Raúl Acevedo: “El trovador es una especie de reportero inserto en la realidad”

Por: Mario Casasús
Fuente: http://www.elclarin.cl (06.12.09)

En entrevista con Clarín.cl Raúl Acevedo (1957), obrero del Canto Nuevo, nos deleita con sus composiciones y reflexiones: “hoy los artistas no somos perseguidos y asesinados como en dictadura, hoy somos aislados y reducidos por la gigantesca maquinaria de la TV. De ahí surge la necesidad de crear espacios alternativos, pero digámoslo con todas sus letras: no logramos ni siquiera hacerle un rasguño al modelo instalado”. Lo dice a sabiendas que el holding que fundó ACV TV, no ha podido llegar a la televisión comunitaria.

Durante dictadura, Raúl Acevedo grabó sus canciones en los cassettes: Callejeando por decreto supremo (1986) y A una legua de La Victoria (1988) y los discos: Para los que sobrevivieron (1989) y Deslindes (2006), luego de años de separación de los escenarios, ahora recrea un contrapunto en décimas junto al payador Pedro Yáñez y ofrece un homenaje a Pablo Neruda y Vicente Huidobro; pero no todo es luna de miel, Raúl Acevedo es crítico de la Nueva canción chilena, por el abandono después de regresar del exilio; y por supuesto, arremete contra: “El caso de la Fundación Neruda es más notorio por estar un personaje abiertamente pinochetista vinculado al patrimonio de Don Pablo, quien vivió en el lado opuesto de este personajillo llamado Claro pero que era más oscuro que la noche. Mi disco Deslindes está enfocado al rescate patrimonial inmaterial de Don Pablo”

MC.- En Santiago de Chile han surgido una serie canales de televisión comunitaria, por ejemplo Señal 3 La Victoria, tú diriges el Holding ACV TV, ¿es viable llevar la señal online de ACV TV a una frecuencia comunitaria?, ¿qué ventajas tiene un holding online para la música popular?

RA.- La lógica es al revés, es decir, una frecuencia comunitaria debiera optar a llegar a Internet, lo digo por el tema de la masividad; pero en mi caso es interesantísimo entrar en la frecuencia comunitaria pues estoy en una comuna muy populosa, una de las más grandes de Santiago, hay pasos dados con el Municipio de La Florida para hacer algo en conjunto. La Música de Raíz como le llamamos acá a lo que en México llaman música popular, actualmente llega al 1% del público general, producto de una sistemática política de censura y aislamiento, de manera que cualquier esfuerzo para situar a este género musical en una mejor condición, es viable. Resulta curioso afirmar esto, considerando que Chile lleva más de 17 años de democracia. No obstante quienes detentan el poder político en Chile le han abierto las puertas de par en par al sistema neoliberal, el que poco o nada se interesa por el desarrollo de la cultura popular, pues va en franca contradicción con la cultura consumista a la que este sistema aspira. Si bien es cierto, hoy los artistas no somos perseguidos y asesinados como en dictadura, hoy somos aislados y reducidos por la gigantesca maquinaria de la TV. De ahí surge la necesidad de crear espacios alternativos, pero digámoslo con todas sus letras: no logramos ni siquiera hacerle un rasguño al modelo instalado. Su mejor logro es haber desincentivado en la gente el sano ejercicio de leer, educarse y participar de los problemas de la sociedad, su herramienta ha sido fundamentalmente la TV se puede inferir que habrá que combatir el fuego con fuego.

MC.- Además de cantautor, ¿te consideras un musicólogo?, lo pregunto porque difundes la música popular, conociste la Nueva Canción chilena y el Canto Nuevo. ¿Qué harás con el bagaje teórico y las horas de vuelo?
RA.- Bueno, conozco gente que estudia una barbaridad para llegar a ser musicólogo, pero yo no me considero uno. Escribiré un libro contando mis experiencias, análisis y conclusiones, en la actualidad son 32 años profesando de un modo u otro este quehacer. Vamos a dejar correr algún tiempo más para aquello. En tanto debo concentrarme en el complicado ejercicio de vivir de mi oficio, una cuestión que por estos pagos resulta para el común una utopía.

MC.- En otras oportunidades has criticado el término “apagón cultural” durante los años del pinochetismo; sin embargo, ¿cómo eran los días “Desde mi exilio aquí en Santiago”?, para los que no vivimos la dictadura, ¿en qué parada estaba el Canto Nuevo?

RA.- El término “Apagón Cultural” no es mío en todo caso, y creo que más que una rotulación es un sentimiento muy arraigado en todo aquel que tuvo el privilegio de vivir en un Chile con un nivel de educación mucho más sólido que el actual. Hoy por hoy la gente se prepara en aspectos tecnológicos, pero por ejemplo es muy común ver faltas ortográficas en escritos de gente que es considerada “preparada”, para mí eso da cuenta de una falta de lectura más que cualquier otro fenómeno. Como te decía, esto obedece a un diseño de política en que el ciudadano no se debe entrometer en las grandes decisiones y por sobre todo no obstruir el proceso de adueñarse de todo, ejercido por una minoría que ya concentra riquezas siderales a desmedro del hombre común. En aquellos años de lucha antidictatorial el adversario estaba claramente definido: era Pinochet y su aparato bélico montado contra gente desarmada. Ahí era imperativo sobrevivir no solo empinándose por encima de la pobreza que más bien era miseria, sino que debíamos sobrevivir a la permanente amenaza contra nuestras vidas, que por cierto no era sólo amenaza, ¡se hacía efectiva! y así fue que cayeron muchos compañeros en el tránsito a la liberación. La canción fue una herramienta aglutinadora de voluntades, una excusa para hacer política y al pasar los años llegué a la conclusión que las canciones fueron una crónica de lo que ocurría por entonces. El término “Canto Nuevo” lo inventó un conocido comunicador llamado Ricardo García quien formó por esos días el sello Alerce y editó a algunos artistas que más que hacer resistencia con su canción eran opositores al régimen pinochetista en su fuero interno. La canción abiertamente opositora a la dictadura se ejerció no por los artistas de Alerce, sino por un conglomerado político que le llamó MDP y que convocó a sus militantes a expresarse abiertamente con canciones llamando a la paralización del país y en otros casos a la autodefensa. Habría que diferenciar, la idea de un país “ocupado militarmente” entre aquel que le cantó a la libertad y el que hizo resistencia, no por un afán competitivo sino por profundizar en el concepto de “Canción Contingente”. Cabe notar que todos quienes por entonces hicieron la canción confrontacional, hoy trabajan bajo otras sensibilidades. El panfleto y la canción contingente fue un imperativo histórico.

MC.- Una canción clásica es: “Yo no dialogo”, citaré una estrofa de vos: “Asolaba en las poblaciones la brutalidad policial/mientras de la casa de Gobierno nos llamaban a dialogar” ahora que está de moda el verbo “concertar”, ¿sigues con la necedad ante la misma brutalidad policial?

RA.- El trovador es una especie de reportero inserto en la realidad, la diferencia con otros artistas vinculados a la música es que nosotros hablamos tanto de lo bonito como de lo feo, de lo bueno y lo malo. En esa línea yo sigo siendo crítico ante situaciones que me parecen torcidas: tengo y ejerzo la libertad de denunciar anomalías en mis canciones. La canción “Yo no dialogo” era referida al llamado de Pinochet a través de su ministro del interior Sergio Onofre Jarpa, y era claramente una movida para desarticular el tremendo poder popular que había adquirido la oposición con lo de las protestas y los paros; digamos que en términos deportivos, el dictador pedía un minuto para rearmar su juego. Desde luego que no venía al caso concederle ningún privilegio, de ahí la dureza de esa canción (que por cierto no canto hace más de veinte años). No la haría valida para lo actual, porque creo que el diálogo es una de las herramientas más efectivas en la solución de conflictos humanos y hoy ante la brutalidad policial no es lo más adecuado ir a dialogar con los policías, sino con quienes los mandan y detentan el poder político. Ojo en este caso dialogar no es deponer posiciones, es ¡exigir justicia! Dialogar entonces con Pinochet o con Jarpa era lo mismo que dialogar con un policía, era un monólogo.

MC.- Con la posmodernidad neoliberal, ¿cuánta vitalidad tiene el folklore chileno?

RA.- El folclor chileno, el que se difunde, tiene una fuerte raíz latifundista, y quienes le torcieron un poco la mano fueron la gran Violeta Parra y Víctor Jara. No obstante mucho de ese folclor de postal permanece vivo en lo que yo defino como “Quincherismo Andino”, creo que ese tipo de folclor es el que no atienden las nuevas generaciones. Ahora más que hablar de folclor hay que hablar del Cancionero de Raíz, es decir, las canciones hechas por chilenos para chilenos con temáticas locales y enfocadas a nuestra idiosincrasia y con profundas raíces tanto indígenas como españolas e incluso árabes por la mediación española, esas canciones que como te decía no entran en los circuitos televisivos porque no son consideradas viables por los dueños de las multinacionales de la música, que por cierto nada saben de Chile, pero sí saben que sus productos no deben tener competidores. De ahí creo que viene esta notable merma, por una campaña sistemática de marginación, lo que sin duda a la larga produce obsolescencia y pérdida de presencia en las nuevas generaciones y al no tener seguidores también se estanca el propio desarrollo de la expresión. Estoy atento viendo por dónde se encausa el flujo, porque está claro que esto no desaparece, sufrirá las necesarias modificaciones para adecuarse a los tiempos. ¿Se despercudirá la música de raíz de sus antepasados latifundistas?, ¿se desvinculará de la canción social?, no se pierdan el próximo capítulo que nos traerá la historia.

MC.- ¿Qué significan Violeta Parra y Víctor Jara para la nueva generación de músicos chilenos?, ¿hablarías de una ruptura o una revaloración de sus composiciones?

RA.- Estimo que existe un profundo respeto por la obra de ambos, lo que no implica el mismo respeto y reverencia a quienes serían sus más inmediatos continuadores. En ello la misma gente ha contribuido definiendo una apatía a todo aquello que implique quedarse en el pasado y en proyectos políticos truncados como el de Salvador Allende o el gobierno Democrático Popular que se debió definir tras la dictadura. Para muchos, hoy un cantor con su guitarra es sinónimo de Peña o Acto Político. No soy quién para criticar esta conducta, pues seguramente hay buenas razones para haber llegado a este estado de cosas. Quienes asociaron esta expresión musical a un modelo de cambio social, hoy ven que en la práctica la realidad poco encaja con los valores que promovió esta canción comprometida y ante la incoherencia, por el momento se castiga más a la canción que a los incoherentes políticos; ya llegará un momento de más sensatez en que le pasen la cuenta a los responsables de los fracasos políticos y no a quienes cantamos algún día por el proceso.

MC.- Al finalizar el exilio de grupos como Quilapayún e Inti-Illimani, ¿hubo apertura de la Nueva canción chilena y acercamiento con el Canto Nuevo?

RA.- No, no se abrió nada. Esos grupos volvieron a Chile para recuperar su espacio en la TV y en el Festival Viña del Mar; no hubo un acercamiento ni un reconocimiento del trabajo realizado por quienes se quedaron al interior del país. No me cabe duda lo doloroso que habrá sido para muchos el exilio, sin embargo para estos músicos el exilio -por un lado- fue un trampolín internacional y por otro un bienestar económico ejerciendo el arte con una remuneración decente, cosa que al interior fue todo hecho ad honorem y debimos sobrevivir haciendo lo inimaginable. Finalmente cuando ellos volvieron ni siquiera nos trataron mal… simplemente nos ignoraron, una pena.

MC.- ¿Cuál es el mayor aporte musical de exportación chilena?, ¿sus payadores?, ¿sus décimas?, ¿la cueca?, ¿el guitarrón chileno?

RA.- En el proceso de la Unidad Popular se vitalizó la expresión de gente como Violeta Parra y Neruda. Surgió un gran movimiento musical que acompañó el proceso con una diversidad de expresiones como la música de los Quilapayún, Inti Illimani, Víctor Jara, Los Parra, y con Pedro Yáñez se abrió el mundo de la poesía popular y la paya que ya existía, pero que desde entonces tuvo un fundamento como espectáculo, más allá de cultivar la tradición. En Chile hay una gran tradición de poetas tanto en el verso mayor como en la poesía popular y eso tuvo eco en la Nueva Canción Chilena y más aun en su segunda versión que fue El Canto Nuevo. Tras la dictadura, el mismo fenómeno se replantea en términos estéticos y acoge vertientes musicales y poéticas que trascienden a lo vernáculo y en conjunto tenemos una música reconocida en todo el mundo con sonoridades muy particulares. Instrumentos adoptados de otras culturas, pero todos conjugados en la canción notoriamente melancólica de este sureño país con el pegajoso 6/8 de la cueca y la tonada, junto a la balada o canción tristona. Innegable el gran aporte de Patricio Manns en este desarrollo y de músicos como Patricio Wang.
Chile además es un país eminentemente clasista y cuesta una barbaridad llegar a ocupar sitiales que tienen reservados de por vida ciertos personajes inamovibles en todos los campos y en la música no es la excepción, de manera que muchos talentos se pierden por provenir de clases modestas, lo que impide la legitimación de su obra. En ese sentido, Chile ha cambiado desde los años en que Violeta Parra y Víctor Jara surgieron; ahora las brechas sociales son mucho más profundas. Yo creo que hay una identidad clara para efectos de la exportación, lo que quizás no existe es un desarrollo por las razones que ya he expuesto y eso hizo decaer la preferencia del público. De todos modos hay propuestas musicales que no han tenido la debida cobertura, pero que existen y ahí está claramente la proyección del fenómeno de la Nueva Canción Chilena.

MC.- ¿Cómo hiciste el ensamble y deslinde entre Huidobro, Neruda y la canción popular?

RA.- El encuentro entre el arte popular y las artes mayores ya tiene buenas referencias en Chile: Luis Advis con la Cantata Santa María de Iquique, a partir de ahí para delante se han hecho muchos trabajos en que el tratamiento de una obra sobrepasa el ámbito de lo popular. En este caso, dos insignes de la poesía chilena que en vida fueron antagonistas, paradojalmente en la muerte se reencuentran compartiendo un litoral y determinando una omnipresencia en ese tramo costero que comprende Cartagena por el Sur e Isla Negra por el Norte. En este espacio se ha generado un gran interés por descubrir y revitalizar la obra poética de ambos artistas. Cuando concebí este trabajo hace 11 años aproximadamente esto estaba en una etapa primaria, hoy podemos ver más claramente ese desarrollo, a pesar del marcado carácter turístico que le han impreso los respectivos alcaldes locales para darle viabilidad económica al proyecto. No obstante es innegable la presencia, no sólo de Neruda y Huidobro y Parra (que en vida ya marca su omnipresencia), sino que este fenómeno se extiende hacia el sur en las orillas del Mataquito con Pablo de Rokha en Licantén, en La Ligua se siente fuertemente la presencia de Jorge Teillier, Gabriela Mistral hace lo propio en el Valle de Elqui y así los grandes poetas quedan en el imaginario popular de los territorios que circundan sus tumbas. Eso en un principio me hace crear este trabajo llamado Deslindes que considera a Neruda y Huidobro; hoy lo extiendo hacia los restantes mencionados… ya tengo un trabajo dedicado a Teillier y si todo prospera haremos el gran territorio de la Poesía Chilena en un trabajo que busca la lírica del poeta, tratado con una musicalidad desentrañada de las más notables expresiones de la música de Raíz Chilena, con un tratamiento en consonancia con la Poesía Popular, la décima, el romance, el verso alejandrino, la sextina pareada, etcétera.
Hacer este trabajo fue producto una vez finalizada la Dictadura y haber quedado literalmente cesante, pues nuestra canción no tuvo mas cobertura ni apoyo, y necesariamente vino la pregunta ¿Qué hacer? mi camino se abrió por el lado de los grandes Poetas Chilenos y la Poesía Popular, debo decir que es de lo más impopular que puedan imaginar y que con esto sólo he conocido el fracaso económico, pero es tan mágico y encantador hacerlo que no me puedo resistir con todo lo que implica. A estas alturas de la vida ya no busco ni reconocimiento ni fama, sino el hacer lo que mi fuero interno define en términos de lo que me hace feliz. Vivo en una modesta casa en un barrio de Santiago y de tarde en tarde hago conciertos con escaso pero muy respetuoso público y no hay vuelta. Como dicen por ahí: ¡El que nace chicharra, muere cantando!!

MC.- Finalmente, inspirado en Neruda escribiste la letra y música de “Cantalao” ¿Qué piensas ahora que la Fundación Neruda es sinónimo de persecución de mapuches y reivindicación del pinochetismo?

RA.- El patrimonio de Neruda, Salvador Allende y Violeta Parra es manejado por personas que distan de la altura en que estos personajes vivieron, no se les puede pedir más. El caso de la Fundación Neruda es más notorio por estar un personaje abiertamente pinochetista vinculado al patrimonio de Don Pablo, quien vivió en el lado opuesto de este personajillo llamado Claro pero que era más oscuro que la noche. No me extraña nada de lo que ocurre, pues claramente acá se ve la intromisión del lucro en torno a la imagen de alguien que hoy se “vende” muy bien. Los coyotes están siempre alerta y detectando la viabilidad del negocio, serían capaces de vender a su madre. La cosa en el caso de Neruda se complica por no haber depositarios directos de los bienes de Don Pablo ya que su única hija -Malva Marina- falleció antes que él. De ahí que esto cae en manos de abogados y de ahí no saldrá nunca más…ellos conocen su oficio. La obra Deslindes está enfocada al rescate patrimonial inmaterial de Don Pablo y Don Vicente; lo que hagan los coyotes con sus bienes materiales me tiene sin cuidado. Cantalao es mucho más que un terreno o una casa de retiro para los artistas, es el espacio inmaterial que nos legó Don Pablo a todos los artistas que lo sucedemos… es nuestro exilio azul, al sur de los poetas.

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