Reflexiones sobre la cultura del fútbol.

Por: Luis Cantero (Universidad de Zaragoza)
Fuente: http://www.euskomedia.com

UN ANÁLISIS DE ESTE DEPORTE A TRAVÉS DE UNA PELÍCULA DE CINE: LA GRAN FINAL

INTRODUCCIÓN

El trabajo que presento es el resultado del análisis llevado a cabo sobre una película de cine: La Gran Final. Con ello no sólo quiero reflexionar sobre este deporte sino también plantear la pertinencia del fútbol como objeto de estudio apropiado para las ciencias sociales y humanas. Tradicionalmente el estudio de este deporte ha sido visto por los científicos sociales y por los humanistas como algo banal. Siempre han creído que para los aficionados era “el opio del pueblo” y sus practicantes gentes populares dedicadas a entretenimientos absurdos. No voy a entrar ahora a exponer las razones narcisistas que explicarían semejantes simplicidades ni tampoco los argumentos que darían a entender lo equivocado de las mismas. Tan sólo quiero decir que hoy en día se ha producido una transformación en el interés que se le está dedicado al estudio del deporte y también al análisis del fútbol. Son ya muchos investigadores los que centran su atención en el deporte desde perspectivas sociales lo que ha dado lugar a numerosos encuentros, jornadas, congresos; abundantes publicaciones; formación de asociaciones científicas; ofertas de formación universitarias como cursos de doctorado, cursos de verano, postgrados universitarios, etc.

No voy a entrar en una descripción de los trabajos realizados aunque sí que deseo insistir en que desde una perspectiva sociocultural hay numerosos trabajos que tratan la importancia del fútbol en el desarrollo de identidades, su papel en la integración social, su relevancia en la gestión de conflictos entre seres humanos. Las relaciones con la política también han sido indagadas poniendo al descubierto el uso ideológico que se ha hecho del fútbol en beneficio de intereses económicos y políticos concretos, uso que hoy todavía persiste. Por ejemplo, se organizan partidos de fútbol contra la droga destinados, no tanto a la rehabilitación de estos enfermos sino al lavado de imagen de algunos famosos; el fútbol concentra reivindicaciones nacionalistas que más recuerdan otros tiempos que el actual, y un largo etcétera. No voy a entrar a desenmascarar todos estos actos altruistas, políticos; sólo lo nombro para subrayar que todos estos asuntos no hacen nada más que poner de manifiesto la importancia que tiene el fútbol como para dejar de prestarle atención.

Así pues, el ensayo que presento tal vez contribuya a revelar que el fútbol también puede tener interés investigador. Yo así lo he creído y por esto decidí emprender un análisis de una película de cine –La Gran Final– donde el fútbol forma parte de su trama de una manera especial. A través de este deporte se transmiten al espectador ideas, mensajes, sentimientos, deseos, expectativas, etc. Quiero añadir que no es la primera vez que tomo al cine como un objeto de interés “científico”. Desde hace un tiempo me ha atraído observar cómo el cine construye las subjetividades del público y ver cómo usa para ello prácticas sociales tan “naturales” como la alimentación o, en este caso, el deporte. Tal es así que el cine ha usado el fútbol desde sus inicios para buscar el entretenimiento fácil; también las hay que traducen información muy seria en tono cómico,1 y asimismo existen otras películas que están al servicio del poder y expresan claros mensajes ideológicos. En un artículo que realicé con Dora Blasco (2006) estudiamos las relaciones entre el cine, el fútbol y la ideología. Para ejemplificarlo, vimos varias películas españolas de los años cincuenta y sesenta, lanzadas al mercado por el diario deportivo As; películas que pertenecen al género de comedia, de aventuras y policiaco, donde el fútbol tiene un papel fundamental en la puesta en escena. No nos limitamos a describirlas sino que fuimos más allá para poner de manifiesto cómo el cine usa el fútbol (y a los futbolistas de prestigio de la época) como un símbolo para reflejar la vida “idílica” de las gentes durante la postguerra española y difundir valores franquistas. Así, nuestro objetivo fue poner al descubierto el uso interesado del un análisis de este deporte a través del cine, por parte del aparato ideológico del Estado, que se aprovechaba de la gran aceptación del fútbol por la sociedad general para garantizarse una audiencia numerosa que “engullera” la mentalidad de la clase dirigente y acabara por aceptar el orden social.

La Gran Final entraría dentro de esta última categoría. Tal vez el análisis sea muy descriptivo pero lo he considerado oportuno para entenderla adecuadamente. Ligado a la descripción he pretendido establecer los rasgos que la película ofrece como característicos del fútbol realizando una suerte de conceptualización de este deporte tal y como se presenta en el film. Es cierto, que en la película se resaltan algunos de estos rasgos y que otros no aparecen. Sánchez (2003: 51) sintetiza muy bien los valores básicos del deporte en las sociedades modernas contemporáneas: “la idea de civilización ligada a la idea de modernización y calidad de vida; la mejora de la salud, tanto individual como colectiva; el concepto de progreso como superación constante, la estima al trabajo ordenado y sistemático como clave para conseguir el éxito; el afán competitivo unido al desarrollo de competencias; el desarrollo de la igualdad, donde cualquiera puede practicar pero donde la competición debe ser entre iguales; la noción de justicia como ajuste a los propios estatutos, reglamentos y leyes; y la búsqueda de la victoria y el éxito”. Todos estos valores también los expresa el fútbol. En la película no aparecen todos ellos reflejados (por ejemplo, la relación entre su práctica y la salud física) por lo que un análisis conceptual del fútbol contemporáneo requiere de un trabajo posterior que preste mayor atención a otras fuentes de información.

LA GRAN FINAL

La gran final ha sido realizada en 2006, se clasifica como de género comedia y fue dirigida por Gerardo Olivares. Este director de cine cordobés es un especialista en documentales. Como viajador entusiasta ha recorrido medio mundo elaborando trabajos para la televisión; trabajos que han sido emitidos en forma de capítulos de corta duración: La Ruta de las Córdobas, donde muestra sus viajes desde Alaska y Tierra del fuego, 1991 y 1992, visitando todas las Córdobas. La Ruta de los Exploradores, fruto de sus andanzas por África, 1994 y 1995, desde Marruecos hasta Sudáfrica y luego Egipto; la Ruta de Samarcanda, 1997 y 1998, viajando por el continente asiático, desde Madrid hasta Singapur.

Es importante conocer estos datos sobre Olivares porque la Gran Final se entiende en el contexto de sus intereses artísticos. En esta película se entrelazan tres historias que transcurren en lugares distintos, en culturas diferentes, pero donde sus gentes tienen un mismo propósito; ver la final del campeonato mundial de fútbol entre Alemania y Brasil, a través de la televisión. Llama la atención inmediatamente el hecho de que en espacios tan alejados de la civilización occidental haya una televisión. Allí faltan numerosos recursos materiales, la tecnología es escasa y el medio de vida difícil y muy humilde. Sin embargo, hay televisión, A través de ella los nativos observan nuestro mundo occidental engullendo nuestra cultura, principalmente alguno de sus rasgos más superficiales. Todo ello puede generar unas consecuencias que no son otras que el nacimiento del deseo consumista. El consumo de fútbol puede ser entendido de esta manera: un medio de inculcar valores occidentales: la importancia de la “excelencia empresarial”, el trabajo en equipo, el sacrificio, el éxito, el apogeo de la riqueza, la imagen estética, etc. A través de la televisión, el fútbol tiene este carácter colonialista que convendría desenmascarar.

Como las televisiones son muy viejas, en la película se narran las dificultades que tienen los protagonistas de estos lugares inhóspitos para poder satisfacer su deseo de ver el partido. Esto supone que ver el fútbol es un motivante excepcional, hace una gran ilusión, y por lo tanto, divierte, éste es uno de los rasgos que tiene el fútbol: su carácter entretenido. Sea por las razones que sea ver fútbol divierte y este es uno de los móviles de su atracción. Tal es así que no se puede entender el ocio contemporáneo sin tener en cuenta el papel que juega el ver este deporte en la televisión: los bares congregan aficionados y generan ingresos, los horarios de las cenas de los sábados se ven alterados, las ciudades se paralizan, etc.

La película comienza en las Montañas del Atlas en Mongolia. Una familia de nómadas a caballo recorren el territorio. A mitad de la película, uno de los miembros presenta a su familia numerosa, “típica” de estos lugares: padre, madre, hermano mayor, abuelo, abuela, primo, tío y sobrino. Las imágenes tienen como propósito transmitir al espectador lo que puede ser la vida cotidiana de estas gentes y algunos de sus rasgos de carácter: preocupación por la caza (no como diversión sino como fuente importante de proteínas), “primitivismo” entendido como ausencia de tecnología, pobreza, sencillez, humildad; en definitiva, una vida nómada con todas sus características que en nada tienen que ver con la cultura occidental.

Esto es importante para entender el absurdo que se produce cuando un miembro de esta familia manifiesta la necesidad de ir más deprisa “para poder ver el partido”. Si el espectador no supiera ya con anterioridad de qué se trata (pues antes de ver la película ya tiene información sobre la misma) en este momento todavía no dispondría de información como para decir que se refiere a un partido de fútbol. Como digo este encuentro entre culturas resulta ciertamente “surrealista”. Resulta cómico que esta familia errante en el contexto en que hemos mencionado se preocupe por un deporte occidental que representa, entre otras cosas, al capitalismo.

En este momento se produce un cambio de escenario radical pero que tiene los mismos propósitos argumentales. Estamos en el desierto del Tenere en Níger. Unos tuareg recorren en caravana el citado desierto. Una radio anuncia la final de la copa del mundo (todavía no sabemos a qué final se refiere). Como sucedía con lo mencionado en el caso de los mongoles, las imágenes y los discursos contribuyen a proporcionar al espectador una idea de este mundo inhóspito y algunos de sus rasgos culturales como, por ejemplo, la importancia de la religión.

Se sucede un nuevo cambio de escenario y aparece un grupo de indios en la selva del Amazonas, Brasil. También se visualizan retratos de su vida cotidiana y como voz de fondo se escucha que hablan de fútbol y de algunos de los futbolistas más famosos del equipo brasileño como Mauro Silva. También estos indios están cazando y sus cuerpos medio desnudos reflejan sus maneras de vivir. Resulta interesante que uno de ellos viste con la camiseta de la selección brasileña de fútbol, en concreto con el número nueve de Ronaldo.

Los tres escenarios anteriores se presentan de una manera bastante rápida pero muy eficaz. La música que envuelve las prácticas que realizan, sus formas de vestir, sus métodos de obtención de alimentos, los animales que aparecen en escena, etc., contribuyen a que el espectador se haga una idea rápida sobre los rasgos generales de estas tres distintas culturas y para introducir el absurdo de la situación. Sirven también para indicar otro de los rasgos del fútbol: su carácter universal. Allá donde te encuentres, por más lejano y salvaje que sea el medio, este deporte interesa a las gentes. No a todos sino especialmente a los hombres. Aquí reside otra de las características del fútbol: pertenece al universo masculino. A lo largo de la película hay algunas escenas que patentizan esta afirmación. A buen seguro que desde una perspectiva feminista se criticaría, con razón, cómo se presenta la relación entre hombres y mujeres. Los primeros, interesados en el partido de fútbol; las segundas, no sólo demuestran desinterés sino que llegan a torpedear el deseo de los hombres de ver el partido y se presentan como vulgares al manifestar su preferencia por las telenovelas. Sin embargo, creo que al hacerlo con ironía tales escenas son un medio más de denuncia que de sostenimiento del orden social patriarcal.

A partir de este momento, toda la película intercala escenas de la vida cotidiana en estos tres lugares y la preocupación obsesiva de los protagonistas, de uno u otro sitio, por ver la final del campeonato del mundo de fútbol, organizado en Japón y Corea en 2002, entre las selecciones de Alemania y Brasil. Digo obsesiva porque es tal el deseo de ver este partido que conlleva comportamientos ilógicos en relación con cada una de las culturas mencionadas y síntomas de malestar (tensión, angustia, preocupaciones) que aparecen ante la más mínima alusión de no poder verlo.

Reproduzco literalmente una conversación “ridícula”, pero no por ello menos graciosa, entre dos tuareg en el desierto para ejemplificar lo que quiero decir (a uno de ellos lo llamaremos A y al otro B). A está con sus camellos, y con cuatro compañeros de viaje, descansando en medio del desierto. B aparece con un camión repleto de víveres y con unas veinte personas que viajan con él hacia Agadir.

A: Que la paz sea contigo.
B: Y contigo hermano.
A: Gracias.
B: Y para tus amigos también ¿Qué tal el viaje?
A: Cansado.
B: ¿Algún problema?
A: Que Alá anide en tu corazón.
B: Y en el tuyo también.
A: Que los ángeles se aferren con fuerza a tus espaldas.
B: Que se aferren hermano, que se aferren con fuerza.
A: Que los profetas te guíen al paraíso.
B: Que me guíen, que nos guíen a todos los creyentes.

Después de todos estos saludos religiosos que manifiestan la ironía del director con respecto a semejante ritual de cortesía, se produce un salto en la conversación para iniciar el tema que nos interesa.

A: ¿Qué tal el viaje hermano?
B: Bien, bien con prisa.

Este es un concepto claramente occidental, es decir, la prisa es un rasgo de nuestra cultura. Cualquier que haya viajado por el Magreb entenderá lo que digo. Los habitantes de estos lugares tienen otra concepción del tiempo: la ceremonia del té, los regateos en los mercados, etc., lo ejemplifican. Ellos mismos nos aconsejan sobre los riesgos de nuestro estilo de vida precipitado. Es corriente oírles decirnos: “la prisa mata”. Todo esto lo señalo para resaltar el que el deseo de ver el partido introduce modificaciones en los rasgos culturales locales.

A: Nosotros también vamos con prisa.
B: Vaya pues nadie lo diría (hay que recordar que A y sus colegas están sentados en medio del desierto).
A: Los animales (camellos) están cansados pero tenemos que llegar al árbol para ver el partido.
B: Y nosotros también queremos verlo pero en Agadir justo en dirección contraria.
A: ¿Agadir?
B: Sí, Agadir.
A: Pues creo que por mucho que corráis con esta porquería de cacharro (B y sus compañeros viajan en un camión bastante viejo) no llegáis ni para ver la segunda parte.

Que en medio del desierto (con la dureza que supone estar ahí) alguien esté preocupado por ver el partido resulta absurdo.

B: Sí, claro (ofendido por entender que su compañero de conversación menosprecia su camión) y como siga aquí oyendo tonterías veremos las repeticiones esta noche en el telediario.
A: Por eso no debes preocuparte hermano traemos una televisión.

Probablemente no quepa mayor absurdo. Conviene imaginarse la escena: dos tuareg bajo un sol de justicia en medio de la nada diciendo que no van a llegar a ver el telediario y además uno de ellos lleva una televisión encima de un camello.

B: ¿Tenéis la tele?
A: Te lo juro.
B: ¿Y dónde la lleváis? ¿Encima de un camello?
(A se dirige al grupo y pide a uno de sus compañeros de viaje que muestre la televisión).
B: Joder, así que lleváis una tele en la caravana.

Entonces A ofrece a B ir juntos al “árbol” y allí ver juntos el partido (después se comprueba que este árbol es un poste eléctrico que sirve de antena). A pide a B montar en el camión y hacer todos juntos el viaje hasta este árbol. B tiene que persuadir a sus compañeros de viaje. Aquí encontramos una de los discursos que me ha servido para anticipar anteriormente el carácter misógino del fútbol. Sólo las mujeres ponen inconvenientes ante la posibilidad de retrasar el viaje a Agadir deteniéndose en un árbol con el fin de ver un partido de fútbol. Una mujer protesta y B responde con una frase típicamente occidental: “ya saltó la de siempre”. Todo se resuelve echando por tierra cualquier discusión democrática. Al final el criterio de B prevalece con autoridad.

A y sus compañeros montan en el camión y todos se dirigen hacia el árbol para ver el partido (todos a excepción de uno de los colegas de A que se queda en medio del desierto, bien enfadado por cierto, para hacerse cargo de los camellos).

Acaba la escena en el desierto aparece de nuevo la selva amazónica. Una vez más se pone de manifiesto el carácter masculino del fútbol y el ímpetu de los hombres por salvar cualquier inconveniente que pueda echar por tierra el visionado del partido. Aparece una vieja televisión en medio de un poblado, que imaginamos en el centro de la selva, un lugar prácticamente inaccesible para los occidentales y donde la supervivencia es complicada. A estas dificultades se añade una más: alguien ha roto el cable de la televisión. Se culpa de este sabotaje a las mujeres. Todos están ya ilusionados y preparados para ver el partido (uno de ellos se ha pintado el número nueve en la espalda) y ahora no hay televisión porque sus mujeres han torpedeado la satisfacción de este placer. Los hombres dicen que es una revancha porque “no les dejan ver las telenovelas” y deciden poner remedio a esta situación. Hay varias posibilidades, una de ellas es ir a la misión pero resulta que ha llegado un padre nuevo que es americano y sólo le gusta el béisbol y el baloncesto. Por lo tanto tendrán que conseguir otro cable donde sea porque en la misión no les dejarán verlo.

Se suceden, pues, las imágenes en el desierto y en la selva. Unos y otros protagonistas viajan para llegar al momento del partido habiendo resuelto todos sus problemas y poder disfrutarlo. Los selváticos roban un cable de una serrería ocupada por un blanco que se deja robar porque sabe que es para que los indios puedan ver la televisión. No es un “dejarse” desinteresado porque su idea es la de que los indios terminaron de ser peligrosos cuando un blanco les regaló una televisión (este dato vendría a confirmar lo que adelanté en la introducción de este trabajo: la televisión occidentaliza). Así pues, facilitando el robo del cable contribuye a la permanencia de los salvajes en un estado “civilizado”.

Me gustaría señalar que todos estos comentarios se producen de un modo bastante irónico. Tanto las referencias al papel subordinado de la mujer, como estas últimas en relación con el estado de salvajismo de los indios creo que tienen una intención de denuncia sobre la inconveniencia de este tipo de discriminaciones. La imagen del europeo, o la del americano misionero (gordo, seboso, recostado en una tumbona expresando pereza) no permiten la identificación del espectador con estos discursos sino más bien al contrario.

También los tuareg llegan a su árbol que como dicho no es tal sino un poste que permite hacer de antena. Nuevos acontecimientos van ocurriendo y señalo alguno que tiene interés por lo que suponen de denuncia de uno de los aspectos del fútbol: su carácter mercantilista y, en concreto, comercial que hace que se entienda como una esperanza, un medio para salir de la pobreza sobre todo para los emigrantes. Un supuesto futbolista musulmán cuenta que quiere viajar a Francia para hacer una prueba con el Olimpia de Marsella. Como tantos hombres hoy en día de los que viven en países pobres tiene la esperanza de poder alcanzar Europa. Cree que jugando al fútbol podrá salir de su situación actual y obtener todos los beneficios materiales y simbólicos que se asocian con este deporte. Un tuareg trata de persuadirlo diciéndole algunas verdades como la de que su físico no es adecuado. Pero resulta imposible y el supuesto futbolista no cambia de opinión. Mientras tanto sobrevive vendiendo fotografías de chicas desnudas a todos los hombres con los que se encuentra en el camino.

La narración vuelve a Mongolia. Allí surgen nuevos inconvenientes que dificultan el ver el partido. Aparece un teniente y escudándose en su papel de representante del Estado decide multar a la familia mongola obligándoles a quitar el cable que han conectado a un poste eléctrico porque se están aprovechando del Estado. Cuando el teniente se entera de que lo han hecho para ver el partido cambia de opinión y decide quedarse para compartir con la familia penalizada este acontecimiento. Este es otro de los rasgos del fútbol: favorece el inicio y el mantenimiento de relaciones sociales y no sólo eso, sino la igualdad en la estructura social. Hasta cierto punto porque los estadios de fútbol, y los diferentes precios de sus localidades, patentizan estas diferencias. No obstante, en cualquier caso, el fútbol permite un acercamiento al otro que puede redundar en la paz social. Cierto es también que puede provocar lo contrario y es que por ser sinónimo de pertenencia nacional genera violencia en quienes se sienten heridos en su orgullo patriótico.3

En la película los únicos afectados por semejante sentimiento arcaico serían los indios de la selva amazónica, ya que sólo Brasil está representada en la final. No obstante, los hay que deciden animar a uno u otro equipo en virtud de las relaciones más o menos reales e imaginarias que mantienen con los países finalistas. Estas relaciones son las que explican el apoyo a uno u otro equipo cuando no se pertenece a uno de los países que juegan la final. El teniente mongol decide apoyar a Alemania “porque es una potencia del siglo XX” poniendo de manifiesto su personalidad militarista. El líder tuareg anima también a los alemanes por motivaciones similares. El resto de “súbditos”, los aficionados sin deseos de autoridad, animan a Brasil lo que no deja de ser digno de interpretación.

Entre diversos acontecimientos comienza el partido. Finalmente, en los tres lugares se ve la televisión aunque con más o menos dificultad y de una manera bastante rudimentaria. El himno de Alemania levanta de la silla a los espectadores del desierto porque así lo quiere uno de los líderes del grupo que manifiesta una identidad que no le es propia (“somos de Alemania”) y el ridículo de semejante entusiasmo que es puesto de manifiesto por dos mujeres que presencian atónitas la escena: “con el fútbol se les va la cabeza” “menuda panda de mamarrachos”. No está de más detenerse y apuntar que este es otro de los rasgos del fútbol: sus efectos alucinatorios. Esta pérdida de contacto con la realidad puede conllevar consecuencias positivas y negativas. Entre estas últimas, “perder la cabeza” hasta el punto de echar por tierra la propia identidad del yo puede ser negativo desde una perspectiva psicológica desde la cual además hace muy vulnerable al sujeto en cuanto a discursos que pueden generar violencia. Entre las consecuencias alucinatorias positivas pues permite alejarse de la cotidianeidad y sus efectos terapéuticos son importantes: elimina tensiones, relaja y todo lo que viene asociado con su carácter de entretenimiento: “es el opio del pueblo”. Los efectos terapéuticos mencionados se materializan en la película cuando el líder tuareg, que hasta se mostraba bastante autista, comienza a hablar fruto del entusiasmo que le produce el fútbol.

Son los indios del Amazonas, los más interesados en principio en ver el partido por ser brasileños, los que más problemas tienen para seguirlo. Se les estropea la televisión y deciden ir a la misión para negociar con esa “gentuza” la posibilidad de verlo. El misionero gordo como un ceporro y bebiendo coca-cola está tumbado viendo el béisbol y no cede al deseo de los nativos. Ni que decir tiene que su televisión está en buen estado. Los nativos brasileños no ven los dos goles de brasil. Termina la película poniendo de manifiesto la euforia de los aficionados de Brasil (en los tres lugares descritos) que saltan y cantan y se divierten como consecuencia de la victoria ante Alemania. Este es otro de los rasgos asociados al fútbol: genera alegría hasta tal punto que es difícil experimentarla de una manera tan intensa en otros momentos existenciales.

CONCLUSIÓN

Analizar una película de cine constituye un ejercicio de entrenamiento muy apropiado para mejorar el análisis “científico”. Por esta razón decidí realizar el trabajo que he presentado. Para ello, decidí atender a un tema en particular, el fútbol, y a una de las recientes películas que tratan este asunto. No voy a entrar a justificar las razones de mi elección porque caen fuera del propósito de esta conclusión. Lo que sí que me parece que hay que resaltar es que el análisis que he realizado ha consistido en un ejercicio de conceptualización de un deporte que tiene unas repercusiones sociales enormes en nuestro contexto contemporáneo. Creo que cualquiera que quiera entender este deporte debería llevar a cabo reflexiones similares para dejar de ser un pasivo consumidor de partidos.

La película que he analizado no expone todos y cada uno de los rasgos del fútbol contemporáneo pero sí alguno de sus más emblemáticos ítems. Su carácter colonialista, su papel como entretenimiento, su universalidad, su vinculación con el mundo masculino, su carácter mercantilista y comercial (que genera esperanzas de riqueza en los sujetos más necesitados) su relevancia en el fortalecimiento de relaciones sociales, sus funciones igualitarias al eliminar diferencias sociales, su importancia como sinónimo identidad, de pertenencia nacional, sus consecuencias alucinatorias que sin son positivas son terapéuticas y en caso contrario perjudican la salud mental en cuanto a la pérdida de la identidad del yo, la producción de sentimientos intensos como la alegría. Todos estos son algunos de los conceptos que se derivan del fútbol. Sobre cada uno de ellos se podría seguir pensando, problematizando y argumentando. Semejante propósito merece la pena ser abordado en otras ocasiones. De momento creo que es suficiente con haber realizado una aproximación al análisis de un asunto, el fútbol, al que merece la pena prestarle atención desde una perspectiva científico social, pues otorga conocimientos sobre nuestra sociedad presente.

NOTAS

1 Quien quiera saber más sobre las relaciones entre fútbol y cine puede consultar una obra de reciente aparición (C. Marañón, 2005).

2 Sobre las relaciones entre género y práctica del fútbol se puede consultar un interesante artículo de Dora Blasco, 2003. Se pone de manifiesto que cuando las mujeres jóvenes juegan al fútbol, sobre todo en el contexto rural, lo hacen en papeles de sumisión con respecto a los hombres, ya que ocupan las posiciones de menos prestigio como porteras o también hacen de árbitras.

3 El fútbol como productor y medio de expresión de identidades culturales ha sido un objeto de estudio para los antropólogos. Aunque no muchos de ellos se han dedicado a semejante indagación hoy en día podemos decir que la bibliografía comienza a ser abundante. Sólo como ejemplo puede consultarse, C. Feixa, 2003. En esta misma obra hay un apartado interesante dedicado a las relaciones entre antropología y fútbol.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: