Que paren este mundo que me bajo

Por: Mesi – Grupo Creadores de la Memoria
Fuente: http://www.kaosenlared.net (13.01.11)

Nunca he sido un gran amante del cine de Groucho Marx (yo he sido más de Charles Chaplin), aunque pese a eso siempre he valorado su habilidad para la interpretación disparatada (Sin ir más lejos su interpretación en Sopa de Ganso) o su gran capacidad para las frases ingeniosas tanto dentro como fuera del mundo del celuloide. No hay más que poner nuestra mirada en el título de esta “nota” para reconocer una de sus citas más reconocidas dicha hace casi 80 años y que podría aplicarse al día a día de nuestro presente.

Sales a la calle y ves humo, polución, gente con prisa; luces, escaparate, lujo, coches con prisa; apariencias, ruido, precios, perros con prisa. A veces me da la sensación de que procedo de otra cultura, de otro siglo, de otra época, mi paso cansado disfrutando de cada situación, no ando con ansiedad ante el paso del tiempo, inhalo la música de mis cascos, sin tener un objetivo un mente, un sino, un destino, mi vida vive por y para mí, no es que yo viva por y para mi vida, no sé si la gente entiende estas cosas, supongo que soy un chico complicado, nunca me ha llamado la atención ser como los demás ni ser como los demás quieran que sea, ser normal es algo vulgar y prefabricado, algo harto habitual, sin diferencias ni alicientes, no, no creo que sea uno de ellos.

Pero bueno, no nos centremos en mí, centrémonos en el contexto, en lo que nos envuelve. Es “¿Gracioso?”, no, no, demasiado irónico, es… triste, ver la sociedad en la que nos bañamos y revolcamos hora tras hora, esa sociedad que nos forma, nos educa y nos alimenta como si fuéramos un producto manufacturado, un producto que pasa por distintas fases productivas, por diferentes máquinas y manos pero con un mismo propósito, fabricar un producto final con las mismas cualidades y utilidades para sí que el resto de manufactura de esta cadena de montaje.

A nadie le escandaliza esta fabricación en masa de clones que solo se diferencian en el aspecto físico, en el papel que nos envuelve, pero no en la “esencia” de cada uno de nosotros. Este ejército mono celular, y mono ideológico posee una serie de estándares inamovibles, una serie de reglas no escritas que se forman en su subconsciente y que no son capaces de romper, analicémoslo más en profundidad.

Vivimos en una sociedad que es feliz creyendo que vive en libertad, que es capaz de hacer lo que quiera y que sus actos no tienen límites, el ser humano ha sido capaz de acabar con las limitaciones que la física le imponía en infinidad de casos, así que el límite está en su imaginación. Esto suena muy bonito, de hecho cualquier empresa multinacional podría usar esta idea para algún tipo de spot publicitario aprovechándose de este pensamiento introducido en la cabeza de este ejército de clones, no sé, un… Nada es imposible… mmm… mejor en inglés, que ahora saber este idioma es algo prácticamente obligatorio para el devenir de nuestras vidas, “Impossible is nothing”, vaya… creo que voy a ir a la oficina de patentes a registrarlo, no creo que nadie haya tenido esta idea antes.

Los valores han muerto, los ideales son cosa del pasado, los locos de hoy, no son como los de antes, hoy solo importa tener un buen sueldo que te permita tener una vida de silicona, un espejismo a los ojos de los demás, vivir y mostrar una pose que te coloque en un lugar dentro del status piramidal de la sociedad. Una casa grande, bonita, con muebles de diseño aunque tengas que estar pagándolo hasta los 65 años, un buen coche potente de alguna marca europea prestigiosa aunque no tengas dinero ni para la gasolina, solo lo saques los fines de semana y se muera de asco en el garaje mientras vas al trabajo en transporte público (No hay mal que por bien no venga, a menos gente que haga uso de su automóvil, menos contaminación). Ropa de marca a la última moda, aunque esto te suponga tirarte todo un mes comiendo botes del Mercadona y comida precocinada, y por supuesto el salir a cenar o de fiesta cada fin de semana, ¿De qué sirve aparentar todo ese estatus si luego no tienes posibilidades de mostrárselo a los demás para que se mueran de envidia?, bueno quizá debas pedirle a tus padres algo de dinero de la minucia de pensión que les quedó para poderte costear algunos de tus caprichillos ya que tu sueldo ya no te da para más allá del día 18 de cada mes.

Es de locos, toda esta burbuja que nos rodea es más propia de la locura de cierta película de Richard Kelly, que de una supuesta realidad, pero no. Vivimos en un mundo donde ciertos sindicatos luchan más en favor de la patronal que de los trabajadores que los conforman, en un mundo donde la gente ha perdido la inocencia y la confianza en el prójimo, donde todo debe darse a cambio de otra cosa, hemos perdido nuestra solidaridad, aquello que nos hace humanos, racionales pero también sentimentales, que nos diferencia de los animales que solo se mueven por impulsos y por instinto. Un mundo donde no somos personas, sino recursos humanos, donde no tenemos voz, sino brazos, donde no somos ciudadanos, sino fuerza de trabajo, una sociedad que no nos reconoce por nuestro nombre, sino por códigos aleatorios, y que ha hecho que pasemos de ser partícipes de nuestra historia, a meros espectadores. Y lo peor de todo, es que todo esto lo hemos asumido ni tan siquiera a regañadientes, sino que una gran mayoría lo ha recibido con los brazos abiertos, unos porque venían de una dictadura inamovible que se acabó más por su fecha de caducidad que por esfuerzo del pueblo (viendo una supuesta transición como un milagro divino, cuando otros la hemos visto más como una carta magna que como una constitución), y otros porque han sido fabricados con mimo por la “superestructura” como llamó Marx para asumir esta realidad como la única, absorbiendo y haciendo suyo el discurso de “Las cosas son así, no las vas a cambiar, tenemos un plato en la mesa y vivimos bien (Habrá que ver a qué se considera vivir bien y respecto a quién o quiénes), ¿Qué sentido tiene luchar?”. Nos han convertido en meros instrumentos de su plan de dominación y poder, esclavos de un salario, de un horario, de un reloj, de un tren de vida, de un sistema donde solo hay vencedores y vencidos, y donde por desgracia si nadie lucha por lo contrario seguiremos siendo los vencidos.

Que paren el mundo, que me bajo, al igual que se bajó Groucho, al igual que se bajaron millones de luchadores, miles de ideólogos y desobedientes, porque este no es nuestro mundo, es el suyo, y no estoy dispuestos a seguir ni sus modelos de vida, ni sus reglas, ni su sociedad piramidal. No, por ahí no pasamos, que paren el mundo, yo ya estoy abajo.

Salgo a la calle y veo humo, polución, gente con prisa; luces, escaparate, lujo, coches con prisa; apariencias, ruido, precios, perros con prisa. Yo, salgo a la calle, me pongo los cascos, suena Cinquième Soleil de Keny Arkana, mis ojos se encienden, yo no tengo prisa, disfruto del tiempo, de mi vida, intento evadirme todo lo posible de su plan de enajenación gritando las injusticias, y disfrutando de los pequeños detalles de la vida a mi manera. ¿Que qué dirán de mí? ojalá digan que “Los locos de hoy, sí son como los de antes”.

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