Por: Lic. Teresa Zavalía*
Fuente: www.clacso.org
* Universidad de Morón.
Consideramos que en las cuestiones de género intervienen factores de tipo fisiológico y de tipo cultural; en efecto la sexualidad en los seres humanos no es ya simplemente un hecho natural pero esto no quiere decir que sea un hecho cultural, corresponde más bien a los hechos que llamamos culturizados y que por lo tanto presentan un doble carácter el correspondiente a los elementos naturales que sean relevantes a su tipo de cosas y el carácter sincrónico y/o diacrónico -si éste fuera el caso- que la/s cultura/s le otorguen.
Por otra parte consideramos que los hechos no se constituyen culturalmente sino a partir de grupos considerados como totalidades emergentes a las que se aplican categorías también emergentes. La pregunta que nos planteamos en el contexto de algunas apreciaciones relativas al género es -A- si es posible considerar el elemento emergente como un disyunto entre elementos pasivos y elementos activos -B- si es posible reconocer descriptivamente el carácter agencial de un género y el carácter no agencial de otro género respecto de el mismo hecho cultural que afecta a los individuos pertenecientes a cualesquiera de las clasificaciones sexuales que estemos dispuestos a conceder.Si tenemos en cuenta el aporte hegeliano de la dialéctica del amo y el esclavo que – junto con otros elementos de análisis- inspirara la categoría de alienación en Marx podemos acceder a una consideración de la estructura del poder de un grado de complejidad apropiado que no permitiría tratar reduccionistamente como disyuntos a los elementos coparticipantes de un emergente social.
I- Los acuerdos
En la dinámica constitutiva de los grupos los lugares relativos de los elementos constitutivos de los mismos se organiza una compleja trama de cuestiones tácitas y cuestiones explícitas. Las cuestiones tácitas se presentan como anteriores temporal y ontológicamente a las cuestiones explícitas. Considero que los acuerdos entre los elementos constitutivos de un grupo en el momento en que se genera el emergente son de tipo implícito, y considero también que en un acuerdo todos los elementos resultan co-partícipes del mismo. No creo que por el hecho de ser implícitos es que los co-partícipes no siempre estén en condiciones de anticipar las secuelas que un acuerdo pueda acarrear; mucho menos pueden los co-partícipes anticipar cuál dinámica diacrónica puede dar como secuela transformaciones de tipo perceptual-emocional respecto de una situación “decidida” en un determinado momento perceptual-emocional que deja de ser aceptable en otro, estas transformaciones materiales históricas sin embargo afectan por igual a todos los co-partícipes aunque, esto es claro, no necesariamente de la misma manera; es precisamente esta dinámica la que requiere un tratamiento en términos de explicitaciones y es desde esta visualización de esta dinámica que considero que el momento de explicitación es posterior.
En el caso de la representación del género los rasgos atribuidos a cada uno de los grupos que la clasificación a la que se recurra reconozca serán inicialmente una determinación que transita doblemente por el registro de los implícitos, por una parte implícitamente se acuerdan funciones que en alguna medida obtengan cierto grado de respaldo en el marco fisiológico de competencia en estas cuestiones y en un segundo registro se acuerdan tácitamente ciertas otras características como competentes al ejercicio de las mismas: Tenemos ya con esto el estereotipo? Obviamente que no , tenemos una estructura de tal simplicidad que permite un amplio margen a múltiples variaciones. No nos interesa en este momento entrar en las consideraciones acerca de las condiciones bajo las cuales se generan los estereotipos y el lugar que el prejuicio pueda jugar en las distintas etapas de la configuración de un estereotipo, sólo mencionaremos que la generación de un prejuicio requiere al menos dos tipos de razonamiento falacioso, el de tomar a la parte por el todo y el que atribuye confiabilidad a las cuestiones numéricas respecto de la verdad, pero atención si bien es cierto que las mayorías pueden equivocarse es políticamente todo un tema ver qué posición tomamos frente a esta cuestión y esto no puede resolverse diciendo sencillamente que se trata de una falacia.
En fin vamos a quedarnos en este trabajo sólo en los niveles constitutivos a partir de esta estructura simple que nos da sólo un esquema de los rasgos constitutivos de una percepción primaria del género.
Los elementos fisiológicos que hacen a las funciones básicas tampoco determinan necesariamente que tales funciones hayan de ser cumplidas por todos los miembros del género en cuestión, por una parte, ni que sólo puedan ser cumplidas por esos miembros, por otra, ni que haya de cumplirse de manera sistemáticamente uniforme por todos los miembros de un género que de hecho la ejerzan. Ahora bien; cada una de estas variaciones responde a un acuerdo explícito, implícito o a varios.? Es posible pensar que algunas de las variaciones puedan ser también resultado de ,quizá, algún desacuerdo? Porque las variaciones son un hecho y los estereotipos no admiten o al menos no contemplan perceptualmente este hecho.
Los elementos no fisiológicos que hacen a funciones básicas ya en el orden de los aspectos culturizados de los distintos géneros también , y quizá más aún, darán lugar a interesantísimas variaciones; pensemos nada más en la cosmética y en la bisutería por no hablar de la indumentaria, pollera es sinónimo de un género cuando equivocadamente el otro dejó de cuidar la cuestión fisiológica de la ventilación propia de su aparato reproductor por cuestiones culturales. Las cuales indicarían que los patrones culturales respecto de las funciones y cómo cumplirlas aceptan rangos de variedad de tal naturaleza que quizá se superpongan áreas de aplicación de un mismo patrón a géneros distintos en los que un sistema de patrones sostiene la incompatibilidad de tal atribución. Chocolate por la noticia, se trata de una cuestión relativa. Qué acerca de los patrones? cómo es que éstos se generan? cuál es la dinámica de su surgimiento? son los patrones de aplicación de una percepción y sus rasgos y funciones algo que se impone? Tiene sentido la hipótesis de que uno de los grupos de usuarios dispone del poder como para imponer percepciones a todos los otros? Pasamos así a considerar el segundo tema de nuestro análisis
II – La agencialidad
La cuestión del agente es una herencia clásica pero marcadamente transformada por los análisis de la intencionalidad y de la conciencia presentados por los medioevales y fundamentalmente por el iniciador del uso técnico del término ‘intención’ a saber: Tomás de Aquino. Trabajo ha de costarles a los que se ocupan de los temas de filosofía de la mente desbrozar el nada selvático riel de lo “ya sabido” como para ejercer la profunda perplejidad y profunda ingenuidad en la mirada que permita ver las complejidades de estas cuestiones sin las anteojeras construidas por las escuelas consagradas, de modo de ir desarmando los rieles lo suficiente como para no asociar ya tan simplemente intencionalidad y conciencia y con muchas más dificultades eventualmente se logrará no asociar intencionalidad y agencialidad. Pero de todas formas uno de los tipos de intencionalidad es necesariamente agencial por su estructura; y; de todas formas – pese a las barreras epistémicas.,profesiones de escuela, prejuicios e ideologías que usualmente aparecen adheridas a/ y en los tratamientos de estas cuestiones sí hay algunos aportes en que los análisis presentan las estructuras que efectivamente subyacen en el uso conceptual de los términos, sea que lo tomemos como una convención impuesta por un determinado tratamiento-propuesta sea que los tomemos como el resultado de una exégesis; creo que éste es el caso cuando se trata de la estructura de la agencialidad, trabajada por los medievales ya dijimos pero elaborada con fuerza casi diríamos de eje de reflexión por los modernos quienes nos dejaron como lastre una propuesta de sujeto de tipo sustancialista que es tarea de los pensadores de esta segunda mitad del siglo colocar bajo la lupa y consiguientemente desencadenarle una crisis y será tarea de los pensadores de la primera mitad del tercer milenio presentar una propuesta superadora de la crisis. Bien un sujeto es agencial cuando una determinada estructura lo coloca de una determinada manera en relación con los elementos que confluyen a aquello que se llama toma de decisiones, similar por otra parte a la que tiene respecto de los elementos que en un momento de anticipación mental especulativa constituyen la “secuela virtual” de una decisión, de modo tal que consideramos que agencial es todo aspecto o dinámica ( para no comprometernos con un sujeto sustancial en el que ya nadie cree) que pueda estar en una relación especulativo-prudencial frente a una cuestión. Mi pregunta es si un género puede tener ese tipo de vínculo con un discurso ordenable en términos de silogismo prudencial y la respuesta es no.
Cuando una descripción equivocada de un evento permite que se lo coloque hipotéticamente en relaciones en las que lógica; ontológica y epistemológicamente tal evento no puede estar ,decimos, con una expresión acuñada por G. Ryle, que se comete un error categorial.
En realidad ninguno de los subgrupos que conformen un grupo en el que se llegan a acuerdos tácitos reúne estas características, no sólo los géneros; por eso quizá hubo de pensarse en subgrupos materiales productores e históricos como las clases para pensar en dinámicas de desacuerdo pero esto nos sacaría del contexto de este trabajo.
Una de las consideraciones que conlleva esta categoría de agencialidad es la de responsabilidad de la decisión; se nos ocurre una reflexión incidental acerca de la crisis ética que se atribuye a esta época, si fuera una descripción correcta que la misma corresponde a esta época y que anteriormente nada de este tipo tenía lugar en otras culturas se podría decir o pensar que la misma tiene que ver con esta nueva conceptualización del sujeto y que debido a que se piensa que el sujeto no es en realidad agencial no es en realidad responsable y por lo tanto no tiene porqué hacerse cargo de sus actos, lo que creo es que una descripción correcta de una estructura no es la que genera sus funciones o sus disfunciones, por una parte, y creo también que esta concepción del sujeto nos obliga a reconsiderar nuestra concepción de la responsabilidad y consiguientemente muchos de los planteos metaéticos basados en la misma; mientras tanto y a los efectos de ver algunas de las consecuencias teóricas de esta crítica consideramos que al concluir que los géneros no tienen carácter agencial no podemos describirlos como llevando a cabo la decisión de organizar la dinámica del grupo con el objeto de apropiarse de los beneficios y perjudicar al copartícipe lo que nos lleva al siguiente punto.
III Victima-victimario
En realidad sería endeble el argumento que desestimara esta relación como aplicable si se basara sólo en el punto II de esta propuesta, se fortalece cuando ponemos en consideración la falta de agencialidad de los géneros conjuntamente con lo expresado en el punto I en que creemos haber mostrado que hay una co-participación a varios niveles entre todos los miembros de un grupo, sea cual sea la dinámica de subgrupos bajo la cual lo consideremos. Por una lado si el género no es agente no puede haber tomado una decisión bajo las pautas de los silogismos prudenciales y por lo tanto el propósito detrás de la acción no es del tipo de propósitos pasible de cargos morales; por otra parte si grupalmente se llevan a cabo acciones cuyos propósitos generales básicos consisten es estabilizar las dinámicas de interacción entre los miembros y generar diversos patrones que encuadren dichas dinámicas, esto no es algo que pueda un subgrupo por sí solo llevar a cabo, todos los miembros y todos los subgrupos han de coparticipar para que el patrón en tanto tal llegue a constituirse .
Hemos de considerar también que los patrones en los que estoy pensando no son todos de la misma naturaleza, algunos son patrones perceptuales, otros son patrones de pertenencia que parecerían en principio derivables de aquellos, otros son patrones de tipo funcional.
La división del trabajo no es algo que Adam Smith halla inventado, tampoco es algo que corresponda sólo al nivel ontológico de los eventos de tipo social. La división del trabajo es un procedimiento que tiene lugar en el seno mismo de la naturaleza en el momento mismo que una estructura de mayor complejidad que las estructuras meramente mecánicas surge imponiendo ontológicamente las categorías emergentes que son propias de esa novedad. A poco que echemos un vistazo aunque sólo sea como profanos al campo de la biología entenderemos que en el seno de la dinámica constitutiva de los elementos que llamamos vivos, entre muchas otras cosas aparece una clara distinción de funciones que da lugar a una división del trabajo y eventualmente dará lugar a especializaciones en grado creciente como para pasar de los organismos unicelulares a los pluricelulares, el ingrediente primitivo que es condición de posibilidad de tal progreso hacia formas de mayor complejidad – aunque tal vez no el único- es esta división del trabajo atendiendo a diferencias de tipo funcional.. Pregunto: el núcleo puede reprochar a la membrana por no ser sus funciones intercambiables? La membrana o el núcleo por su parte son co-responsables de sus respectivas funciones? Esto suena como un disparate. No es que esté trazando aquí, me apresuro a avisarles a los irritados por la linea argumentativa, una burda analógía con todo el tufillo de la moral pequeño burguesa; estoy exponiendo sencillas cuestiones acerca de las dinámicas funcionales y la naturaleza de la división del trabajo dentro de las mismas. Extrapolar a partir de aquí además de burdo y osado sería empíricamente un error. Por otra parte, recordemos que en el caso de los géneros la variabilidad de los patrones eventuales era una de las características que marqué .
Algunos pero no todos los patrones funcionales de la división del trabajo entre los géneros, cualesquiera sean sus variedades, responden a cuestiones funcionales derivadas de cuestiones fisiológicas y no culturales, esto es importante porque si bien la cultura influye en la fisiología, la fisiología por su parte hace sólo algunas concesiones a la cultura y aquí hay un límite ontológico que debe tenerse presente a los efectos de mantener la lucidez y la perspectiva, de modo tal que si hay quejas por aquellos que caen bajo este grupo la queja, con o sin sentido, habrá que dirigirla a la madre naturaleza.
Nos quedaría para considerar aquellos patrones de división del trabajo que no obedecen a cuestiones fisiológicas, pero aquí, si lo que venimos exponiendo tiene aunque sea sólo una sombra de plausibilidad, habría que reprochárselo a todos los co-partícipes.
Esta es una de las razones por las que considero inapropiada la caracterización de alguna situación entre los géneros en términos de victimas y victimarios, pero no es la única.
Para que haya un victimario tiene que haber violencia, tiene que haberse dado una situación que se sostiene más allá de la posibilidad de rehusarse de la otra parte y sin dar el lugar para que se rehuse o, sin registrar el hecho de que la otra parte se rehusa, y la otra parte debe resultar lesionada – de un modo u otro- por esta violencia. (lo expongo de este modo algo complejo porque el tema de la violencia tiene manifestaciones suficientemente sutiles y laberínticas como para poder ser simplistas en esta cuestión) Un punto entre quienes plantean la cuestión de la injusticia respecto de los géneros tiene que ver con esta complejidad del tema de la violencia. Quiero una vez más avisar a los irritados que no es propósito de este trabajo sostener que no hay injusticias respecto de los géneros, no sólo proque sí creo que las hay sino porque creo que son más que las que los que hacen estos reclamos han llegado a percibir, y todas las percibidas efectivamente lo son, lo que estoy sosteniendo es que su estructura no es exactamente como sostienen – bueno, como verán hacia el final, sostengo también que estas percepciones y estas propuestas enmascaran el descrédito de otras luchas para revertir las injusticias y buscar un orden que contemple el tan meneado bien común-
Las dinámicas determinadas por las características funcionales que se atribuyen de un modo cultural a los distintos géneros es de este tipo?. Bien los que sostienen este punto de vista entre otras cosas sostienen que se lesionaba muy originariamente la posibilidad de rehusarse, pero a mi juicio esto es otra manera de expresar que mi hipótesis de co-participación está equivocada, o es demasiado optimista o que me inscribe dentro del grupo de aquellos a quienes la posibilidad de rehusarse les ha sido negada. Mi respuesta es que si esa es la respuesta que se da a mi presentación, más que una argumentación es la ya conocida estrategia de las hipótesis ad-hoc que siempre quedan al resguardo de los contraejemplos.
Hay ejercicio de violencia y hay ejercicio de discriminación. Estas situaciones abarcan una enorme variedad de casos no sólo en este momento sino en la historia de las disitintas culturas. Lo más violento que nos hacemos los unos a los otros mediante la cultura es la urgencia a uniformarnos, todo el que no entra en el molde de la uniformidad que en un determinado período aparezca como privilegiada será discriminado, la discriminación de género es de este tipo?. Evidentemente no para todos los géneros; mi problema aquí es que el recurso que parece intentar llevarse a cabo no es tanto contra la discriminación del diferente conservando la diferencia sino el absurdo de quejarse de la discriminación y sin embargo paradojalmente querer identificarse lo que me hace dudar un poco de la queja de discriminación.
Muchas veces me pregunto si la evitación de la discriminación que logra el reconocimiento de la igualdad de derechos reivindica como derecho sobre el propio cuerpo la alternativa del aborto, el cual constituye una lesión física y moral del sujeto que detenta tal derecho – si bien puedo conceder que en algunos casos es la menos mala de las alternativas, no dejo de pensar que es una alternativa mala. Qué pasa con el momento de prevención del embarazo no querido? Se reivindica con la misma fuerza la alternativa de rehusarse, la alternativa de negociar empática y simpáticamnente con el partener acerca del cuidado que me merezco como persona y que se merece mi cuerpo? Considero que es una grave desvalorización del partener el no exigirle el cuidado hacia mi persona y la persona futura y aceptar una alternativa en que la víctima de la situación reivindica como derecho logrado una lesión en la estructura de la cual la víctima se hace cargo de ser la única que se hace cargo, y no sólo ella como entidad moral sino también con su cuerpo. Cuando menciono los casos de co-participación en una estructura de dinámica de roles que coincido que es injusta y coincido que debe ser cambiada veo que este tipo de respuestas que se proponen de algún siniestro modo perpetúan justamente aquello que reclama ser cambiado a saber, la diferente carga de los géneros respecto de la responsabilidad. Pero es precisamente el que no se plantee con toda la contundencia que creo que el caso reclama la transformación en la naturaleza del vínculo y no -consecuencia de un vínculo que no ha sido transformado- en el cuerpo de una de las partes co-partícipes y por lo tanto co-víctimas.
Si, porque creo que aquel partener que disfruta del “privilegio” de mantener un vinculo irresponsable es víctima de no haberse ofrecido y no habérsele ofrecido la posibilidad de otro tipo de vínculos y de hecho está funcionando como un ser moralmente discriminado en sus posibilidades de funcionar de un modo menos disfuncional. Ese código de las diferencias de géneros en la interacción sexual entre los individuos no lo sostiene solamente un género y no lo trasmite solamante un género.
Qué es lo que hace que en la relación con el hijo y su crianza se produzca un desplazo de la figura paterna al menos en aquellos casos en los que aparece un conflicto. Es la madre víctima al tener que quedarse con el hijo? sólo si miento que el hijo es una carga, pero la verdad es que en muchos casos el hijo es una presea o una presa o un elemento territorializado y entonces la verdad sería que el que pierde al hijo es la víctima, aún en el penosamente disfuncional caso de que ni siquiera en su alienación esté en condiciones de registrarse en ese lugar.
Las mujeres han estado por milenios sujetas al despotismo masculino, si, pero toda situación de despotismo tiene dos caras, qué gana y qué pierde cada uno de los integrantes de una relación básicamente establecida en esos términos? La persona que se sujeta a tales situaciones pierde autonomía pero gana seguridad, se ahorra las vicisitudes de la toma de decisiones, queda al margen del hacerse cargo, si las cosas salen muy bien puede sentirse muy halagada, muy protegida y muy exitosa dado que se ha conseguido un buen proveedor, si las cosas salen mal siempre tiene a quien echarle la totalidad de la culpa. La persona despótica, a más de tener una tarea pesada y estresante que no le permitirá un momento de debilidad y no le permitirá la genuina intimidad del compartir es generalmente alguien suficientemente inseguro como para no darse permiso para negociar en pie de igualdad.
Lo que estoy tratando de mostrar es que un análisis en términos de victima-victimario es una simplificación excesiva de lo que aquí está en juego dado que en ciertos códigos vinculares ambos miembros de una relación salen perdiendo; pero hay algo más; este tipo de vínculos disfuncionales no tienen la prerrogativa exclusiva de ser vínculos en los que necesariamente esté presupuesta una cuestión concerniente al género y, si merecen un tratamiento dentro de los casos de ejercicio de violencia , dicho tratamiento debe ser más amplio que lo que se involucra al reducir la cuestión a una cuestión entre géneros.
Otra cuestión que considero pertinente que sea planteada es que estas maniobras reduccionistas está realizando una opción peligrosa por su capacidad enmascaradora . Cuando de mecanismos grupales de discriminación, y cuando de percepciones que los posibiliten se trata; la cuestión es ampliamente más vasta que una cuestión entre géneros dado que es todo un sistema el que se presenta como soporte de tales mecanismos y los destinatarios de dichos procedimientos son suficientemente vastos como para que aparezcan casos en que el criterio de análisis en términos de género no permite ni explicar ni predecir las situaciones efectivas de solapamiento entre grupos que no responden al mismo, lo cual, insidiosamente, deja de lado cuestiones como la marginalidad generada por el sistema productivo, la compulsividad a ingresar en algunos de los más nefastos grupos dentro de dicho sistema como sería por ejemplo la situación de la infancia explotada, desamparada y violentada de muchas maneras, la cual hace claramente caso omiso de cuestiones de género. La discriminación por edades, por figura u otras características de tipo físico y hasta discriminación por características de los recursos fonéticos de los individuos que el sistema interpone como modelos que permiten ingresar a las áreas de formación que eventualmente darán acceso a los individuos a configurarse como dentro de los grupos de elite que posibilitan a su turno ingresar en los grupos de la oligarquía tecnocrática que sustenta las estructuras básicas del sistema.
Respecto de esta última cuestión, el temor que subyace en mi análisis es que estos criterios de análisis más que eliminar estas formas sociales de violencia puedan perpetuarla dándole sólo el vistobueno de pertenecer a dichos grupos a un porcentaje más o menos equilibrado de miembros de los distintos géneros sin modificar los mecanismos de discriminación más profundos, y lo que es peor, de alguna manera avalándolos con esta estructura de grupo de pertenencia anhelado que parece perfilarse en los reclamos y en el uso teórico y práctico de las categorías de análisis que estamos examinando.
Estas categorías de análisis, más que una toma de conciencia transformadora revelan, pues, formas de alienación cuyas consecuencias son elegidamente gatopardistas.
IV Privilegios no concedidos
Para comenzar sólo vamos a recorrer algunas estadísticas de un modo muy general a los efectos de tener una descripción panorámica general de la situación, luego mencionaremos otras cuestiones cuya clasificación se nos aparece como algo más opinable pero que también señalarían los lineamientos a los que apunto dentro de esta controversia.
La estadística de los accidentes cerebrovasculares muestra una clara desproporción en cuanto al género que indicaría, por una parte las presiones a que se ve sometido el varón y cómo repercuten en su aparato emotivo y en su fisiología, pero además muestra algo acerca del equipo de resolución y elaboración de las presiones internas y externas; se trata de un equipo no bien desarrollado, las precariedades del mismo son variadas y van desde los excesos en la exigencia hasta los excesos en la evasión de la exigencia, la negociación frente a los estímulos agresivos aparece como disfuncional; algunos de los aspectos de estas disfunciones las voy a tratar en forma específica porque considero que constituyen a su vez privilegios negados al varón por la cultura
La estadística de accidentes cardiovasculares muestra una clara desproporción en cuanto al género; tengo entendido que más allá de las cuestiones culturales, hormonalmente la mujer está protegida al menos durante su etapa fértil ya que los estrógenos previenen las complicaciones cardiopáticas más habituales, en lo que no tiene que ver con este rasgo fisiológico se vuelven a inscribir las cuestiones relativas a las relaciones entre presiones y recursos que mencionamos más arriba
La estadística de criminalidad y la de criminalidad acompañada de violencia muestra una clara desproporción en cuanto al género que, entre muchas otras cosas, parecería que reflejara un énfasis en la contención de impulsos diferentemente distribuido entre los géneros, si esto es percibido como inductor de procedimientos de autorepresión se podría pensar como desfavorable para el género que logra mejor el autocontrol; pero a primera vista se me ocurre que esto colocaría a la criminalidad en una percepción de rasgo disfrutable; colocaría el desborde en una percepción de ejercicio de libertad y las dificultades para seguir una regla en una percepción de privilegio. Bueno, yo en realidad, por mi parte, creo que es justamente todo lo contrario.
La estadística de patologías sexuales, y de patologías sexuales violentas muestra una clara desproporción en cuanto al género, el porcentaje de criminales seriales en particular muestran una situación abrumadoramente desproporcionada en lo que hace al género.
La estadística de deserción y abandono en las situaciones vinculares muestra una clara desproporción en cuanto al género
La estadística de accidentes de tránsito muestra una clara desproporción en cuanto al género pese al famoso estereotipo “andá a lavar los platos “.
La estadística de violencia doméstica muestra una clara desproporción en cuanto al género. Si la desproporción en cuanto al género fuera un genuino indicio de privilegio todas estas cuestiones que acabamos de mostrar en un rápido y no demasiado preciso paneo constituirían privilegios; lo que en realidad pienso es que las diferencias muestran algo, sí pero no debemos apresurarnos al interpretar qué es lo que estas diferencias muestran, no todos los “logros “ estadísticos del varón señalan privilegios, más allá de hecho, que ya hemos discutido, de si estos supuestos privilegios hayan sido, o no; ése es uno de nuestros puntos, autoconcedidos por el despótico ejercicio de una agencialidad de género que buscara, lograra, y retuviera tales privilegios ; cuestionamos además que la percepción de los mismos como ‘privilegios’ sea la única aplicable ni la más rica interpretativa, descriptiva y explicativamente. También señalamos aunque muy de pasada que no puede soslayarse una cierta tendencia de tipo ideológico al hacer esta elección decodificadora frente a otras posibles.- volveremos sobre esto –
Las estadísticas de adicciones tomadas globalmente van sufriendo un cambio, que entendemos significativo, de modo tal que algunas de las desproporciones que se presentaban digamos, a fines del siglo han ido proporcionándose a medida que el género discriminado iba accediendo a los privilegios de los que gozaba el género privilegiado. -Qué puedo agregar al sarcasmo de este comentario para iluminar más clara y precisamente mi posición?
Para explicitar la percepción que desde mi perspectiva este conjunto de situaciones culturales ofrece diré que uno de los géneros aparece lesionado en sus posibilidades de adquirir un desarrollo emocional a partir del cual básicas posiciones de empatía , autocontrol. capacidad de negociación, un sano contacto con las propias emociones, una sana capacidad de expresar y de simbolizar las mismas, una sana capacidad de desarrollar la ternura y el tipo de decisiones que este desarrollo conlleva al priorizar los vínculos que desde ella se consolidan está si no negado, esto sería algo muy fuerte de afirmar; al menos fuertemente dificultado; el género al que este desarrollo de capacidades que hacen a un despliegue de recursos que tienen que ver entre muchas otras cosas con el logro de una fisiología más estable a nivel de las vicisitudes de la interacción le está fuertemente, repito, dificultado no es el género que se denuncia como discriminado sino justamente, paradójicamente , el otro. La dificultad que estamos describiendo es funcionalmente responsable de muchas de las conductas, que sí reconozco tienen lugar en la interacción entre los géneros – y, debe señalarse, también en otras formas de interacción sumamente disfuncionales que esta genera y que deben ser corregidas si se apunta a organizaciones grupales de mejor funcionamiento – y no una agencialidad del género acusado de victimizar; y no solamente frente al género acusador o victimizado sino frente a una gran diversidad de otras situaciones sociales más que criticables a las que este planteo deja curiosamente de lado. Esta precepción es, a mi juicio, al menos más abarcativa del problema.
IV Un señalamiento
En varios pasajes anteriores dije que hay para mi una cuestión que este reduccionismo enmascara al enfatizar una situación injusta en la distribución de ciertos roles y las ventajas y privilegios que esta injusticia conlleva, la cual consideramos que es un aspecto parcial y derivativo de una cuestión cuyo eje responde a un análisis diferente con unas categorías de análisis más abarcativas las que darían cuenta de las cuestiones básicas que a mi juicio se suscitan en el seno de una alienación que probablemente tenga mucho más que ver con un determinado sistema productivo (esto es altamente conjetural pero las estadísticas – si pudieran hacerse- correspondientes a períodos pre-industriales o a poblaciones a las que un orden social distinto del que acompaña la etapa postindustrial darían cifras proporcionalmemte más bajas y por lo tanto desproporciones de género no tan significativas) que con un antagonísmo discriminatorio entre géneros.
También dije que este enmascaramiento – al menos en algunos de los casos, si no en todos – indica no una muestra de sensibilidad social pareja para todos los casos de injusticia y discriminación, sino el enfático reclamo de ocupar los lugares de privilegio por igual, no sé – y no creo – que el género como un todo sino las que sean miembros de la elite del género a la par de los que sean miembros de la elite. Debo agregar que cuando parece expandirse hacia sectores femeninos más generalizados enmascara a mi juicio – y no porque la bandera no sea específica y justificable en lo básico- un afán elitista de exportación de costumbres, formas de gobierno y costumbres pseudoigualitarias de los grupos dominantes sobre los grupos presuntamente dominados. Estoy pensando en el afán de descubrir los rostros de las “vejadas” y dominadas mujeres musulmanas, que no sé si se equipara con algún afán por cubrir los cuerpos de las mujeres que son protagonistas de situaciones de márqueting nunca entendí con qué, exactamente qué criterio de relevancia. Entonces, como procedimiento de análisis deja algunas de sus condiciones políticas de producción perversamente en la oscuridad mientras que plantea una presunta transparencia liberadora
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