Televisión y Educación: Una Mirada desde Bourdieu más allá de la sangre, el sexo y el drama

Por: Rubén Darío Arroyo Osorio
Fuente: Revista “Taller”, Num 17 (06.01.07)

He tomado intencionalmente estos tres temas de las agendas de los
medios puestos que, son comunes a la prensa escrita, a la radio y a la televisión, sobre todo cuando estos se vuelven sensacionalistas, poco profundos, descriptivos y manipuladores en sumo grado, características predominantes en los medios informativos de nuestro país.

No obstante es necesario precisar que lo expuesto aquí no tiene como fin último satanizar a los medios de comunicación ni a la televisión en particular, sino provocar una reflexión propositiva que nos aproxime a un camino hacia la mejor utilización de la TV en el ámbito educativo, independientemente del nivel de esta en que nos movamos. Por estas razones quiero partir del cuestionamiento que se hacen desde diversas perspectivas teóricas al respecto, tanto para explicitar la manipulación a que nos somete la televisión a quienes la usamos de manera acrítica, como por las vicisitudes a que asistimos quienes tratamos de romper ese cerco de ese atontamiento masivo que invade las mentes de nuestros conciudadanos.

Así las cosas lo primero que debemos puntualizar es que la televisión, convertida hoy elemento de consumo “de primera necesidad”, puede contribuir a reunir a la familia a su alrededor a la hora de la telenovela, del dramatizado, de las noticias de la política , de la violencia, del deporte o del otro entretenimiento liviano con las modelos y los modelos que terminaremos imitando, sufriendo la metamorfosis al pasar de televidentes en televivientes; pero también la televisión nos puede llevar, y de hecho nos está llevando, a disgregar más esa familia que, al respetar las diferencias en los gustos y las preferencias televisivas se sitúan separadamente cada uno en su alcoba o en la cocina o en el taller, o en la oficina doméstica a degustar del menú preferido expuesto en la programación cada uno con su aparato, metido en él, abstraído del mundo real para navegar en el mundo de las imágenes que pretenden ser reales.( s.n )

Pero este control no es ejercido solo hacia los televidentes, también
se ejerce sobre los que participan de sus programaciones como actores, periodistas y peor aun como invitados. Casi nunca nos fijamos de esa censura que imponen con control del tiempo, con la manera como deben responder las preguntas, con los gestos, las pausas, la entonación, los modales de respeto a las autoridades y a las verdades circulantes. Así las cosas a propósito de esta situación Pierre Bourdieu1 cuestiona que mucha gente, incluidos científicos, escritores e investigadores hacen todo lo posible por aparecer en la televisión en condiciones normales sin plantearse una preocupación al respecto, sin interrogarse si realmente se podrá decir alguna cosa poniendo de manifiesto que no se está ahí para decir algo, sino por razones claramente distintas, particularmente para dejarse ver y ser visto, para caer en el espejismo del narciso que se mira en un lugar de exhibición narcisista que es la pantalla como fuente engañosa, como antes le sucedía al Narciso promigenio. Bourdieu recordando la divisa de Berkeley nos dece que en la dinámica discursiva de la TV se torna más fuerte la idea de que:
“Ser, es ser visto”. Y aquí, ser visto en televisión significa por supuesto, estar bien visto por los periodistas y por la llamada opinión pública por demás también construida al antojo y necesidades de dueños de los medios para los consumidores…

Pero ese deseo, ese sueño anhelado de ser visto en la TV lógicamente trae sus consecuencias, sus compromisos y en el mejor de los casos sus concesiones puesto que aquí, en este medio todo se controla, especialmente el tiempo como ya se dijo. No obstante, el autor de La Distinción, comparte la aseveración según la cual, la única opción válida no es negarse a aparecer en ella puesto que, salir en la TV hoy por hoy en determinados casos, se convierte en una especie de deber si esto es posible hacerlo en condiciones razonables, es decir superando esa censura invisible que implica la pérdida de autonomía que raya en el colaboracionismos político, ideológico o cultural latente en las reglas del juego las de la comunicación impuestas como reflejo de la coerción económica que
ejercen propietarios y anunciantes en su enconada lucha por mantener los índices de audiencia.

La anterior posición se fundamenta en la idea de que la TV, teóricamente es un instrumento que ofrece la posibilidad de llegar a
todo el mundo, o al menos a cientos de miles y millones de personas y, los investigadores, los científicos de la naturaleza o de la sociedad, como “funcionarios de la humanidad” tienen como obligación difundir sus logros, incluso los alcanzados en el campo de la develación de estos mecanismos de manipulación en la televisión misma. Por eso llama la atención desde los siguientes interrogantes:
¿Lo que tengo que decir está al alcance de todo el mundo?. ¿Estoy
Dispuesto a hacer lo necesario para que mi discurso por su forma,
pueda ser escuchado por todo el mundo? ¿Merece ser escuchado por todo el mundo? ¿Debería ser escuchado por todo el mundo? Estas cuestiones son importantes porque quienes ven la TV de manera crítica se hacen otras preguntas cuando aparecen en la pantalla estos personajes con imagen pública con opinión reconocida en su campo así: ¿Tiene algo que decir? ¿Está en condiciones de decirlo? ¿Vale la pena decir aquí lo que está diciendo? En resumen: ¿Qué está haciendo aquí?…

Otra idea nodal del pensador francés en este ámbito es el relacionado con el cautiverio que sufren quienes por ser más o menos desvalidos culturalmente, quienes no leen ningún periódico de los llamados serios tienen a la televisión como única fuente de información y esta , haciendo uso de su monopolio informativo sobre las mentes le inducen a prestar la atención a las imágenes de sucesos fútiles que, para los editores, presentadores y periodistas si son importantes y por tanto le interesan a todos los gustos, generan consenso y ocultan las diferencias, volviendo los sucesos también elementos de distracción. La consecuencia oculta de este fenómeno es que el público televidente queda dividido2 entre quienes se tragan toda la superficialidad:
Gran hermano, protagonistas de novela, los romances del príncipe de Gales, la trágica muerte de Lady Diana, el sombrero y el poncho de Uribe Vélez o la toallita de Marulanda, para mencionar estos ejemplos muy frecuentes en nuestra tele y, quienes tienen acceso a la lectura de esos diarios llamados serios, en el supuesto de que lo sean, los que leen los periódicos internacionales, los que escuchan cadenas de radio extranjera, etc.

Lo extraordinario cumple el rol de “ocultar mostrando”, ya que para los periodistas lo más importante es lo salido de lo cotidiano: incendios, inundaciones, asesinatos y sucesos varios que no son más que lo banal seleccionado con sus lentes particulares con los que organizan lo que se ve de una determinada forma y lo que no se ve, procurando dejar siempre la huella de lo sensacional, de lo espectacular incitando a la dramatización en un doble sentido: escenificando en imágenes un acontecimiento y exagerando su importancia, su gravedad, su carácter dramático y trágico, por ejemplo, en nuestro país se volvió verdad esta aseveración, muy intencionada: si no votamos por el referendo Colombia caerá en el abismo. Lo dijo el presidente de la república, el ministro del interior y justicia, sus áulicos, también Turbay Ayala y eso es consenso en la prensa escrita , en la televisión y en la opinión pública, creada por ellos a fuerza de coerción y saturación de esa especie que no explican con fundamento, sino que repiten y repiten hasta el cansancio.
No sobra decir que esas imágenes: tomas, fotos con pie, caravana de colombianos amando a Colombia y viajando por ella escoltados con la seguridad de sus vidas garantizadas, etc. Dando nombre a las cosas que se ven, haciendo ver lo que sea, creando, alumbrando al decir de Heidegger, pero también causando estragos o domesticando con simples palabras según sea el caso: islámico, terrorista, violento, intolerante, pluralista, amabilidad del presidente, la apertura del gobierno al diálogo…

Con estas palabras los periodistas, especialmente en la televisión crean fantasmagorías, temores, fobias, en una palabra representaciones equívocas, hablando livianamente, sin reparar en la complejidad de los conceptos y sus implicaciones, ignorando incluso la responsabilidad en que incurren. Todo esto porque la coerción de la primicia informativa, la exclusiva los acosa o ya forma parte de su intencionalidad expresa. Se trata entonces de hacer creer como verdadero y objetivo lo que se muestra, particularidad que pose la televisión, llamada el efecto de la realidad según los críticos literarios. Aquí en esta situación,“ me entran ganas de de corregir cada palabra que dicen los presentadores, porque hablan a menudo a la ligera”, se lamenta Bourdieu3.

Estos efectos de la realidad direccionada desde la televisión tiene implicaciones sociales, políticas y éticas que desencadenan sentimientos y pasiones colectivas, muchas veces negativos como la xenofobias y el racismo, elaboraciones también sociales que, construidas desde el periodismo pueden provocar movilización o desmovilización en la sociedad, incluso nos dice Bourdieu, la televisión llega a romper la autonomía de campos como el político o el jurídico al poner en cuestión, en tela juicio los derechos de la autonomía de todos los campos de producción cultural sometiéndolos a la coerción estructural del campo periodístico que a su ves, es cada vez más dominado por la lógica.
Comercial que transmite a los demás universos a través de los índices de audiencias…

Veamos este ejemplo en que se apoya el investigador aquí comentado:
… En el mismo número de actes de la recherche en sciences sociales dedicado a la influencia del periodismo, el caso de la pequeña Karine. Se trata de una chiquilla del sur de Francia que fue asesinada. El modesto periódico local narra los hechos, la indignada protesta del padre, del hermano del padre, que organiza una pequeña manifestación local, de la que informa un periódico algo menos modesto, y luego otro. La gente dice: “¡Que horror, una niña! ¡Hay que reestablecer la pena demuerte!”. Los políticos locales meten baza, y los más cercanos al Frente Nacional son los más excitados. Un periodista de Toulouse, algo más conciente, trata de poner en guardia: “ Cuidado, esto es un linchamiento, hay que meditarlo.” Los colegas a su vez denuncian la tentación de la justicia directa… aumenta la presión; y, al final, se vuelve a instaurar la cadena perpetua…4

Lo que aquí nos demuestra el pensador Francés es que los medios de comunicación actuando como instrumento de información movilizadota surgen formas perversas de democracia directa. Es la lógica de la venganza lo que moviendo estas pasiones colectiva trasgrede la lógica de la relativa autonomía de los campos político y jurídico.

No olvidemos, por ejemplo, que el periodismo doméstico y especialmente la televisión, llama a votar en sus urnas virtuales en encuestas -non santas- a los compatriotas si o no el gobierno respalda el fracasado golpe contra Chávez en Venezuela, si o no, Uribe Vélez debe responder con firmeza contra Lula en Brasil porque este mandatario no incluye a las FARC en la lista de terroristas, si o no, Colombia debe declarar la guerra a nicaragua como solución al litigio relacionado con San Andrés y Providencia.

¿Qué más nacionalismo barato que este ?. ¿Por qué nunca se preguntó con fundamento y a profundidad si respaldábamos o no la decisión de Uribe Vélez de pronunciarse a favor de Bush al invadir a Irak en su supuesta lucha contra el terrorismo. Ante esta masacre la televisión criolla se extasiaba mostrando la masacre bárbara del presidente imperial de los EE UU contra un pueblo que, de pronto no quería a Hussein, pero tampoco quería y no quiere a los gringos como gobernantes y dueños del petróleo que les pertenece desde siempre.

Esbocemos entonces las ideas fuerza que circulan en este texto sobre la televisión de Pierre Bourdieu, no sin antes decir que no obedecen a ningún criterio de jerarquización sino más bien a una visión desde una lectura casi sin pretensiones.

– Los campos de producción cultural: artístico, Intelectual, Político, jurídico, tienen su autonomía en la medida en que sus propios agentes productores reconocen como válidos y legítimos a productos y productores, que son clientes y competidores entre sí. Entre ellos se juzgan, se critican, se combaten pero con conocimiento de causa, se enfrentan, pero con armas de instrumentos científicos, con técnicas, con métodos convalidados entre si y lo que ocurre en ello se puede comprender de forma directa a partir de factores internos.
– Estos campos de producción cultural se vuelven heterónomos, dejan colar las leyes del mercado para su funcionamiento. Cuando muchos de sus productores introducen como fuerzas decisivas de sus acciones a otros agentes, externos, manipuladores, con su propia colaboración haciendo de caballos de Troya, generalmente por la debilidad de sus propios capitales culturales.

– Cuanto más autónomo y más rico en capital específico sea un productor cultural y se oriente más hacia su mercado restringido de competidores, tendrá más inclinación hacia la resistencia que impida la penetración heterónoma y cuanto menos capital estará más dispuesto al colaboracionismo, a destinar sus productos al mercado de la gran producción y a los poderes externos: iglesia, partido, periodismo televisión…

– El universo del periodismo y de la televisión en particular está sometido a la coerción del campo económico a través de los índices de audiencia. Y Este campo tan heterónomo, tan sometido a las imposiciones comerciales, se impone a su vez sobre todos los demás campos.

– Los productos de la televisión : imágenes y palabras además que nos la realidad misma aunque pretendan reemplazarla provocan imaginarios equívocos entre quienes no toman distancia de ellas y estos conducen a decisiones basadas en las pasiones trasgresoras de la racionalidad e incluso de la convivencia cuando se llega al extremo de cobrar venganza creyendo que se hace justicia, o en su defecto se actúa sumisamente ante políticas y acciones que le afectan al no poder comprender la dinámica interna de los mensaje que ocultan lo sustancial mostrando lo superficial.

– No todas las personas que alcanzan gran notoriedad pública, sean
políticos o intelectuales a fuerza de aparecer en los medios, en la televisión, son necesaria mente los modelos a imitar porque han sido construidos como imágenes, como íconos que venden características y propiedades que satisfacen al mercado y sus relaciones de monopolio, a través del monopolio de los medios.

– A pesar de todo lo anterior la respuesta no es simplemente aislarse de la televisión, negarse a salir en ella o a satanizar todos sus contenidos sino a buscar condiciones razonables, equitativas para participar de sus producciones y constituir un movimiento a favor de un periodismo cívico y crítico que permita a los periodista a trabajar con autonomía y a su público a luchar contra la dominación arrasadora del poder del dinero y de la simples relaciones comerciales.

NOTAS

1 Bourdieu. Sobre la televisión. Anagrama. Tercera edición. Barcelona. 2.000. Pp.16-17.
2 Bourdieu. Op. Cit. P. 18 – 22
3 Op. Cit. P.p. 19- 25.
4 Op. Cit. P. 92.

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