Sobre las lecturas fascistas de Nietzsche

Por: Simón Royo Hernández
Fuente. Rebelión (21.06.08)

Así como hubo una izquierda hegeliana y una derecha hegeliana pudiera decirse hoy en día que hay una izquierda heideggeriana y una derecha heideggeriana. La oscilación entre ambas, como en el caso de las variantes con respecto a Hegel, una de ellas, la de Marx, depende de cómo se lea a Nietzsche. Con respecto a Heidegger se ha publicado más sobre los 10 meses que pasó como Rector nazi de Friburgo que sobre el resto de su vida y de su producción, luego parece que hay algún interés en la sociedad capitalista para que algunos autores queden definitivamente satanizados y demonizados. Todo pensador que no sea socialdemócrata en su integridad y políticamente correcto, todo aquel que cuestione el orden vigente capitalista, se nos aparece hoy tildado de fascista o de estalinista. Los buenos han ganado y toda senda perdida ha desaparecido por la fuerza de la realidad de las cosas en que se impone lo mejor y se deshecha lo peor. Así, el mundo progresa hegelianamente, como diría la derecha hegeliana actual de Francis Fukuyama, hacia el fin de la historia, secularización de la escatología.

Sin embargo la cosa no es tan sencilla. Un gran admirador de la obra de Nietzsche, el escritor Thomas Mann, escribirá una conferencia y un ensayo sobre la obra del filósofo, la primera data de 1924 y en ella sólo hay palabras de homenaje al pensador, en el segundo, de 1947, posterior a la 2ª Guerra Mundial, la visión que tiene el escritor de Nietzsche ha sufrido ciertos cambios, ya no solo hay palabras de alabanza, sino una severa crítica, expuesta a regañadientes: “Nuestra veneración es puesta en cierto aprieto cuando el «socialismo de la clase sometida» -ese socialismo cien veces escarnecido por Nietzsche, que lo denigró calificándolo de venenoso odiador de la vida superior- nos demuestra que su superhombre no es otra cosa que la idealización del Führer fascista, y que él mismo, Nietzsche, ha sido con toda su filosofía un precursor, un concreador y un inspirador de ideas del fascismo europeo, del fascismo universal. Entretanto yo me inclino a invertir aquí la causa y el efecto y a no creer que Nietzsche ha hecho al fascismo, sino que el fascismo lo ha hecho a él. Quiero decir lo siguiente: Nietzsche era en el fondo un hombre que estaba lejos de la política, un hombre inocentemente espiritual; pero en cuanto sensibilísimo instrumento de expresión y de registro, ha percibido de antemano, con su filosofema del poder, el imperialismo ascendente y ha anunciado, como una aguja trémula y vibrátil, la época fascista de Occidente, en la cual estamos viviendo y en la cual seguiremos viviendo largo tiempo, a pesar de la victoria militar sobre el fascismo” (Thomas Mann Schopenhauer, Nietzsche, Freud. Pág.157-158. Editorial Plaza&Janés. Barcelona 1986).

A finales del pasado siglo, Alasdair MacIntyre, en su Historia de la ética (ed.Paidós, Barcelona 1994) refleja la misma opinión respecto al pensamiento de Nietzsche (pág.218): “Ya hemos mencionado la crítica de Hegel a Kant, es decir, que el agente moral consciente, dominado por la forma del imperativo categórico, puede en realidad hacer lo que quiere siempre y cuando lo haga con conciencia. Lo que parecía una guía restrictiva para la conducta, de hecho carece de restricciones. Lo mismo ocurre -y con mayor crudeza- con la noción de Superhombre. ¿Qué puede hacerse en nombre de la voluntad de poder? En términos de fines del siglo XIX, ¿cómo se manifiesta la superioridad del ser humano superior? Nietzsche fue flagrantemente mal interpretado por su hermana, que fue nacionalista, antisemita y finalmente nazi. Pero se debe insistir en el hecho de que tanto la violencia del lenguaje de Nietzsche como la vacuidad de su ideal, proporcionaron un andamiaje para las construcciones de Frau Föster-Nietzsche”.

Claro está que Nietzsche fue utilizado, pero, ¿es fiel al filósofo dicha utilización?, cuando se lee esta imagen del Superhombre de la época en la que todavía no había acuñado ese término sino el de espíritu libre, se tiende a responder con un rotundo ¡no!, el fascismo no surgió de una fidelidad a este filósofo, quien, de haberlo conocido, lo hubiera aborrecido profundamente: Humano demasiado humano, (Cap.II,107): “Es cierto que en el terreno de la moral todo se modifica y cambia, que es incierto y está en constante fluctuación, pero también es verdad que todo fluye y que se dirige a un único fín. Aunque siga actuando en nosotros el hábito hereditario de juzgar, amar y odiar erróneamente, cada vez se irá debilitando más por el creciente influjo del conocimiento: en este mismo terreno nuestro se va implantando insensiblemente un nuevo hábito: el de comprender, el de no amar ni odiar, el de ver desde lo alto, y dentro de miles de años será tal vez lo bastante poderoso para dar a la humanidad la fuerza de producir al hombre sabio, inocente, (consciente de su inocencia), de un modo tan regular como hoy produce al hombre necio, injusto, que se siente culpable, es decir, su antecedente necesario, no lo opuesto a aquél”.

En su obra cumbre también se expresa Nietzsche como quien ha trabajado en favor del porvenir: Así habló Zaratustra, (3ª parte: Del hombre superior, 3): “Los más preocupados preguntan hoy: “¿Cómo se conserva el hombre?”. Pero Zaratustra pregunta siendo el único y el primero en hacerlo: “¿Cómo se supera el hombre?”. El superhombre es lo que yo amo, él es para mí lo primero y lo único, -y no el hombre: no el prójimo, no el más pobre, no el que más sufre, no el mejor”. (1ªparte: Del camino del creador): “Yo amo a aquél que quiere crear algo superior a sí mismo y en ese empeño sucumbe”. La labor de destrucción de los valores tradicionales tiene sentido en tanto en cuanto deja sitio para el surgimiento de nuevos valores y quien trabaja en tal sentido tiene que ser capaz de vivir en el vacío e incluso perecer antes de haber podido ver el surgimiento de algo nuevo y mejor que lo anterior.

En otra de sus grandes obras emplaza al ser humano en convertirse en el propio constructor consciente de su destino, el tema romántico del hombre libre que se hace a sí mismo se presenta con rotundidad: Más allá del bien y del mal, (Sección séptima; Nuestras virtudes): (p.225): “Criatura y creador están unidos en el hombre”.

También era Nietzsche consciente del destino funesto que podían recibir sus escritos. Demasiado familiarizado estaba con las tergiversaciones y utilizaciones interesadas de las obras de los grandes pensadores de la humanidad, como se refleja en una Carta a su hermana (Venecia, mediados de junio de 1884): “¡Quién sabe cuántas generaciones habrán de pasar para producir algunos hombres que puedan sentir en toda su profundidad lo que he hecho! E incluso así, me causa espanto la idea de que gentes, sin título para ello y totalmente inadecuadas, se apoyarán en mi autoridad. Éste es, sin embargo, el tormento de todo gran maestro de la humanidad: saber que, en determinadas circunstancias y por ciertos accidentes, puede convertirse tanto en fatalidad como en bendición para ella”.

En la obra autobiográfica de Hitler Mein Kampf no se cita ni una sola vez a Nietzsche, si bien sí que aparece Schopenhauer citado, una sola vez, y tan sólo para justificar el antisemitismo. Conceptos como Wille zur Macht no aparecen ni una sola vez, aunque si la expresión Machtwillen, una sola vez, al final del libro. Obviamente Hitler, no leía mucho.

Finalmente, otro premio Nobel de Literatura, como el citado Thomas Mann, también gran admirador de Nietzsche, se tomaría el trabajo de desvelar los equívocos suscitados por las lecturas fascistas de su obra. Para ello, Albert Camus, explica el fenómeno en El hombre rebelde, (II.La rebelión metafísica: Nietzsche y el nihilismo), con los siguientes términos: “Con Nietzsche, el nihilismo parece hacerse profético. Pero no se puede sacar de Nietzsche sino la crueldad baja y mediocre que él odiaba con todas sus fuerzas, mientras que no se ponga en el primer plano de su obra, mucho antes que al profeta, al clínico. El carácter provisional, metódico, estratégico, en una palabra, de su pensamiento, no puede ser puesto en duda. En él el nihilismo, por primera vez, se hace consciente. Los cirujanos tienen en común con los profetas que piensan y operan en función del porvenir. Nietzsche no pensó nunca sino en función de un apocalípsis futuro, no para ensalzarlo, pues adivinaba el aspecto sórdido y calculador que ese apocalípsis tomaría al final, sino para evitarlo y transformarlo en renacimiento. Reconoció el nihilismo y lo examinó como un hecho clínico. Se decía el primer nihilista cabal de Europa… El ¿se puede vivir en rebelión? se convierte en el ¿se puede vivir sin creer en nada? Su respuesta es positiva. Sí, si se hace de la falta de fe un método, si se lleva al nihilismo hasta sus últimas consecuencias y si, desembocando entonces en el desierto y confiando en lo que va a venir, se siente en ese mismo movimiento primitivo dolor y alegría.En vez de la duda metódica ha practicado la negación metódica, la destrucción esmerada de todo lo que todavía se oculta en el nihilismo, la destrucción de los ídolos que disimulan la muerte de Dios”. Camus ve en Nietzsche la instauración de un método de rebelión.

Propulsor del espíritu libre y del hombre rebelde, Nietzsche, bien puede ser una lectura que incite a la rebelión

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