Del cielo a los infiernos

Por: Josepgmaynou
Fuente: www.josepgmaynou.blogspot.com (12.10.08)

 Parece que la economía como Ciencia falleció y los economistas murieron con ella. Nadie sabe explicar lo que ocurre, ni su duración ni su salida. Se buscan salvadores a marchas forzadas, expertos, gurús… y muy especialmente se encienden velas a Santa Rita con la esperanza de infundir optimismo ante el vértigo de los mercados, la volatilidad, la incertidumbre, el miedo y el pánico. Ya no saben a quien deben reunir más. Ya no saben cuanto dinero más adicional deben poner a disposición del sistema financiero mundial para aplacar los efectos del colapso. Ya no saben que más estatizar para amortiguar los efectos de la crisis. Ya no saben que nuevas medidas de salvamento deben aplicar para rescatar a los náufragos incontables que van añadiéndose a la larga lista de desahuciados del libre mercado.

 Los más avezados corren a desenterrar a Marx buscando desesperadamente entre su extensísima obra alguna receta milagrosa, cuando no alguna bandera o consigna revolucionaria.  Pero Marx solamente anticipó de manera científica la inevitabilidad del proceso de decadencia del modo de producción capitalista, su caducidad histórica. En su obra inacabada solo conocerán los fundamentos de la crisis que nos acucia en el periodo en donde el sistema capitalista  ha alcanzado los límites de su viabilidad.

  …”Por un lado el Capital despierta a la vida todos los poderes de la Ciencia y de la Naturaleza, así como de la cooperación y del intercambio sociales, para hacer que la creación de riqueza sea relativamente independiente del tiempo de trabajo empleado en ella. Por el otro se propone medir con el tiempo de trabajo esas gigantescas fuerzas sociales creadas de esta suerte y reducirlas a los limites requeridos para que el valor ya creado se conserve como valor.»

 Así como las primeras revoluciones industriales fueron el motor de la decadencia del viejo régimen feudal, la tercera gran revolución tecnológica que la sociedad humana ha alcanzado son el motor de la inviabilidad y decadencia del sistema de producción capitalista.  Los llantos en contra los especuladores, los capitalistas malos, la sobreproducción, los límites de crecimiento,… son puras fanfarrias frente a las auténticas causas de la inviabilidad del sistema.

 El modo de producción capitalista alcanzó sus límites. La taylorización, el trabajo en cadena, el stajanovismo comunista, el fordismo, la racionalización de la producción, la constante disminución de costos, la robotización, la apropiación constante de cualquier avance científico y técnico han señalado la tendencia irreversible del Capital de acercarse a su fin. Límites donde sin trabajo vivo incorporado a la producción la sencilla formulación de “dinero-mercancía-mercancía-dinero” se hace inviable. La completa automatización del sistema productivo, determinada por la constante revolución tecnológica que se ejerce sobre el capital fijo (la total posibilidad de robotización de todos los procesos productivos) lo hace sencillamente inviable. Sin trabajo asalariado no hay acumulación de Capital. El atajo “dinero-dinero” es simplemente una vana ilusión que la propia economía real se encarga de tanto en tanto (en las llamadas crisis financieras) de recordarlo.

 La inutilidad del dinero (su camino a los infiernos) sumido en un proceso de desvalorización constante es solo el preludio de su inutilidad como mercancía universal.

…”El dinero, la forma común en la que todas las mercancías como valores de cambio se transforman, la mercancía universal, debe ella misma existir como mercancía particular junto a las otras, ya que estas no deben ser medidas con él solo mentalmente, sino que deben ser cambiadas y trocadas por dinero en el cambio real. El dinero no nace de una convención, así como tampoco nace de una convención el Estado. Nace naturalmente del cambio, y en el cambio es su producto. (K.Marx: sobre la génesis del dinero)

 Cuando el “valor de cambio” en el circuito “dinero-mercancía-mercacía-dinero” se hace inviable, el camino del cielo a los infiernos está a la vuelta de la esquina. El dinero ya no sirvirá para nada.

 A todos los nuevos reformistas, a los propulsadores del capitalismo serio, del capitalismo productivo, del capitalismo controlador del sistema financiero… les emplazamos a constatar la ceguera e inviabilidad de sus propósitos en los tiempos venideros. La sociedad del Capital cavará aún más profundamente su tumba si así lo intentara.  Por contra podemos augurar la entrada en un proceso de una gran destrucción de capitales (trabajo humano acumulado), un gran decrecimiento y depresión productiva en donde la paralización de cualquier actividad de investigación tecnológica y científica estará a la orden del día. Los voceros del decrecimiento económico como salida a la crisis, de los primitivistas y ecologistas serán de un gran ayuda para el Capital.

 El modelo de progreso y la organización social que la Humanidad necesita nada tiene que ver con el Capital, ni el valor de cambio, ni con el dinero como mercancia universal, ni con el decrecimiento económico. Ni tan solo con las burdas teorías de los límites del crecimiento: La Humanidad ha alcanzado conocimientos científicos capaces de crear vida, de crear nuevos materiales y herramientas, de producir eficazmente tendiendo a cero los costes de producir y el esfuerzo humano necesitado. Nuevas fuentes de energía están a nuestro alcance. Nuestro progreso y bienestar deben y pueden medirse bajo otros parámetros distintos de la sociedad de la mercancía y del dinero. La sociedad en la que soñaron nuestros librepensadores está a nuestro alcance.

 ¡El dinero, a los infiernos¡

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