El terrorismo (ensayo provocativo)

Por: Miguel K. Stobb Serrano
Fuente: http://www.miguelks.blogspot.com (29.12.05)

El otro día tuve el placer de acudir a una mesa redonda sobre Terrorismo y Derechos Humanos en la que participaron Xacobe Bastida profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Oviedo, Pilar Lobo , de Amnistía Internacional, y Luis Madiedo, Coordinador General del Partido Popular de Gijón.

Al hilo de dicho debate se me ocurrieron un par de ideas que quería plasmar por escrito aquí con el objeto de iniciar un debate, a poder ser lo menos emotivo y más razonado posible.

En primer lugar me gustaría discutir qué es el terrorismo. No hay convenio ni organización que haya llegado a una definición pacífica de terrorismo. Todo lo que existen a día de hoy son listas elaboradas por las más variopintas instituciones que incluyen diversas organizaciones que son consideradas terroristas.

La pregunta obligada es ¿por qué?¿cúal es el motivo para que, sin definición que pueda demostrar su caracter, se pueda imputar a un grupo de sujetos el calificativo de terrorista?

La falta de definición de lo que es terrorismo nos inhabilita en gran medida a la hora de predicar unos caracteres de tales organizaciones. El motivo, sin embargo, no solo es obvio, sino también espurio: la falta de definición y el recurso a listas elaboradas por el método amigo-enemigo conlleva que ante actos virtualmente idénticos unas organizaciones resulten calificadas como terroristas y otras no.

¿Cúantos estados realizan actos de la misma naturaleza, con el mismo nivel de devastación y la misma carga violenta que ciertas organizaciones tildadas como de terroristas?

Pero esto no es el único incoveniente derivado de la falta de definición, ya que, por la naturaleza del propio método con el que han sido elaboradas, esto es amigo-enemigo, quien ayer era un enemigo, pongamos por caso Gadaffi, presidente de Libia, puede pasar a ser amigo, esto es, no terrorista.

En segundo lugar me gustaría discutir a cerca del resultado de la propia violencia terrorista.

Mi posición de partida es clara: el terrorismo es una violencia de muy baja intensidad, tanto por sus medios como por sus resultados, aunque, del mismo modo, es una violencia de gran carga emotiva e irracional al ojo ciudadano. Desentrañemos este aspecto.
Los medios terroristas y sus resultados son de baja intensidad. En efecto las acciones terroristas no cuentan con sofisticados sistemas de localización térmica, ni con bombas detonadas vía satélite. La mayoría de ellas son realizadas con medios a los que todos podemos acceder, desde armas blancas hasta explosivos genéricos e, incluso, caseros. No quiero decir con esto que todos podamos cometer acciones terroristas; únicamente dibujo la realidad de la falta de tecnificación militar de la que adolecen estos grupos.
Como consecuencia de la falta de medios los resultados suelen ser, en número de bajas e importancia, muy bajo. De hecho el mayor atentado terrorista de la Historia, cometido el 11 de septiembre de 2001 en territorio estadounidense, deja un número de bajas modesto si lo comparamos con cualquier desastre natural o una incursión norteamericana en Faluya o el Triángulo suní; y se convierte en pírrico si lo comparamos con las muertes diarias derivadas del hambre o las pandemias curables con una simple vacuna.

Estas afirmaciones no pretenden ser gratuitas ni demagogas, pretenden ser objetivas y mostrar fielmente como las palabras pueden conllevar cargas negativas excesivas.

La otra cara de la moneda es la irracionalidad y emotividad que desencadenan estas acciones. Hay un aspecto sociológico en ello derivado de la especial negatividad con la que se perciben las taras y pérdidas derivadas de la violencia terrorista. En efecto cualquier estudio demoscópico fiable siempre nos mostrará al terrorismo como uno de los problemas del conjunto de una sociedad, cuando su incidencia real no acrece, si quiera, al 5% de la sociedad, contando, generosamente, los afectados indirectos.

Otro aspecto sería el shock producido por las muertes inesperadas y consideradas esencialmente crueles. Caso muy ilustrativo es el asesinato de Miguel Angel Blanco. La muerte de una sola persona, una, fue capaz de producir movimientos sociales especialmente sensibles.

Las conclusiones a todo esto se resumen en dos pinceladas:

– Terrorismo es un concepto inacabado, vago, y, como tal peligroso y utilizable por parte de aquél que detenta el poder contra aquél que considera enemigo. Hay veces en que dicha calificación se produce con razones más o menos justas, y otras en las que, simplemente, se criminaliza al discrepante.

– La violencia derivada del terrorismo no es superior a la derivada de la violencia de género, la del crimen organizado o la criminalidad común.

Toda aportación al debate será más que bienvenida.

P.D.:Puntualizaciones:
– Este texto no pretende, en modo alguno, justificar el terrorismo.
– Este texto no pretende, en modo alguno, restar dignidad ni importancia a las víctimas de la violencia terrorista.
– Este texto pretende ser una invitación al debate sereno.
– Este texto está inacabado, pretende ser el primero en una serie de réplicas y contrarreplicas.

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