Las Universidades Burguesas como Semilleros de Explotadores

Por: Manuel C. Martínez M.
Fuente: http://www.aporrea.org (29.03.09)

Según teóricos y científicos no comprometidos con el sistema capitalista, la “explotación del hombre por el hombre” ha sido mayor y convencionalmente limitada a la usurpación de plusvalía, y a esta se la conoce no menos convencionalmente como la ganancia bruta que desde los propios centros de producción toman para sí todos los patronos regidos por las reglas sociales y contables que caracterizan al modo de vida burgués.

Pero la explotación de los trabajadores asalariados abarca un radio mayor.
Así, tenemos la especulación comercial practicada por pequeños, medianos y grandes intermediarios atomizada y encadenadamente colocados entre las fábricas mercantiles y los hogares familiares; la explotación financiera, practicada por usureros de toda índole, desde el pequeñito prestamista individual hasta los magnates de la banca privada bancaria, pequeña, mediana y grande; la explotación derivada de la corrupción cometida por los gobernantes en todas las instancias administrativas propias de alcaldías, gobernaciones y presidencias; la explotación gubernamental expresada mediante subsidios a las mercancías de la cesta básica ofrecida en bazares públicos (tipo Mercal), mercancías subsidiadas destinadas al consumo de los trabajadores de menores recursos, y la explotación a través de subvenciones o aportes de capital público a empresarios privados incapaces de mejorar los rendimientos en sus empresas y quienes sólo saben operar a elevados costes de producción. Subvenciones y subsidios que van con cargo al Presupuesto de salud, Educación, etc.

Todas esas otras variantes explotatorias son formas de consecución y toma de parte del Valor Agregado o creado constantemente por los trabajadores. Así que unos explotadores viven a costa de aquella parte, y, como tales, esas varias formas de explotación se integran al volumen de plusvalía que en conjunto dejan de percibir los asalariados, y lo toman para sí los variopintos explotadores de este sistema.

Pero en este sistema, la explotación de unos hombres por otros tampoco se agota allí. Como quiera que la filosofía que le sirve de base a semejante modo de vida comprende el universo de los hombres de todas las sociedades contaminadas con la ideología burguesa, hasta el trabajador surgido en el seno de los más humildes proletarios recibe un metódico, sostenido, eficiente y eficaz adoctrinamiento para que termine asumiendo que explotar a otros forma parte intrínseca y cotidiana, normal y hasta bendita, de su personal vida social.

Por supuesto la explotación es también una variable cuantitativa, por eso hay explotadores de explotadores, los hay más perversos que otros, pero en común esquilman la masa de asalariados y tienden a correpartirse el plusvalor y demás formas de ganancias indebidas según los aportes cuantitativos de capital.

De esa manera, los egresados universitarios representan cohortes de trabajadores que ofrecerán sus servicios cual vulgar comerciante de esquina o de lujoso supermercado, y muchos terminarían enriqueciéndose y aburguesándose, revestidos de una indolencia académica y profesional propia del comerciante de esquina. Este no sabe inmutarse ante el hambre del niño de sus vecinos a quienes explota como clientela particular.

Bien, el caso es que a los profesionales egresados de nuestras universidades no se les imparte ni un párrafo pemsumario de solidaridad ciudadana. En este escabroso sentido, en estas universidades no existen programas ad hoc.
Por el contrario, las carreras universitarias son promovidas por esas casas de estudio en función de su potencial rentabilidad, como fórmulas para elevar la condición económica individual de cada egresado, aunque para lograrlo termine prostituyéndose y envileciéndose cuando asume funciones de pillo académico (revisar las denuncias del ex Ministro Samuel Moncada), aunque en los hechos el egresado pobre termina sumándose al bloque de desempleados, o como profesionales de tercera ya sin glamur alguno y, en el mejor de los casos, desempañando funciones indignas alejadas de su infatuada profesión.

Son los egresados universitarios, quienes motu proprio fijarán sus honorarios y terminan explotando a sus clientes llamados pacientes, en el caso de médicos, poderdantes en el caso de abogados. Citamos estos dos tipos de egresados porque su profesión es la más vital y popular de todas las semillas de explotación y coexplotación que son cultivadas en nuestros centros y aburguesadas centros de estudio “superior”.

Ese lote de explotadores es una genuina expresión del desarrollo y desenvolvimiento desigual y combinado de dicha explotación, parafraseando al científico teoricopráctico V. I. Lenin.

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