas y a la derrota del Estado.

Lo mismo señala Engels, ya que “una vez iniciadas las operaciones militares en mar y tierra, éstas ya no se supeditan a los deseos y planes de la diplomacia, sino a sus propias leyes, las cuales no pueden ser infringidas sin poner en peligro toda la expedición”. La subordinación de la estrategia militar a la política estatal, no solo determina la naturaleza de los objetivos estratégicos, sino también el carácter general de la estrategia, como ya se ha mencionado.

Retomando la discusión en torno de las profundas raíces económicas de la política y el carácter dependiente de ésta, resulta importante precisar que a partir de este vínculo se generan relaciones entre las clases sociales de un Estado o Nación (política interna) y entre Naciones (política externa), que involucran a en su órbita a millones de seres humanos, y por consiguiente, los intereses económicos que originan el accionar político de un Estado ejerce una influencia determinante sobre la conducta de las masas populares en la Guerra, y al mismo tiempo sobre su curso y desenlace.

La política no solamente prepara una u otra Guerra, sino que también determina su objetivo, imprime su sello a la doctrina militar, a la estructura orgánica de las tropas y a la selección de métodos y formas de la lucha armada y otras (económica, diplomática, ideológica, etc.). A su vez, la política también tiene en cuenta las exigencias de la teoría y la práctica militares. La esencia de la Guerra y sus innumerables reflejos no se pueden comprender separados de la política de las clases y los Estados, dejando de lado el estudio de todo el sistema de relaciones políticas que condujeron a dicha Guerra y que continuaron en ella.

Para develar y comprender en profundidad el carácter de clase que tiene una Guerra, las causas que la desatan, qué clases la conducen y en qué condiciones históricas e histórico-económicas se provoca, es necesario enfocar la problemática de la Guerra y la Violencia como un fenómeno histórico-social que requiere para su comprensión de un análisis político-económico de clase, el cual no sólo da cuenta de las características del fenómeno de la Violencia y la Guerra, sino que además, da cuenta de los intereses económicos y los modos de producción en el tiempo/espacio que median en dicho fenómeno.

Por tanto la actividad política que toma forma en un hecho de Violencia o de Guerra, no se trata simplemente de política ni de una forma común de lucha política, sino de un tipo especial de política, que se caracteriza por el empleo de la Violencia armada. Sin Violencia armada no hay Guerra. Es precisamente la Violencia armada, la lucha armada organizada, el atributo principal de la Guerra, su proceso específico decisivo, su medio principal y el método con que se trata de lograr los objetivos políticos.

Sin embargo, la lucha armada tiene una relativa independencia y su propia lógica interna de desarrollo, al igual que posee leyes objetivas, lo cual no indica que puede ponerse un signo de igualdad entre Guerra y lucha armada. La Guerra desde una perspectiva conceptual y práctica posee un significado de mayor amplitud que el referido a la lucha armada, no se agota en éste ni esta referido al encuentro armado entre dos bandos específicos. Esto, porque en primer término durante el proceso de la Guerra, la lucha armada se entrelaza firmemente con la lucha económica, diplomática e ideológica y los esfuerzos del frente se unen con la retaguardia. En segundo término, los objetivos de la lucha armada, sus formas/métodos, envergadura, ritmos y duración se determinan políticamente, y no sólo por la cantidad de armamento ni fuerzas humanas.

Para comprender el fenómeno de la Guerra, es necesario destacar la esencia política de clase de ésta, su carácter social y las motivaciones que la originan. A partir de esto último, desde una perspectiva marxista, las Guerras se dividen en Justas, cuando persiguen defender y avanzar procesos revolucionarios de los pueblos, por eso “La revolución es guerra. Es la única legítima, legal, justa y realmente grande de todas las guerras que conoce la historia” (Lenin; e Injustas, cuando obedecen al interés de capital nacional y transnacional de un estado dominador por sobre otro, lo cual se hace patente en el caso de la Guerra de Irak, esta es una Guerra injusta, por que esta tiene causas en los grandes intereses económicos de EE.UU. y las grandes potencias mundiales.

En la última década…

Con la caída del muro de Berlín, el desmembramiento de los países socialistas en Europa del Este, el término de la URSS y el fracaso de las economías del socialismo real, se contribuyó a la instalación y potenciación de un sólo bloque de poder, el que sobre la base de la economías capitalistas con políticas neoliberales, predomina sin contrapeso alguno en la esfera global, dando paso al mundo unipolar, encabezado por Estados Unidos de Norteamérica, icono del triunfo del capitalismo por sobre el socialismo real.

En esta etapa del desarrollo de la economía mundial caracterizada por la globalización, la vocación universal del capital cuya unidad básica son las empresas transnacionales, se sustenta en una nueva modalidad de acumulación, que se manifiesta en variadas y múltiples facetas. Una de éstas es la creciente movilidad planetaria de los capitales, lo que ejemplifica el carácter globalizador de la economía mundial, hecho ya previsto por Marx, quien plantea que “La burguesía, al explotar el mercado mundial da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita (…) la red del comercio es universal y en ellas entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones”.

La globalización es un proceso de la economía y de las sociedades que “trata de la interdependencia y de la imbricación cada vez más estrecha de las economías de numerosos países, sobre todo del sector financiero” (Ramonet, 2000), que es sector predominante en la esfera económica. A la par con la globalización que se extendió en el mundo y en América Latina, se produjo una abierta adopción por parte de casi todos los países del modelo neoliberal, el que basa su funcionamiento en la apertura de la economía y en los designios del mercado, en el cual la economía chilena se enmarca plenamente.

El modelo neoliberal dicta e impone sus recetas económicas a través de instituciones internaciones tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, entre otros, cuyas acciones han provocado una serie de crisis económicas llevando a numerosos países a la ruina, condenando a sus pueblos a más hambre y contribuyendo al aumento sostenido de la brecha de distribución del ingreso, los ricos más ricos, los pobres más pobres.

Dicho modelo trae consigo la creación y fortalecimiento de bloques y acuerdos económicos entre países y regiones del planeta -tales como TLC, APEC, OMC, ALCA- beneficiando a las grandes economías y conglomerados económicos, quienes no sólo buscan globalizar la economía, sino que además, actuar e intervenir en todas las esferas y ámbitos mundiales.

En la actual Guerra preventiva

Tal como se ha descrito en los párrafos anteriores el carácter globalizador que ha asumido la economía mundial ha logrado permear e intervenir todos los ámbitos del quehacer humano, a través de una creciente influencia política, ideológica, cultural, tecnológica, diplomática, entre otras, para generar así un status que va desde la vigilancia, dependencia, subordinación y dominación a la anexión económica y militar total. Esto no es un tema reciente en lo que concierne a la supremacía militar y económica de EE.UU., se acentúa claramente en un mundo unipolar, y en el aumento de nuevas zonas de influencia, trayendo consigo un creciente aumento de los presupuestos militares (defensa), generando conjuntamente, cambios en lo doctrinario y en la reestructuración de las fuerzas.

Sobre la base del nuevo escenario mundial –dado por la caída del bloque soviético- y la implementación de las nuevas políticas económicas, la superpotencia y sus aliados hicieron gala de los beneficios que traería consigo la libertad y el crecimiento sostenido, augurando la presencia de un largo período de tranquilidad y de paz en el mundo, puesto que era el fin de la historia y de la lucha de clases. La instalación de este discurso de la libertad, del nuevo orden mundial y la propagación de la civilización occidental, se traduce y manifiesta como la total implantación e imposición de la economía de mercado sobre poblaciones que se resisten o son consideradas no aptas para establecerla por sí mismas, generando así una serie de Guerras y conflictos, en distintos puntos del planeta, a través de los cuales se busca imponer y ejercer el poder imperial y su hegemonía.

Por otra parte, la caída del comunismo generó el deseo ansioso de buscar otros enemigos, que en una primera instancia fueron denominados como amenazas emergentes, puesto que cada uno por separado no constituía en sí una amenaza concreta que pudiera sostenerse en términos reales y mediáticos como lo era el comunismo. Lo que generó la prioridad en la agenda de EE.UU. y sus aliados más cercanos, el poder definir y establecer con precisión las amenazas, a la vez de adecuar la organización de las fuerzas armadas para enfrentarlas, estableciendo claramente la factibilidad y circunstancias de empleo de la fuerza, en la práctica la preparación en todo ámbito ante estas denominadas “amenazas”.

Su sustento lo vemos graficado en la publicación Military Review, donde se declara que “Paulatinamente, fueron surgiendo amenazas de otro carácter, imperceptibles al principio pero no por ello menos peligrosas, derivadas de la progresiva escasez de los recursos, del aumento de la población y del desarrollo industrial, comercial y social” (2000), dando forma así a las amenazas emergentes, entre las que se cuentan la lucha contra el narcotráfico; el fundamentalismo islámico; China, su influencia; el uso de armas atómicas, biológicas y químicas; el terrorismo; las zonas ricas en recursos y materias primas y el combate urbano entre las principales.

Gracias a los atentados a las torres gemelas el 11 de septiembre del año 2001, realizado por la red Al-Quaeda, le fue posible consolidar en un elemento concreto sus amenazas emergentes, que se materializó en una nueva doctrina: la guerra preventiva, nombre que ya había sido utilizado entre 1945 y 1948, en donde se establecía poseer la debida preparación y determinación para tomar pronta y efectiva acción militar en el extranjero con el fin de anticipar y prevenir un ataque, pero a partir del monopolio atómico. Esta doctrina elaborada hace casi 60 años, se instala de forma remozada variando las formas de aplicación, pero manteniendo los supuestos elementales y esenciales, que permiten el ataque militar a cualquier amenaza a la seguridad, ya sea real o potencial, por parte de EE.UU., favoreciendo así su expansión e incremento del potencial militar, bajo el rótulo de ente protector y gendarme del orden mundial.

Dentro de este contexto, cualquier alocución o acción que manifieste cierta oposición a la pirotecnia discursiva y valórica sobre la libertad, el mercado y la civilización occidental, o resulte atentatoria en algún grado a la seguridad e intereses de EEUU, genera por parte de éste una reacción militar en los marcos de la doctrina de Guerra preventiva enunciada anteriormente. Es posible, desde esta perspectiva, concluir que tanto Irak como Afganistán fueron sindicadas inicialmente como amenazas emergentes, y que con el devenir de los atentados terroristas se transformaron en amenazas reales lo que en coherencia con la doctrina militar vigente posibilitó las Guerras Afganistán e Irak.

Así mismo, y bajo el mismo criterio doctrinario se determinó la existencia de un eje del mal compuesto por cinco países Corea del Norte, Cuba, Irán, Libia y Siria, siendo éstos dos últimos “reconvertidos o encaminados al bien” sobre la base del cumplimiento de una serie de exigencias y condiciones del imperio. Frente a los demás países miembros de este eje del mal, tanto los aliados de Estados Unidos como éste mismo han intentado por todos los medios justificar algún tipo de intervención, condenando a éstos estados soberanos a un constante enjuiciamiento mundial, ejemplo de aquello es Cuba, que ha recibido condenas de las Naciones Unidas en reiteradas ocasiones por materia de derechos humanos, dejando sin una condena similar las situaciones de violación de derechos humanos de los presos de la base militar de Estados Unidos en Guantánamo denunciadas por Amnistía Internacional y otras organizaciones.

El carácter de la doctrina militar norteamericana reviste un grado de amplitud tal que le permite a dicho país considerar como amenaza a estados soberanos que poseen legitimidad democrática y popular, pero que representan proyectos de sociedad disímiles a los intereses y preocupaciones imperiales, generando una serie de mecanismos de intervención económica y política (Cuba y Venezuela) que en forma sistemática intentan socavar los cimientos de los proyectos político-económicos alternativos.

Las características del proceso revolucionario venezolano, la sublevación ciudadana de Argentina, los levantamientos indígenas populares de Bolivia y Ecuador, entre otros acontecimientos, han removido fuertemente la tranquilidad del patio trasero del imperio, disminuyendo ostensiblemente el grado de popularidad y adhesión, pero en lo absoluto su influencia política, que se materializa en la firma de tratados comerciales, convenios de cooperación militar y de seguridad, revalidando así el carácter intervencionista y globalizador de la política norteamericana para América Latina.

A estas alturas es necesario clarificar que la intervención militar adquiere ribetes diversos y se desarrolla bajo distintas justificaciones. El ejemplo más representativo de intervención militar solapada lo representa el caso de Haití, que luego del golpe de estado propiciado por potencias extranjeras, se ha visto invadido por ayuda humanitaria internacional a cargo de unidades militares de los países pertenecientes a Naciones Unidas, como es el caso de Chile, quien ha ejercido un rol protagónico para el control y vigilancia de la seguridad de dicha nación. La pregunta pendiente que queda es ¿se combate efectivamente el hambre y sus causas?, ¿se termina con la miseria?, ¿se le permite a dicho pueblo determinar soberanamente su destino? Otro ejemplo de intervención militar solapada lo representa el combate al narcotráfico, que en el caso de Colombia se ocultan los intereses por debilitar a la guerrilla más antigua de la región, con el falso objetivo de lucha contra el narcotráfico.

Retomando el caso de Afganistán, la intervención militar que se lleva a cabo posee características de ocupación militar, pero localizada. Esto quiere decir que no se tiene control de gran porcentaje del país, su ocupación se reduce a las grandes ciudades, lo cual tiene relación con la cantidad de fuerzas y medios desplegados en dicha zona. No debemos dejar pasar que ese es el lugar geográfico en donde se despliegan las bases de dirección, apoyo y aseguramientos para los Talibanes y la red Al Quaeda, quienes deben en gran parte su bagaje militar al entrenamiento, asesoría y financiamiento dado por los propios Estados Unidos y sus aliados. Por otra parte, Afganistán es el lugar de paso obligado tanto para el tráfico de drogas y de armas así como para el negocio del petróleo y del gas de las ex repúblicas soviéticas. Transformando sus fronteras en una fuente importante de beneficios económicos, que en el actual mapa geopolítico mundial reviste un carácter estratégico.

En el actual escenario mundial y desde la perspectiva doctrinaria de Estados Unidos, Irak se ha transformado en el icono de la Guerra preventiva. Las causas esgrimidas ante el mundo y las Naciones Unidas (de Norteamérica), en torno de la existencia de armas de destrucción masiva, hecho ya cuestionado a nivel mundial antes del inicio del conflicto bélico, y a lo largo del cual ha quedado claramente su inexistencia. Esta situación, me hace recordar los sucesos del Golfo de Tonkin en Vietnam, como causa y argumento bajo y ruin, para justificar la intervención abierta y la Guerra declarada formalmente al pueblo soberano.

La Guerra de ocupación en marcha en Irak, obedece a la preocupación creciente de las potencias económicas mundiales por el control y manejo del petróleo fuente de energía necesaria para asegurar el funcionamiento del sistema económico. Por tanto, los objetivos militares trazados en esta Guerra no sólo pretenden asegurar el control físico del petróleo, sino también contribuir a generar condiciones de intervención política que faciliten a las potenciales mundiales tanto el aseguramiento de la producción y abastecimiento continuo de dicha fuente de energía, así como el reporte de los beneficios de la comercialización del mismo petróleo.

Ahora bien, el logro de tales objetivos ha traído consecuencias insospechadas para los países ocupantes, no sólo la pérdida de vidas humanas y el excesivo gasto militar en que han debido incurrir, sino que además graves problemas políticos internos, no sólo por la cuestionada decisión de intervención militar, sino también, por la fuerte presión social y sicológica que causan los secuestros y muertes de sus compatriotas en tierras lejanas, todo esto sumado al miedo constante y real de que el conflicto se desarrolle en sus propios países, el caso del atentado en España lo grafica claramente.

A pesar de las dificultades que el conflicto armado ha ocasionado en Estados Unidos, resulta imposible pensar en un retroceso de política hegemónica. Pues más allá de los resultados electorales, gane Bush o Kerry, la intervención militar de Irak podrá varia en algún aspecto su forma, pero no en lo sustancial. Tal vez se creara una fuerza internacional, o una fuerza árabe de ocupación a cargo de Irak, pero ni Estados Unidos ni las potencias aliadas abandonarán esa zona de influencia en manos de grupos de poder locales o países limítrofes, en donde ellos no tengan la seguridad cierta de invertir y mantenerlas en el tiempo. Esa seguridad que sólo la brindan sus propias fuerzas militares. Y tal como lo dice Engels, “el triunfo de la violencia se basa en la producción de armas, y ésta, a su vez, en la producción en general y, por tanto, en el poder económico, en la situación económica, en los medios materiales que están a disposición de la violencia”, en síntesis el poder económico, da indudablemente el poder militar.

Ciertamente los puntos débiles para Estados Unidos en su Guerra de ocupación en Irak hoy son: el fuerte rechazo y cuestionamiento en el mundo y en parte importante de su población a la Guerra y la ocupación; el rechazo por parte de las dos etnias muy mayoritarias en población (Sunitas y Chiítas) a la ocupación y al plan de transición y gobernabilidad establecido por los EE.UU; el aumento del accionar de la resistencia y la población en contra del invasor, lo que ha llevado a una Guerra de guerrillas que posee la particularidad de ocurrir y desarrollarse en zonas urbanas, denominándose como combate urbano, que para los militares norteamericanos pasó de ser una amenaza emergente para transformarse en el combate en el infierno. Tal acontecimiento ha roto la promesa de Bush de una Guerra corta de seis semanas, y por el contrario se ha prolongado en el tiempo, multiplicado los heridos y muertos, y por sobre todo no ha logrado la democratización y pacificación del pueblo de Irak.

En la búsqueda la libertad y sostenimiento de la seguridad mundial resulta paradojal que al igual que la población de Afganistán e Irak el resto de la población mundial también se haya visto alterada y deba ser sometida al uso sistemático e intencionado del miedo por parte de las autoridades políticas de sus países con el objeto de sostener su política hegemónica e imperial. De esta forma, y en aras del discurso libertario, se cuestiona y restringen más las supuestas libertades en el modelo dominante. El control sistemático de la población se hace vital para profundizar y preservar lo obtenido por el mercado y sus políticas neoliberales. La materialización y consolidación en el tiempo de dichos resultados económicos, requieren del esfuerzo coordinado de agencias de inteligencia nacionales en todos los países, cuya principal responsabilidad consiste en supervisar y asegurar la consolidación democrática en los marcos del estado de derecho dictado por la potencia hegemónica. Si bien han existido siempre organismos de inteligencia que se coordinan internacionalmente, hoy la finalidad principal de su quehacer se encuentra reorientada y rediseñada en función de potenciar el estado policial y la vigilancia sostenida sobre la población, teniendo como principal foco de interés las organizaciones de trabajadores, estudiantes, partidos y movimientos sociales y políticos opositores al modelo económico.

Dado el actual escenario mundial descrito a lo largo de estas páginas, las diversas dimensiones del quehacer humano se han visto profundamente influenciadas y transformadas producto de proceso la globalización en curso, y por tanto han alcanzado ribetes insospechados cuya comprensión requiere de una mirada más sagaz y menos ingenua de las causas originarias de dichas transformaciones.

Se trata de repensar y analizar que tales procesos poseen un factor común, que tiene su origen y finalidad en causas de carácter económico, que no es susceptible de explicar a cabalidad desde una mirada sociológica o política, sino que requiere para su comprensión y transformación de un análisis que ponga a base de los fenómenos descritos anteriormente al factor económico como determinante para su ocurrencia, desarrollo y finalización. Lo que revitaliza la certeza del análisis marxista, que desde una concepción histórico-crítica es capaz de develar los modos en que los hombres producen su propia existencia material, por tanto la historia de los hombres, que no es más historia de la lucha de clases.

Por tanto, la construcción de una propuesta alternativa de sociedad debe partir de los problemas planteados por el marxismo que no son otros que los problemas fundamentales de la sociedad capitalista, y, en tanto estos no hayan sido superados, no se puede decir que el marxismo como categoría de análisis haya sido superado, ya que es una filosofía viva e insuperable de nuestros tiempos. Teniendo entonces claridad con respecto del valor del análisis del marxismo y los aportes posteriores a éste, resulta sin lugar a dudas un horizonte de posibilidades cierta en nuestra lucha y organización en pro de construir propuestas y mayorías, y podamos dar pasos sustanciales en la construcción de un proyecto político viable, que de respuestas y caminos concretos ha seguir, y que supere con creces el actual modelo económico y político imperial, que avanza en todas latitudes, dejando una estela de muertos, heridos, prisioneros y hambre.
 

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