Por: Sergio Martínez (desde Montreal, Canadá)
Fuente: http://www.elclarin.cl (20.07.10)
Aunque los chilenos del exterior tenemos – gracias al Internet – muchas maneras de mantener ese vínculo con Chile que se nos ha querido poner como condición para el derecho a votar (lo que ahora por lo demás ha quedado perdido en el limbo, “gentileza” del gobierno de Piñera), ha sido la señal internacional de Televisión Nacional de Chile probablemente el medio más utilizado para conectarnos con la realidad cotidiana chilena, a pesar que – salvo excepciones – su programación es de una calidad dispareja.
Si de información se trata, naturalmente nuestra atención se debería centrar primero en los noticiarios del día, y aquí empiezan nuestras primeras decepciones. Descuente el hecho que los primeros 10 a 15 minutos van a estar dedicados a una abundante crónica policial, que como señalé en otra oportunidad, contiene suficiente material gráfico como para quitarle el entusiasmo a cualquier potencial turista que hubiera tenido la idea de visitar un país que – según la información televisiva – lo pondría en riesgo de ser robado o asaltado apenas ponga un pie en el aeropuerto. El Mundial de Fútbol naturalmente acaparó gran parte del tiempo de los informativos, pero habiendo éste terminado, no se justifica que otros 10 a 15 minutos se dediquen al peloteo. Hay otro cuarto del noticiero que se dedica a temas diversos, muchas veces irrelevante para el televidente del exterior del país. En este sentido TV Chile debería adoptar el modelo de la BBC o de TVE que tienen un noticiero especial, diferente, para sus emisiones internacionales. Como también hay una parte de espacios comerciales, al final sólo entre un quinto y un cuarto de los noticiarios de TV Chile traen información de los hechos políticos del país, y muy poco de información internacional (afortunadamente la gente del exterior tenemos acceso a los noticieros locales que en esto son mucho más ricos que lo que ofrece TV Chile). Para colmo, desde un tiempo a esta parte los noticieros incurren en una práctica que revela muy poco profesionalismo: la utilización de su espacio para promover otros programas del canal, en particular sus telenovelas, el caso más insistente (e irritante) ha ocurrido con su más reciente soap opera nocturna: 40 y tantos, incluyendo breves anticipos de algunas de sus escenas, especialmente las que son sexualmente más sugerentes.
Pero no sólo de información vive el hombre, o en este caso, la mujer, ya que el género de la telenovela ocupa también un lugar importante en la programación televisiva en general y de TV Chile en particular. Como se sabe este género es conocido en inglés como soap opera, porque estos dramones originalmente transmitidos por radio, eran auspiciados por compañías fabricantes de detergentes, pues – en la mentalidad machista de la época – se entendía que su público estaba constituido esencialmente por dueñas de casa. Por cierto esa audiencia original ha cambiado, incorporando a hombres y también a gente joven.
Por alguna razón que no puede ser otra que simple pretensión, los directivos de TVN llaman a sus soap operas “teleseries”, pero si uno lee cualquier texto usado en cursos de medios de comunicación se dará cuenta de que en ese pequeño detalle hay una mañosa tergiversación: una teleserie es un programa narrado en varios episodios con relación de continuidad entre ellos, pero de relativamente corta extensión (entre cinco a diez episodios generalmente), la telenovela en cambio es un drama cuyo formato es una adaptación del antiguo género cinematográfico de la serial, esto es una historia narrada en varios episodios, generalmente de larga duración, por ejemplo una o varias temporadas, y cuya principal características es terminar cada episodio con una escena de suspenso, algo que en las antiguas seriales servía de aliciente para volver al cine al domingo próximo, en el caso de la televisión, un aliciente para ver el capítulo que vendrá al día siguiente. (Para la definición de conceptos me baso en un texto de estudio de medios clásico en este país: Televisión and Society – An Investigative Approach, por Charles S. Ungerleider y Ernest Krieger, Irwin Publishing, Toronto, 1985). Aunque la temática de las telenovelas puede ser muy variada, el romance y las intrigas es la favorita, con un agregado que antes de los años 80 no se daba mucho, o al menos no muy explícitamente: el sexo.
Esto último es precisamente lo que TVN, como muchas otras estaciones televisivas a través del mundo, ahora explota abundantemente. Como señalaba unas líneas más arriba, no es criticable en si mismo que se recurra a tal mecanismo si en general el producto tiene cierta calidad. ¿Dónde está Elisa? por ejemplo, fue un buen producto comercial y que como otras telenovelas que apuntan a un público no exclusivamente femenino logró un buen rating. Los ejecutivos de TVN pueden argüir además que sus productos son comercialmente exitosos y atraen gran audiencia, aunque uno como crítico los halle de dudosa calidad artística. Tómese el caso de Martín Rivas, libremente inspirada en la novela homónima de Alberto Blest Gana, un autor chileno del siglo 19 que – según recuerdo – en mis tiempos de estudiante secundario todos odiábamos. Deseosos de impulsar un cambio social, los estudiantes secundarios de entonces queríamos que en los programas de estudio se incorporara a escritores cuya obra tenía contenido social, tales como Manuel Rojas (Hijo de ladrón, Punta de rieles) o Nicomedes Guzmán (La sangre y la esperanza, Los hombres oscuros), y no teníamos mayor simpatía por ese alambicado autor cuyos libros considerábamos poco menos que novelitas rosas de un claro sentido decimonónico que – al revés de las grandes obras de la literatura – mostraba ya entonces, hace poco más de cuarenta años, claros indicios de envejecimiento, tanto temático como estilístico. Sorpresivamente TVN lo ha sacado del baúl de los recuerdos, aunque con rasgos de rebeldía que el original en verdad nunca tuvo. La versión telenovelesca hasta sugiere una solapada lucha de clases que Blest Gana, básicamente un creador de personajes romanticotes, no hubiera imaginado. Pero aun con rasgos “progres”, la telenovela es a mi juicio tan aburrida como el libro original (en mis tiempos de liceano leído obligadamente, en mi vida posterior olvidado merecidamente). Para colmo, parte de su desarrollo coincidió con Conde Vrolok, ambientada también en el mismo período histórico, creando más de una confusión (parecía que el vestuario de los personajes era el mismo).
Por otro lado, la publicitada 40 y tantos (que mi mujer ha visto, pero no yo, por lo que no me pronuncio más allá) me parece que entra muy bien en la tradición de las telenovelas nocturnas, iniciada en 1978 en Estados Unidos con Dallas, con una trama muy parecida a la que me parece tiene la soap opera de TVN: las intrigas de familia con mucho sexo de por medio. Como en el caso de la telenovela chilena, el personaje central era un cínico e inescrupuloso manipulador de negocios y de personas (J.R. Ewings, también cuarentón, el hijo mayor y jefe de una poderosa familia de petroleros y rancheros de Texas).
Por cierto el elemento farandulero es hoy por hoy un condimento esencial de la televisión comercial y TVN no ha escapado a ella. Debo admitir que en algunos casos con un buen nivel de calidad, en particular en lo que hace a los programas en que participa como animador Felipe Camiroaga, Animal nocturno, y ahora Halcón y Camaleón, este último con la participación del talentoso imitador Stephan Kramer. Admito que este puede no ser el tipo de show que atraiga mi atención, pero las veces que lo he visto he encontrado un buen trabajo en el cual el objetivo de entretener y mantener a la audiencia enfrascada en el desarrollo del programa se consigue con facilidad.
Lo que sí es francamente insoportable es toda esa gama de reality shows animados por el que probablemente sea el más desagradable animador de TVN, Rafael Araneda, un individuo gritón que cree que a fuerza de desplegar su vozarrón puede llegar a ser famoso algún día. Bueno, famoso probablemente ya lo es, pero por las razones equivocadas: las vociferaciones no ocultan sino que más bien acentúan las debilidades de modulación y pronunciación, y la superficialidad de lo que se dice. Eso por cierto sin contar que la sola idea de tener a una cuantas niñas ligeras de ropa compitiendo en toda clase de pruebas ridículas (y algunas francamente estúpidas) es en si mismo un concepto que insulta la inteligencia tanto de participantes como de telespectadores. Calle 7 y un programa de corte circense han sido las más recientes manifestaciones de este tipo de show. Sin embargo Pelotón, un programa para audiencias de bajo nivel intelectual, es el típico modelo de reality show, un tipo de programa que aunque originado en Holanda, fue popularizado en Estados Unidos donde el más famoso (y estúpido) ha sido Survivor (Sobreviviente) producido originalmente en Gran Bretaña en 1992. La premisa de este tipo de programa es poner a diversos participantes en competencia entre ellos mientras tienen que cumplir diversas tareas que ponen a prueba su fuerza y habilidad física, a la vez que explota conflictos personales y emocionales que se puedan producir en la interacción de los participantes. Muchas veces se trata de situaciones límites que – se supone – a su vez causan la excitación del público que sigue las peripecias del juego (una audiencia, que como señalaba, debe tener un bajo coeficiente intelectual como para dejarse entusiasmar por tales burradas). En todo caso, y más allá de lo que uno pueda decir de manera crítica, a juzgar por el nivel de seguimiento, los productores de TVN que han copiado este modelo de show no han sido malos alumnos de los creadores foráneos del formato.
Si TV Chile quiere que las nuevas (o más bien las nuevísimas) generaciones de chilenos del exterior se interesen por Chile, su programa infantil es la más rotunda muestra de “gente haciendo un show infantil sin tener idea de cómo los niños piensan y actúan”. Para ser más específico, el programa Tronia, transmitido los domingos revela a productores y creadores que todavía creen que a los niños hay que hablarles como si fueran “adultos enanos mentales”. ¿Quién ha dicho que los niños hablen con ese tono de voz exageradamente agudo e insoportable que usan los personajes de Tronia? Después de una honorable tradición de programas infantiles, primero en radio (los más viejos recordarán el Tío Remus, Aladino y su Compañía Maravillosa, el Tío Alejandro, el Tribunal Infantil, el Abuelito Carlos) y luego en la televisión de los años 60 y 70 (Pin Pón, con Jorge Guerra: Cachencho, con Fernando Gallardo); eso sin contar con la presencia de excelentes programas extranjeros como Sesame Street (Plaza Sésamo), Banana Split o Los Muppets; es vergonzoso que el canal nacional se atreva a presentar algo tan abominablemente malo como Tronia, un programa que no es ni educativo ni entretenido sino más bien un insulto a la inteligencia de los niños chilenos, sea que vivan en Chile o en el extranjero.
Pero no quiero que mi mirada telescópica finalice con una visión demasiado oscura de lo que la señal internacional de TVN ofrece a sus espectadores del exterior. Precisamente sus programas creados específicamente para la audiencia externa son por lo general de mucha mayor calidad que los creados para el mercado doméstico. Frutos del país es probablemente el mejor de todos, con una visión balanceada entre el elemento informativo cultural, el entretenimiento y el intento de generar una genuina conexión emotiva e intelectual entre la audiencia y el contenido del programa. Más orientado a la conexión emocional, pero también con un importante componente cultural es el programa Lo mejor de mi tierra, aunque el reemplazo del anterior animador parece restarle calidez y rapport humano al show. Y aunque breves, dado su propio carácter, las viñetas con imágenes de diversas partes del país o de determinadas actividades, insertadas en los espacios de los comerciales, son un interesante aporte tanto visual como de contenido. El hecho que en estas viñetas se incorporen a veces imágenes de otros países latinoamericanos es también altamente positivo y habla bien de un esfuerzo integrador de parte de la estación.
Naturalmente no faltará alguien que diga: ¿por qué tanta crítica a lo que después de todo es un esfuerzo de TVN que a lo mejor no tendría por qué hacer? A lo primero sólo respondo diciendo que la crítica nunca está de más y es esencial no sólo para mejorar un proyecto cultural, político o lo que sea, sino para cultivar una manera de pensar democrática, algo que aun muestra fallas, tanto en Chile como entre la comunidad del exterior. A lo segundo hay que responder que en este mundo globalizado ciertamente una presencia mediática internacional es más y más un deber para un país, no sólo para consumo de su comunidad de emigrantes, sino también para dar una presencia y ganar espacio en un marco internacional donde los medios de comunicación son más y más controlados por grandes conglomerados. TVN ciertamente es pequeña si se la compara con estaciones públicas como la BBC, Deutsche Well, TVE o con consorcios privados como CNN o Fox News, pero aun así es potencialmente una voz e imagen de Chile en el espacio televisivo global, por lo tanto no hay nada malo en exigirle calidad. Más aun, es un deber hacer un examen crítico de sus emisiones pues de otro modo no habrá mejoramientos y pasará a ser una mera voz farandulera matizada con dramones, como muchas otras estaciones latinas. Y para algo así ciertamente no valdría la pena tanto esfuerzo.
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