Posmodernidad, Desarrollo sostenible y Posdesarrollo.

Por: Alma Delia Granda Ansastegui*
Fuente: http://www.sociedadlatinoamericana.bligoo.com (o1.09.10)

*Estudiante de la licenciatura en sociología, UAEM/Toluca, México.
E-mail: malia54@hotmail.com

Introducción

Con la modernidad, sin duda, llegó un gran desarrollo científico y tecnológico. La ciencia, en especial la medicina, tuvo importante relevancia dejando atrás creencias y prácticas que iban contra la razón. El progreso y el desarrollo se vincularon sobre todo a la esfera económica por lo que los inventos y la producción, así como la forma de vida, se encaminaron a la creación de un sin número de máquinas y utensilios que hicieran más cómoda la existencia del ser humano en la tierra. Sin embargo, hoy día se ha visto que la modernidad no ha cumplido con las expectativas deseadas y que no todo ha sido progreso.

Debido a las acciones del hombre, de alguna manera se olvidó hacer uso racional del suelo, se contamina día a día el aire, el agua, se destruyen hábitats al expandirse el proceso de urbanización, con la tala inmoderada de árboles se han deforestado cientos de hectáreas de suelo, etc. Como resultado de lo anterior, se presentan las diversas problemáticas ambientales en el mundo entero, como ejemplo se tiene el cambio climático acelerado que se vive en diversas regiones del planeta. A su vez, estos problemas ambientales han tenido repercusiones e impacto en la forma de vida de la población, su economía y su cultura. Todo ello en aras de una modernidad que se ha visto cuestionada en su racionalidad, en los usos de la ciencia y la tecnología y en el desarrollo deseado.

Aunque para algunos la posmodernidad es un proceso con una visión pesimista e inacabada y por lo tanto incierta, para otros es la posibilidad de otras alternativas de un mundo con nuevas expectativas de vida, dejando atrás las creencias de que el hombre es quien manipula y domina la naturaleza.

El núcleo de este pensamiento filosófico, “insiste en la necesidad de abandonar por completo el proyecto de la ilustración en nombre de la emancipación del hombre” (Harvey, 1998:29). Es decir, para una modernidad que prometía la libertad a través de las ideas ilustradas, se torna hacia un cuestionamiento de sus propios ideales emancipadores y esos mismos ideales son los que reclama el pensamiento posmoderno. Ahora se trata de convivir con la naturaleza y hacer un uso más adecuado de los recursos que nos brinda.

Desde hace varias décadas se habla ya no sólo de un desarrollo como sinónimo de crecimiento económico, sino de un desarrollo sostenible que pretende responder a la necesidad de resarcir el deterioro ambiental como consecuencia de un progreso entendido desde la idea de modernidad y con ello lograr un mayor bienestar para la sociedad. En cuanto a la tecnología se habla también de biotecnologías que pretenden ser menos agresivas con la naturaleza y que contaminen menos el ambiente. Esto ya está dando resultados en algunos países que han puesto en práctica los nuevos paradigmas del desarrollo, o también llamado posdesarrollo. Otras prácticas que han dejado de lado las creencias modernas y que han retomado creencias de antaño es el cuidado de los recursos naturales como forma de religiosidad y de convivencia con su medio, así como la medicina alternativa promueve prácticas incluyentes que conforman una pluralidad cultural.

Entender por qué se dio el paso de la modernidad hacia la posmodernidad y cómo se define esta última, es el propósito del primer apartado de este texto. Posteriormente se expondrá lo que hasta nuestros días se ha definido como desarrollo sostenible y como posdesarrollo, estableciéndose ambos a partir de las nuevas necesidades conceptuales y de los nuevos paradigmas de desarrollo como consecuencia de la crisis ambiental que ha pasado a la esfera de lo político y lo económico como discurso dominante. Finalizando con la reflexión acerca de la relación posible entre la sustentabilidad y la condición posmoderna.

De la modernidad a la posmodernidad.

Aunque el concepto de posmodernidad es complejo en su definición y delimitación, ya que existen variadas opiniones y posturas ideológicas sobre éste término, la condición posmoderna surge a partir de la crítica hacia la racionalidad instrumental que ha caracterizado a la modernidad desde sus inicios. La posmodernidad aparece como la reacción a lo anti-moderno, privilegia la heterogeneidad, la diversidad, entre otras características, dejando de lado las ideas totalizadoras y universalistas de la modernidad (Harvey, 1998).

El pensamiento moderno, a partir de la Ilustración, desplazó el misticismo y la religión, para dar paso a la razón y a la libertad. La idea de progreso se vio enmarcada por la dominación del hombre hacia la naturaleza. Los descubrimientos científicos y tecnológicos se volvieron parte de las características de un crecimiento económico moderno. Conocimiento que a su vez, pretendió ser universal y humanista pudiendo satisfacer las necesidades del hombre. A lo que Berman señala:

Ser modernos es estar en un medio que promete aventura, poder, goce, crecimiento, trasformación de nosotros mismos y del mundo. Y, al propio tiempo, que amenaza destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos… la modernidad une a toda la humanidad. Pero se trata de una unidad paradójica, de una unidad de desunión, que nos arroja a todos a un torbellino de constante desintegración y renovación, de lucha y contradicción, de ambigüedad y angustia[1].

Si bien el discurso de la modernidad en sus inicios fue alentador y prometedor para la humanidad; los avances tecnológicos utilizados en favor de las guerras, el uso irracional de los recursos naturales, lo contradictorio del desarrollo, etc., se han hecho visibles por ese afán del hombre de dominar a la naturaleza como discurso de la Ilustración. Es por ello que, tanto Berman como otros autores ven a la modernidad como una paradoja y como una condición que no ha cumplido del todo con la idea del progreso humano, de igualdad, de libertad, de justicia, de racionalidad, etc.

Para Maffesolí (2006), el discurso y la práctica del pensamiento moderno son una ironía y una total contradicción. “…el vínculo del saber con el poder hace triunfar una… industria cultural que puede ser considerada como una perfecta ilustración de una antífrasis que designa todo lo contrario de lo que dice”.

Desde esta perspectiva, la modernidad está llena de ambigüedades y contradicciones. Lejos de caracterizarse por una racionalidad y un saber que siga prometiendo cambios en beneficio de la sociedad contribuyendo a satisfacer las necesidades de todos los seres humanos, la modernidad se ha mediatizado por una irracionalidad instrumental.

Esto ha llevado a una nueva forma de pensamiento llamado posmoderno, que contrario al modernismo caracterizado por ideas positivistas, tecnocentristas, racionalistas, de verdades absolutas y de progreso lineal, el posmodernismo “privilegia la heterogeneidad y la diferencia como fuerzas liberadoras en la redefinición del discurso cultural. Fragmentación, indefinición y descreimiento profundo respecto de todos los discursos universales y totalizantes” (Harvey, 1998:23).

Los discursos totalizadores, los meta-relatos y la idea de lo universal han quedado en el pasado para dar paso a lo diverso, a lo plural y a las diferencias. Para unos, esta idea de fragmentación y heterogeneidad pretende dar fin a la muy cuestionada e irracional modernidad de nuestros tiempos. Para otros como el crítico literario, Terry Eagleton, la posmodernidad significa solo una posición irreverente a lo establecido.

Existe quizás un cierto consenso según el cual el típico artefacto posmodernista es leve, auto-irónico y hasta esquizoide; y reacciona a la autonomía austera del alto modernismo adoptando de manera impudente el lenguaje del comercio y de la mercancía. Su posición con respecto a la tradición cultural es la de un pastiche irreverente, y su artificial superficialidad socava toda solemnidad metafísica, en ocasiones mediante una estética brutal de suciedad y shock[2].

Contradictoriamente, hay quienes expresan que, como Eagleton, la condición de posmodernidad es incierta y superficial y que rompe con una tradición cultural de orden. Para Maffesollí (2006), la condición posmoderna tiene que ver mucho con la subjetividad del hombre y con las diferentes alternativas que existen, más allá de una modernidad que ha dejado ver su ineficacia y sus grandes problemáticas.

Se puede apreciar por medio de un saber desinteresado, sin compromiso, las múltiples reacciones frente a la unidimensionalidad económica-tecnocrática. Las rebeliones, revueltas, indiferencias políticas, valoración del territorio,… sensibilidad ecológica, regreso a las tradiciones culturales y a los remedios naturales, todo esto y mucho más traduce la continuidad, la tenacidad de un querer vivir, individual y colectivo, que no ha podido ser totalmente erradicado. Es la expresión de una irreprimible salud popular, el surgimiento de una táctica existencial alternativa, de alguna manera un ejercicio de reconciliación… con los otros y con este mundo que compartimos… Podemos proseguir diciendo que la conciencia colectiva busca sus raíces, se politeiza, hace resurgir sus dioses… Esto constituye una fuerte señal de un cambio de imaginario. Todo esto es la marca de la postmodernidad.[3]

La idea de posmodernidad se ha presentado en las diversas disciplinas del conocimiento. La arquitectura, las artes, la filosofía, la teología, etc., han apostado por nuevos discursos que dejan de lado el conocimiento tradicional moderno y se abren paso a la diversidad y a “otras” necesidades de una sociedad caracterizada cada día como más diversa.

La condición posmoderna, como cambio de paradigma de la modernidad, lleva implícito en su discurso la idea de desarrollo desde una perspectiva diferente. Sin embargo sería importante conocer las otras ideas de desarrollo y sobre qué nuevos paradigmas se establecen.

Desarrollo sostenible y posmodesarrollo.

A partir de la idea de modernidad, el desarrollo estuvo definido dentro de la esfera de lo económico identificado como progreso y como crecimiento, sin que todo ello pudiera impedir la desigualdad social y la pobreza, además de las crisis nacionales que con más frecuencia han provocaban la desestabilización económica del mundo globalizado. Se pudo ver que el crecimiento económico no era generador de desarrollo en un sentido amplio de la palabra y que sus supuestos racionalistas eran sumamente mecanicistas e inadaptables a las condiciones específicas que cada país requería para su propio desarrollo. Otro efecto que ha tenido el crecimiento económico es la enorme destrucción de los recursos naturales, donde la degradación ambiental se volvió el trasfondo del discurso de la lógica del mercado.

Como consecuencia de la crisis medioambiental, el cuestionamiento hacia la racionalidad y los paradigmas teóricos que han legitimado el crecimiento económico, negando la importancia de la naturaleza en los procesos productivos, ha dado como resultado la construcción de nuevos paradigmas hacia la sustentabilidad ecológica. Ésta, pasó a ser tema relevante de finales del siglo XX. “El principio de sustentabilidad emerge en el contexto de la globalización como la marca de un límite y el signo que reorienta el proceso civilizatorio de la humanidad… El concepto de sustentabilidad emerge así del reconocimiento de la función que cumple la naturaleza como soporte, condición y potencial del proceso de producción” (Leff, 2004:17)

Antes de que surgiera la idea que un nuevo paradigma de desarrollo como sostenible, debido a la severa crisis ambiental a escala global, abriéndose un ancho caudal de críticas en torno a los modelos de desarrollo existentes en todo el orbe (López Martínez, 2001), surgieron las estrategias del ecodesarrollo, en donde se promovían las condiciones y potencialidades de los ecosistemas y el manejo prudente de los recursos como forma de un nuevo desarrollo.

Sin embargo, estas estrategias fueron disolviendo el potencial crítico de las prácticas del ecodesarrollo, por lo que surge la necesidad de elaborar un concepto capaz de ecologizar la economía, eliminando la contradicción existente entre crecimiento económico y conservación de la naturaleza (Leff, 2004). Construyéndose de esta forma el término de desarrollo sostenible que como discurso político se fue legitimando con el tiempo.

Etimológicamente el término desarrollo significa: des: hacer lo contrario; arrollar: envolver en rollo. Pudiera entenderse que desarrollo es una acción contraria a reducir algo, o más bien pudiera entenderse como un mejoramiento de algo. El término sustentable por su parte, puede entenderse como: “evitar que algo caiga; hacer posible que dure; mantener. (Hernández, Abelardo, 2001).

De acuerdo con el documento Nuestro futuro común o también conocido como El Informe Bruntland, elaborado en 1987 por la Comisión Mundial de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo, definió al desarrollo sustentable como “aquel que satisface las necesidades esenciales de la generación presente sin comprometer la capacidad de satisfacer las necesidades esenciales de las generaciones futuras” (Hernández, Abelardo, 2001: 98).

Sobre esta definición establecida a nivel internacional por la Naciones Unidas, Alcocer Barrera en su documento titulado como Desarrollo Sustentable, menciona que:

El desarrollo sustentable se constituyó como un Modelo de Producción Racional, cuyo objetivo central es la preservación de los recursos naturales, con base en tres aspectos conceptuales: a) el bienestar humano, cuyos ejes de acción se fijaron en acciones de salud, educación, vivienda, seguridad y protección de los derechos de la niñez; b) el bienestar ecológico, mediante acciones en torno al cuidado y preservación del aire, agua y suelos; y c) las interacciones establecidas a través de políticas públicas en materia de población, equidad, distribución de la riqueza, desarrollo económico, producción y consumo y ejercicio de gobierno.[4]

El propio concepto de desarrollo sostenible tiene sus ambigüedades al hablar de las necesidades presentes y futuras de la sociedad; de la ambivalencia del significado de sustentabilidad, puesto que uno de los significados “implica la internalización de las condiciones ecológicas de soporte del proceso económico; otro, aduce a la durabilidad del proceso económico mismo. En este sentido, la sustentabilidad ecológica se constituye en una condición de la sostenibilidad del proceso económico” (Leff, 2004:21).

Así la sostenibilidad y el desarrollo se han vuelto una mancuerna que en las últimas décadas ha sido el discurso dominante para la sociedad como un saber ambiental legitimado e introducido en los diferentes ámbitos del conocimiento.

Para Ernest García, la sostenibilidad en las ciudades del posdesarrollo se resume de la siguiente manera:

El nuevo paradigma propuesto por el movimiento de ciudades sostenibles afirma que densidad, diversidad, proximidad, pacificación de las calles, participación ciudadana, ahorro energético y menos contaminación son aspectos distintos de una misma alternativa. Su principio más general es que la viabilidad ecológica está asociada a la articulación de la complejidad. O, dicho de otra manera, que las causas de la degradación ambiental y de la degeneración cultural de las ciudades son las mismas (y deberían ser contrarrestadas al mismo tiempo). [5]

Sin embargo, en la conceptualización que se ha establecido sobre el desarrollo sostenible, algunos autores exponen que esta idea tiene limitaciones importantes. Y es que para comenzar, “no estamos en la capacidad de definir y proyectar cuáles serían las necesidades de las futuras generaciones”. Por otro lado, la propuesta establecida trata de balancear el crecimiento económico, la protección del ambiente y la equidad social. Resulta difícil encontrar un equilibrio entre los tres componentes, ya que cada uno se mueve en una dinámica distinta conforme a circunstancias espaciales y temporales diferentes. (López Martínez, 2001:19). Finalmente, existe una paradoja entre las ideas de sustentabilidad local ampliamente aceptadas en el discurso, pero poco practicadas en la realidad.

Otro concepto que va más allá del desarrollo, se le ha denominado posdesarrollo. Al igual que el desarrollo sostenible, éste surge a partir del fracaso en las ideas desarrollistas establecidas.

El posdesarrollo significa ante todo adoptar una actitud hospitalaria ante la pluralidad real del mundo. Significa, como dicen los zapatistas, ponerse a construir un mundo en que quepan muchos mundos. En vez del viejo sueño perverso de un mundo unificado e integrado bajo la dominación occidental, que Estados Unidos tomó en sus manos al final de la Segunda Guerra Mundial, se trata de abrirse hospitalariamente a un pluriverso, en que las diferencias culturales no sólo sean reconocidas y aceptadas sino celebradas.

Posdesarrollo, en ese contexto, significa también celebrar las innumerables definiciones del buen vivir de quienes han logrado resistir el intento de sustituirlas con el American way of life y ahora se ocupan de fortalecerlas y regenerarlas. En un sentido muy real, ir más allá del desarrollo significa encontrarse con la buena vida, curando al planeta y al tejido social del daño que les causó la empresa desarrollista.[6]

De esta forma, el posdesarrollo al igual que la posmodernidad, propone una pluralidad y una diversidad cultural dentro de su discurso. ¿Bajo esta lógica, podrán ambos discursos entretejerse como proceso que rompa con lo establecido por la modernidad en beneficio de la naturaleza y del hombre, o son discursos separados bajo el dominio político que simulen una conexión que den continuidad al proceso económico neoliberal?

Posmodernidad, desarrollo sostenible y posdesarrollo.

Tanto el término de desarrollo sostenible como el de posdesarrollo coinciden a la hora de hablar de una vida mejor en nuestro entorno y esto significa cuidar el espacio donde vivimos, preservar el medio ambiente y al mismo tiempo resarcir el daño causado al planeta a partir de la idea de desarrollo que la modernidad ha impuesto. Sobre esta última idea, se han realizado prácticas poco razonables que contribuyen al deterioro ambiental y por consiguiente esto afecta la calidad de vida de la sociedad en general.

Haciendo una separación y una ruptura de las ideas modernistas, se ponen de manifiesto las ideas que van más allá de este concepto. ¿Cómo imaginarse un mundo más allá de la modernidad donde ésta ya no ofrece soluciones? Estos nuevos paradigmas han sido llamados posmodernos y posdesarrollistas. Dentro de estos nuevos paradigmas se habla de alternativas a lo ya establecido. De retomar, de costumbres ancestrales, la convivencia entre el ser humano y la tierra, de convivir con la naturaleza y con el entorno de una forma más estrecha.

Para el desarrollo sostenible, dice Alcocer Barrera, debe constituirse un modelo racional que logre preservar los recursos naturales en beneficio del propio ser humano. Es decir, debemos entender esto como una nueva reconceptualización de la racionalidad que ha sido discurso de la modernidad, o habrá que trasladarse a la idea de una nueva racionalidad dentro de los nuevos paradigmas que ofrece el posdesarrollo y la posmodernidad.

El posdesarrollo surge como una reacción ante el desarrollismo de la modernidad. La posmodernidad surge también, como reaccionaria ante la modernidad. Ambos optan por la pluralidad, por la sensibilidad ecológica, por el retorno de tradiciones encaminadas a llevar una vida digna, por las alternativas ante la mecanización humana, etc. Ambos surgen como una respuesta que va más allá del mundo moderno, más allá de la dominación occidental y la homogeneización de ideas. La posmodernidad surge como crítica a lo irracional, pretende revalorizar el término.

El desarrollo sostenible pretende, por su parte, revalorizar las acciones irracionales hechas por el hombre para con su entorno y hacer uso más racional de los recursos con los que cuenta. Puede, desde este punto de vista, entenderse como una condición posmoderna. No está demás pensar en un desarrollo sostenible como pluralidad, como continuidad, donde las prácticas tradicionales y religiosas a favor de la naturaleza no se encuentren lejos del discurso, sino como posibilidad de llevar a cabo la sostenibilidad de nuestro entorno. Puede entenderse un desarrollo sostenible a partir de la idea de posmodernidad que expone Maffesoli, por ejemplo. Puede ser ésta última parte de la idea de posdesarrollo.

Sin embargo, para Leff (2004), la condición de posmodernidad exige la interpretación de un doble juego al trasladarla al contexto ambiental. “La posmodernidad sustituye la construcción social de utopías con un juego de realidades virtuales. Habiendo enterrado la fatalidad del destino y la construcción de sentidos, las luchas por la libertad ante la sujeción del poder y el proyecto científico de la modernidad para dominar y controlar a la naturaleza, la posmodernidad anuncia el diseño de designios y una saturación de signos que genera la des-significación del mundo…” (Leff, 2004: 158).

En este sentido, el discurso sobre desarrollo sostenible puede estar construido a partir de políticas neoliberales que buscan mantener el poder y seguir avanzando en la tecnologización y en la expansión del mercado, pero ahora con un simbolismo y un lenguaje ambiental dominante que lejos de pretender detener la crisis ambiental, espera mantener un dominio político y económico.

El discurso de sostenibilidad sólo es un simulacro. Es un discurso dominante que promueve un crecimiento sostenido. Se busca capitalizar a la naturaleza. “Si bien el proceso de transición hacia la posmodernidad ha generado estas nuevas formas de sujetamiento ideológico en las estrategias discursivas de la globalización, ni la pobreza extrema, ni la insatisfacción de las necesidades básicas, ni el deterioro de las condiciones de vida de las mayorías permiten suponer que ha sido superada la producción como condición de vida” (Leff, 2004: 27).

Desde esta perspectiva, la idea de posmodernidad lejos de ser un mecanismo que promueva prácticas sostenibles dejando de atrás la racionalidad instrumental de la modernidad, pareciera que lo posmoderno significa solo un mecanismo que, integrando a la naturaleza en su discurso, pretende una continuidad del crecimiento económico como estrategia política ante la crisis ambiental.

Conclusiones.

El progreso de la modernidad como crecimiento económico, no significó un desarrollo que lograra satisfacer las necesidades humanas. Esto llevó a una ruptura con las ideas modernistas proponiendo nuevos paradigmas que pudieran dar respuestas alternativas ante la crisis social, económica, cultural y ambiental. Estos paradigmas surgen desde la idea de posmodernidad, y de posdesarrollo.

El deterioro y la degradación ambiental son consecuencias que han traído consigo las prácticas irracionales de la modernidad. El posdesarrollo en este sentido, busca lograr una alternativa diferente de desarrollo que se comprometa con el cuidado de nuestro entorno y los recursos naturales, así como una mejor calidad de vida para la sociedad en general.

El concepto de desarrollo sostenible ha surgido con la necesidad de hacer un uso racional del medio ambiente y al mismo tiempo cuestionando la racionalidad de la modernidad, pero también ha surgido como discurso político que busca seguir legitimando un crecimiento económico ahora sostenido y buscando mediar la contradicción entre el desarrollo y la sustentabilidad como términos paradójicos por sí mismos.

La posmodernidad desde sus diferentes interpretaciones y lejos de sus posturas opuestas, busca romper con lo objetivo, lo racional, lo moderno. Busca incorporar la subjetividad, una nueva racionalidad, una pluralidad y alternativas de desarrollo.

Desde la perspectiva posmoderna de Maffesolí, el desarrollo sostenible y el posdesarrollo, pueden vincularse con ésta, logrando articular en ambos discursos la misma idea de cuidar y conservar al planeta mediante acciones encaminadas a frenar, de alguna forma, el deterioro ambiental. Con prácticas tradicionales que promuevan el respeto por la naturaleza y la vinculación estrecha entre hombre-naturaleza.

Por otra parte, mediante un doble discurso de la posmodernidad, el desarrollo sostenible ha servido para mantener el dominio político y económico del modelo neoliberal mediante una realidad virtual de cuidado ambiental. Un discurso que busca la continuidad del crecimiento económico y que si bien busca integrar en los procesos económicos a la naturaleza, no pretende erradicar la inequidad ni la pobreza, sino nuevos mecanismos de extracción de recursos.

Sin duda seguirán surgiendo posturas opuestas respecto a la posmodernidad y al posdesarrollo, así como al discurso del desarrollo sostenible. Sin embargo lo que es un hecho es la necesidad de nuevas estrategias que permitan desacelerar el cambio climático, nuevos paradigmas que contribuyan a resarcir la crisis ambiental global que vive el mundo.

Bibliografía.

– Maffesolí, Michel (2006). “Postmodernidad. Las criptas de la vida”. Espacio abierto. Asociación Venezolana de Sociología. Volumen 15, Venezuela. http://redalyc.uaemex.mx/pdf/122/12215220.pdf

– Harvey, David (1998). “La condición de posmodernidad”. Amorrortu editores. Buenos Aires.

– Hernández, Abelardo (2001). “El cuidado del Medio Ambiente”. UAEM, México.

– Leff, Enrique. “Saber ambiental”. Siglo veintiuno editores. México, 2004

– López Martínez, Epigmenio. “Medio Ambiente y desarrollo. Una perspectiva desde el desarrollo sustentable”.

http://alainet.org/images/alai445w.pdf

http://www.cima.org.es/archivos/Areas/ciencias_sociales/13_humanidades.pdf

– Alcocer Barrera, Filiberto. Revista del Instituto de Investigaciones Legislativas del Senado de la República “Belisario Domínguez. En http://www.senado.gob.mx/iilsen/content/publicaciones/revista2/3.pdf.

——————————————————————————–

[1] Citado por David Harvey (1998) en La condición de posmodernidad. Amorrortu editores. Buenos Aires, P. 25.

[2] Ibídem. P. 23

[3] http://redalyc.uaemex.mx/pdf/122/12215220.pdf

[4] http://redalyc.uaemex.mx/pdf/122/12215220.pdf. 2006. Pp. 394,395.

[5] http://www.cima.org.es/archivos/Areas/ciencias_sociales/13_humanidades.pdf

[6] http://alainet.org/images/alai445w.pdf
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Una respuesta

  1. debemos mejporar llareeeeeeeee por que en bes de mejorar estamos entpeorando yaaaaaaaaaaaaaaaaa porfabor te lo estoy diciendoooo estas bien y cmo te llamassssssss porfabor dimelom

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