La violencia del sistema provoca nuestra violencia

Fuente: Hommodolar.cl
Fuente: www.nodo50.org/anarcol (02.07.07)

Desde tiempos inmemoriales la parte dominante de una sociedad tal, a impuesto su poder y sus normas a base del miedo. Ya sea este, de forma sutil, por medio de leyes elegidas y creadas de forma democrática o por medio de acciones concretamente violentas como el uso de la represión y efectos constitucionales hechos exclusivamente para la represión de organismos sociales discordantes con la política castrista. No solo frente a los anarkistas, sino frente al pueblo en general, cada vez que han habido situaciones de conflicto entre las políticas gobernantes y las políticas obreras se recurre al miedo por parte de los patrones o las fuerzas de seguridad para amedrentar la iniciativa de pelear los derechos que como trabajadores ( o sencillamente por derecho propio ) les corresponde a tales y tales personas. Es así como empiezan las amenazas de despido, la creación ( y restauración hace un tiempo ) de la ley de detención por sospecha, las leyes sindicales ( que impide la organización de sindicatos de más de cierto numero de trabajadores y la creación de mas de un sindicato en torno a una sección de la empresa) y laborales, los mecanismos de seguridad inmersos en las empresas y en las vías publicas, el amedrentamiento hacia los participantes de las huelgas ( tanto físicos como psicológicos), etc. todo en torno a una simple respuesta: “ la mejor forma de mantener a la gente tranquila es por medio de amenazas; si se mantiene un constante estado de inseguridad se consigue a la vez la no confabulación por parte de los trabajadores por miedo a perder sus empleos”, esto es algo que bien saben la mayoría de las personas que tienen gente a su cargo o que resguardan cierto poder frente a cierta parte de la población. Lo saben, lo hacen y para resguardar sus bienes pues lo seguirán haciendo.

Como se puede apreciar la violencia a sido parte y cuerpo en la forma de ejercer el poder sobre una población dada. Es parte importante de la perdurabilidad de este poder, el ejercer el miedo para desanimar cualquier intento de reivindicación de derechos y/o insurrección tanto intelectual como física.

Esto no ocurre solo en las fábricas o empresas. Es algo así como una ley implícita en todo orden jerárquico y escala de poder. Desde los patronos y sus trabajadores hasta los ciudadanos y sus gobiernos, desde el estado frente a los pueblos indígenas, hasta los colegios y universidades frente a sus alumnos. Se a echo, por decirlo menos, una costumbre dar a conocer las formas de represión primero, ante cualquier indicio de descontento a modo de advertencia, en vez de buscar otros caminos mas igualitarios para solucionar los problemas, pues por medio del miedo, no pocas veces, los descontentos son apaciguados y calmados antes de que lleguen a ser reacciones de proporciones.

Este tipo de violencia (pasiva o activa, escrita o física) a supuesto el orden normal de las cosas dentro de los cánones de normalidad también impuestos por los medios de represión y las leyes constitucionales que, obviamente, fueron creadas por los mismos que dicen ser los defensores del pueblo y el país (defensores del pueblo, que por cierto, los defienden de ellos mismos… y de la única manera que el poder conoce para defenderse… el ataque). Es así como se puede decir que la violencia es algo cotidiano en las vidas de todo ser dominado, puesto que a estado a lo largo de su educación, en su trabajo y hasta en sus ratos libres y su libertad de expresión y reunión, una libertad por cierto en constante vigilancia y cortada sutilmente si es necesario para resguardar la seguridad y tranquilidad del diario vivir.

Esto, ni por mucho, es una forma de dominación de los nuevos tiempos. Si bien hoy en día existen nuevas y más eficaces formas de represión de las que existían en antaño, se podría decir que en el pasado los métodos y maneras de llevar a cabo la represión eran por decirlo menos, radicales.

A lo largo de la historia anarkista, al menos aquí en chile, hubieron un sin numero de situaciones tristemente celebres en las que muchos compañeros perdieron su vida en huelgas, boicots, sabotajes o en la mera jornada laboral al tratar de hacer valer los derechos que, como trabajadores y obreros, creían merecer. Es así como a modo de ejemplo se puede dar la “huelga del mono” en Valparaíso en 1913, en contra de la obligación a los trabajadores ferroviarios de fotografiarse, ya que con esto se perseguía reprimir a los activistas, en 1917 se declara huelga general de los portuarios, en 1919 comienzan una serie de movimientos huelguísticos por las ocho horas de trabajo, el mismo año en Puerto Natales durante la huelga de los trabajadores del frigorífico Bories, se abre fuego a los huelguistas ocasionando muertes (“la comuna de Puerto Natales”), en 1920 los IWW (Trabajadores Industriales del Mundo- Industrial Workers of the World ) llaman a una Huelga General en la Capital por la jornada de ocho horas y en contra de la carestía de la vida, en 1921 mueren 130 trabajadores de la oficina salitrera “San Gregorio” víctimas de la represión a la huelga, en 1925 se produce la matanza de obreros huelguistas en La Coruña, al sur de Iquique. En fin, en un lapso corto de tiempo se podrían dar mil u un ejemplos de uso de la violencia por parte del estado y el capital pro defensa de sus bienes y convicciones, asi mismo esta la tristemente celebre masacre de la escuela de Santa Maria en la cual mueren a manos de las fuerzas de represión mas de 3600 obreros.

Entonces ¿como tratar en si el tema de la violencia, su legitimación frente a la auto defensa y los resultados de esta en torno a varios temas?. La verdad que la violencia es un derecho que se a auto imputado todo organismo gubernamental. Ya sea desde la violencia psicológica o física hasta la laboral y estudiantil.

Como anarkistas pensamos que hay que probar todos los caminos necesarios antes de sentirse derrotado en algún tema. Al ir probando todos los caminos posibles, se puede de esta forma ver cual es el mas indicado para tal o cual objetivo y de esta forma saber cual a de ser la mejor estrategia. En ningún caso y bajo ninguna circunstancia se descarta el uso de la violencia, a modo de auto defensa contra la misma violencia gubernamental, en un momento dado contra cualquier tipo de poder que atente contra nuestros caminos y trabajos, pero no delegamos en este tipo de armas la única forma de autodefensa y construcción, dejando, tal como se dijo, la opción abierta a cualquier tipo de camino (consecuente) para conseguir tal objetivo.

El estado siempre a pensado que la mejor forma de combatir los problemas de la sociedad es el uso de la represión contra dichos temas, cuando muchas veces es la misma represión y el mismo estado es el/la causante de dichos temas, además de que el estado sabe que tiene que justificar su existencia y el de las fuerzas de represión. La delincuencia solo podrá eliminarse con educación y, a la par, con la construcción de una sociedad capaz de asimilar y homogeneizar al delincuente y al ciudadano común en torno a ella, previa educación en torno al tema dirigida y enfocada a las dos partes. Esta sociedad solo se puede lograr por medio del apoyo mutuo y la autogestión, prescindiendo así de una parte dominante y por ende efectivos de seguridad que resguardan dicha parte dominante. El mejor camino hacia este tipo de sociedad es la anarkia política, pero aun desconocemos los mejores instrumentos para llegar a ella. Sabemos que la violencia no la empezamos nosotros, y que de tratar de luchar con las mismas armas sería ridículo pues en ningún caso seria una lucha de igual a igual, es por esto que abogamos a las distintas formas de hacer conciencia y a las distintas formas de lucha… desde la violencia física hasta la escrita, ya que el poder, en todas sus formas, se a acostumbrado a mantenernos a raya por medio de estas tácticas y estrategias semi políticas. La única forma de quebrantar este tipo de costumbres es cambiando el patrón de actividades y la forma de demostrar nuestro descontento, logrando así descolocar a las fuerzas de represión y sus lideres y logrando de esta forma cierto posicionamiento en torno a los distintos temas que hoy en dia y en el futuro serán coyunturas tasitas para el grueso de la población dominada.

Podemos citar a Günther Anders, conocido comúnmente como “el filósofo de la barbarie” cuando hace reseña de su vida en torno a la constante denuncia de los problemas sociales, ecológicos y las constantes “pasadas a llevar” que comete el poder cuando desea conseguir algo: “¿Violencia, sí o no? (Una discusión necesaria) se titula un pequeño compendio del filosofo alemán Günther Anders que ha convocado a una polémica filosofico-cultural inesperada en una intelectualidad centro-europea resignada que recuerda el 68 como algo que no podrá volver, que no quiere mirar hacia atrás a la violencia desesperada de los años 70 de la Baader-Meinhof, que se ha cansado de hacer toda clase de acciones pacifistas contra el Estado Atómico y contra la sociedad antiecológica del consumo y el despilfarro. ¿Y por qué esa polémica ahora? Porque Günther Anders, el pensador pacifista por excelencia, el moralista, ha escrito a los 85 años, con sus dedos que apenas puede mover por la artritis: “La única salida es la violencia”.

En los años sesenta y setenta Günther Anders junto con Heinrich Böll, el obispo Scharf, el teólogo Gollwitzer, el filósofo Ernst Bloch y otros encabezaron el gran movimiento pacifista alemán contra el estacionamiento de los cohetes atómicos norteamericanos en territorio germano. Ellos estuvieron también en las grandes acciones pacíficas contra las centrales atómicas. Veinte años de labor no sólo teórica sino acompañando esa teoría con la acción pacífica. En 1983 Günther Anders recibió el premio Theodor Adorno, el más alto galardón de la filosofía alemana. Fue en Francfort, en la iglesia de San Pablo, símbolo de la Revolución de 1848. Le tocó en suerte al burgomaestre de esa ciudad, un demócrata cristiano, Walter Wallmann, precisamente enemigo a muerte de las ideas del filósofo, entregarle ese premio. El político dijo: “Honramos aquí al filosofo Günther Anders porque él nos contradice, nos advierte constantemente, nos sacude”. Anders le respondió: “Soy sólo un conservador ontológico, en principio, que trata de que el mundo se conserve para poder modificarlo”.

Hoy, a los 85 años escribe un nuevo libro, sobre el tema de siempre: el monopolio del poder (violencia), la no-violencia (no-poder) y las formas de combatir la violencia (poder).Su libro lleva el título exacto, igual que su estilo despojado de todo ritual o adorno: Estado de sitio o legítima defensa. En ese título está todo el gran debate: poder del Estado contra el derecho natural del individuo a defenderse. Violencia del Estado contra violencia individual. “Estado de emergencia en defensa de las instituciones” y frente a eso: “derecho del individuo a revelarse”. Democracia de mayorías y democracia de base.

Ante una pregunta, Anders solicita ser sólo “un filósofo de la barbarie”. La barbarie del mundo actual: Auschwitz, Hiroshima, Chernobyl. Su frase: Hiroshima está en todos lados”, de los años cincuenta se ha convertido en “Chernobyl está en todos lados”. ¿Cómo impedir la muerte del planeta? Para él -que ensayó todas las armas de la resistencia no violenta- queda una sola arma: la violencia. Anders reniega de su maestro Ernst Bloch y de su Principito Esperanza. No queda tiempo para la esperanza. Esperanza es un pretexto para la no acción, es una forma de cobardía.

Es incomprensible -para él- la incomprensión de los políticos. “La incomprensión misma de los hombres inteligentes y esclarecidos. El mundo no está amenazado por seres que quieren matar sino por aquellos que a pesar de conocer los riesgos sólo piensan técnica, económica y comercialmente. Ante eso, todas las legislaciones del mundo -hasta el derecho canónico- no sólo permiten el empleo de la violencia en defensa propia sino que hasta lo recomiendan. Hemos visto que con entregar rosas y nomeolvides a las policías -que no podían recibirlas porque tenían el garrote en la mano- ni con listas de firmas ni solicitadas, ni con interminables marchas, ni con canciones, ni con teatros, no alcanzamos nada. No sólo es anodino sino hasta estúpido, por ejemplo, hacer huelgas de hambre para lograr la paz atómica. Con las huelgas de hambre se logra precisamente sólo eso: tener hambre. A Reagan y a su “lobby” atómico no le interesa si nosotros comemos un sándwich de jamón más o menos. No son acciones serias, sólo son “happenings”. No son acciones, son apariencias. Una cosa es aparentar y otra es ser. Los que hicimos esas acciones creímos haber traspasado la frontera de la mera teoría, pero éramos sólo actores, en el sentido teatral. Hacíamos teatro por miedo a actuar verdaderamente. Teatro y no-violencia son parientes muy cercanos”.” (Osvaldo Bayer, Berlín, agosto 1987. Transcrito por Tota para La Haine del libro “Rebeldía y Esperanza”.).

Con este texto no se desea de ninguna forma delegar en la violencia la única salida a los problemas y situaciones de conflicto entre las políticas dominantes y las dominadas. Solo se trata de dar a entender que el estado a echo las leyes y las directrices de esta sociedad para que cuando se trate de cambiar algo por estos medios, este ( el poder ) tenga siempre la ultima palabra, y si bien, después de mucho tiempo de burocracia se pueda lograr cierto tipo de frutos, pues para cuando esto ocurre, el problema ya es menor en comparación a una serie de problemas que, mientras se mantenían los ojos en el primero, nacieron de la nada para atacarnos desde otros flancos. Es y será siempre un circulo vicioso el tratar de solucionar los problemas que el poder produce, por medio de los caminos y soluciones que el poder nos proporciona. Es por esto ultimo que urge la necesidad de crear nuevas estrategias de lucha para afrontar de forma consistente y decidida los embates que el poder nos propiciará cada vez que vea un indicio de descontento… cada vez que un sector social empalme sus banderas en las calles y sus consignas anticastrenses, el poder esgrimirá sus armas, y si este sector social demuestra su descontento por medio de los canales y vías que el mismo poder les proporciona, entonces estas banderas y consignas están de por si condenadas al largo e inútil camino burocrático de solución de problemas y por ende, condenada de por si, al rotundo fracaso de sus objetivos.

La violencia del sistema provoca nuestra violencia, hay que hacerles ver que los problemas de nosotros son también sus problemas, pues cada vez que el estado y el poder trate de pasar por nuestras cabezas, ahí estaremos esperando con los brazos extendidos la oportunidad de tomarle por los pies y hacer que este caiga de bruces al cemento. Existen miles de formas de responder frente a los constantes ataques del poder. Pero no se saca absolutamente nada con saberlas si no se hace nada al respecto. La única manera de enfrentar estos problemas es por medio de la acción, y la única manera de actuar es dejándose de seguir los caminos que el poder nos entrega para luchar.
 

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