Por: Cristhie Mella*
Fuente: http://www.elclarin.cl (08.03.09)
Otro Día internacional de la Mujer que se instala en el panorama de efemérides nacionales como una de las tantas conmemoraciones sin sustento real, toda vez que los derechos de las mujeres de este país han avanzado poco o nada, con y sin concertación. Sin duda la cuestión respecto a los derechos de la mujer ha sido manoseada por los últimos gobiernos de la concertación, y su mentada política en la materia ha sido sustentada desde la creación del Sernam (Servicio Nacional de la Mujer), organismo de gobierno orientado a propagar el discurso oficialista.
Pero ¿Cuál es ese discurso? Desde una mirada crítica y nada complaciente, podemos decir que el sello que se ha impreso a las políticas gubernamentales hacia las mujeres y sus derechos, ha sido inspirado en lo que se ha denominado el feminismo liberal -neoliberal, diría yo- cuya premisa básica es conformarse con que la mujer equipare derechos ciudadanos como el de concurrir a las urnas de tanto en tanto, alcanzar algo de mayor participación en la esfera laboral y social y eso sería todo. Bajo ese prisma no se vislumbra ninguna clase de cuestionamiento a las estructuras de poder que mantienen el rol subordinado de la mujer en nuestra sociedad tal y como lo ha señalado en cambio el feminismo marxista.
Y es que el discurso oficial no ha hecho otra cosa que dejar la situación de la mujer sin grandes transformaciones, manteniendo el status quo; actitud que deviene del no atreverse a recoger las demandas que inspiraron los inicios de esta incipiente democracia por allá por fines de los ochenta, cuando en virtud precisamente de valientes mujeres, se le doblaba la mano a la dictadura. No fueron otras que las mujeres las primeras en salir a la calle en búsqueda de sus familiares, las primeras en encadenarse exigiendo justicia, y así de la mano de la necesidad de terminar con el autoritarismo – que tal como ha sido documentado es esencialmente patriarcal, pues a la doctrina militar le acomoda y le sirve una mujer sumisa y obediente-cobraron fuerza los anhelos de cambio en materia de género; sin duda no fue algo que se le haya ocurrido a la concertación en una chispa de iluminación.
Precisamente, la creciente necesidad de cuestionar las estructuras patriarcales y posicionar los derechos de la mujer, fue algo muy presente en el germen del cambio durante la lucha antidictatorial. Lamentablemente, sectores conservadores como la Iglesia y la Democracia Cristiana supieron poner atajo a la ola feminista Chilensis, frenando muchas de las expectativas y demandas de las activistas de la época. Así una vez instalados en la presidencia, los políticos de entonces esquivaron olímpicamente materias fundamentales que se suponían obligadas en la Agenda. La discusión sobre derechos reproductivos por ejemplo, se vio sellada y sin posibilidades de incluir el aborto como tema. Al día de hoy, cuando décadas han pasado con los gobiernos de la concertación, los derechos reproductivos siguen vedados a las mujeres. De hecho, la polémica sobre la píldora del día después nos mostró fehacientemente que en Chile existen poderes arcaicos pero definitivos que se resisten contra cualquier avance, manteniendo las desigualdades que tanto avergüenzan a nivel internacional. Miles de mujeres, especialmente las de escasos recursos se ven forzadas a la maternidad no deseada, presas de su fisiología y del puritanismo de una minoría que detenta el poder de decidir sobre lo que debe hacer o no hacer la gran mayoría en el país. Yendo aún mas lejos, precisamente en contextos desfavorecidos cultural y materialmente, muchos embarazos se producen en el marco de relaciones abusivas donde el poder masculino continua ejerciendo la violencia de siglos sobre quienes se ven desamparadas por un orden social que las estigmatiza y oprime.
En nuestro chilito para que una mujer pueda probar una violación ante un juez, tiene que asemejarse poco menos que a la Virgen María, pues de otro modo aparecerá casi siempre como una deschavetada que seguro andaba “tentando” por no usar ropa menos provocativa. Desde mi ejercicio profesional puedo dar fe de que los delitos sexuales son los que menos éxito tienen en tribunales. Ello precisamente porque la violencia sexual es parte de la violencia de género y la justicia no hace otra cosa que reproducir los estereotipos y prejuicios presentes en la sociedad de la cual es parte. En cuanto a la violencia que viven las mujeres al interior del hogar, también la justicia ha sido lenta y engorrosa, dejando a las víctimas la mayoría de las veces en situación de desamparo, sobre todo cuando agentes de la misma, como carabineros de Chile, no actúan con el celo que debieran en casos de riesgo inminente.
Demás esta decir que al hacerse cargo del tema Género, no se puede soslayar la deuda de violencia y sangre que se ha inflingido sobre las mujeres y por lo tanto , venir con un discurso blanquecino y fácil apuntando a la igualdad en un tono tan inofensivo e ingenuo como lo hace el gobierno: no es sino mantener a las mujeres en un lugar secundario, segregado y a lo más siendo beneficiarias de políticas asistencialitas que jamás podrán ofrecer la oportunidad de asumir un rol protagónico que huela siquiera a autonomía en cualquier ámbito de su ser. Y esa es una gran deuda de la Concertación, que como he señalado, llegó donde está precisamente gracias a la valiente labor de muchas mujeres que supieron vencer el miedo y desafiar el poder dictatorial. Muchas de esas compañeras pagaron caro el precio de su rebeldía y lucha, quedando casi en el anonimato y sin que nadie en este país se haya pronunciado en torno a reconocer que el Régimen Militar fue especialmente duro con las mujeres, en donde el grado de violencia abarcó especialmente el ámbito de la violencia sexual, claramente como estrategia de sometimiento en función del género. Ningún informe emanado desde el gobierno hasta la fecha ha recogido esa herida provocada en la mujer luchadora de este país y constituye por tanto una deuda a saldar como parte de los reconocimientos necesarios para la memoria histórica.
Haciendo una especie de balance, se puede decir, sin riesgo de equivocarse que, tras años de gobiernos concertacionistas, los logros para las mujeres han sido escasos. El hecho que una mujer haya llegado a la presidencia, escasamente ha significado que las mujeres asuman un rol más protagónico en la vida pública, quedando esto sólo como un logro simbólico, que dicho sea de paso, fue orquestado y planificado por hombres en el vaivén de los dividendos políticos y claramente utilizando de manera maniquea la cuestión de la mujer a su conveniencia y no a la de ellas.
cpmella@gmail.com
*Psicóloga, Máster en Criminología y Psicología Forense
Filed under: E1.- Género |
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