Cuidado con La Medicina

Por: Jaime Richard
Fuente: kaosenlared.net (17.03.08)

He escrito en otras ocasiones contra la Medicina. Mejor dicho, co­ntra los abusos que la Medicina ejerce sobre el paciente en sus ma­nos, debilitado y sin criterio dado su trance, y contra los abusos del individuo sobre la Medicina a la que recurre por un quítame allá es­tas pajas…

 Es casi proverbial e histórico que los espíritus un poco más avisa­dos que la generalidad de las gentes vean con desconfianza a la Medicina. Napoleón decía que los médicos mataban a más indivi­duos que todos sus generales juntos, y hay un sinfín de frases en parecido sentido e inquina contra la Medicina que pueden leerse en esos innume­rables libros de Citas de los que muchos autores ex­traen ideas haciéndolas pasar por suyas o haciéndonos creer que han leído su obra, y que yo no voy por tanto ahora a reproducir.

  Se me dirá, se me dice, se me objeta que la Medicina salva mu­chas vidas; que ahí están los resultados en tanta gente en el mundo que da testimonio de su curación, de la solución a sus problemas de salud y hasta de su larga vida. Yo lo dudo. Permítaseme que haga las debidas correcciones a los cánticos y cantores de la Medicina como técnica o ciencia, y de que ponga bajo grave sospecha a los galenos, a las cadenas de montaje medicamentosas y, sobre todo, a la cirugía preventiva.

  Empezamos por que las enfermedades que se curan se curan de todas maneras: lo que pasa es que hay que tener paciencia (la pa­ciencia, como la prudencia, son valores que hoy día están llamados a desaparecer). Y las enfermedades que no se curan, no las reme­dia la Medicina. Lo que hace la Medicina en estos casos es prolon­gar un poco más la agonía de los moriturum…

  Es cierto que la Medicina cura enfermedades que antes eran mor­tales. Pero para hacer un cómputo general equilibrado entre el debe y el haber en materia de salud teniendo en cuenta las épocas y los efectos de epidemias, pandemias y causas de mortalidad habría que andar con mucho más cuidado, a la hora de sacar conclusiones rigu­rosas, del que se acostumbra.

  Hay enfermedades que mataban y ahora se curan. Pero ahora hay enfermedades que antes no había y que ahora son mortales (deje­mos a un lado las causas de muerte por tráfico). La calidad de vida es un bien mucho más subjetivo de lo que se dice. Y las enfermeda­des nervio­sas derivadas del tipo de vida, del estrés, de la inestabili­dad psicoló­gica y de las condiciones medioambientales son tan nu­merosas y tan dramáticas, que hay que tener muchas ganas de dis­cutir para afirmar rotundamente que vale la pena celebrar las tasas de espe­ranza de vida si un tercio de esa vida prolongada por la ma­gia de la Medicina es casi un infierno…

  Tengo estudios hechos sobre la longevidad de pintores, músicos y clérigos célebres desde el Renacimiento hasta comienzos del siglo XX. Y el promedio de vida en todos ellos (teniendo en cuenta tuber­culosis y otras epidemias) es -pásmense ustedes- de 62 años. La interpretación de esto es materia de otro estudio. Pero de entrada parece que una higiene básica y una nutrición adecuada fruto de una inteligencia e instinto ligeramente superiores al promedio, dieron lugar, en esos más de un centenar de individuos de cada actividad estudiados por mí, a abundantes vidas septuagenarias y octogena­rias. Es indudable que hay que tener también en cuenta, y bastante además, como contribución a la longevidad, la creatividad en sí misma, natural o cultivada. Los que caían como chinches a conse­cuencia de la desnutrición y de la escasa higiene eran las gentes del pueblo llano y semiesclavo. Hoy día, afortunadamente, lo que se han socializado son esos dos factores primordiales: higiene y nutri­ción.

  Pero también hoy día, por ejemplo, el suicidio es la primera causa de muerte entre las mujeres españolas de los treinta a los treinta y cuatro años. Tampoco voy a dar cifras de la OMS sobre esas enfer­medades y la tasa de suicidios de adolescentes porque se nos po­dría la carne de gallina…

  En fin, que tantas veces he pensado que preferiría vivir en pasados siglos pese a los riesgos, a vivir ahora entre plasmas, móviles y co­ches que nos están sepultando, que no vale la pena insistir en lo relativo que siempre ha sido todo y seguirá siéndolo. Y ello, por mu­cho que la Medicina y los que miden el bienestar a través del acceso a la sanidad, se pasen mañanas enteras en las televisiones públicas reconduciendo pacientes a los médicos. Y ello, pese a que esta so­ciedad amorfa fes­teje que los Laboratorios del mundo, dueños a su vez de las fá­bricas de armas que la quitan, nos salven la vida. Y que la cirugía y la tecnología médica nos descubran males que no habíamos detectado en nues­tro organismo pero que por mor de ese descubrimiento nos matarán probablemente también antes de tiempo….

  Siempre fueron indicadores de trastornos graves de la salud: la fa­tiga prolongada, las hemorragias frecuentes y el dolor persistente. Pero hoy día hay tanto ruido: ruido acústico, infor­ma­tivo/desinformativo y ruido mental, que ya pocos son capaces de es­cuchar a su organismo y a su instinto básico para saber si están bien o están enfermos. Eso ¡qué barbaridad! nos lo tiene que decir la Medicina. Y lo mismo que lo que no aparece en televisión no existe y lo que no está en el proceso judicial no cuenta, tenemos salud o no la tenemos según le parezca a la Medicina…. Nosotros, en tanto que sujetos de nuestra propia salud, no contamos para nada.

  Por eso –y este artículo viene muy a propósito del patetismo que ahora padezco a causa de ello- tengo un amigo del alma que se está muriendo. Se fue a hacer una revisión de rutina y resulta que, encontrándose él divi­namente, “la Medicina” le dijo que tenía que operarse con urgencia. Saquemos consecuencias.

  Yo, personal­mente, sólo iré al médico en ambulancia. Y, si me da tiempo y oca­sión, ni eso: me tomaré el cóctel que me sustraiga a las terribles ga­rras de “la Medicina”. No pienso darle prestándole mi cuerpo, no ya un benefi­cio: ni siquiera una li­mosna. Al final, ¡qué mas da un día, un mes, un año o un trienio en comparación con la eternidad y la nada!

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