Por: Fesal Chain
Fuente: http://www.g80.cl (12.08.10)
Fragmentos de una carta de Bautista Van Schouwen dirigida a su madre, escrita en Concepción, el 15 de Febrero de 1969 hace ya 41 años. En esto tiempos de desolación y desamparo bien vale la pena volver a releerla, para que un nuevo aire venga a refrescar nuestro general desánimo.
*Extractado de un artículo de Fesal Chaín rotulado bajo el mismo título :
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Querida y recordada madre:
(…) Aislado social, política y sentimentalmente por mis ideas; separado ya de vosotros por unos cuantos largos meses; incomprendido momentáneamente por la mediocridad que me rodea; acosado por el corrompimiento que tratan de inflingirme el cúmulo de relaciones humanas odiosas, presididos bajo los signos de la mezquindad provinciana, la pequeñez individualista, el arribismo y el servilismo despreciable, tan característicos de esta sociedad imbécil y podrida, es que mi soledad sería absoluta de no ser por el recuerdo feliz que me liga a ustedes y la presencia de mi mujer.
(…) Tú sabes que me autodefino como hombre libre y libertario, o mejor dicho en proceso de liberación permanente y progresiva, e impulsado por ese mismo hecho, a trascender, a exteriorizar hacia los demás mi propio, mi íntimo proceso liberador en un afán por identificarme, de unirme y fundirme como hombre humano al resto de los hombres. Identificación que me surge como una necesidad espiritual, sin la cual, soy un nadie, para nadie, eternamente condenado a la sórdida angustia individual de la soledad.
Porque querida madre, mi tragedia quizás radique en ser lo suficientemente inteligente y capaz – inteligencia de la cual tú eres partícipe generadora – para descubrir y despreciar la falsa apariencia de comunión humana que reina en esta sociedad, y buscar y luchar por otra más profunda, la esencia misma de ella.
Precisamente porque me autodefino como hombre libre, es que rechazo ese amor tradicional, que nace como exigencia social e institucional burguesa, aparentemente «natural» de hijo a madre y de madre a hijo. Por ello es imprescindible que comprendas que mi afecto por ti se desprende, ante todo, de tu ejemplo intachable, prístino y humano que exhibiste de un modo simple y llano durante toda tu vida y, que justamente por ello, logró superar ampliamente la rigidez y la falacia moral en que se desenvuelven las relaciones humanas en el seno de esta sociedad corrompida que tanto detesto.
(…) Querida madre, tu me preguntas ¿cómo es que ha sido posible todo esto? La respuesta es muy sencilla. Para ser hombre libre y al mismo tiempo liberador del hombre – y creo serlo en cierta medida – es preciso que previamente se hayan cumplido dos procesos, entrelazados el uno con el otro: haber palpado y haberse impregnado de la libertad de hacer y de pensar en el seno mismo del ambiente social primario e inicial en que uno se desenvuelve, cual es, la familia – y que tanta influencia decisiva deja en la forma de ser del individuo -, o más precisamente, nuestra familia, y de la cual tú y mi padre eran los rectores y orientadores principales. Por otro lado y paralelamente, haber vivido inmerso en la realidad misma de una relación de amor profundo no tradicional ni barato y del cual tu fuiste agente primordial.
Para ser revolucionario y liberador, querida madre, es preciso amar a los hombres por sobre todas las cosas. Cuando fui mayor y tuve que salir al medio social, más allá de los limites de la familia, me encontré con un mundo desgarrado por la división y separación entre los hombres; un mundo tan ajeno a la relación de cariño que aprendí a conocer y a vivir a tu lado. El Che Guevara – aquel hombre cuya muerte tanto te impresionó – decía a propósito de esto: «Déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor».
Justamente porque he conocido y me he formado al calor de una relación de amor más humana, más verdadera y distinta, es que creo que la relación de amor en el resto de la humanidad – hoy ausente de ella – puede darse y debe darse, aún a costa de todos los sacrificios que ello lleve consigo.
De nada vale que pensemos o digamos algo, por muy bello y verdadero que ello sea. Se es revolucionario, y por ende, se es libre, en la medida que interponemos una práctica revolucionaria, una práctica real – y no abstracta – de la libertad.
Se es libre, si uno está dispuesto a liberarse uno mismo y de los éxitos y tiempos momentáneos que tanto engañan y enceguecen al resto de los hombres. Se es libre si uno está dispuesto a entregarse por entero a un proceso que sea capaz de integrar al hombre a una perspectiva humana, antes que a sus intereses inmediatos.
Estas que son mis ideas, querida madre, y que bien pueden servir como puentes de comprensión mutua, no son sino otra cosa que la racionalización de aquellas experiencias y vivencias sentimentales que se generaron en mi relación humana contigo y con mi padre.
(…) Porque justamente he intentado racionalizar este fenómeno tan difícil, es que soy un poco más libre, puesto que comprendo y conozco algo más de mí mismo. Y sin darme cuenta, simplemente como al pasar, has sido nuevamente tú el motivo y el objeto de este poco más de libertad personal que he conseguido.
(…) Querida madre, creo que estás en perfectas condiciones para comprenderme, más allá o más acá de lo que no dicen las palabras y, para que estas letras sirvan de testimonio del cariño y el afecto que siento por ti.
Tu hijo Bautista.
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