Los límites de la ópera

Por: Constanza Bertolini y Verónica Pagés
Fuente: http://www.habituesdelteatrocolon.wordpress.com (02.08.09)

El mundo de la lírica enfrenta un dilema: respetar el espíritu de los originales o ganar nuevo público con puestas de vanguardia

MADRID ( El País ).- Calixto Bieito convierte en un basural la Opera de Friburgo para representar La vida breve , de Falla. A Ian Judge se le ocurre mostrar un Tannhauser wagneriano orgiástico en el Teatro Real de Madrid. Tilman Knabe salpica de sangre y violaciones masivas un Sansón y Dalila , de Massenet. Consecuencia: el coro de la Opera de Colonia y el reparto, con la mezzosoprano Dalia Schaechter a la cabeza, renuncian y se dan de baja en masa por enfermedad. ¿Dónde está el límite? ¿Cuál es la barrera definitiva para montar hoy una ópera? ¿El respeto al espíritu de las partituras y los libretos o el exhibicionismo? El mundo de la lírica quiere perdurar por los siglos de los siglos. Si hace 30 años vivía una preocupante decadencia y se había convertido en un coto cerrado y maniático a expensas de los caprichos de los divos, la irrupción de directores de escena atrevidos ha acercado el interés por la ópera entre públicos cada vez más amplios.

El precio ha sido una permanente lucha con las esencias, una batalla por derribar muros, una tensión a veces insoportable entre cantantes, directores musicales y hombres de teatro. Pero el resultado ha hecho sobrevivir al género dotándolo de más espectacularidad, de mayor polémica y provocación. Ahora, ante esta nueva explosión de la ópera, gracias entre otras cosas a la renovación escénica, ¿conviene llegar con la tijera? Todo es relativo. Pero sería deseable huir de inquisiciones y alejarse del vicio de prohibir.

Los responsables de los teatros tienen mucho que decir en esto. Generalmente, los escándalos tienen en el punto de mira al director de escena en concreto, pero para llegar a un montaje debe existir una autorización previa. Y lo que es más importante: una elección. Así que los directores de las salas no son nada inocentes a la hora de alentar propuestas.
Las elecciones de Gérard Mortier en los años noventa en Salzburgo dieron un vuelco definitivo a la dirección de este arte y aumentó el público, como ha hecho en la Opera de París. Para cuando llegue al teatro Real en 2010, la polémica espera a la vuelta de la esquina. El director artístico de esa sala madrileña, Antonio Moral, explica algunos de los modos de operar desde un despacho: “Uno elige a los directores que concuerdan con su línea; si no, lo lógico es no llamarlos”.
Su par del Liceo de Barcelona, Joan Matabosch, se muestra contundente. “No hay duda de que existen algunos directores de escena habituados a suplir su falta de talento con ocurrencias. Estas pueden no tener nada que ver con las obras, pero aseguran esos escándalos tan mediáticos que encantan a los diarios y a tantos teatros.”

Muchos intérpretes se quejan del desconocimiento de los límites. Los cantantes de las generaciones jóvenes están más abiertos. Para ellos, no ha supuesto un cambio drástico, una ruptura. Han convivido con las propuestas arriesgadas y las recreaciones con naturalidad. “Siempre hay límites; la clave es conseguir que en escena yo pueda sentirme libre para que el público no sea consciente de ellos”, dice la soprano sueca Nina Stemme.

La era audiovisual también ha cambiado radicalmente el concepto de la ópera. Los divos de hoy están permanentemente expuestos. Pueden aliarse con los directores de escena si estos últimos saben potenciar sus virtudes físicas. Muchos se entregan a ello, como Karita Mattila, a quien el director Robert Carsen convenció para que cantara Katia Kabanova rodeada de agua y sobre cajas de madera. “Estuve a punto de tirar la toalla porque la mayor parte de mi actuación la pasaba empapada y podía perder el equilibrio. El agua no estaba fría, pero cuando llevas horas mojada, lo único que deseas es salir corriendo”, aseguró la finlandesa. A esta cantante, disciplinada con las propuestas que le gustan, no le importa aparecer desnuda en escena. Pero, para ello, se prepara. Estuvo dos meses acudiendo a diario al gimnasio y recibiendo clases de baile para hacer una Salomé en el Metropolitan.

Las armas de la seducción son importantes para los régisseurs. Monique Wagemakers, responsable del Rigoletto para De Nederlandse Opera, explica: “El director de escena tiene que gozar de la confianza absoluta de los intérpretes para que las cosas vayan bien, porque por muy extremo que sea lo que tú quieres hacer, si no hay complicidad no lo logras. No debes poner a todos desnudos sin razones ni argumentos sólidos”.

Es una negociación continua. Los cantantes también conviene que se dejen sus prejuicios y sus reservas en casa. José Manuel Zapata, tenor español, está abierto a todo. Hasta tal punto que ha llegado a disfrazarse de abejorro para un montaje de El barbero de Sevilla en Leipzig. “Imaginé que se destacarían los terciopelos y las camisas con chorreras. Mi sorpresa fue cuando veo el boceto de mi traje y me encuentro con un abejorro gigante. Me veía como el novio de la abeja Maya. Pero el ambiente en el equipo fue estupendo, la propuesta gustó al público y llenamos 25 funciones. De lo que se trata es de no herir sensibilidades.”

Después de que las discográficas hayan empezado a apostar a fondo por el negocio de los DVD y algunos teatros hayan visto rentables las retransmisiones en cines, el riesgo es claro. Puede imponerse frente a la calidad musical, el aspecto físico. La ópera, más que en un deleite musical, podría caer en el falso glamour de las pasarelas. La tentación de ampliar públicos a cualquier precio tiene sus consecuencias. Pero también es cierto que al actual aficionado a la ópera conviene quitarle muchos vicios.

Un premio que levanta pasiones

El jueves último, el director de escena español más internacional, Calixto Bieito, recibió el Premio de Cultura Europeo 2009 que concede la fundación suiza Pro Europa. Sus trabajos operísticos suelen ser polémicos y levantan pasiones con el mismo entusiasmo con que son denostadas. En estos días, el nombre del artista oriundo de Burgos estuvo resonando, además, por el reesteno de su nada convencional Carmen en Madrid. Respecto de los límites que existen a la hora de montar una obra lírica, Bieito opina: “Para mí, los límites son los principios éticos y el respeto hacia las personas que trabajan conmigo. Soy el responsable de que quien está encima del escenario no haga el ridículo”. Entre sus puestas más escandalosas está la de Woyzzek (a la izquierda), estrenada en 2005 en Barcelona y repuesta posteriormente en diferentes ciudades de Europa.

La lírica local también se suma al debate

Si bien en la escena lírica local se han podido encontrar algunas puestas que lograron levantar revuelo entre los plateístas más conservadores, los régisseurs consultados por LA NACION consideran que siempre está la partitura, por delante, marcando “casi” todos los límites. “El desafío artístico que encara el director de escena es el de expresar (con la subjetividad propia de todo artista) una puesta que refleje el espíritu de la obra de manera de que hoy nos resulte igualmente emocionante y sorprendente que al momento de su estreno. En términos prácticos, en producciones donde hay diferencias se respeta la autoridad de los directores, pero la realidad es que la ópera es un mundo «animal» donde el «olfato» permite a los artistas reconocerse y respetarse”, explica el director del Centro de Experimentación del Teatro Colón, Willy Landin.

La soprano Soledad de la Rosa puede considerarse afortunada ya que nunca sintió que un “regista” le haya impuesto algo: “Pienso que la gente tiene ganas de ver algo distinto a la vida cotidiana, quiere entrar en un mundo de ensueños, por eso quizás rechaza una puesta en la que el escenario esté repleto de linyeras o de piqueteros. Pero nosotros no decidimos nada, nos ponemos las ropas que nos dan y nos movemos de acuerdo a lo ensayado, y obvio, cantamos a tiempo. Igualmente todos se habla, es difícil que alguien te imponga algo que no querés hacer.”

Para el coreógrafo y régisseur Alejandro Cervera, el límite de meterse con una ópera está dada por la partitura y por el hecho de que se tiene que poder escuchar al cantante. “La disposición a nuevas interpretaciones depende de la apertura de criterios de cada cantante y del sentido y la coherencia de las ideas propuestas por el régisseur. Por otro lado no es sencillo proponer cosas nuevas a cantantes que han hecho un personaje muchas veces y siempre de la misma manera.”

Ana D´Anna, directora de escena y alma mater de Juventus Lyrica deja hablar al compositor por ella: “El teatro es la vida puesta en bandeja de plata, y de la profunda comunicación entre el régisseur y el cantante surge la vida del personaje según los lineamientos del autor y del compositor, y la impronta del director musical. ¿Quién podría corregir a Shakespeare, a Victor Hugo o a Verdi? Pero sí, dar vida. De eso se trata, que esté vivo. Cada ser humano es irrepetible, y por eso, en la profundidad del trabajo, siempre aparecerá la originalidad, sin necesidad de convocarla o forzarla.”

La cantante Paula Almerares sólo necesita que le expliquen el por qué: “Respeto las diferentes concepciones que se le pueda dar a una ópera, siempre que el regista me dé una explicación y los estímulos necesarios para poder realizarla. Nunca me pasó de sentirme incómoda en una producción porque siempre ha habido diálogo o ideas en equipo”.

Para el teatrista y régisseur Daniel Suárez Marzal sería muy fácil -e injusto- reducir todo a términos de “fidedignos” versus “creadores”: “Si se han tomado libertades extremas en la ópera es porque el arte lírico ofrece a manos llenas dosis de tal libertad. Dejar algo en el tintero por temor a la transgresión más que un acto de humildad es un acto de arrogancia: es creer que existe una sola verdad y que para colmo es algo que nos ha sido revelado en secreto a nosotros, por ser artistas y que nuestra obligación es ser sus rigurosos custodios. No hay ningún temor a la vista, sólo hay cosas feas y bellas tanto en el campo de los “fidedignos” como en el de los “creadores”.

Opiniones

Marcelo Delgado
Compositor y director musical
“En términos específicamente de creación, no hay límites para el montaje de una ópera; más allá de esto, se entra en el terreno de la producción y ahí cada uno de los factores puede ser determinante: la partitura puede pedir un determinado dispositivo musical que exija condiciones espaciales; el director de escena puede necesitar espacios no convencionales o un uso no convencional de los habituales teatros de ópera y allí entra a tallar la negociación con los encargados de la producción, que generalmente tratan de abaratar todo el proceso. En nuestro país, en vista de las condiciones más o menos habituales de producción (que son escasas y limitadas) hay un recorte previo indicado por el ámbito espacial propuesto de antemano, ya que no son tantos los lugares donde montar un espectáculo de gran formato; esta situación genera un marco difícil de eludir por parte de los compositores y los puestistas, que a veces redunda en puestas imaginativas que aprovechan al máximo la carencia. ¿Cuán conservador es, en nuestro país el público de la ópera? Seré breve: es muy conservador, tanto el de ópera como el de concierto.”

Andrés Tolcachir
Director de orquesta
“En la elección del director musical, ré gisseur, equipo técnico y cantantes tiene que haber una lógica. Determinados intérpretes no están abiertos a nuevas lecturas de las obras que ya han hecho. Es posible confundir el «siempre lo hicimos así» con «esto es así». Parte de la tarea de un director musical o de escena es convencer de que esta nueva lectura también es posible y tan válida como otras. Otros intérpretes se entusiasman mucho con nuevas maneras de encarar las obras. Por otro lado, no olvidemos que el director está en función de sus músicos y cantantes, y no al revés. La idea es ayudarlos a resolver la concreción de una idea, que tiene que ser profunda. Los caprichos de ninguna parte pueden ser positivos para lograr una buena colaboración. Como en toda actividad íntegramente humana, cada situación es diferente y los límites son muy dinámicos.”

Frank Marmorek
Presidente, director general y artístico de Buenos Aires Lírica
“Vivimos tiempos no solamente audiovisuales, sino multimediáticos. Tiempos ideales para la prosperidad de la ópera, primer entretenimiento multimediático de la historia [pues fue inventada a fines del siglo XVI], y antecesora del cine. La influencia de los medios de comunicación masiva ha exigido profundizar los aspectos escénicos que en otros momentos tuvieron una importancia sólo secundaria: hoy, la escenografía, la iluminación y el vestuario son tan importantes como la música y el canto. De la interpretación y de la actuación se espera tanto como en la televisión y en el cine. Y el sobretitulado en el idioma del público, quizás el mayor descubrimiento para la supervivencia de la ópera, es una contribución del cine. No está mal para una actividad que hace poco más de un siglo no sabía de escenógrafos ni de directores escénicos, y cuyas prime donne hasta hace muy pocos años todavía viajaban con su vestuario personal.”

Marcelo Lombardero
Director artístico del Teatro Argentino, régisseur y cantante
“La necesidad de contar con nuevos públicos ha llevado a buscar nuevas alternativas; como todo, no siempre se acierta, pero así es el arte. Criticaron a Visconti en la Scala con La Traviata con Callas. En 1976 anatematizaron a Chéreau con su Tetralogía en Bayreuth y así se podría seguir con la lista. Y la verdad es que cada año la ópera se hace mejor. Creo que éste es un buen momento, en el sentido de que se está volviendo a tomar la ópera como un espectáculo de conjunto y no una simple suma de supuestos divos, ya sea directores de escena, cantantes o directores de orquesta.”

Reinaldo Censabella
Director musical del Teatro Colón
“El límite a la hora de montar una ópera lo impone el responsable artístico de la sala, porque es él quien convoca al director de escena y cuando piensa en un director de escena está pensando en una puesta con determinadas características. Hasta hace 30 años, el público en general iba a escuchar ópera; hoy va a ver un espectáculo con todo lo que ello implica. Creo que los artistas líricos están más abiertos a propuestas no convencionales y que nuestro público no es tampoco demasiado conservador. En definitiva, lo verdaderamente importante es que las puestas sean interesantes.”

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