Por: Aníbal Venegas
Fuente: www.elclarin.cl (18.01.09)
Siempre me he preguntado cómo se sentirá ser mujer. Simone de Beauvoir dijo: “no se nace mujer, se llega a serlo”. La sociedad chilena en este sentido impide que la mujer pueda llegar a ser “mujer” pues los modelos que todas ellas han de seguir y que darán sentido a su sexualidad y a su existencia han sido concebidos a priori por el aparataje machista local.
Simone de Beauvoir se dedicó de forma exhaustiva a analizar e investigar respecto a esta temática en su maravillosa obra “El Segundo Sexo”, de modo que mi visión no podría siquiera aproximarse a la originalidad teniendo como base la lectura de aquel libro. Pero la pregunta que me formulo está orientada por el espíritu de la sociedad a la que pertenezco, bastante alejada por lo demás a la estructura intelectual y espiritual francesa. Entonces ¿Qué se sentirá ser mujer en Chile?
Chile por primera vez en su historia eligió a una mujer como presidenta de la República: Michelle Bachelet. Con ese antecedente en la conciencia local, el oficialismo informativo Chilensis ha dedicado desde hace algún tiempo una buena cuota de papel de diario y cuché para el relleno de tandas informativas que se refieren al “despertar de las féminas locales”, que pareciera haber aumentado de forma somera en nuestro tiempo. Por supuesto que medios de comunicación preocupados de mantener el status quo como El Mercurio y La Tercera –y toda la lista interminable de revistas y otros diarios pertenecientes a su imperio económico- no analizarán con exhaustividad y meticulosidad la materia, antes bien repletarán sus páginas con reportajes inservibles y a menudo inocentes respecto a las mujeres “brillantes” de la nación, que para el monopolio ideológico chileno están representadas por toda la parentela femenil de las castas falocéntricas dominantes. Se repetirán las mujeres Matte, Edwards, Eguiguren o Zañartu, y siempre las actividades que ellas realicen se corresponderán directa o indirectamente con el sistema establecido (En el caso de que en las revistas “femeninas” se hable de mujeres artistas, de quienes sin duda esperamos mayor transgresión y visión, ellas venderán sus esculturas “de plaza Italia para arriba”, y serán elegidas para entrevistas y reportajes todas las que sean católicas, apostólicas y romanas, o las que aún en pleno siglo XX continúen rindiendo pleitesía a esa sensiblería chusca y de medio pero que según dicen “les es propia”: las mujeres son débiles y emocionales, a tenerlo en cuenta “dicen”…).
En este mismo sentido La Televisión –medio populachero por excelencia- tampoco mantiene en su parrilla programática a un grupo exuberante de féminas inteligentes. Las que acaparan la atención de ordinario se corresponden con el modelo fetichista y horripilante de la prostituta medieval: caderas profusas, concupiscencia pública, senos majestuosos, sonrisa perfecta y neuronas en estado de virginidad eterna. Son aislados los casos en el que a una mujer verdaderamente capacitada intelectual y espiritualmente le permitan dirigir un programa de entrevistas o un noticiero central; en la improbabilidad de que esto suceda, su pauta de trabajo será a menudo regentada por los poderes machistas que anteceden toda la programación chilena y a las únicas a quienes se les permite alcanzar la gloria a través una tribuna rica en escenografía y lacayos dispuestos a satisfacer todos los deseos, pertenecen al corro desagradable y delirante que sólo puede ser definido con los vocablos estupidez y chocarrería. Ecce Hommo.
No tengo datos empíricos que me permitan demostrar que efectivamente el universo local de mujeres se sienta identificado con las señoras y señoritas que acaparan la atención nacional, pero creo que la consistente y a menudo obcecada voluntad mediática de rendir pleitesía a la idiota y a la estúpida tiene lugar en la medida que el negocio continúa dando generosos dividendos. Y para que no exista la posibilidad aún remota de que algunas de las seguidoras de “Gigantes con Vivi” o “La Teletón” se distraigan del modelo que allí se exhibe, temáticas sin duda trascendentes como el consumo de la Píldora del día después y el aborto serán abordadas hipso facto (siempre que la vomitiva contingencia chilena quiera tocarlas) por un corro de analistas hombres en su mayoría, quienes basándose en la filosofía crítica –los que están a favor del aborto y la píldora-, la religión y las diversas nomenclaturas jurídicas, concluirán qué será lo mejor y lo peor para la mujer. En este sentido ¿Qué opina ella al respecto? ¿No constituyen acaso la utilización de la píldora o el aborto decisiones eminentemente femeninas y que conciernen única y exclusivamente a ellas? ¿Por qué en Chile la mujer no puede elegir qué hacer con su propio cuerpo? ¿Por qué la mujer chilena no puede decidir qué ser o hacer?
Pareciera ser que Ser mujer en Chile significa abrirse al mundo como un sujeto histórico inválido emocional e intelectualmente: así al menos lo da a entender nuestro aparataje social que la imposibilita para decidir si trae o no hijos al mundo, si puede disponer libremente de una herencia sin solicitar el permiso del marido, si puede emanciparse efectivamente de un sujeto que la humilla y la golpea y que sabe de ante mano que ella jamás podrá luchar con las mismas facilidades que él en esta eterna comedia que es la vida. Durante toda su infancia, la niña se ha sentido vejada y mutilada; pero, no obstante, se tenía por individuo autónomo; en sus relaciones con sus padres, sus amigos, en sus estudios y sus juegos, se descubría en el presente como una trascendencia: no hacía sino soñar su futura pasividad. Una vez púber, el porvenir no sólo se acerca, sino que se instala en su cuerpo, se transforma en la más concreta realidad. Conserva el carácter fatal que siempre ha tenido; mientras el adolescente se encamina activamente hacia la edad adulta, la joven asecha la apertura de ese periodo nuevo, imprevisible, cuya trama ya está urdida y hacia la cual la arrastra el tiempo. Desprendida ya de su pasado de niña, el presente sólo se le aparece como una transición; no descubre ningún fin válido, sino únicamente ocupaciones. De manera más o menos disfrazada, su juventud se consume en la espera. Ella espera al hombre (Simone de Beauvoir, El Segundo Sexo).
¿Qué se sentirá ser mujer chilena? Ante todo, tener en la consciencia un pasado y un presente que la empuja a ser lo otro, la sirvienta, la compañera, la señorita, la solterona, la niñera, la meretriz, la modelo, la concordia, la lealtad y la prudencia. Quienes luchan día a día por arrancarse de estos moldes efectivamente ponen su visión más allá en pos de una tarea cuyos frutos probablemente disfrutarán otras y otros, si es que el sistema establecido (sin mencionar la tradición política desde derecha y en menor medida izquierda) no irrumpe con toda su caballería contra este tipo de extraordinaria disidencia. Mujeres brillantes hoy día existen, es un hecho, pero nuestra contingencia se encarga de ocultarla bajo los faldones de una impenetrable realidad. Debo confesar mi cobardía: me sería demasiado complejo ser mujer, no sólo porque me sabría de ante mano relegado por un nicho social oscuro y violento, que me atosigaría de dolor y sufrimiento por el solo hecho de estar “castrada”. En este sentido debemos otorgar nuestros más sinceros respetos hacia quienes deciden luchar día a día por hacerse oír, sordas al ruido espeluznante de sus pares que relinchan y bufan como el sistema las ha indicado desde que se abrieron paso en el mundo, y seguras que la tarea que les espera ahora y en el futuro será disponer la barca en un océano infinito en el cual ellos, señores taciturnos y llenos de risa, les explican que deberán navegar por siempre ¿No es tiempo de que nosotros también nos sumemos a la tarea?
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