La opinión de los dueños de la sociedad

Por: Alexandra Perdomo
Fuente: http://www.revistalatinoamericanadeensayo.blogspot.com (octubre 2010)

En la búsqueda de cómo se forma una matriz de opinión, nos encontramos con Wag the dog, o «Mentiras que matan», como también se le conoció en Latinoamérica. Dirigida por Barry Levinson en 1997, en Wag the dog es sencillo reconocer el origen y el proceso de la formación de lo que se conoce como «opinión pública». El aspecto más importante a destacar es cómo se modela a los ciudadanos de un país —haciendo uso de los medios de comunicación, principalmente de la televisión― con fines políticos. Otro asunto de interés es que, sin importar quién sea el presidente, un país no está en manos de un solo hombre. Detrás de él reside lo que Noam Chomsky llama «los dueños de la sociedad». Son quienes controlan el poder real —mucho más pesado—, quienes deciden y toman decisiones.

La película es una sátira que hace alusión —con buena dosis de humor negro— a Mónica Lewinsky y al expresidente Bill Clinton. El film comienza con un escándalo. A partir de cargos levantados tras las declaraciones de la «víctima», el presidente de Estados Unidos es acusado de abusar sexualmente de una joven en la oficina Oval. La noticia recorre el país y arrastra al presidente al ojo del huracán, a tan sólo 11 días de las elecciones presidenciales con las que aspira ser reelecto, pero el caso merma su popularidad.

Cuando se conoce «la noticia», el presidente se encuentra en China. Desde allá simula una enfermedad para mantenerse alejado del país ―y de la prensa― mientras en la Casa Blanca, un «comité de asesores» busca una salida que neutralice la denuncia del abuso sexual y logre que el mandatario conserve su favoritismo en las elecciones.

Entre los integrantes del «comité» se encuentra Conrad Brean (Robert De Niro), conocido como The Fixer («El reparador», o «El arreglatodo»). Entendido en los recodos del poder, con una imaginación cinematográfica y con los vínculos políticos necesarios, Conrad sabe cómo se le vende la información al público.

En un ensayo titulado El control de los medios de comunicación, Chomsky divide la sociedad en tres categorías. La primera de esas categorías es el «rebaño desconcertado», el conglomerado de los ciudadanos; la segunda está compuesta por una «clase especializada», entrenada para trabajar eficientemente al servicio de la tercera categoría, es decir, al servicio de los «dueños de la sociedad».

En Wag the Dog son retratadas cada una de las tres categorías. Conrad Brean administra la información al servicio de otros. Pero cada vez que alguien le pregunta para quién trabaja, evade la situación o responde, tajante: ―«Ningún nombre que te interese saber». Todos los integrantes del «comité» forman parte de una clase especializada que, sin embargo, se limita a obedecer y a cumplir.

Para salvar la popularidad del presidente, la idea que se le ocurre a Conrad es iniciar una «guerra». Al principio parece descabellada, pero «El arreglatodo» explica que una guerra de Estados Unidos con un país cualquiera, con el cual los estadounidenses no estén familiarizados ―en este caso Albania― distraerá la atención de los ciudadanos y, obligados todos a voltear su mirada hacia la nueva «noticia» importante de turno, hacia el nuevo escándalo, el presidente recuperará la posibilidad de ser reelecto.

El público estadounidense no se dará cuenta, se dicen entre ellos. Pero, ¿con qué motivo atacar a Albania? Con la excusa de que tiene bombas que planea utilizar contra Estados Unidos. Sabido lo que tienen que hacer, se comunican con Stanley Motss (Dustin Hoffman), reconocido productor de Hollywood que se encarga de los detalles de la trama y de crear cortos transmitidos por televisión —en forma de noticias— para dar inicio a la «guerra» entre Estados Unidos y Albania: «War is a show business».

El productor resalta el valor del patriotismo estadounidense, inculca ideas incorrectas que —maravillas de la publicidad— pasan a ser correctas. No olvidemos que una parte importante de los ciudadanos se comportan como espectadores pasivos frente a la televisión, capaces de consumir sin analizar previamente el mensaje. Es el tipo de ciudadano que, según Chomsky, no representa problema alguno para los dueños de la sociedad. Aunque un individuo jamás termina de ser completamente avasallado, domeñado, siempre existirá la incógnita sobre lo que pasaría si el «rebaño desconcertado» llegase a despertar. Pero no es ese el caso en Wag the dog.

Cuando inician las transmisiones de los cortos sobre la guerra con Albania, el público empieza a desconcertarse aún más, y se forman distintas opiniones. El «comité» comienza a organizar la información para crear la matriz de opinión en respaldo al presidente, quien dedica toda su atención e interés al problema que «afecta» a la nación: la guerra con Albania.

Las agencias de inteligencia —las policías políticas— se enteran de la mentira cuando escuchan la conversación de Conrad con Winifred Ames (Anne Heche), jefa de prensa de la Casa Blanca. Inmediatamente son detenidos. El agente Charles Young (William H. Macy) intenta presionar a Conrad para que detenga la mentira, pero «El reparador» evade la situación con un juego de ideas y de palabras que desconciertan (también) al agente.

Psicología inversa: Conrad le explica al agente que la guerra es necesaria pues, de no existir, la agencia tampoco lo haría. Acepta que la situación bélica es un invento, pero plantea incógnitas: ¿qué pasaría si Albania verdaderamente estuviese planeando atacar a su país?, ¿de qué sirve la agencia si no está preparada para un ataque sorpresa? El agente, para decirlo con Chomsky, cae en el «abismo del consenso», esencia de la «democracia».

Chosmky afirma que la democracia, tal como funciona en Estados Unidos, es un sistema en el que la clase especializada regula las formas de organización del rebaño desconcertado para evitar problemas de orden institucional que perjudiquen a los dueños de la sociedad.

A mitad de película, por primera vez Conrad se encuentra en una situación que lo hace dudar del éxito de su trabajo. La agencia informa al otro candidato presidencial que el asunto de la guerra es mentira. La historia se aparta del consenso y va de vuelta al problema.

El otro candidato anuncia ―por televisión― que la movilización de tropas en Albania ha cesado, después de un acuerdo de paz, y vuelve a los medios la denuncia de abuso sexual contra el presidente.

El «comité» necesita una nueva solución que deje sin efecto el giro dado por la oposición, que devuelva la atención de todos a un evento que permita descartar, definitivamente, las sospechas contra el presidente. The Fad King (Denis Leary), integrante del «comité», propone la existencia de un supuesto soldado que ha sido dejado por su tropa en Albania, un héroe, «an american hero», tal como el título de uno de los libros en los que se basa Wag the dog.

De nuevo se hacen explícitas las relaciones personales de Conrad. El Pentágono le suministra una lista de todos los «Programas Especiales» estadounidenses. Motss se dedica a revisar los nombres de los militares. El apellido Schumann llama su atención por posibilitar algún juego de palabras, como Old shoe («Zapato viejo»).

La estrategia comienza a ser desarrollada. El presidente «envía» más soldados a Albania. Al terminar la guerra, «Zapato viejo» es «secuestrado» por radicales albaneses. Motss vuelve a crear cortos. Muestra al «héroe» en el lugar donde lo tienen los albaneses y, en clave morse, cifran en su franela un mensaje para su madre: «Courage, mom». Con este eslogan se «identifican» cada hijo y cada madre de Estados Unidos.

La clave del eslogan es que no significa nada: «Coraje, mamá». Pero, por su carga emotiva, distrae la atención de lo que es verdaderamente importante. La nueva mentira hace que se olvide —otra vez— el asunto de la denuncia por abuso sexual. La estrategia conmueve a todos los estadounidenses, y, como sabemos, en una situación como esta no puede faltar una canción.

Para acompañar el exitoso eslogan —«Courage, mom»— el «comité» decide crear una canción, con letra y música de Johnny Dean (Willie Nelson), que alude la supuesta problemática de la guerra, y busca la integridad de los ciudadanos en medio del «caos» que podría vivir el país. Canción que hará recordar —sobre todo al lector más entrado en el tiempo— aquella elogiosa y sugerente We Are the World, escrita por Michael Jackson, en 1985, y en la que brillaron Lionel Richie, Tina Turner y, sobre todo, la voz excepcional de Michael Jackson; acompañados también, entre otros tantos, por… Willie Nelson.

De regreso a la película, hay una escena clave que muestra el proceso de formación de la opinión pública: Motss y Conrad están lanzando zapatos a un árbol. Lo hacen para que el apoyo público a «Zapato viejo» se haga más activo, más participativo, y avivar la importancia de que el héroe regrese a su país.
Durante la escena, llega un niño que los ayuda a lanzar los zapatos, y Motss le pide que avise a sus amigos. En 24 horas se ven zapatos colgando en cualquier árbol o cableado eléctrico de las calles de Estados Unidos. Y en cada pared del país, un graffiti: «Courage, mom».

Al público se le priva de cualquier tipo de organización. Que se organicen pudiera representar algún problema para los dueños de la sociedad. Por ello no conviene que alguien «despierte» y comience a pensar, a «ver» lo real y hacerse preguntas como: ¿«Zapato viejo» existe? Estamos apoyando a su madre, pero, ¿dónde está ella?

Como sucede con los trucos de los grandes magos, no estaba claro el porqué, pero las personas apoyaron y defendieron una opinión de la que desconocían dónde o cómo nació. Sin conocer el impulso —a veces irracional— de la acción. Esto puede ser una muestra de lo sencillo que resulta orientar el tipo de información que las personas consumen. Es lo que Chomsky llama «desinformar a través de los medios».

Pero las cosas vuelven a complicarse. Durante su triunfal regreso a casa, «Zapato viejo» fallece. Stanley Motss es uno de esos hombres que siempre se muestran imperturbables frente a los mayores problemas: «Eso no es nada, eso no es nada», suele decir, para alentarse y alentar a los otros. Para afrontar este problema específico, la muerte inesperada de «Zapato viejo», Motss se pregunta, en voz alta, ¿qué es mejor que un héroe de guerra vuelva a casa? El regreso de un héroe de guerra que murió en nombre de su patria, se responde.

Al llegar con el cuerpo del soldado se realiza una ceremonia de despedida, con otros soldados de Estados Unidos, y es transmitida por televisión. Si está en televisión, es verdadero e irreprochable.

Motss mira la televisión. Un panel de especialistas anuncia la victoria del presidente como consecuencia del comercial barato y de mal gusto —«No cambie de caballo a mitad de la carrera»— que se repite a lo largo de la película. Motss le comunica a Conrad que dirá la verdad a los medios, pues necesita ser reconocido por lo que él considera su trabajo más importante y más divertido desde los días de la televisión en vivo. Pero decir la verdad ya no es factible. El productor, aunque estaba consciente, desde el principio, de que no podría decir lo que habían hecho, no desiste, y Conrad hace lo necesario para resguardar el secreto. Este momento, esta parte del desenlace, hace más coherente el título que la película tuvo en América Latina.

En Wag the dog, los asesores controlan la información que consumen los estadounidenses. Crean una matriz de opinión que asegura y consigue la victoria del presidente en las elecciones. Al final de la película, el mandatario queda como un héroe que lucha por mantener la seguridad y el equilibro de su país. No se habla más del problema inicial —la denuncia de abuso sexual—, como si el acontecimiento hubiese salido voluntariamente de la «opinión pública».

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