El general del pueblo o la sacralización del orden impuesto

Por: Omar Cid
Fuente: www.elclarin.cl (02.06.08)
 
El Estado de Chile, los medios de comunicación oficiales en todas sus variantes,  desataron sobre la ciudadanía uno de los espectáculos de mayor envergadura vistos en democracia. Se trata de la sacralización del orden y la seguridad en la figura del fallecido General Bernales.  Desde el momento en que es conocida la tragedia, la prensa  pavimentó el camino de una posible reacción ciudadana,  exaltando hasta el cansancio las virtudes del alto oficial, su esposa y quienes lo acompañaban al precipitarse el helicóptero a tierra en el país centro americano.

Los funerales de Estado decretados por la presidenta de la república, se tradujeron en  innumerables ceremonias religiosas,  recorridos apoteósicos cargados de simbolismo militar,  expresado en cada uno de los detalles cuidadosamente pensados para la ocasión.

El martilleo constante de sus fotografías e intervenciones públicas, terminó por convencer a un grupo de ciudadanos que decidió salir a la calle, para rendir homenaje a este héroe de las políticas de seguridad interior.

El heroísmo que la concertación reconoce al general Bernales, es en la práctica su aplicación de políticas represivas con la delincuencia y el movimiento social, fue un hombre  convencido en la estrategia de criminalizar a los movimientos sociales, su mandato luce dos muertos, un obrero y un estudiante, innumerables detenidos,  tratos vejatorios a jóvenes y trabajadores en huelga, sin considerar su paso por las comunidades mapuches en conflicto.

¿Por qué entonces levantar su figura de ese modo?  ¿La casualidad de la muerte en acto de servicio de un comandante en jefe? ¿La sospecha de mano ajena en la caída del helicóptero? O la simple necesidad de levantar íconos que posee la sociedad chilena cuando se trata de personas que representan la autoridad,  el orden establecido,  el servicio público. 

El obispo católico de Antofagasta Pablo Lizama, dijo que no se cansaban de orar por las víctimas,  más de seis horas de transmisión televisiva conjunta en cadena informativa lo confirman, el país entero, salvo los dichosos con acceso a la televisión privada, pudieron librarse de este verdadero acto de sacralización del nuevo orden establecido.

Los restos del héroe, ingresan al parque del recuerdo, en la patena que trasladara a dos  ex – dictadores y a uno de los mentores de la repudiable constitución de 1980.

Flaco favor hicieron a este carabinero,  quienes lo unieron a los nombres de Carlos Ibáñez, Augusto Pinochet  y el ex –senador Jaime Guzmán, porque lo unen a la historia de la infamia que azotó las vidas de los ciudadanos de Chile.

Tal vez,  con las características de estos honores de Estado al general de Carabineros, la concertación pagó a los conservadores chilenos,  la audacia de despedir al dictador  casi, sin pena ni gloria.   

 

      
 

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