Finalidad del arte

Por Esther Mateo
Fuente: Solidaridad.net (2003-11-05)  

A principios del S. XXI el arte se ha convertido para muchos en un fraude, para otros en un arte elitista porque hay pocos que lo entienden, y para otros ni siquiera existe; quizá estemos asistiendo a la desaparición del arte. En estas páginas voy a tratar de exponer desde mi punto de vista, el arte actual y mi opinión sobre él. No hace mucho tiempo se abrió en Nueva York un nuevo museo que se inauguró con la exposición “Sensation”, lo que provocó muchas críticas que nos hacen reflexionar una vez más sobre qué es el arte y cuál es su función. Sobre lo que tenía dicha exposición no me voy a parar a explicarlo porque creo que no merece la pena, solamente voy a citar una obra llamada “Tale”, y representa a una figura en cuclillas defecando sobre una exposición. Con esto ya queda dicho todo.
 
El arte es una forma de expresión que va cambiando con el tiempo y con la historia a la que pertenece y la que representa. El arte tiene una función en nuestro mundo. Para Ernst Fischer, pensador austríaco y marxista que perteneció al Partido Comunista, el arte jamás desaparecerá de la historia de la humanidad. Su argumento es el de que el hombre, para rebasar los límites que le impone su individualidad, para convertir a ésta en social, tiene que apropiarse de otras experiencias, y el arte resulta, en este sentido, totalmente indispensable. Para Fischer el arte es un poderoso o llamamiento a la acción, en tanto que ilustra diversas y potenciales formas para cambiar el mundo. Pero de esto último hablare un poco más tarde.
1. FUNCIÓN DEL ARTE.

La función del arte ha cambiado al cambiar la sociedad. Todo arte está condicionado por el tiempo y representa la humanidad en la medida en que corresponde a las ideas y aspiraciones, a las necesidades y esperanzas de una situación histórica particular.

El arte, en sus orígenes, estuvo ligado a la magia, hoy por hoy su función esencial para una clase destinada a cambiar el mundo no consiste en hacer magia sino en ilustrar y estimular la acción. En los principios de la humanidad el arte tenía muy poco que ver con la belleza y nada en absoluto con el deseo estético, era un instrumento mágico o un arma del colectivo en la lucha por la supervivencia.

Algo que tenemos que tener presente, es que el arte siempre ha sido un producto social, para el colectivo. La sociedad primitiva era una forma de colectivismo muy acusado. Lo más terrible era ser expulsado de la colectividad, quedarse solo. El alejamiento del grupo o tribu significaba, para el individuo, la muerte. El colectivo significaba la vida, era lo que daba sentido a ésta. El arte, en todas sus formas (lenguaje, danza, cantos rítmicos, ceremonias mágicas) era la actividad social por excelencia, una actividad en la que todos participaban y que elevaba a todos los hombres por encima del mundo natural y animal. La necesidad de creación de un mundo superpuesto a la misma naturaleza, es el origen de la necesidad humana de expresarse artísticamente.

El arte permite al hombre comprender la realidad y fortalece su decisión de hacerla más humana.
2. ARTE ACTUAL.

Para poder dar una valoración al arte actual, tenemos que ser conscientes del mundo en guerra en el que vivimos. Vivimos en un mundo en el que la realidad está en crisis, sin valores estables.

El capitalismo ha mercantilizado la obra de arte, ha aislado al arte y al artista de la comunidad, y ha impedido el cumplimiento de su función social. La moda del arte y fetichismo nos están haciendo olvidar que hay una alienación especulativa o política. El arte se ha convertido en una actividad separada de la vida, su desaparición implica la desaparición de las causas que determinaron su necesidad para el hombre, y puede significar la incautación humana de la Naturaleza. La cultura predominante fue siempre la cultura de las clases dominantes, que se han ido apropiando de la creación colectiva, aplastando todo lo que cuestionara su dominio de clase, dándole el carácter alienante.

El arte, como dice Carpani en su libro “Arte y militancia” , tiene que ser un estilo de vida y acción y hay que negarlo como una actividad específica, especializada, exterior al hombre y a su vida cotidiana. Para que la vida se transforme en arte de vivir, el arte debe perderse y reencontrarse con la vida. Pero ¿por qué ese abismo entre arte y sociedad? El capitalismo ha hecho que el arte pierda el carácter público que tenía en otras épocas, y le ha transformado en mercancía de consumo individual, donde el valor del cambio es más importante que su valor estético. Es un mercado consumidor económicamente poderoso y manipulado por intereses comerciales que necesita renovar la oferta, inventando modas transitorias que desnaturalizan la creación estética y su función social.

La moda actual del arte es la moda del arte-mercancía, cuyo auge social responde a necesidades de tipo económico impuestas por la sociedad de consumo y que nada tiene que ver con las necesidades sociales que el arte está destinado a satisfacer. De aquí deriva la ausencia de contenidos sociales.

Tampoco podemos olvidar la gran carga que lleva el arte de servir de evasión. El tema de la huida de la realidad aparece constantemente en la literatura y arte actual. Es el tema del abandono de una sociedad que se considera catastrófica, para alcanzar un supuesto estado de ser puro o desnudo. Todo el que haya leído alguna vez algún libro, por ejemplo, de Hemingway, lo ha podido comprobar. La historia no tiene sentido, las narraciones consisten en una serie de incidentes aparentemente sin importancia ni contenido, que ocurren al margen de lo que realmente mueve el mundo; al mismo tiempo, este al margen, este más allá se considera la única existencia real.

Este sentimiento es típico de un estado de ánimo muy extendido en el mundo capitalista. Millones de personas intentan escapar de sus vidas vacías, sólo el fin de semana o las vacaciones tienen sentido. En medio de lo desconocido somos capaces de plantar una tienda de campaña y nos creemos que habrá más luz que en la oscuridad exterior.

Lo que más daño hace a los problemas de la deshumanización de las artes es la aparición de una industria de las diversiones, con inmensas masas de consumidores del arte. Sólo tenemos que fijarnos un poco en las larguísimas colas que se producen para ver exposiciones de arte que quizá llevaban media vida en esa misma ciudad, pero que ha hecho falta que alguna entidad privada (hoy en día, la mayoría de las exposiciones están patrocinadas por bancos o cajas de ahorros) o algún alcalde, las haya dado más publicidad para su propio beneficio.

Un arte que ignore vanidosamente las necesidades de las masas y se alabe de ser comprendido únicamente por una selecta minoría, abre de par en par las puertas a todos las residuos producidos por las industrias de la diversión. La cultura no debe ser creada por una élite iluminada y superior, en la que el pueblo sólo participa como receptor. La cultura debe ser un hecho colectivo, inmerso en la vida cotidiana y que se expresa en estilos de vida, modos de pensar y actuar. Cuando el artista descubre realidades nuevas, no lo hace sólo para él, lo hace también para los demás, para todos los que quieren saber en qué mundo viven, de dónde vienen y a dónde vamos.
3. LA CONSTRUCCIÓN DE UN ARTE NUEVO.

Carpani en su libro anteriormente citado, “Arte y militancia”, aborda intensamente el tema de la realización de un nuevo arte, y una nueva cultura, el arte debe y puede constituirse en un arma de lucha no violenta, nacional y social.

Los artistas con conciencia de la frustración social y humana tienen la responsabilidad y la obligación de insertarse en forma activa y militante en la lucha concreta y cotidiana de las masas, creando en función de las urgencias de esa lucha.

La nueva cultura se va generalizando socialmente, transformándose en cultura predominante, hasta estabilizarse como tal con el desplazamiento político definitivo de las viejas clases dominantes. Durante todo este proceso, la cultura oficial, adecuada a los intereses de estas últimas, va resignando su predominio y dejando de ser un producto colectivamente elaborado, perdiendo vitalidad creativa y haciéndose cultura de élite. Este proceso se desarrollará lentamente junto con la decadencia de una clase y un sistema, se manifestará en la decadencia de su cultura y los estilos artísticos que la han expresado.

El arte es una elaboración colectiva, y la creatividad del artista consiste en su capacidad de captarla y expresarla sintéticamente.

Carpani se centra en los artistas latinoamericanos, y opina que la conciencia que tienen que asumir es la de que ellos están tan alienados, mutilados y dependientes como cualquier obrero. En mi opinión creo que da igual que sean latinoamericanos, la alienación llega a todo el planeta. Pero esta conciencia no puede ser pasiva, sino que debe imponer al artista una nueva concepción de su actividad y una nueva actitud: una actitud militante, con una voluntad verdadera y efectiva de cambiar la realidad. Para esto debe responder a las necesidades prácticas concretas de la lucha. No se trata de imponerle al pueblo con un criterio culturalizador abstracto, un arte que le es totalmente ajeno y en cuya elaboración no ha participado de ningún modo. Así el arte volverá a formar parte activa y expresiva de la realidad total, vuelve a hacerse verdaderamente significativo para las masas y reasume la funcionalidad social que le es inherente y tuvo en otras épocas.

No se trata de reducir el arte a un mero panfleto propagandístico, ni limitar la libertad expresiva del artista. Se trata de revalorizar con sentido humano y revolucionario los medios de comunicación de masas, que tan eficazmente sabe utilizar el sistema con un sentido alienante para el pueblo. ¿Por qué el panfleto o el cartel no pueden ser vehículo de contenidos profundos expresados estéticamente? ¿Por qué la calidad estética es incompatible con la eficacia política revolucionaria? ¿Por qué un mural público desarrollando una anécdota política habrá de ser más limitado expresivamente y necesariamente de menor calidad que un fresco medieval desarrollando una anécdota celestial? Y ¿por qué, en fin, el equilibrio formal y la belleza plástica son incompatibles con ese carácter político revolucionario de la obra?

El punto de partida de todo artista revolucionario consiste en ejercer su militancia en el seno de aquellas organizaciones verdaderamente representativas de los empobrecidos.

La propuesta concreta que hace Carpani es la realización de talleres de militancia plástica de bases. Es necesario comenzar ya a elaborar con el pueblo y desde el pueblo los elementos formales necesariamente nuevos que por su propia génesis impliquen su identificación popular. Estos talleres no se tratan de una mera experimentación, haciendo participar a la gente de los barrios, sin un objetivo preciso. Se trata de ir promoviendo en forma metódica la constitución de equipos de militantes capaces de elaborar en un primer momento imágenes dignas y calificadas para comenzar luego a desplegar la imaginación y creatividad populares a partir de una base lo más sólida posible.

Talleres de militancia plástica constituidos por militantes, independientemente de que hayan tenido o no alguna experiencia anterior de carácter plástico. Así podemos desmitificar el arte como patrimonio exclusivo de individuos excepcionales, especialmente dotados y generalizar en la experiencia práctica la convicción de que la posibilidad creativa es inherente a cualquier ser humano.

Carpani incluso nos da la metodología general que se puede seguir en este tipo de talleres:

1. Selección de material fotográfico (tarea individual).

2. Discusión y elección de las imágenes (tarea colectiva).

3. Ejecución de bocetos sobre la base del material fotográfico seleccionado (tarea individual).

4. Discusión, elección, modificación, etc., del o los bocetos más efectivos, a partir de todos los que se realizaron individualmente (tarea colectiva).

5. Ejecución de carteles, murales, etc., sobre la base de los bocetos elegidos y corregidos colectivamente (tarea colectiva).

A partir de aquí podría hacer una lista de artistas que han hecho posible que la solidaridad no se olvide en este plano de la vida, pero lo voy a dejar para otra vez, porque tiene que haber más de los que conozco.

Ahora nos toca a nosotros poner en práctica esto que nos dice Carpani, él cual es un ejemplo de estos artistas a los que me he referido, y que fundó en 1959 el Movimiento Espartaco, del que otro día hablaré.

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