Aborto: puntos de vista moral y religioso

Por: Gisela Ortega *
Fuente: www.pieldeleopardo.com

Adital – El aborto genera opiniones contradictorias; dentro de su contexto intervienen principios éticos, morales, jurídicos, religiosos, médicos, prácticos, y de salud pública. No es fácil establecer prioridades entre valores éticos conflictivos, pero si es necesario reflexionar sobre principios moralistas y filosóficos de derecho que legitiman la necesidad de proteger los derechos humanos de las mujeres y su autonomía como seres individuales.

En el mundo existen culturas, ideologías y religiones con distintas actitudes con respecto al instante exacto en que el embrión se transforma en “un ser humano con alma”. Hay tradiciones que creen en la hominización -que es el momento en que el óvulo fecundados se convierte en persona- ocurre en algún instante después de la concepción; otros opinan que la vida no comienza sino cuando el feto es “viable”.

Algunas religiones no se oponen al aborto: estiman que debe permitirse bajo ciertas condiciones. Otras lo dejan a la discreción de la persona de acuerdo a lo que dicte su conciencia y unas terceras lo condenan totalmente.

El trato que se le ha dado al aborto no sólo difiere entre las distintas comunidades religiosas, sino que ha suscitado numerosas polémicas en el interior de las mismas. Dichas discusiones han cambiado a lo largo de la historia y continúan siendo objeto de un constante debate en el cual no hay unanimidad de opiniones.

Pensamiento religioso: algunos ejemplos

En el caso de la jurisprudencia islámica, por ejemplo, existe desacuerdo en cuanto al momento exacto de la instalación del alma en el cuerpo y el desarrollo del feto, -un grupo permite el aborto hasta los 120 días, otros los prohíben en etapas más tempranas-. Dentro del judaísmo, si bien se exige el aborto cuando peligra la vida de la madre, existe una gran divergencia entre los distintos movimientos en cuanto a permitir el aborto por razones terapéuticas.

En Judaism and Abortion seseñala: “hay divergencia en la tradición judía en cuanto a permitir el aborto en caso de malformaciones fetales. En estos casos el aborto no se justifica por las dificultades que deberá enfrentar la criatura, sino por el sufrimiento mental o emocional para la madre que resulta de continuar el embarazo. El factor determinante es, pues, la mujer y no la condición o futuro del feto”.

En la Iglesia católica romana, la posición que establece que la vida existe desde el momento de la concepción no siempre ha sido la misma. En La Historia de las ideas sobre el aborto en la Iglesia Católica se advierte: “antes de 1869 la mayoría de los teólogos enseñaban que el feto se convertía en un ser humano con alma a partir de los 40 días -a veces más tarde después de la concepción-“. La postura de la jerarquía eclesiástica de condena absoluta al aborto ha sido cuestionada por teólogos católicos que piensan que es permisible en las primeras etapas de gestación.

Hasta Pió IX, los pontífices se preocuparon primordialmente de problemas de penitencia en relación al aborto, es decir catalogaban y definían la magnitud de varios pecados entre los cuales el aborto no era de los más trascendentales. Desde la publicación Apostólica Sedis de Pió IX, -1846 – 1878- la práctica del aborto bajo cualquier circunstancia se convirtió en falta grave y castigada con la excomunión.

Pió XI en 1930 dijo que la vida de la madre y la del feto son igualmente sagradas, que nadie tiene el poder ni la autoridad para destruirlas. Pió XII refrendó esta argumentación dándole normas a la rigidez de la Iglesia frente a este asunto del niño por nacer. Pablo VI, en 1968, confirma la misma concepción. “La vida humana es sagrada desde su origen”, advirtió Juan XXIII.

Benedicto XVI, en su discurso a los participantes del Tercer Encuentro de los presidentes de las Comisiones Episcopales para la Familia y la Vida de América Latina, que se realizo en la Santa Sede, en diciembre del 2005, condeno el aborto y dijo:

“Es necesario ayudar a tomar conciencia del mal intrínseco del crimen del aborto que, al atentar contra la vida humana en su inicio, es también una agresión contra la sociedad misma. Los políticos y legisladores, como servidores del bien social, tienen el deber de defender el derecho fundamental a la vida, fruto del amor de Dios”.

Como observamos, la Iglesia no ha cesado de reprobar el aborto.

Otros cultos, otras opiniones. La mayoría de las iglesias e instituciones vinculadas a cultos religiosos han declarado su punto de vista frente al aborto en forma clara. La más fuerte posición es la organización Pro-Vida, cuyos líderes provienen principalmente de la católica.

Sin embargo dentro de las mismas asociaciones, hay quienes no están de acuerdo con la posición oficial de la Iglesia. Por ejemplo dentro de la Iglesia Católica, hay grupos que en la actualidad defienden el aborto durante el primer trimestre y han hecho notar que en algún momento la iglesia aceptó la idea aristotélica de que el alma no entra al cuerpo hasta después de 40 – 80 días de la concepción. Santo Tomás de Aquino ratificó esta idea.

Con excepción de la católica, la mayoría de las iglesias que tienen la posición Pro Vida, aceptan el aborto en casos excepcionales como cuando la vida de la madre esta en riesgo de muerte. Judíos ortodoxos, protestantes evangélicos, luteranos y mormones creen que la vida comienza en el momento de la concepción y, por lo tanto, que el feto es digno de derechos y protección. Para estos grupos, la meta es revertir o detener las leyes que legalizan el aborto.

Otras casas de Dios, como Unidad de Cristo, Metodista, Episcopal y Prebisteriana han adoptado abiertamente la posición pro-elección, que consideran que la definición del momento en que la vida humana se inicia es una cuestión que no esta establecida. Por lo tanto, entienden que se debe permitir a la mujer ejercer su libertad personal y seguir sus creencias morales y religiosas. Consideran además que el bienestar de la mujer es una prioridad sobre el bienestar del niño y creen que la legalización del aborto asegura la salud de la mujer.

Sostienen también que el aborto es una opción ante circunstancias especiales y no debe ser usado como un método ordinario de planificación familiar.

Pro-vida – Pro-elección. Comose advierte en las discusiones sobre la sexualidad hoy, existen dos facciones: Pro-vida, en contra del aborto y su legalización y Pro elección, a favor de la reglamentación del aborto. Ambos grupos están bien organizados y totalmente convencidos de sus respectivas posiciones. En cada uno de ellos hay seguidores más o menos extremos. En Pro-vida hay quienes no solo están en desacuerdo con el aborto sino con todo tipo de métodos anticonceptivos que no sea el natural o del ritmo.

En Pro-elección algunos consideran el aborto como una fórmula de planificación familiar. En el intermedio, hay acuerdo en que los métodos anticonceptivos modernos y la educación sexual son indispensables para disminuir el aborto, y que este puede ser aceptado en circunstancias extremas.

Pro-elección considera que la mujer tiene total derecho a controlar su cuerpo y, por tanto, a decidir si continúa o termina un embarazo. Cree que la existencia humana es buena y debe preservarse, pero que la calidad de vida es más importante y, por tanto, el aborto, es en muchos casos “la menos mala de las decisiones”. Además estiman que, como no hay un consenso social ni claridad sobre el momento en que empieza la vida, el Estado no debe legislar en este terreno, sino que debe dejar la decisión a la mujer que es quien tiene derecho a decidir sobre su cuerpo y lo que acontece dentro de él.

Tanto Pro-vida como Pro-elección están de acuerdo en el valor y la dignidad de la existencia humana, pero no están de acuerdo en cuándo la vida se inicia y en la relativa importancia que se da a la calidad y a la supervivencia por sí misma. La tendencia mundial claramente se está orientando hacia la legalización del aborto en casos tales como malformaciones del feto, peligro de muerte de la madre, violación o incesto.

Hay todavía mucha controversia con respecto a la legalización del aborto en otras circunstancias.

El probabilismo

El probabilismo, doctrina que se desarrollo en el siglo XIX, proporciona la base teológica a las diversas posiciones que han surgido dentro de la Iglesia católica, acepta el punto de vista de los teólogos en cuanto a que una dudosa obligación moral no podía ser impuesta como certeza (Ubi dubidumm ibi libertad: donde hay dudas no hay libertad), sino que en ultima instancia la decisión moral depende de la conciencia propia. Por lo tanto la persona misma, a través de su discernimiento o de un convencimiento proporcionado por expertos, tiene el derecho de disentir de las enseñanzas de la Iglesia si se alcanza una “probabilidad firme”. La teoría del probabilismo, que continúa siendo parte de los principios de la iglesia, permite un desacuerdo privado y apoya la conciencia individual.

La ausencia de un debate escolástico adecuado muestra una posición inflexible por parte de la Iglesia y trae como consecuencia que la mayoría de los católicos tengan la errada creencia de que su doctrina con respecto al aborto es infalible. Sin embargo, dada la divergencia de opiniones y la falta de una tradición clara y continua que considere el aborto como un homicidio, es imposible formular una declaración verdadera al respecto. Es por ello que los pronunciamientos pontificios y las leyes canónicas que prohíben la práctica del aborto no forman parte de las declaraciones papales que los fieles deben considerar como infalibles.

A pesar de la fuerte oposición de la jerarquía eclesiástica con respecto a la anticoncepción artificial, en Latinoamérica se ha reafirmado la separación entre las políticas públicas del Estado y los postulados de la Iglesia en lo referente al tema de la planificación familiar, donde se ha visto un avance en materia de legislación y programas sobre derechos productivos y sexuales. Luego de la conferencia Internacional de las Naciones Unidas, sobre Población y Desarrollo, celebrada en El Cairo en 1994, algunos países revisaron su legislación o adoptaron nuevas leyes tendientes asegurar el ejercicio de los derechos reproductivos y sexuales.

Este no ha sido el caso con respecto al tema del aborto, donde la iglesia continúa ejerciendo una fuerte oposición a los proyectos de leyes que despenalizan esta práctica. La jerarquía eclesiástica no se ha adaptado a la realidad que viven las mujeres hoy día, ni al hecho de que en Latinoamérica, un gran porcentaje de los creyentes católicos no está de acuerdo con respecto a los postulados de la iglesia en cuanto al aborto.

En una encuesta realizada en Bolivia por Aída Camacho, para su libro Aborto impune, se señala que el 42% de los católicos y el 54% de aquellos que no practican ninguna religión no están de acuerdo con la posición de la iglesia católica sobre el aborto.

Criterios morales, éticos y jurídicos

“Los problemas colectivos que tocan la conciencia de cada individuo se vuelven sumamente difíciles de solucionar, especialmente cuando existen distintas posturas al respecto y se busca establecer un margo legislativo que satisfaga a la mayoría de los ciudadanos. No es fácil solucionar conflictos éticos es establecer prioridades entre ellos, pero sí existe un consenso con respecto a la necesidad de aceptar excepciones bien justificadas a la hora de aplicar estos principios”, señala José Barzaletto, en Perspectivas éticas para legislar sobre el aborto, agregando:

“Es por ello que para analizar éticamente el problema del aborto inducido, además de los principios morales aplicados al campo de la salud, el legislador también debe tomar en cuenta los preceptos que orientan la formación del derecho positivo y que forman parte de la filosofía del derecho. Mediante un análisis objetivo, y estimando las consecuencias prácticas de las alternativas legales que se presentan, se puede llegar a conclusiones éticamente validas”.

“Sin pormenorizar las diversas teorías políticas al respecto, la idea de democracia se apoya en que el poder político debe residir en la comunidad, puesto que nadie posee por derecho propio la facultad de regir sobre sus semejantes. El Estado democrático liberal no solo debe garantizar los derechos fundamentales del individuo, sino que debe servir al bien común, proveer el mayor beneficio directo y para el mayor número de sujetos que integran la colectividad estatal…

“Por otra parte, la idea de justicia se centra en la distribución equitativa de cargas y beneficios, sin distinción de género, raza, edad o nivel socioeconómico. Es decir, todas las personas dentro de una sociedad determinada merecen igual acceso a bienes y servicios que cubran sus necesidades humanas básicas. Del mismo modo el concepto de equidad jurídica implica no sólo la igualdad en los derechos fundamentales, sino también la ecuanimidad ante la ley”.

Todos los seres tienen el derecho a la libertad de determinación y acción mientras no interfieran con los derechos de las demás personas. La libertad se manifiesta en la decisión sobre el destino propio es decir, la autonomía personal.

Polémica no resuelta

Venezuela. La abogada Sonia Sgambatti, profesora de la cátedra de Medicina Legal de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela, autora de El Aborto, aspectos historiográficos, legales, éticos y científicos advierte:

“Nuevamente nos vemos ante un hecho que despierta ardientes polémicas, posiciones encontradas y perjuicios arraigados, como es el tema del aborto (…) Curiosamente, la legislación más primitiva no lo consideraba como situación para ser sancionada, aunque siempre había puntos de vista respetables que sostenían criterios adversos. En la sociedad politeísta, denomina por otros pagana, filósofos de la estatura de Aristóteles y versados en los asuntos de la medicina de la época como Hipócrates, condenaban esta práctica.

“En el Derecho romano, durante la época clásica, se mantuvo la licitud del aborto. Esta legalidad se basaba en el criterio de que el feto era parte de la madre y por lo tanto se respetaba la autonomía sobre el propio ser. Sólo intervenía el Estado cuando la interrupción del embarazo lesionaba derechos ajenos, o si se ejecutaba contra la voluntad del marido.

“Con el Cristianismo aparece una nueva concepción de la vida y es cuando el Estado interviene para repudiar y sancionar tal práctica. El Derecho Canónico, basado en la autoridad de los Santos Padres, y especialmente San agustín, consideraba el aborto procurado como homicidio y aceptaba la distinción Aristotélica del plazo en la animación del feto, el cual tenía lugar 40 días después de la concepción para los varones y 80 para las hembras. Si se efectuaba la muerte del feto con alma, -animado- en tal caso debía imponerse al autor la pena capital y si se efectuaba la muerte del feto no animado, recibía una pena mucho menor, se le castigaba en este caso con el confinamiento. Tal distinción pasó a las legislaciones”.

“En general, -prosigue diciendo la jurista- el aborto fue siempre un tema de discusión en los diferentes países, por sus implicaciones morales y de salud de la madre expuesta a tal interrupción preocreativa. Oscilaba entre posiciones un poco mas liberales como es el caso del Código de Carlos V, que reduce el castigo al imponer la obligación que debían tener los juecesde reconsultar con los peritos humanizando de alguna forma la sanción penal”.

“Es a partir de los Siglos XVIII y XIX, cuando el hombre inicia un cambio de actitud frente a los conceptos filosóficos, morales y sociales, cuando surgen los argumentos abolicionistas, especialmente en Francia y Alemania, donde se propugnaba la exclusión del aborto del catalogo de los delitos. A partir de esa época resucitaron los argumentos de que la mujer podía disponer de si misma negando autonomía al feto”.

“En el Derecho venezolano, como en casi todos los países iberoamericanos, el aborto esta concebido como de orden individual, antes que de comunidad. Así vemos que este delito esta previsto dentro del Código Penal, en el título de los Delitos contra las personas. El aborto esta catalogado como una trasgresión que lesiona intereses individuales”.

Finaliza diciendo: “En los últimos tiempos, el aborto se halla íntimamente ligado a situaciones novedosas, a condiciones sociales cambiantes, a un reajuste de circunstancias que implican lo moral, lo político y lo social. Ante tal situación, se impone una actitud más ajustada a la problemática actual que redefina la punibilidad del aborto”.

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EL ABORTO: NOTA FINAL SOBRE UN DRAMA SOCIAL
La interrupción del embarazo es un asunto de suyo grave. Para la sociedad y para la mujer, que debe considerarse un víctima –”criminalizada” en aquellos países que aun lo tipifican como delito sin atenuantes–.

Sin embargo y en la practica el aborto constituye, como lo confirma la estadística, un método peligroso y tristísimo de controil de la natalidad. Peligroso, porque en América latina suele realizarse en la clandestinidad y sin los recaudos médicos mínimos.

Y tristísimo porque –como hemos visto a lo largo de esta serie de artículos– las principales perjudicadas son adolescentes y mujeres jóvenes que en no pocas ocasiones terminan con ese hecho su vida reproductiva. O mueren.

Sexta y última entrega del informe preparado para Piel de Leopardo por su autora.

Gisela Ortega*

Como hemos podido analizar a lo largo de estos reportajes el aborto, dada su magnitud, constituye una realidad-problema de salud pública mundial. No hay confiabilidad de los datos que existen para estimar la mortalidad y morbilidad materna específica por los subregistros existentes. Está determinada fundamentalmente por el aborto séptico, sobrepasando ampliamente la hemorragia y la toxemia gravídica.

El mayor número de gestaciones se registra en los grupos más jóvenes de la población en edad fértil y por consiguiente son los más expuestos a las implicaciones propias del embarazo, entre ellas el aborto.

La liberación de las mujeres de la maternidad no deseada es un criterio que se reafirma y se extiende cada vez en mayor proporción en los países del planeta, y se torna en un derecho legítimo, del cual debe ser acreedora la mujer.

El aborto, como producto de un embarazo no deseado, afecta a las mujeres del mundo y de todas las clases sociales, tanto en áreas urbanas como rurales. Es un problema que esta determinado por factores diversos, entre los que se destacan la diferencia de poder entre géneros, la insuficiente educación sexual y reproductiva así como la imposibilidad de tener acceso a servicios básicos de salud y de planificación familiar, señalan las investigaciones realizadas por la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia y la Organización Mundial de la Salud.

La penalización del aborto en los países en vías de desarrollo trae como consecuencia su práctica en forma clandestina y en condiciones insalubres que pone en peligro la vida de millones de mujeres por las altas tasas de morbilidad y de mortalidad, relacionadas con ello, y sus implicaciones éticas, religiosas, jurídicas, médicas y sociales, esta praxis constituye un problema de justicia social y de salud pública de tratamiento sumamente complejo.
Los números ciertamente non gratos

Cada año se practican alrededor de 20 millones de abortos inseguros en todo el mundo, de los cuales 4 millones corresponden a la América Latina. Estudios efectuados por la Organización Mundial de la Salud, indican que en América Latina y El Caribe, se efectúan treinta abortos por cada mil mujeres, entre las edades de 15 y 49 años, más del doble de promedio mundial de trece por cada mil.

 Se estima que la causa primordial de las 600 mil muertes maternas anuales en el mundo, es decir una de cada ocho defunciones relacionadas con el embarazo, se debe a un aborto clandestino.

Aproximadamente 210 millones de embarazos ocurren cada año en el planeta, de los cuales se estima que 38% no son planificados y 22% de ellos acaba en aborto. En América Latina y el Caribe, de las 18 millones de concepciones que se producen cada año, 52% no son planeadas y 21% termina en aborto.

Distintas investigaciones y encuestas llevadas a cabo indican que las mujeres más propensas a someterse a un aborto son las que mantienen uniones estables y con varios hijos, es decir: aquellas que corren el riesgo de un embarazo no deseado por estar aún en edad reproductiva con una vida sexual activa, que no desean tener un hijo en un futuro cercano o no quieren definitivamente tener mas descendencia.

Un diagnóstico realizado en Bolivia, Colombia, Perú y Venezuela indicó que el 79% de las pacientes hospitalizadas por aborto estaban casadas, el 51% tenía más de 2 niños y el 85% tenía 20 años o más.
Razones de una determinación compleja

Ha quedado demostrado que ningún método anticonceptivo es totalmente efectivo. Estudios hechos en los Estados Unidos advirtien que el tres por ciento de las consumidoras de la píldora, el uno por ciento de las usuarias del dispositivo intrauterino, y el 0.3% de las beneficiarias de anticonceptivos inyectables quedaron encintas durante el primer año de su utilización, al igual que el 12% de mujeres cuyos compañeros utilizaron condones.

Existen razones económicas, personales o familiares por las cuales las mujeres deciden terminar con un embarazo no deseado.

Muchas desean acabar una gestación que resulta de una violación o incesto. Las solteras recurren al aborto por temor a ser rechazadas por su familia y la sociedad o por el deseo de obtener ciertas metas profesionales antes de la maternidad. Algunas deciden que ya han tenido los hijos que desean o piensan esperar para a tenerlos. Otras porque la pareja no tiene una relación sólida que permita educar a los niños, o cuando el hombre deja de prestar apoyo emocional y económico.

El recuento de por qué se acude al aborto debe considerar el hecho de aquellas ocasiones en que el embarazo pone en peligro la vida de la mujer si lo lleva a término o no se siente preparada ni física ni emocionalmente para ser madre. También a que exista la posibilidad de que el feto nazca con graves malformaciones congénitas.

Y también cuando la mujer o la pareja no tienen suficientes medios económicos para educar a un chiquillo, ya sea por falta de un trabajo estable, por desempleo o, en algunos casos, por ser estudiante. Muchas veces incluso por miedo a la pérdida de un empleo seguro o a la expulsión del sistema de educación…
Planificación familiar

De acuerdo a estadísticas hechas por el Centro Latinoamericano de Demografía, el deseo de tener familias pequeñas se ha intensificado en los países en vías de desarrollo; sin embargo, todavía existen una serie de factores que contribuyen a que las parejas no utilicen procedimientos eficaces de planificación familiar, lo cual se reconoce como necesidad insatisfecha.

En el mundo cerca del 60% de mujeres y hombres se sirven de métodos anticonceptivos. Se estima que el 54.7% de las mujeres en edad reproductiva de Latinoamérica y El Caribe los utiliza. En el lapso comprendido de 1986 y 1994, el uso de conceptivos aumentó en un 11% en Bolivia, Ecuador, Haití, México, Paraguay y Perú. Empero, a pesar del incremento a nivel regional y del deseo de tener menos descendencia, muchas mujeres tienen más hijos de los que realmente quisieran o pueden mantener-

Debido a contextos económicos, socioculturales y políticos, el uso de anticonceptivos varía ampliamente entre las naciones; en Brasil y Colombia más del 80% de las mujeres integrantes de uniones han usado alguna vez estos medios, pero en Guatemala o Haití menos de un tercio de ellas han utilizado algún anticonceptivo moderno.

Se calcula que a nivel planetario de 120 a 150 millones de mujeres casadas no desean tener más hijos o prefieren espaciar futuros embarazos, pero no están utilizando ningún método de planificación familiar. A su vez, se presume que 350 millones de parejas en el planeta no tienen acceso a la planificación familiar. En Latinoamérica, en el caso de las parejas con bajo nivel de instrucción, la proporción de mujeres que no logran satisfacer estos requerimientos supera entre cuatro y diez veces –dependiendo del país– el número de mujeres con educación superior en tal condición.
No es fácil planificar la maternidad

Existen muchos obstáculos: las mujeres que viven lejos de centros médicos o clínicas, las que no saben obtener dichos servicios o se sienten incomodas con el trato en este tipo de instituciones y –desde luego– las causas económicas, costos de los anticonceptivos, que impiden la divulgación de sistemas de planificación familiar.

Además se puede constatar que una serie de factores socioculturales previenen la utilización de la anticoncepción moderna, como razones ideológicas, desaprobación por motivos religiosos o culturales, prejuicios, angustia apor eventuales efectos secundarios, temor a la infidelidad conyugal y el desequilibrio de poder dentro de las parejas donde la oposición del compañero puede desalentar y dificultar el acceso a sistemas de planificación.

Muchas parejas utilizan técnicas tradicionales como la abstinencia periódica o el retiro –coitus interruptus– que, para que sean efectivos, requieren el seguimiento exacto del ciclo fértil de la mujer, o utilizan procedimientos recientes pero no entienden la importancia de emplearlas correctamente y en forma continua.
El aborto ante los valores de la sociedad

El problema del aborto inducido está inmerso en una gran controversia ideológica y religiosa sustentada en dogmas y valores no aplicables a la realidad social que viven las mujeres hoy. Así pues, los principios éticos, morales filosóficos y religiosos sirven para reflexionar y evaluar estos valores, adaptándolos al contexto actual que sirven al legislador como una guía de acción ante la resistencia moral para admitirlo.

El tratamiento legal que se le ha dado al aborto en las sociedades latinoamericanas no solo lo convierten en un problema de justicia social, sino que limita un principio ético fundamental: la libertad individual. Mediante una postura penalizadora y restrictiva sobre el aborto, se le impide a la mujer el ejercicio pleno de su derecho a la maternidad voluntaria.

Legalización. Para legislar sobre el aborto se debe tomar en cuenta la realidad y la diversidad de problemas que enfrentan nuestras sociedades con respecto al aborto ilegal y no aferrarse a posturas extremas, porque de lo contrario se corre el peligro que la obra del legislador quede reducida a letra muerta.

El profesor Luis Recasens Fiches, aclara que la función del legislador consiste en interpretar qué es lo que la justicia exige con respecto a determinadas situaciones sociales concretas y de acuerdo con eso, formular el derecho positivo que debe regir.

En cuanto a la perspectiva religiosa, además del principio del probabilismo, el debate permite a los legisladores que consideran al aborto como inmoral en su fuero íntimo, discutir proyectos de ley o favorecer politicas que permitan esta práctica. Existen razones suficientemente serias y valiosas, respaldadas por muchas personas y por autoridades confiables para apoyar estos proyectos de ley. Por otro lado estos son permisivos, no coercitivos ya que no se le exige a nadie tener un aborto. Además no existe un consenso entre las religiones –como hemos visto en un artículo anteriot– en cuanto a que el aborto constituya homicidio.

Es necesario tener presente que la penalización afecta de manera distinta a las mujeres según sus recursos económicos, discriminando a aquellas que por carecer de medios suficientes deben acudir al aborto clandestino, infringiéndose de esta manera el principio de justicia y equidad.

Al Estado le corresponde garantizar los derechos humanos fundamentales de los individuos y promover la justicia social mediante políticas y leyes adaptadas a la realidad social del momento sin pretender erigir o cautelar una sola moral pública.

Para poder llegar a decisiones basadas en la equidad que reconozcan los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres como derechos humanos básicos, el aborto debe ser abordado con una óptica distinta. Es esencial que los legisladores revisen la ley interna de sus países, tomando en cuenta los principios fundamentales de la filosofía y la religión junto con la realidad social que afecta a las mujeres, y valoren su autonomía y capacidad para decidir, de una manera responsable, el destino de sus vidas y su salud.

Cristianismo y catolicismo. Existe un distanciamiento entre los preceptos de la iglesia y las prácticas de sus miembros. Estudios realizados indican que el aborto es común en los países predominantemente cristianos, demostrando que la decisión de interrumpir el embarazo tiene poca relación con la práctica de la religión católica.

El doctor Mariano Requena realizo un estudio en Chile, y los datos obtenidos indican que la proporción de embarazos terminados entre las mujeres católicas no difiere entre las mujeres sin religión, de lo que se infiere que la prohibición moral no tiene ningún efecto sobre la decisión de abortar cuando la gestación resulta insoportable para la mujer.

En su libro El poder y la vida el expresidente Valéry Giscard D’Estaing, relata: “Yo soy católico –le dije a Juan Pablo II–, pero también soy presidente de una República cuyo estado es laico. No tengo porque imponer mis convicciones personales a mis conciudadanos, sino que debo procurar que la ley responda al estado real de la sociedad francesa para que sea respetada y pueda ser aplicada.

“Comprendo perfectamente el punto de vista de la iglesia católica y como cristiano lo comparto; juzgo legitimo que la iglesia pida a los que practican su fe que respeten ciertas prohibiciones, pero no corresponde a la ley civil imponerlas con sanciones penales al conjunto del cuerpo social”.
Conclusiones

El aborto es considerado internacionalmente como un problema de salud pública y eresultado de múltiples y complejas causas, consecuencia de una serie de componentes de tipo social, económico, psicológico, cultural, etc.

Las altas cifras de mortalidad y lesiones en mujeres jóvenes a consecuencia del aborto realizado en condiciones de riesgo, son testimonio trágico del fracaso de la sociedad por salvaguardar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres victimizadas por la ceguera de los legisladores y la terquedad religiosa.

Entre los factores que de forma concluyente influyen en la mujer para tomar la decisión de abortar se encuentran –además del orden social– el miedo a los padres, la falta de compañero, la escasez de vivienda, de ingresos debido a los precarios salarios, las violaciones, el incesto, el miedo a perder el trabajo, entre otras.

La mujer no se realiza el aborto por el simple hecho de practicárselo, lo hacen de una manera razonada y por haber llegado a la conclusión de que es mejor recurrir a un aborto por encontrarse en condiciones absolutamemte desmedradas para poder tener y educar a un hijo, tanto en su desarrollo como en su madurez.

Los aspectos legales del aborto en la mayoría de los países del mundo fueron sancionados cuando se desconocían los actuales métodos científicos que permiten rutinariamente determinar el estado de bienestar fetal o de malformación en el periodo intrauterino, y cuando se desconocían los riesgos que podrían ocasionar las radiaciones ionizantes o las enfermedades virales.

En definitiva el objetivo de las leyes sobre aborto es cautelar los derechos de la mujer, proveerla de conocimientos sobre éstos y su propia sexualidad, poner a su disposición métodos anticonceptivos seguros, respetar su ubicación en la sociedad y combatir las injusticias de género.

La mujer debe tener autoridad sobre su cuerpo y juzgar sobre su capacidad maternal para decidir cuando y cuantos hijos desea tener.

Los gobiernos deben eliminar todos los obstáculos legales y reglamentarios a la salud reproductiva y crear planes completos de salud dirigidos a edades específicas. Implementar programas sobre sexualidad, anticoncepción y reproducción que ayuden a los y a las adolescentes a desarrollar su capacidad de tomar decisiones responsables. Deben asegurar el acceso universal a información y servicios confidenciales y de alta calidad en materia anticonceptiva, así como atención pre y postnatal para adolescentes al margen de su estado civil.

Asimismo, deben revisar su ordenamiento jurídico, modificando la leyes restrictivas sobre aborto que infringen los instrumentos regionales e internacionales que protegen los derechos humanos de la mujer, entre otros su derecho a la vida, a la salud, a la libertad y seguridad, apoyando leyes que permitan el aborto sin restricción o en situaciones especiales.
Bibliografía e instituciones consultadas

– The Center For Reproductive Rigths
– Organización Mundial de la Salud
– Oficina Panamericana de la
– CELADE
– CEPAL. Naciones Unidas
– Mujeres Hoy
– Human Rights Watch
– IPAS org
– El poder y la Vida, de Valery Giscard D.
– Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, Naciones Unidas
– IV Conferencia Mundial de La Mujer, Naciones Unidas

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5 comentarios

  1. La mayor parte de la gente ve bien el aborto por lo menos en algunos casos límite, como en caso de violación; en youtube hay un vídeo de una mujer de 31 años que nació como consecuencia de la violación de la que fue victima su madre, cuando tenía sólo 15 años. Su madre se vio incapaz de darle los cuidados que merecía su futuro bebé y tomó la valiente decisión de darlo en adopción. Es muy duro ser madre con esa edad y en circunstancias tan dolorosas. Pero pensaría que mayor desgracia era quitar la vida a su hija. Ahora esta mujer da un impresionante testimonio de agradecimiento a su madre y hace una afirmación con toda la fuerza de quién defiende sus propios derechos: “Mi vida no vale menos que la de ustedes debido a la forma en la que fui concebida” Ante esto, sólo puedo darle la razón. Es interesante verlo:

    http://es.youtube.com/watch?v=MiYMmwmIESA

  2. Hola. Cuando se habla del aborto, se suele decir que un caso comprensible es abortar a los fetos que sepamos que vienen enfermos. Hay un dato curioso: cada vez hay menos discapacitados. Son como una especie pero…no protegidas. Si hay todavía algunos es porque todavía quedan padres y madres coraje que no se asustan ante un hijo enfermo y para los que esa dura circunstancia es la ocasión para dar lo mejor que llevan dentro. Éste es un motivo de esperanza para el mundo. Sigo con mi particular homenaje a esas personas a las que los políticos llenan de lisonjas, con los que se hacen fotos que les dan un aura de personas más humanas y… a los que permiten matar en el seno de sus madres, en beneficio del bienestar general y de unas arcas públicas saneadas. Pero tampoco vamos a echar culpa de todo sólo a los políticos, elegidos por los ciudadanos y frecuentemente pendientes de halagar la tendencia dominante… Eliminar a los no superan los estándares de salud que por desgracia exigen muchos padres para que su hijo no sea abortado es una práctica cada vez más frecuente.

    Gracias por darme la oportunidad de opinar y un cordial saludo desde Granada (España)

    Santiago

    http://opininociudadano.blogspot.com

  3. Cuando se habla de la “jerarquía católica” se da una imagen deformada de la fe católica. La oposición al aborto no es cuestión de “jerarquías” sino del Magisterio. El Magisterio de la Iglesia lo prohíbe y lo condena y así está reflejado tanto en el Catecismo como en el Código de Derecho Canónico. Una comprensión mínima de la fe católica implica entender que cuando algo pertence al Magisterio las posturas de los “católicos” que disienten no pueden considerarse en modo alguno como católicas. Luego en la Iglesia no existe confusión al respecto pues el Magisterio es claro sobre el aborto. Son ciertos individuos que se consideran católicos sin serlo (“católicas” por el derecho a decidir, teólogos heréticos, grupos ideologizados) los que rechazan el Magisterio. Y al hacerlo se ponen fuera de la Iglesia.

  4. la mayor parte de las mujeres que son embarazadas de una accion que no es deseado su bebe haces esto y realizan un aborto pero no saben que estan cometiendo un error porque es un bebe indefenso sin culpabilidad alguna y por favor recapaciten ellos no tienen la culpa de porque venir al mundo de tal manera que no van ser bienvenidos por motivos que sea y cuales quieran es un ser que no tiene culpabilidad y solo porque si ,quieren privarlo de su vida.
    No realizan algo que el dia de mañana pueden lamentar pero ya va hacer de maciado tarde , hoy de lo digo yo mañana te lo dira la vida.Reaccionen todavia estan a tiempo.

  5. [...] Aborto: puntos de vista moral y   religioso [...]

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