¿Orgasmo Clitoridiano versus Orgasmo Vaginal?

Fuente: http://www.gogaratalleres.wordpress.com
(14/04/2014)

173-66-largeCuando era más joven, de niña y hasta como los 19 años, la única manera que tenía de llegar al orgasmo era a través de la masturbación clitoridiana o del frotamiento de éste con partes del cuerpo (pierna, vientre, etc) del otro[1]. Cuando más tarde, “aprendí” a llegar por medio de la penetración coital, tenía amigas que nos confesaban a otras que ellas en pareja sólo lo lograban por medio del sexo oral, frente a lo que nos sorprendíamos juzgándolo y diagnosticándolo como un “problema” personal. Desgraciadamente esta creencia es muy popular en la actualidad. ¿Porqué a estas alturas todavía persiste la creencia de que no alcanzar el orgasmo (erróneamente llamado) vaginal supone un hándicap, un motivo de preocupación, siendo que hace siglos quedó demostrada la destacada sensibilidad del clítoris[2] y de que un porcentaje bien alto de mujeres no llega al clímax únicamente con la penetración? En vez de reconocer que la mayoría de las mujeres necesitan alguna estimulación añadida al coito (algunas estadísticas hablan de más del 70% de las mujeres) para alcanzar el orgasmo, el discurso erróneo que distingue entre dos clases de orgasmos considerando el vaginal como el adecuado no ha sido desalojado aún del imaginario colectivo. El mito del orgasmo vaginal es un debate antiguo entre reconocidas investigadoras y feministas; parece mentira que a día de hoy no sea una cuestión desfasada y que aún no haya sido definitivamente desmitificado, que aún esté tan profundamente instalada esta visión androcéntrica de la sexualidad femenina en nuestra sociedad. Porque, ¿A quién favorece el mito del orgasmo vaginal? A pesar del creciente conocimiento sobre la anatomía y la sexualidad en general y la femenina en particular, seguimos arrastrando hasta nuestros días la falsa convicción, mantenida incluso en círculos sensibilizados, en la distinción entre el orgasmo vaginal y clitoridiano. El origen de los motivos por los que estos saberes no han sido suficientemente extendidos en el imaginario colectivo es, en gran medida, la influencia del pensamiento freudiano, que cargado de prejuicios androcéntricos ha contribuido a crear y mantener el relato del orden cultural fundamentado en el coito reproductivo y en la esencialización de los roles sociales patriarcales asignados tradicionalmente a las mujeres. Esto ha provocado una enorme confusión en torno a la sexualidad de las mujeres y ocasionado perjuicios en detrimento de nuestros derechos sociales, bienestar y salud mental. Cuando Freud sostiene sus teorías acerca de que las mujeres que sólo son capaces de obtener un orgasmo clitoridiano son infantiles y no han conseguido madurar, no está obviamente fundamentándolas científicamente en la anatomía femenina. Se basa en ideas falocéntricas que sitúan a la mujer en posición de subordinación a los hombres. Siendo la relación de complacencia de los hombres desde dónde se comprende la sexualidad de ellas.

La sexualidad de las mujeres es definida desde el punto de vista de la satisfacción sexual de ellos, en términos de cómo les beneficiaban así como desde una mirada reproductivista. Freud defendía que las chicas una vez comenzaban a mantener relaciones sexuales con hombres debían dejar de tener orgasmos clitoridianos, orgasmos infantiles, propios de la adolescencia, para pasar a sentir el orgasmo más maduro que la vagina provocaba. Tras cientos de años de literatura que reconocía un único orgasmo femenino, el clitoridiano, Freud en 1905, declara que existen dos tipos de orgasmos, siendo el vaginal propio de las mujeres adultas al producirse el tránsito de la sensibilidad erógena desde el clítoris a la vagina. Teniendo en cuenta todo el conocimiento anatómico anterior cuesta creer que Freud, como médico experto de la época desconociera la evidencia de las escasas terminaciones nerviosas con las que cuenta la vagina frente a las numerosas enervaciones del clítoris. Como señala Laqueur en La construcción del sexo, seguramente Freud era consciente de que no se fundamentaba realmente en concepciones fisiológicas cuando escribía con el “lenguaje de la biología” sobre la transferencia del placer en las mujeres en Los Tres Ensayos.

Pero necesitaba un argumento para garantizar que los cuerpos cumplieran los roles atribuidos socialmente, a pesar de que su anatomía no confirmasen el dominio del coito heterosexual (reproductor). La dificultad con la que se encontraba el psicólogo era la manera de lograr una explicación científica y sensata de que el clítoris, órgano sexual del placer en las mujeres por excelencia, estuviera al servicio del sexo reproductor. El siglo XIX fue un período preocupado por delimitar claramente los papeles sociales de mujeres y hombres, una época en la que se minimizaba la sexualidad infantil y el placer femenino, siendo la única sexualidad válida la coital heterosexual. En este contexto “la respuesta de Freud puede considerarse como un relato cultural con disfraz anatómico. El cuento del clítoris es una parábola cultural, que explica cómo se forja el cuerpo hasta obtener una forma válida para la civilización, a pesar de sí mismo, y no por su causa. El lenguaje biológico confiere a este cuento su autoridad retórica, pero no describe una realidad más profunda en términos de nervios y carne” (Laqueur, Thomas, 1990, p. 402). Las explicaciones freudianas del desplazamiento de la sexualidad femenina y de la envidia al pene, son representaciones sociales con pretendida fundamentación en la biología e ilustran a la perfección el poder de la cultura. Una cultura que moldea los cuerpos a su gusto para representarse. Freud trata de explicar la feminidad, que no es sino la construcción social de las atribuciones culturales de la mujer en el patriarcado, a través de “la neurología del desarrollo de los genitales femeninos”. Naturalizando la asignación cultural de los órganos sexuales, es decir, modelando los cuerpos para que encajen a la perfección, dando por hecho la ideologizada narración de la pasividad de la vagina frente a la actividad del pene, el médico, erige un modelo de relación entre los sexos adecuado al patriarcado. La cultura patriarcal concibe el mismo cuerpo que encarna y requiere para legitimarse.

Para Freud la anatomía es el destino. La vagina es lo opuesto al pene, un indicador anatómico de que la mujer carece de lo que el hombre posee. La heterosexualidad es el estado natural de la arquitectura de dos sexos opuestos inconmesurables. El clítoris es una versión del órgano masculino y sólo al postular una especie de histeria femeninageneralizada, enfermedad en que la cultura adopta el papel causal de los órganos, puede explicar Freud cómo la vagina cede supuestamente su rol, en la vida sexual de las mujeres, a favor del “órgano opuesto””(Laqueur, Thomas, 1990, p. 397)

El padre del psicoanálisis y sus seguidores freudianos se inventan entonces la frigidez en los casos en los que la mujer no logra el orgasmo vaginal y prefiere el clitoridiano atribuyéndole la necesidad de ayuda psiquiátrica. El tratamiento psiquiátrico era la respuesta necesaria frente a su dificultad para amoldarse a su papel “natural” como mujer. Las sociedades patriarcales organizadas en términos de intereses masculinos no ha concebido nunca a las mujeres como seres independientes dueñas de sí, en ninguna de las facetas de la vida, no es sorprendente entonces que tampoco en el plano sexual sea considerada sujeto deseante, con deseo propio, con necesidades y derechos iguales en el acto sexual. Esto explica el elevado índice de la denominada frigidez en las mujeres. Explica que muchas mujeres crean que exista un problema psicológico en ellas basadas en hipótesis falsas sobre la propia biología femenina. Un problema que realmente no existe en la mayoría de los casos.

La realidad es que el clítoris es el foco de la sensibilidad sexual femenina y esta dotado de corpúsculos genitales o terminaciones nerviosas con cuya estimulación proporcionan la sensibilidad capaz de desembocar en el orgasmo. La vagina sin embargo apenas disfruta de terminaciones nerviosas al no estar destinada a lograr orgasmos sino a una serie de funciones relacionadas con la reproducción, como son la menstruación, la retención del semen y el parto. El interior de la vagina tiene escasa sensibilidad comprensible por ser el canal del parto en el caso de tener hijos. Si bien es cierto que existen muchas zonas erógenas, el único orgasmo que existe es el clitoridiano3, siendo todos los orgasmos prolongaciones de la sensación producida en esta área, y por lo tanto el mal llamado orgasmo vaginal no existe sino que se trata de una manera, tal vez más indirecta, de estimular el clítoris.

Independientemente del procedimiento de excitación, la sensación será siempre advertida por el clítoris. De manera que cuando a través de la penetración vaginal se produce placer bien por el roce del pene u otro objeto de la parte interna o vestíbulo de la vagina bien por la estimulación física de los labios menores, ha sido el roce más o menos indirecto del clítoris el que lo ha provocado. Las raíces del clítoris están adheridas a las paredes vaginales por lo que durante la penetración no es extraño que se estimule con la fricción. Lo que se esta estimulando es el clítoris desde el interior de la vagina, ya que las raíces del clítoris están pegadas. Igualmente aunque la imaginación y las fantasías sexuales como sabemos son capaces de producir un orgasmo de forma psicológica, la respuesta del orgasmo se manifiesta de igual manera físicamente en el único órgano sexual capacitado para el climax, el clítoris.

En otros capítulos quiero detenerme en el conocido como Punto G así como en las Glándulas de Skene y la eyaculación femenina que se está popularizando tanto. Adelanto, sin embargo, que desde mi punto de vista y mi breve investigación hasta el momento, no existiría un punto concreto sino más bien un área de la pared anterior de la vagina con mayor concentración de receptores que el resto. Y que de hecho si levantamos la piel de la vagina en las paredes laterales nos encontramos con los bulbos vestibulares del clítoris. En cuanto a las glándulas de Skene, al tejido que las rodea también es parte del clítoris.

Para terminar quiero aludir e insistir en un par de asuntos. Quisiera delatar la especie de jerarquía orgásmica que existe, tanto a la hora de establecer un ranquing entre las tipologías y formas de llegar al orgasmo, como en la idealización del orgasmo simultáneo en la pareja mediante el coito sin necesidad de estimulación clitoriana. También aludir a lo perverso del lenguaje que construye con los conceptos que crea o silencia patrones de conducta también en el sexo. Así, el estímulo del clítoris y las caricias, besos, roces y mimos en general son consideradas preliminares, sin un nombre propio que lo revalorice, de lo que vendrá posteriormente, lo válido, lo nombrado, (que curiosamente acaba con la eyaculación masculina). Nuestro compromiso es entonces desvelar el carácter machista que se cierne sobre la sexualidad femenina como forma de control ante el temor de pérdida de protagonismo y privilegio masculino.

Aceptar que el pene no juega un papel tan crucial en nuestro placer es un embate a las estructuras de poder androcéntricas. El lesbianismo, la masturbación o cualquier forma no coital de sexualidad suponen un desafío al almidonado molde falogocentrista.

Presiento que “el descrédito de nuestro clítoris tiene mucho q ver con lo poco que le conviene al modelo de sexualidad patriarcal, léase erección-coito-eyaculación” (Béjar, Sylvia, 2004, p. 94). El miedo a perder el protagonismo de los hombres en la relación sexual, que podría extrapolarse al resto de privilegios sociales lleva seguramente a que esta mirada androcéntrica prevalezca, a que la ocultación y control de la sexualidad de la mujer se mantenga.

Finalmente, y aunque he reiterado la importancia del clítoris en nuestro placer, no pretendo demarcar los placeres ni sublimar ningún órgano. Quedémonos con que lo importante no es la manera en la que llegamos al clímax sino el hecho de disfrutar. Existen numerosas formas de alcanzar el orgasmo y no es necesario privilegiar unas a otras, porque lo importante es tenerlos cuando se desea y sobre todo gozar, con o sin orgasmo, de la manera que sea. Se trata de disfrutar de nuestros cuerpos ampliando los estrechos márgenes del tristemente obsoleto modelo de sexualidad actual.

[1] Del otro miembro de la pareja sexual. Aún hoy lo hago a menudo.

[2] que por su localización, como sabemos, el coito, no necesariamente facilita su estimulación.

3 Decir esto no implica el No reconocimiento de diferentes formas de llegar al orgasmo: sexo anal, vaginal, etc. sino tan sólo la creencia en que finalmente es la estimulación más o menos directa del clítoris lo que lo provoca.

Bibliografía:

. The anatomy of the Clitoris. Helen O’Connell. From the Department of Urology, Royal Melbourne Hospital, Victoria, Australia, 2005.

. Tu sexo es tuyo, Sylvia de Béjar, Barcelona, 2004.

. El Mito del orgasmo vaginal. Anne Koedt, 1968.

. Making sex. Thomas Lacquer. Body and Gender From the Greeks to Freud. Harvard University Press. 1990

IMGP7847Itsasne Gaubeca Vidorreta. Formadora d’Educació Sexual i Agent de Prevenció de Violències de Gènere. Activista feminista licenciada en sociología. Impulsora del proyecto Gogara desde 2012. Puedes mantenerte en contacto conmigo, vía Facebook, Twitter o escribiéndome a gogaratallers@gmail.com

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