Luis Corvalán Lepe en serio

Por: Ismael Llona M.
Fuente: http://www.elclarin.cl (28.07.10)

A su muerte se ha escrito fanfarria y chimuchina y se ha hecho de lo secundario lo principal. Hasta el Presidente Piñera, elegido por los que lo persiguieron, encarcelaron y torturaron, por aquellos que han proclamado que “no hay mejor comunista que el comunista muerto”, entregó el pésame a Teiller, que lo aceptó sin pestañear.
Incluso algunos que fueron por años sus camaradas discípulos y subalternos, y que después se dieron vueltas y vueltas, han recurrido a la chismografía y el desprestigio. Piezas para ir a parar al basurero de la historia, como dijera tantas veces Luis Corvalán, escribieron Fernando Villegas y Rodríguez Elizondo. Afortunadamente Roberto Ampuero, antiguo militante también de la jota de Corvalán y protegido por ello en Cuba y Alemania, se quedó callado.

Es verdad que a Luis Corvalán Lepe le dijeron Condorito y le dijeron Patitas Cortas. También Bigote Blanco. Es verdad. Es verdad también que desde su regreso clandestino a Chile, cuando estaba prohibido y perseguido por la dictadura, dejó de estar en la primera línea de la dirección comunista.

Pero es más verdad que el profesor primario Luis Corvalán Lepe, sin comprarse el cargo o dar golpes de estado, fue el primer comunista chileno durante décadas, presidió el partido comunista más grande de América y uno de los dos más grandes de Occidente y fue el principal constructor del Frente del Pueblo, del Frente de Acción Popular y de la Unidad Popular.

Por esos “porfiados hechos”, como le gustaba reiterar, es sin duda una de las figuras más importantes de la historia de Chile.

Los comunistas y quienes éramos sus amigos políticos le decíamos don Lucho. No don Luis, don Lucho, porque era respetable y al mismo tiempo humilde. No tenía esa autosuficiencia de Volodia, que se creía – se lo había dicho Neruda- “el hombre más inteligente que he conocido”. No tenía esa fría distancia de Orlando Millas. No era Neruda, no escribía en grande como Neruda, no tuvo –al parecer- los amores que tuvo Neruda, no vivía como Neruda.

Ni Volodia ni Orlando ni Pablo fueron dones. Sólo don Lucho.

Fue un alto y sencillo dirigente en una época de brillantes personeros políticos que tuvieron que mirarlo para arriba o para el lado como lo miró siempre Salvador Allende. Nunca para abajo.

Fue un hombre de clase.

Con esa u otra política siempre se identificó con los trabajadores e hizo esfuerzos para representarlos en la lucha social. Nunca dejó de estar con los pobres, los explotados, los marginados.

Eso, durante más de setenta años.

Si la mayoría de los políticos de hoy estuviera, como estuvo Corvalán, siempre con los obreros, los pobres, los explotados, los marginados, viviríamos en otra sociedad.

Fue visto, entonces, siempre, como el mayor enemigo público chileno del imperialismo –que existía y existe- , de la reacción norteamericana y de la reacción chilena.

No es casual que haya sido apresado por el gobierno de derecha de González Videla y por la dictadura de derecha de Augusto Pinochet.

Si hubo presos importantes en Dawson, y los hubo, Luis Corvalán fue el más importante de todos. Radio Moscú llegó a pedir, en esos años, entre 1973 y 1977, “libertad para Luis Corvalán y los demás patriotas”.

La URSS llegó a acuerdos con EE.UU. y su peón Pinochet y lo canjeó por un importante adversario interno ruso. Lo sacó de Dawson y lo llevó a Berlín. Luego a Moscú. Al “disidente” ruso no lo enviaron a Santiago sino a Washington.

Desde siempre Allende coincidió con Corvalán.

Desde el Frente Popular hasta su muerte.

Estuvieron juntos el 38, el 52, el 58, el 64, el 70.

Ambos apostaron a la vía pacífica para avanzar hacia el socialismo. Y la impusieron en la izquierda. Corvalán parecía menos complejo ideológicamente que Allende y más cercano incluso a las posiciones del PCUS pero ambos eran marxistas leninistas profundamente influidos por la legalidad democrática que los sectores subalternos de la sociedad chilena arrancaron en décadas a quienes ejercían el poder en nuestro sistema capitalista.

Ambos, además, lucharon en el período de la Unidad Popular por ampliar la alianza hacia la democracia cristiana y combatir el ultraizquierdismo.

Ambos veían el ultraizquierdismo no sólo en el Mir sino en las corrientes más izquierdistas del proceso revolucionario chileno.

El documento “Ultra izquierdismo, caballo de Troya del imperialismo” fue escrito, después del golpe de Estado, en el exilio, cuando Corvalán era Secretario General del Partido Comunista. Ese libro es primo hermano del de Lenin: “Ultraizquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”.

Boris Ponomariov, miembro del Buró del Partido Comunista de la URSS, entregó a Gazmuri, en diciembre de 1972, en Moscú, recomendándolo, el famoso libro de Lenin. Diez meses después fue el golpe.

“No hay que mear contra el viento” les señalaba a los que proclamaban “avanzar sin transar” y “contra viento y marea”.

“No hay que poner la carreta delante de los bueyes” señalaba criticando a quienes buscaban acelerar el proceso revolucionario sin tener fuerzas suficientes, como se probó, para hacerlo.

Resumía en una frase entendible y popular toda la línea política que los intelectuales trataban de explicar en páginas y páginas.

Estaba preso en Dawson cuando se le informó de la muerte, por la tortura, de su hijo, asesinado por serlo. Era una hora de descanso. Jugaba a las cartas con otros relegados y tomaba su tecito. Se tragó el dolor y a nadie quiso contagiarlo con su tragedia.

Hizo creer que representaba al proletariado y poseía la ciencia, la verdad científica en el terreno de lo social. Creía en dogmas como en dogmas creen sus críticos.

Planteó en los años cincuenta y sesenta la necesidad de construir un Frente de liberación nacional y no sólo un Frente de trabajadores. Anticipaba la idea posterior de un gran Frente Antifascista, necesario desde los setenta en adelante.

Ateos han dicho han dicho a su muerte que ahora que “ha muerto el paraíso comunista” (en el que creyeron los que lo dicen) Dios (en el que no creen) podría recibirlo en el suyo.

Está claro que “el paraíso comunista” no llegó a existir. Tampoco “el paraíso cristiano” ni menos “el paraíso capitalista”. El “paraíso capitalista”, en cinco siglos, no en cincuenta años, ha hecho más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, más desigual a la especie humana.

Habría que decir que ojalá Dios los reciba a todos en el suyo.

La verdad es que Luis Corvalán, en tantos años de combate político, tuvo un rol de dirección decisivo en el mejoramiento de las condiciones de vida del país y los trabajadores, empleados, obreros, campesinos. Con él fueron menos los pobres.

Chile fue más Chile con la nacionalización del cobre. Chile se democratizó con su partido comunista, entre los cincuenta y los setenta. Fue impulsor del voto de las mujeres y de los analfabetos. Fue impulsor de las leyes sociales que mejoraron en algo la vida de los trabajadores. Sus “discípulos” llevaron adelante la reforma agraria y la sindicalización campesina.

Don Lucho, salúdeme a Allende, a Rodrigo Ambrosio, a Carlos Lorca, a Víctor Jara. Y a su hijo. Usted fue el último en partir.

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