Elecciones en el PS de Chile: críticas, percepciones y realidad

Por: Ernesto Navarro Guzmán
Fuente: http://www.elclarin.cl (01.06.10)

Indignación, desconcierto, burla, impotencia, incredulidad, avasallamiento, todo al mismo tiempo, han sido los sentimientos que embargan luego de leer el llamado a elecciones del Partido Socialista de Chile, mediante un simple comunicado denominado “Cronograma Electoral”, con fecha mayo del 2010, emitido por “Tribunal Supremo” del Partido Socialista de Chile con el cual se llama a elecciones de Comité Central, Direcciones Regionales y Direcciones Comunales.

Cuántas agresiones en un simple llamado, no obstante de enorme significado y dimensión de quienes mangonean desde la dirección del PS. Ello en virtud de que no se ha emitido ni una idea, ni un análisis, ni una evaluación, ni una explicación seria, tampoco aparece un responsable, individual o colectivo, como resultado del enorme fracaso de la Concertación, del cual el PS conforma la agrupación. Pero, lisa y llanamente, llaman a elecciones para seguir perpetuándose en los cargos.

Frente a estos hechos al menos caben algunas reflexiones que llevan a sostener que nuevamente los socialista chilenos se encuentran en la obligación de decidir entre un tal candidato u otro, ambos puestos por la dirección que comanda al Partido y que representa solapadamente sus propios intereses, y los de la derecha económica, candidatos de los cuales se puede esperar……. .. nada, salvo vagas promesas “progresistas” o más socialdemocracia, la cual nada puede aportar hoy como esta más que claro. Pues ellos, los actuales directivos, hicieron suya la aseveración de Fukuyama en cuanto al “fin de las ideologías”, y por lo tanto consecuentemente, administran lo que queda del capitalismo. No hacen política, lo cual no permite aspirar a una mejor sociedad, sino que conformarse con “lo que hay”. Apareciendo algunos con otras perversiones ideológicas como el melifluo discurso del progresismo para dilatar la posibilidad de un cambio que de todas maneras se tendrá que producir, pues es inevitable frente ante tanta ignominia, descaro, y estulticia.

El socialismo chileno, expresado en las mayorías del PS, no ha podido sacudirse la dirección entreguista que ha dirigido al Partido por la senda de la traición, no obstante que éste tiene un proyecto propio que fue construido desde la fundación del PS, y que representa los intereses de los trabajadores. Ese proyecto que implica la recuperación de las banderas, de los objetivos socialistas, y la recuperación de la confianza en las propias fuerzas populares, o sea que contiene en definitiva lo de reasumir todo lo que sea necesario para afianzar la voluntad de lucha y abrir nuevos espacios en los que habrá de actuar y expresarse.

Abría que agregar que hoy frente a la nueva realidad, los partidos, si quieren tener viabilidad, deben abrirse o extenderse más allá de una clase reducida, y en este caso lo deben hacer como partidos populares –como lo ha sido el PS–, pero estructurado alrededor de una organización construida por y para los objetivos de la clase obrera. Pues ella sola hoy carece del potencial organizativo que tuvo en el pasado y no tiene potencial político significativo, y esta realidad ha sido proclamada con énfasis histórico por el PS.

Por ello, como socialistas, debemos luchar activamente por rescatar ese patrimonio histórico que fue construido con sangre sudor y lágrimas,

ese patrimonio partidario debe ser defendido tenazmente por los socialistas consecuentes como los objetivos históricos del PS. Como socialistas, sentimos y vivimos la degradación política que sufre el Partido, y con ello la izquierda toda. Todavía es posible realizar ese rescate, como también remontar lo perdido y retomar las luchas populares que le dieron sentido a la existencia del Partido.

El proyecto de recambio, encabezado por la dirección actual, trató de obtener la general aceptación de la idea de que era necesario marcar toda una etapa definida en torno a objetivos muy cautelosos, de gradual aproximación hacia el restablecimiento de las anteriores instituciones políticas y económicas. Pero estas propuestas estaban dirigidas especialmente, y más que nada, a los trabajadores, para contener sus demandas, invocando la “disciplina social” que la circunscribían a un mínimo, que esperaran con paciencia y confianza en el cumplimiento de una promesa implícita, que habría más tarde una fase siguiente propicia para acoger demandas mayores. Ello suponía por lo mismo, la imposición del silencio y la desmovilización a quienes postularan cambios más profundos, a fin de alcanzar una transformación que abriera paso al socialismo, acusándolos de “extremismo calenturiento” a algunos, y a los más activos hasta de “terroristas”, como ha quedado claramente demostrado con el paso tiempo.

Otros se desmovilizan, se desilusionan, se frustran y abandonan la vieja organización política. Pero, lo que es más grave, los movimientos populares pierden la argamasa que los mantenía unidos, pierden su sentido de lo colectivo –ello animado por la llamada «flexibilización del trabajo» que hace casi inútil la existencia de organizaciones sindicales–, y deja de existir una idea central que otorgue cohesión al movimiento, como la hubo anteriormente. Así, en el siglo XIX fue la regeneración del pueblo, en el siglo XX la emancipación de los trabajadores, y ¿cuál en siglo XXI?.

Por ello, al menos, se pueden formular algunos otros interrogantes: ¿Cuál es esa idea/objetivo de la dirección actual hoy día? ¿Humanizar el sistema capitalista? ¿Abolir el capitalismo? ¿Luchar contra la globalización neoliberal? ¿Luchar por una sociedad más igualitaria?, ¿Luchar por el socialismo?. Ya lo sabemos: se ha expresado con la voluntad y decisión de “colaborar decididamente con el gobierno de la derecha bajo los intereses sagrados de la patria”. Y, no podía ser de otra forma pues es lo que han realizado durante los 17 años de gobierno dentro de la llamada Concertación.

Pero no obstante la desmovilización, vamos viendo que se camina nuevamente por la senda de Recabarren, y ello se puede afirmar porque socialmente-

Chile ha retrocedido a los albores del siglo XX, sin duda que bajo otras condiciones, más confusas, más proclives a la entrega, a la traición, aunque no obstante es posible advertir, hoy más que nunca, “para qué tanto brinco si esta todo tan parejo”. Y, por ello los hay también quienes se movilizan, trabajan, se esfuerzan por dar orientaciones y alientan luchas de sectores de trabajadores que mantienen sus «banderas en alto», o sea existen acciones sin duda luchas pero aisladas –reivindicaciones de derechos de la mujer y los niños, derecho a un medio ambiente limpio, movimientos por los DDHH, movimientos por una Asamblea Nacional Constituyente, defensores de los pueblos originarios, etc– que buscan esa idea fuerza o proyecto de nueva sociedad. Y mientras no se logre generar esa idea fuerza que sea compartida por las mayorías de los componentes de los movimientos es muy difícil recobrar el ímpetu que las confrontaciones sociales, para ser exitosas, en el futuro exigen.

La actual dirección ha logrado dividir, aislar y, eventualmente, excluir a los sectores del PS consecuentes con la esencia del movimiento popular. Para estos efectos se activó una dinámica que llamó e incitó al oportunismo explotando mañosamente la dura experiencia de la dictadura para atraer a quienes se conformaron con cualquier posibilidad de cambio, por escaso que éste fuera. Pero esta política de corto alcance olvida el hecho de que el futuro de Chile no puede construirse al margen de lo que ha sido su evolución histórica y de las experiencias que en su camino ha ido acumulando el pueblo. Pues son estas experiencias que en un período muy corto han puesto a prueba la capacidad para resolver los problemas nacionales y de las mayorías de la población.

La victoria de Allende en el 70 y el establecimiento del gobierno de la Unidad Popular no fueron, por eso, productos de azar, sino el resultado de la maduración de la conciencia del pueblo chileno, y fue derrotado por la imposición de la fuerza militar, pero no fracasó en el mismo sentido de anteriores gobiernos, ni menos como fracasó el proyecto de la Concertación en su gestión de 17 años, ni en las recientes elecciones.

Por lo tanto, la lucha por un destino socialista para Chile y América Latina, con inclusión de las mayorías, tiene plena vigencia, y por consiguiente no hay razones para ocultarla o postergarla indefinidamente como se ha pretendido hacer creer.

La magnitud de la crisis del Partido Socialista ha quedado expuesta y se puede afirmar que es de dimensión considerable, y si bien sus raíces son más mediatas, como los resultados eleccionarios recientes, fue el proceso de la Unidad Popular de 1970/73 el que la hizo aflorar al poner a prueba el pensamiento y la acción de sus partidos componentes, colocando en la discusión el proyecto mismo y su conducción. Por otra parte, se sabe que toda derrota, o fracaso, trae consigo la frustración de proyectos colectivos y personales, la confusión de ideas, el reproche por el fracaso, la inculpación mutua, el reniego de postulados que anteriormente hayan sido aprobados, el oportunismo político, la repulsión por el pasado y la búsqueda de nuevos caminos. La derrota del movimiento popular provocó, en aquellos tiempos, y provoca hoy todas esas reacciones, agravadas por la conciencia de que los desacuerdos en el seno de las alianzas y de los gobiernos paralizan la acción ante el ímpetu del enemigo de clase. El Partido Socialista no podía escapar en aquel tiempo, ni ahora a estas secuelas de las derrotas y fracasos.

Por todo lo expuesto lo que corresponde es negarse a participar avalando este llamado a elecciones para una nueva dirección, los socialistas deben rechazar tales manejos por ser irresponsables, ilegítimos, espurios y autoritarios. Es inaceptable que se pretenda elegir dirigentes sin antes haber hecho un profundo análisis de la situación política y sin haber aprobado lo que constituiría el proyecto de esa dirección en esta etapa. Advertimos una evidente mala fe en esta convocatoria a elecciones, pues todo indica significar un afán de conservar posiciones de poder político y económico en ausencia de un análisis responsable de la situación del partido y del país. Estamos seguros de contar con el respaldo de las fuerzas más significativas del socialismo, ubicadas en el PS y en diversas otras agrupaciones por ahora, y también estamos convencidos de que estas palabras son justas y necesarias. No se puede pensar que un mensaje serio, situado más allá de odios personales incluso de apasionamientos comprensibles, y que mira solamente por el bien del socialismo y la patria chilena y latinoamericana, sea desvirtuado o rechazado por ningún socialista honesto.

México D.F. mayo 2010.

Ernesto Navarro Guzmán
Presidente de Comunal México
Partido Socialista de Chile

Una respuesta

  1. la economia concreta lo determina todo

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