La Violencia de Género (Extracto)

Por Pilar Roca
Fuente: Revista “Alternativa Latinoamericana”, N ° 72, Enero del 2006

Ciudad de Alberta, Canadá

Para muchas mujeres es común sentir la  agresión, el maltrato, la violencia doméstica, como un desgraciado capítulo de lo cotidiano. Este trato baja la autoestima. La gran mayoría de las mujeres cree que terminará pero la agresión vuelve disfrazada de borrachera o de celos, y el círculo de las humillaciones continúa. El temor a la soledad, a enfrentar la vida y las responsabilidades, sobre todo si hay hijos, con los escasos medios que la sociedad provee para afrontar la exclusión y la pobreza las limita. Los “especialistas” ¡Cuándo no!, ensayan explicaciones sociales, costumbres arraigadas, hasta razones psiquiátricas, e intentan imposibles consuelos alegando que los violentos provienen por lo general de hogares igualmente destruidos; y que son víctimas de una patología social.

VIOLENCIA DOMÉSTICA

Es la que tiene por escenario el hogar y el estrecho círculo de la familia. Presenta diversas modalidades que llamo violencia correctiva (1), la agresión y el maltrato sacralizado por la costumbre. Siempre y cuando los golpes y las amenazas “no se pasen de la raya”, los abusos pertenecen al orden establecido o al ciclo “natural” de la vida que ha dividido los géneros y las especies entre “fuertes” —generalmente machos—, y “débiles” —generalmente hembras.

La letra con sangre entra —reza el refrán— y los castigos corporales se convierten en herramientas duras pero necesarias para modelar el carácter de los hijos y hacer que éstos, de adultos, tengan “temor de Dios” y sean ciudadanos respetables. La violencia en el hogar es aceptada con escasas reticencias, se considera “normal” que los padres utilicen un jalón de orejas o castigo corporal “administrado con prudencia”, para educar a los hijos. Ya no sorprende que, en esta espiral de violencia alimentada por la sociedad,el uso de la violencia alcance niveles abominables que llegan incluso a la mutilación de las víctimas, al abandono físico y moral, al estupro y la pedofília en sus extremos más aberrantes.

La violencia sádica o volcánica (2) donde el padre acostumbra insultar, menospreciar y agredir, física y psicológicamente a su familia sin aparente razón y las víctimas pasan del estupor a la resignación. El padre descarga sus frustraciones en la familia como si esta fuera culpable del desorden emocional, económico y aún psíquico del progenitor. Es “sádica” porque singulariza el comportamiento desordenado y morboso de quien precisa de un “objeto” a la mano para descargar sus frustraciones. Y es “volcánica” por su forma de expresión: instantánea e incontrolable. Nada ni nadie pueden interponerse en su deseo de calmar sus demonios interiores con el sacrificio de sus víctimas propiciatorias.

La violencia viciosa (3) deriva del uso indiscriminado de alcohol y psicotrópicos. En algunos casos —en las zonas arrasadas por la violencia de la guerra sucia—, el alcoholismo es de incidencia casi generalizada particularmente en quienes lograron sobrevivir al horror. Por lo general, es la antesala inmediata de la violencia doméstica que se transforma en costumbre. Es común escuchar en los juzgados de paz las imploraciones de las mujeres que tratan de persuadir al juez para que haga prevalecer su autoridad y ordene al marido que “no se emborrache”.

La violencia sexual (4) es la agresión ejercida por una persona o grupos de personas, sobre individuos a los que someten a diversasmodalidades de práctica sexual, sin consentimiento de sus víctimas. Este hecho criminal se agrava cuando los agresores son padres, hermanos, padrastros, y aún parientes jóvenes con grado variado de consanguinidad.
Generalmente las víctimas escogidas son niñas y varones pequeños. En general este tipo de violencia queda impune, debido al estado de total indefensión de los agraviados, su dependencia familiar, psicológica, material o económica que les impiden denunciar los abusos, el estigma social que provoca, el estado de permanente amenaza y el temor a las represalias. Muchas veces la familia se entera de que una de sus hijas ha sido violada por el estado de gestación en que se encuentra, más patético el cuadro por la ilegalidad del aborto y la obligación de la madre de cuidar del hijo concebido de tal manera. Los traumas que genera la agresión sexual son graves. El incremento de su incidencia constituye un verdadero problema social.

Encaja también en este tipo de violencia, la padecida por la mujer que tiene que someterse a las urgencias sexuales del marido, en contra de su voluntad. Se admite por lo general que todo acto sexual, ejercido en el interior de la convivencia, es legítimo y se presume voluntario.
No se considera que la mujer es muchas veces sometida al coito por la fuerza y es víctima también de una violación. En Perú, no existe ley que reconozca este género de violencia punible.

VIOLENCIA ESTRUCTURAL

Es la que existe en la base de la sociedad. El Estado es, por su naturaleza, violento y restrictivo. Se rige por una serie de normas establecidas que reducen, o niegan, los derechos humanos de las personas, y en particular de las mujeres. La violencia del Estado se mide no sólo por los niveles de represión directa que la clase dominante ejerce sobre la base social, sino por la naturaleza misma de las relaciones de producción y mercado. El Estado recurre a la violencia —física, legal, psicológica— para acallar protestas, fomentar la exclusión, disminuir el acceso y aún excluir a la población de la asistencia médica y la seguridad social.

Un género dramático de violencia es la que padecen los infectados por el virus del SIDA y la tuberculosis y otras víctimas de enfermedades y pandemias que, con tratamientos adecuados, pueden disminuir su grado de morbilidad. La prostitución es otro ejemplo de violencia causado y consentido por el sistema.
El neoliberalismo y la sujeción sin freno a los dogmas del mercado hegemónico, han promovido la miseria que agobia a nuestro pueblo y han provocado el estado de violencia generalizada que hoy predomina en la sociedad, particularmente en las grandes urbes.

La violencia estructural es particularmente severa con la mujer, que sufre las exclusiones y minusvalías del trabajo precarizado y desempleo con mayor incidencia que el varón. Los índices de analfabetismo y falta de calificación laboral, son mayores en la mujer, por menores posibilidades de acceso a empleo y educación.

La oferta de trabajo es, para la mujer, más limitada, con el agravante de la desigualdad salarial que el Estado permite, la sociedad tolera, y la costumbre masifica. La condición de procreadora es otra condicionante de su exclusión. Los empleadores prefieren trabajadores de sexo masculino, debido a las leyes que, sólo en la letra, protegen la maternidad con permisos de pre y post parto.

Los empresarios se curan en salud de no tener que pagar salarios por días no trabajados, debido al estado de parto y puerperio.
Añádase a esto las políticas estatales de esterilización que se han puesto en práctica en varios países de la comunidad andina, incluido Perú. La violencia se da en la concepción y la aplicación de estos métodos, sin el consentimiento de las mujeres, conocidos y denunciados por los organismos de derechos humanos. En el otro extremo la influencia de la iglesia oficial y las asociaciones fundamentalistas, condenan a procrear los hijos “Que Dios mande”, excluyéndo a la mujer de toda planificación familiar. En suma, el Estado ejerce una suerte de tutela obligatoria para las mujeres, presumiendo —de manera explícita o tácita—, su incapacidad y minusvalía.

VIOLENCIA MEDIÁTICA

La prensa escrita —y particularmente la televisión—, utiliza y explota la sexualidad de las mujeres convirtiéndolas en objetos de culto que la sociedad de consumo necesita. Los comerciales exaltan los atributos físicos sólo en partes de su anatomía —senos y glúteos, para promover la venta de objetos inverosímiles, desde cerveza hasta ropa para niños. La ecuación de los “genios de la publicidad” es simple: A más traseros y senos, mayor será la posibilidad de éxito de comercialización.

En el mundo del arte esto alcanza niveles patéticos. Estamos acostumbrados a ver a las artistas (con excepciones) enfundadas en minifaldas y más interesadas en mostrar bustos descomunales y traseros prominentes que en utilizar los micrófonos de manera adecuada.
Poco importa que la cantante desafine, si exhibe sus “encantos” en insinuantes requiebros y humillantes contorsiones. Esta forma de violencia es tanto más perjudicial en cuánto modela patrones de conducta. La televisión comercial se rige por el rating y la condición primera de su éxito va aparejada al escándalo y al morbo. Y, los medios de comunicación impresos, exhiben en sus primeras planas cuerpos desnudos y titulares insinuantes con el exclusivo propósito de incrementar las ventas.

VIOLENCIA MARGINAL

El término es ambiguo pero lo utilizo por su connotación social que sitúa su incidencia en los sectores marginales de la sociedad. No se refiere a un hecho cuantitativo sino cualitativo pues, con el deterioro de las condiciones de vida y la escasez de oportunidades de trabajo, su peso social se ha incrementado y es alarmante.

Entre los jóvenes este género de violencia es más acentuado, sobre todo con las pandillas que causan alarma entre los habitantes de los barrios periféricos. Ligados, en la mayoría de los casos, al fenómeno de masas que genera el futbol, devienen en actividades lindantes con la delincuencia juvenil que, en muchos casos, deriva en el crimen y el submundo de la droga.

En este medio, la mujer también lleva la peor parte. Las jóvenes son agredidas por bandas de varones lumpescos que sacian su afán de venganza en las féminas del bando contrario consideradas objeto de retaliación. El Estado, los gobiernos locales, y organismos de seguridad, descuidan la protección de estas mujeres, cuando los desbordes de violencia colectiva se desatan. El Estado ha renunciado a su papel tutelar y no promueve programas que contengan la acción de pandilleros y brinden seguridad a los pobladores, en especial a las mujeres.

VIOLENCIA LABORAL

La violencia laboral de orden físico es ejercida generalmente por el empleador y aún por compañeros de trabajo. En algunos casos por terceros a quienes su centro laboral presta servicios. Por ejemplo, las vendedoras, antes dellegar al mercado, se enfrentan a quiénes les proporcionan la mercadería. En muchos casos la agresión proviene de las fuerzas del orden — policía y serenazgo— que exigen cupos para permitirles su actividad. Este hecho se produce con habitual y alarmante regularidad. En los colegios, algunas maestras sufren la agresión de alumnos y padres, por razones reales o inventadas o bajo el pretexto de la comisión de alguna irregularidad. Este tipo de agresión se da también con los maestros varones, pero la incidencia es mayor con las mujeres. Es común, la agresión a las mujeres en otros tipos de actividad laboral, como el periodismo. En Perú, fuimos testigos del maltrato propinado por un líder iracundo quien descargó sus frustraciones en una joven periodista. En las revueltas, manifestaciones callejeras y situaciones de conflicto, muchas periodistas han sufrido vejaciones y hasta perdido la vida. Las policías femeninas padecen agresiones de carácter machista que, en casos, ha terminado con las custodias en el hospital. Los choferes no soportan que una mujer se atreva a colocarles una papeleta por una evidente trasgresión de tránsito, o por conducir en estado de ebriedad. La violencia psicológica va desde el acoso sexual, al amedrentamiento, insulto y agresión verbal. El acoso sexual se ejerce sobre la mujer por una persona con autoridad y posición de dominio en la relación laboral. La mujer sabe que el jefe puede dejarla sin trabajo si no accede a sus deseos. El acoso sexual se tipifica cuando la mujer se ve obligada a soportar palabras, actos, gestos o tocamientos de otra persona, sin su consentimiento y bajo cualquier género de intento de seducción o amenaza.

La violencia del mercado laboral incluye desigualdad en las remuneraciones, exclusión del mercado laboral por ser mujer y trato discriminatorio en el sector público o privado. Los empresarios peruanos se oponen a la organización de sus trabajadores en sindicatos so pretexto de que éstas atentan contra el normal desempeño de sus actividades. En muchas empresas los empleados tienen dificultades para ingresar y activar en sus sindicatos. Esto incide más en el sector laboral femenino pues los patrones ponen como condición para el contrato que las aspirantes no ingresen a la organización sindical. La tercerización, que excluye a los trabajadores, particularmente mujeres, de los beneficios sociales que garantizan su acceso al sistema de salud y a los derechos de cesantía y jubilación, es otra forma de violencia del mercado laboral.

El ama de casa no percibe sueldo ni remuneración alguna. Para ella no existe jornada laboral ni pensión jubilatoria o seguro social. Iniciativas, como las que han comenzado a ponerse en práctica en la Venezuela bolivariana, dotar de sueldo, acceso al sistema de salud y derecho de cesantía a las amas de casa, causan alarma en sectores conservadores y júbilo entre las mujeres que comprueban que sólo con la transformación profunda de la sociedad podrán eliminarse discriminaciones.

VIOLENCIA POLÍTICA

La política, es la ciencia de las decisiones y la mujer, por estar marginada en su inmensa mayoría de esta actividad, padece, con largueza, este género de violencia. La violencia política es de orden estructural; el sistema está concebido para ubicar a la mujer en funciones específicas.
Ella está para cumplir la sagrada función de la maternidad, atender al varón, cuidar y educar hijos y ser el soporte de la organización familiar.
Su rol principal: satisfacer las exigencias del macho, tanto de orden sexual como laboral.

“Detrás de un gran hombre, siempre hay una gran mujer”, el aberrante machismo de esta expresión demuestra hasta qué punto la exclusión de la mujer la relega a un rol de servicio, a acompañante del marido en la realización plena de sus facultades. A nivel del sistema, la mujer está para los roles domésticos no para tomar decisiones y participar del gobierno. En el actual proceso electoral las mujeres tienen participación obligatoria del 30% y muchas han alcanzado ubicación destacada en las planchas presidenciales.

La violencia política de género: el sistema fomenta el machismo en todas sus formas.
Condiciona el fenómeno la manera histórica como la mujer ha sido tratada y maltratada en el pasado. Desde la facultad del varón para eliminar a la mujer de acuerdo a su voluntad, practicada en Roma, hasta su minusvalía en las sociedades modernas, traducida en su reciente incorporación a la educación superior y al mercado laboral. En nuestro país sólo en tiempos del dictador Odría, las mujeres alcanzamos el derecho al sufragio, luego de innumerables jornadas y gracias a mujeres ejemplares como Miguelina Acosta, Zoila Aurora Cáceres, Estela Bocángel y Adela Montesinos. Si bien es cierto que el machismo no nació con el sistema capitalista ni es un engendro del neoliberalismo, lo es también que este orden injusto arropa, apaña y difunde estos comportamientos, por convenir a sus intereses y casar con su orientación fundamental.

Luego, la violencia política partidista, porque la mujer se ve excluída de participar en los niveles de dirección de los partidos políticos con excepciones. Se violenta a la mujer cuando los dirigentes, en su mayor parte varones, ponen obstáculos al cumplimiento de la ley electoral que asigna el 30% de las curules a las minorías por razón de género. El Frente Amplio, que agrupa a 14 partidos de izquierda y organizaciones progresistas, cuenta con una Coordinadora Nacional de Mujeres que trata de llevar a la práctica las atribuciones que la ley otorga y otras que promueve. Sin embargo se escuchan voces disonantes de las dirigencias dominadas por los varones. Prácticas que están en trance de ser abolidas, precisamente por la acción organizada de las mujeres con clara conciencia social y militancia activa en los partidos de vanguardia.

Ha pasado el tiempo en que las mujeres seamos consideradas objetos decorativos y reclamamos el rol que, legítimamente, nos corresponde en la toma de decisiones.

Es curioso y lamentable, sin embargo, que se escuchen todavía expresiones machistas que tratan de impedir el acceso de las mujeres a los cargos elegibles y de responsabilidad. Resulta curioso que los mismos políticos, autores de versados y muy sesudos análisis de la realidad nacional y mundial, resulten ciegos al abordar los problemas de género y el indudable ascenso que corresponde a las mujeres en el orden social y político. En el fondo, persiguen alcanzar un escaño parlamentario, olvidando que pertenecen a la vanguardia social, cuya principal motivación es luchar precisamente contra todo género de discriminación y arbitrariedad.

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