Dios es un enanito verde

Por:  Daniel C. Bilbao
Fuente: Insurgente.org (15.05.08)

No se conformaron con desorientarnos al declarar la nulidad del Limbo. Almitas inocentes que pasaron siglos en una región que finalmente nunca existió. El asunto es que ahora, los parásitos que vegetan en el Vaticano se despacharon con su nuevo descubrimiento: los cristianos pueden creer en los «extraterrestres». Un vocero de la Specola, cueva astronómica vaticana por si las moscas, ha dicho que es posible que exista alguna otra  civilización creada por «Dios», tal vez más avanzada que la nuestra. Fue un argentino el que hizo estas declaraciones, lo cual habilita a pensar que se trata de «la clásica picardía criolla» aplicada a la astronomía. Esta revelación desata una cantidad de conjeturas y permite elaborar algunas conclusiones que realmente debieran preocupar a los católicos.

La primera pregunta para hacerse es por qué «el Hijo de Dios» que estuvo en el Planeta Tierra, no les contó a sus discípulos que su padre también había inventado otros seres en otro lugar del Universo. Fea la actitud. Se guardó un secreto que podría haber ayudado mucho a Copérnico, a Galileo, y les hubiera evitado muchos disgustos y papelones a la Iglesia.

Lo que puede provocarnos algún sobresalto es saber si los «extraterrestres» están hechos «a imagen y semejanza de dios». ¿Será el dios de los cristianos un enanito verde?

Si consideramos que los «extraterrestres» son seres más evolucionados que nosotros, deberíamos concluir que los humanos fueron una creación imperfecta respecto de esa otra supuesta civilización. El viejo argumento religioso que tanto hemos escuchado en nuestra niñez y adolescencia es la cuestión de la libertad. «Dios», dice la Iglesia -o nos decía-, le otorgó a su creación la libertad de elegir (¿un adelanto del Mercado?) y así fue gestora de su propia evolución. Esto es falso, porque el creador determinó su destino, lo aterrorizó con sus castigos (la Biblia relata estas monstruosidades) y le impuso una serie de normas -los Diez Mandamientos-, con los cuales le impidió desarrollar su propio libre albedrío. La conclusión es que el dios de Mefisto XVI es autor de obras imperfectas, algo contrario a la definición del dios de los cristianos.

Otro aspecto a considerar acerca de los diferentes desarrollos de las civilizaciones creadas por este posible enanito verde, es que la revelación del Vaticano consagra la desigualdad intergaláctica, abriendo un nuevo frente de lucha. Y ¡horror! por tratarse de una civilización más avanzada que la nuestra, es posible conjeturar que son… ¡¡¡comunistas!!!
Es lógico también entender que los «extraterrestres» son católicos, apostólicos y romanos, puesto que ésta es la única fe verdadera. Si no fuera así, pertenecerían a otra religión. La aparición periódica de los platos voladores -O.V.N.I.S- es posible que tenga que ver con la intención de los seres foráneos de visitar Roma, cuya existencia en otra galaxia es imposible por definición. Pero como Mefisto XVI no dijo nada al respecto y atentos al libre albedrío concedido por el creador a sus criaturas, estos extraterrestres podrían haber elegido ser ateos, lo cual refirma la suposición de que son comunistas. De ahí su notable progreso respecto de nuestra civilización.

El permiso vaticano para creer en «extraterrestres», según se mire, llega tarde, no sólo porque hay millones que ya creen sino porque los propios católicos, desde hace muchos siglos, creen en ellos. ¿O acaso no son «extraterrestres» los santos? ¿Una creencia más qué le hace al tigre? ¿O era una raya? El asunto es tener otra preocupación más para mirar hacia arriba, deporte intensamente practicado por la Iglesia Católica, salvo cuando tiene que realizar los pedestres trámites bancarios en sus cuentas millonarias o desahogar sus deseos a contrapelo de votos y de toda moral.

Nos resulta curioso, asimismo, que la Iglesia Católica abra tamaña posibilidad a la especulación científica en materia de creencias, mientras que ayer nomás fue capaz de condenar  la fecundación in vitro o el elemental uso de un preservativo. Desde ya que la Iglesia debería estar pidiendo disculpas a la comunidad científica internacional y explicar su proverbial desatención de la civilización extraterrestre a lo largo de los siglos. Por estos lares, cientos de miles de personas son abusadas por esta iglesia, llevados a creer en vírgenes que desatan nudos, en santos que resuelven velozmente las cosas como San Expedito o curas que sanan poniendo las manos sobre los fieles enfermos. Ya veo que no tardarán en construirse iglesias del tipo «Nuestra Señora del Humilde Extraterrestre», y hacia allí irán con flores y promesas miles de desesperados.

Hace muchos años, allá por 1979, me alojé en París en un hotel que se hallaba frente a una iglesia. Me atraen sus construcciones, por eso crucé para mirar de cerca su fachada. Allí supe a quién estaba dedicada. Y me simpatizó. Nada de extraterrestres y tonterías por el estilo. Es la iglesia de «Nuestra Señora de la Leche y del Buen Parto». La imagen que se me vino a la mente fue la de una señora de terrestres y generosos pechos, agasajada con un buen polvo y como consecuencia un crío robusto, bien amamantado, que un día será un revolucionario. Quizá por eso, la terrestre y carnal señora tendrá menos prensa que «Nuestra Señora del Humilde Extraterrestre», que puede ser una buena fuente de divisas.

 

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