Era post-ideológica: el periodismo de opinión

Por: M. Gracia Flores, María José Pérez y María Luis Eston
Fuente: http://www.udp.cl

Tesis para optar al grado de Licenciado en Comunicación Social

Santiago, Chile 2002

La Era Posmoderna:

Con la crisis de la modernidad se reconocen los límites del saber, es decir el hombre se da cuenta que la lógica y la ciencia no son conocimientos totalizantes. Con ello terminan las certezas y comenzamos una época donde todo lo que rodea a la sociedad es inestable.

A partir de entonces, podemos apreciar la imposibilidad de asignar a la existencia individual, a la evolución o a la historia una verdad absoluta. Es el fracaso por reconstruir una visión única de la realidad, ya que con el fin de la modernidad se reanudan nuevas formas ideológicas del pasado -de carácter regresivo- que son causa de la incapacidad para enfrentar las inseguridades provocadas por el derrumbe del discurso mítico previo a la era moderna.

El término posmoderno fue utilizado por primera vez con énfasis por los críticos de los años ’60, pero recién en los ’70 el término se generalizó refieriéndose primero a la arquitectura, la danza, el teatro, el cine y la música. Al respecto, José Joaquín Brunner afirma que el concepto adquirió carta de ciudadanía cuando empezaron a ser usados de manera reiterada, ya no sólo por los analistas especializados sino también por la prensa y los mass media. «Desde ese momento pasaron a formar parte del vocabulario con que nuestra época reflexiona sobre sí misma y busca definir su identidad».

«Se supone que la posmodernidad habría aparecido tal vez por fatiga luego de tres siglos de incesantes transformaciones cada vez más aceleradas sobre todo en unas ciencias y un arte que a pesar de lo positivamente asombrosos de sus resultados, en el fondo no han hecho más feliz a nadie ni han mejorado la conducta humana (…). Se habría perdido entonces el deseo de ahondar en la realidad del hombre como ser individual y social, se miraría con escepticismo la fe en la razón, propia de los siglos XVIII, XIX y XX, y no habría, por lo mismo, voluntad alguna para darse explicaciones sobre la totalidad de la realidad y sus sentidos»64 .

Con el agotamiento de la modernidad se entra entonces, en otra etapa aún no bien definida que muchos la denominan posmodernidad. Este término es utilizado con la finalidad de realizar una categoría unitaria «así como se habla de renacimiento, barroco o medioevo, yo creo que lo posmoderno es un acto de ubicación académica»65 . El término «post» se refiere a un después, a un futuro, entendido como la transición de la era moderna a una nueva donde sus dimensiones no están claras. Algo nace pero no se está seguro de qué, «de allí justamente esa obsesión por las cosas pos: sociedad posindustrial, posempírica, posestructuralisra, posideológica, posgutemberg, posracionalista, poscapitalista, posmarxista, posliberal. Ya se habla incluso de la postelefonía y de la postelevisión»66 .

En torno a esto existe un serio debate donde se encuentran dos posiciones opuestas; los “modernos críticos” y los “posmodernos”. Existen autores como Jürgen Habermas y Ralf Dahrendorf considerados “modernos críticos” que reconocen la crisis de la modernidad, pero como un punto de conflicto que no supone la muerte de ésta sino que es parte de su propia dinámica. “Los modernos críticos ven en los postmodernos entusiastas una moda intelectual de la década de los ochenta que, como toda moda, estaría marcada por la frivolidad y la inconsistencia”67 . Para estos la postmodernidad no sería una teoría válida, sino un concepto poco trascendente que no tiene sustento, ya que no hay una argumentación sólida que la avale. Más aún consideran que la modernidad se encuentra firme y que el “postismo”68 se ha convertido en una suerte de enfermedad de autor.

“Resulta cada vez más frecuente que los escritores quieran inculcarnos la idea de que caban de acontecer hechos sin precedentes pero como resulta que no pueden informar sobre ellos, se contentan con afirmar que estamos viviendo, como consecuencia, un tiempo post-sobre-algún-otro”69.

En contraposición a los “modernos críticos” se encuentran los postmodernos que proclaman el colapso de la modernidad, de sus bases culturales y de sus paradigmas en ciencias sociales, en política, en arte y en filosofía. Los teóricos Jean-Francois Lyotard, Frederic Jameson y Jean Baudrillard, entre otros, adhieren a esta postura. Para ellos la posmodernidad es una nueva etapa, un período que surge producto de la crisis de la modernidad y del agotamiento de la razón como verdad única. Ellos no intentan desmitificar la modernidad, sino que buscan comprobar que ésta ha perdido su mística y que ahora se da paso a otro período.

La posmodernidad entrega una conciencia del mundo actual o los signos de nuestra cultura, ella se caracteriza por 70 :

A) Pérdida de vigencia de las ideologías, de los metarrelatos y de todo interés por lo teórico.

B) La realidad para el sujeto posmoderno ha dejado de ser un valor de uso, cuyo descubrimiento, contemplación y manejo enriquece la vida de los hombres, para convertirse en un mero valor de cambio, similar al dinero, en algo que vale en la medida que pueda ser cambiado por otra cosa.

C) En la ética, preocupa solo la casuística, resolver en acuerdo al buen sentido o a la opinión mayoritaria cualquier situación concreta, dejando de lado el análisis de principios y teorías. Se aceptan todas las posiciones sin necesidad de justificarlas con rigor racional, y no por respeto al pluralismo, sino porque en cierto modo pareciera que todo da igual.

D) Búsqueda primaria de lo hedónico, sin sacrificarse en ahondar las situaciones y sin considerar las consecuencias remotas de lo que se hace.

E) Percepción de la realidad en superficie, donde el límite de todo aparece difuminado, sin que preocupe demasiado la precisión de áreas de conocimiento, de profundización o de acción.

F) Poco respeto por la vida en sí, la cual ya no se mira como sagrada, sino más bien bajo el aspecto de proporcionar agrados y placeres. El hombre posmoderno maximiza los derechos y en cambio tiene una mirada benévola, comprensiva y silenciosa para la evasión de deberes; esta etapa es la que algunos autores llaman «eticidad sin moralidad» en la cual se dejaría de lado la discusión de los grandes principios en que se fundamenta una moral y se llegaría a un acuerdo en la regulación de las costumbres y también de las acciones profesionales, a base más bien de un mero consenso.

G) La meta de la existencia no es su realización heroica, buena o feliz sino su trivialización, su no crear problemas, el dejar transcurrir el tiempo sin mayores preocupaciones. H) En las técnicas posmodernas con el «boom» de la informática el supuesto objeto creado se vuelve sobre el sujeto creador y lo influye por dentro, recreándolo en cierto modo. Ahora el objeto se vuelve contra el sujeto, lo modifica y lo cambia.

I) En la posmodernidad se ha debilitado la antigua importancia de lo objetivo, disminuyendo al extremo la distancia entre la realidad y la realidad fantaseada, y así a la fantasía, le ha sido más fácil impregnarlo todo.

El hombre posmoderno es un sujeto que ha perdido el interés por las ideologías. La causa de este fenómeno se remonta a los años ’80, ya que con la caída del Muro de Berlín, desaparece el socialismo, sistema ideológico que hasta ese minuto tenía al mundo dividido entre este y oeste, socialismo v/s capitalismo. A partir de ese momento el capitalismo se instaura como sistema único y mundial; con esto el hombre se olvida de las ideologías, deja de soñar, abandona las grandes utopías que alguna vez tuvo porque ahora es el capitalismo la única doctrina que se ha presentado como válida … y él así lo ha asumido.

Ahora el hombre está interesado en lo inmediato, en aquello que le proporcione respuestas rápidas y concretas, por eso las ideologías para él se han vuelto creencias innecesarias y está demás seguir soñando, lo importante es vivir el ahora y el ahora es el capitalismo. El sujeto se ha acomodado a un sistema que le proporciona «bienestar» y si eso no ocurre debe adherirse a él.

En cuanto a los metarrelatos -entendidos como las categorías trascendentales que la modernidad forjó para interpretar, normar y predecir la realidad- como la progresión de la razón, la emancipación del hombre, el autoconocimiento progresivo o la autonomía de la voluntad, que en la modernidad configuraron el discurso unificador, ahora según Lyotard, están en crisis porque se deslegitimaron. Esta decadencia sería producto, principalmente, del auge de las técnicas y nuevas tecnologías que se logra a partir de la II Guerra Mundial y el despliegue del capitalismo avanzado. Con esto el hombre moderno se da cuenta que la razón no lo es todo, cuestionándose la base que en algún minuto sustentó a los grandes metarrelatos. “Esto no quiere decir que no haya relato que no pueda ser ya creíble. Su decadencia no impide que existan millares de historias, pequeñas o no tan pequeñas, que continúen tramando el tejido de la vida cotidiana”71 .

Martín Hopenhayn asocia la pérdida de los metarrelatos a los siguientes factores 72 :

1. Revolución de paradigmas de las ciencias exactas y naturales, porque éstas descubren los límites de sus presunciones y procedimientos de verificación, y el consiguiente impacto en los paradigmas de las ciencias sociales.

2. La aceleración del cambio tecnológico y la consecuente diversificación de procesos y productos, lo que impide percibir el cuerpo social en unidades homogéneas.

3. El auge y la difusión de la informática, que conlleva a una proliferación de signos y lenguajes que pulverizan el modelo de racionalidad única.

4. La pérdida de centralidad del sujeto en la fase actual del desarrollo histórico, en la que la complejidad de las estructuras y la fragmentación cultural tornarían inconcebible una identidad genérica, a partir de la cual promover la emancipación de la humanidad, el autoconocimiento colectivo o cualquier utopía global.

5. La despersonalización del saber (nuevos procesos productivos) y la multiplicación de la información a niveles de total inconmensurabilidad; todo lo cual impide preservar la idea del sujeto “portador” del conocimiento.

6. El éxtasis comunicacional provocado por el efecto de la información y de las telecomunicaciones, en virtud de los cuales las fronteras nacionales y las identidades regionales quedan disueltas bajo el paso vertiginoso de las comunicaciones.

Asistimos entonces a la pérdida del protagonismo del sujeto moderno como enunciador racional de la verdad y de la transparencia de los sentidos por medio de los metarrelatos. Así entonces, se pierden las bases fundamentales que sustentaban a la modernidad; aquellas que le dieron vida y la hicieron viable.

En este período el individuo está falto de sueños y de grandes convicciones. Se transforma en una persona que se deja llevar, nada simplemente a favor de la corriente sin cuestionarse mucho lo que ocurre a su alrededor. Piensa que hay que vivir sin complicarse mayormente; para él reflexionar más allá de lo aparente es un ejercicio que lo agota y que no está dispuesto a realizar.

Este hombre posmoderno ahora toma la realidad como algo práctico, la aprehende en la medida que le sirve y que le facilite la vida. Es una percepción superficial el individualista, pues ya no le interesan concepciones globales sobre qué es el hombre o el mundo. Para Lyotard no hay un discurso unicomprensivo (metateoría o una fundamentación última) sino que una pluralidad de juegos de lenguaje, de formas de vida, de transiciones y acuerdos que son necesarios restablecer una y otra vez sin la necesidad de llegar a un consenso general. De acuerdo a esto podemos decir que en la posmodernidad no existen convenciones que puedan calificarse de racionales o irracionales, buenos o malos, sino que cada sujeto tiene la posibilidad de distinguir entre aquello que es verdadero o falso. «En eso consiste, justamente, la posmodernidad; en una cultura no canónica, hecha de combinaciones inverosímiles»73.

Durante la modernidad existía un conocimiento totalizante, planificador, controlador, objetivizante, sistematizante y unificador; lo que difiere enormemente con este período, donde la razón radica en la subjetividad del hombre porque a él ya no le importa validar su opinión con la de otros hombres, no busca la objetividad porque no se cuestiona nada, sólo actúa en pos de sus propios intereses. «No se trata aquí de un mundo sin sujeto, sin «sí mismo», se trata más bien de un mundo en que los seres humanos pueden ser ellos mismos o no serlo de diferentes modos»74 . En la posmodernidad la razón es empírica-crítica o pragmática, es decir, la capacidad de formular nuevas reglas se descubre a medida que el hombre la necesite, todo está en función de la utilidad y los beneficios que ella le pueda otorgar.

La razón ahora es cuestionada, pero no desde un punto de vista cognoscitivo, sino que en virtud de sus enunciados. “Lo que yo digo es más verdadero que lo que tú dices, porque con lo que yo digo puedo ser más, ganar más tiempo, llegar más lejos”, es decir, que la esencia de la razón ya no radica en los absolutos o en los conocimientos científicos, sino que en el poder que tiene la palabra: saber narrativo. “El saber en general no se reduce a la ciencia, ni siquiera al conocimiento. El conocimiento sería el conjunto de los enunciados que denotan o describen objetos”75 . De acuerdo a esto el aspecto lingüístico adopta gran relevancia porque actualmente vivimos en un mundo pluridiscursivo, en donde los “juegos de lenguaje”, como los denomina Lyotard, son una constante. “El espíritu posmoderno concibe el mundo como una intrincada e infinita red de textos que remiten unos a otros.

Vivimos entre micronarraciones. Todo se convierte en objeto de comunicación. Incluso, las propias identidades personales son concebidas como un baile de máscaras; cada uno construye conversacionalmente su biografía”76 . Esta diversidad de lenguajes ha generado que el paradigma de la modernidad, como configuración de un discurso universal, haya fracasado. Se ha perdido la unicidad de la sociedad, la existencia de un todo que albergara un discurso único; ahora asistimos a un proceso donde la diversidad lingüística comienza a vislumbrarse.

Pero la posmodernidad está marcada también por otros aspectos, que guardan relación con las características esenciales que distinguen al hombre posmoderno. Algunos autores como Armando Roa lo han caracterizado como un individuo que vive el día a día, sin preocuparse mayormente del futuro. Él dice que se puede reducir en una frase lo que es ser pomoderno: «¡No estoy ahí con nada; no pesco nada, nada me toca, no estoy ni ahí!».

De allí que estudios científicos como la fertilización asistida, la manipulación del genoma humano y la clonación no causen revuelo en el mundo y se sigan realizando como experimentos necesarios para el progreso y avance de la humanidad, sin cuestionárselos desde una perspectiva ética. El hombre posmoderno tiene poco respeto por la vida en sí, ya no la mira como un bien preciado, sino que la valora sólo en la medida que le sirva y le proporcione agrados y placeres. Esto se da principalmente porque el individuo busca lo hedónico, sin importar las consecuencias que esto le pueda traer, lo fundamental es su propia satisfacción y por eso está dispuesto a todo.

En este período no hay una demarcación clara entre el bien y el mal, ahora las decisiones se toman de acuerdo a lo que convenga. Los valores ya son cosas del pasado y la vigencia de ellos sólo reside en cada persona, por lo tanto se tornan en extremo relativos. Cada uno es dueño de una ética particular; cada quien sabe que hacer con su vida, cuáles son los límites de ésta -si es que existen- y hasta dónde se puede llegar. En definitiva se ha ido creando una nueva forma ética, un nuevo concepto valórico donde el hombre y sólo el hombre es el gobernador de su vida.

La ciencia ahora se presenta como un medio para seguir creando, una instancia que le puede proporcionar grandes satisfacciones al hombre y que sin duda le puede facilitar la vida. «De ahí que el final del siglo, al pasar de la modernidad a la posmodernidad, nos encuentre con un vigoroso desarrollo de la ciencia y de la técnica, con la posibilidad incluso de hacer del hombre lo que se quiera a través del manejo del genoma, y sin embargo, con una escuálida presencia de la ética, en circunstancia de que sin una ética a la altura de la ciencia, el hombre corre el serio riesgo de trivializarse y perecer»77 .

Ahora la conducta ética no pretende justificarse en principios, sino que existe un relativismo cambiante y sin coherencia en el comportamiento adoptado para las diferentes situaciones; en la actualidad sólo importa lo que es más cómodo y genera bienestar al hombre. Podríamos hablar entonces de «éticas de bolsillo»78 destinadas a resolver situaciones individuales e inmediatas. En este período ya no existe una ética universal, ni valores trascendentales, el hombre ha dejado de creer en aquellos principios que antes lo sustentaban; en la actualidad todo es transable y cada individuo tiene su propia escala de principios de acuerdo a lo que le convenga y a las situaciones que se le presenten. La posmodernidad no tiene esa nostalgia por la totalidad, ni la unidad. «En una palabra es una modernidad que acepta la perdida de sentido, de valores, y de una realidad con una jovial osadía»79 . Las personas, por lo general, han perdido la capacidad de asombro; ya nada las impresiona, nada las toca, nada las perturba. Todo puede ser, la ficción se ha vuelto realidad y cualquier cosa es esperable.

En la posmodernidad la objetividad se pierde como valor. El pensador Von Foerster plantea que «el mundo que tenemos que tener en cuenta es un mundo subjetivo dependiente de la descripción que incluye al observador». El hombre es un sujeto que actúa de acuerdo a su experiencia y para él esos son los hechos importantes, los que provienen del propio sujeto. Esto no es más que la muestra de un individualismo que se arrastra desde la modernidad y que en este período se desata con gran fuerza. El hombre se cree todopoderoso y la objetividad sólo es real en la medida que él así lo estime.

El individualismo, antes mencionado, también se refleja en el desmedido interés por la tecnología, por la ciencia, esto se justifica porque ellas dan origen a bienes que le facilitan la vida al hombre, la hacen más placentera y fácil. «El posmoderno en ningún caso verá en la ciencia algo redentor del hombre, como pensó el siglo XIX y en general toda la modernidad, sino algo útil, fuente de técnicas creadoras de una vida cada vez más atractiva y placentera»80 . Por otra parte la tecnología se ha hecho «imprescindible» para el hombre, porque en un mundo, que se rige por la contingencia, la inmediatez y la eficiencia, el individuo no puede quedarse al margen de la vanguardia tecnológica. Pero esto ha significado una respuesta contraria, ya que ahora que la ciencia se ha vuelto tan importante en la vida del hombre, ella de cierto modo le rige la vida. Ya no es el individuo quien domina cien por ciento a la ciencia, sino que es la ciencia quien lo domina. Esto ha generado una relación de dependencia entre el objeto y el sujeto, quedando éste último a merced del objeto.

Lo anterior es otra de las características de la posmodernidad que difiere con la modernidad es que la clásica diferencia sujeto-objeto cambia; ya no hay un sujeto que como observador imparcial estudie a su objeto modificándolo a su antojo, el individuo racional ya no hace y deshace de acuerdo a lo que busca conseguir. En las técnicas posmodernas –con la aparición de la informática- el supuesto objeto creado se vuelve sobre el sujeto influyéndolo por completo. «Los progresos de la informática, de la televisión, cambian las conductas, los modos de pensar, los proyectos, sin que en un cierto instante se pueda decir, frente a una manera de ver la realidad, cuánto pertenece al hombre y cuánto a las tecnologías»81 . Esto nos demuestra que en la modernidad el hombre, como sujeto racional, dominaba al mundo y a través del raciocinio era capaz de modificarlo a su antojo, en cambio, en la posmodernidad el hombre es dominado por la tecnología, los avances científicos y las nuevas técnicas.

Podríamos decir que en la posmodernidad se atacaron cuatro ideas que fueron claves en la modernidad. La primera de ellas es la “idea de progreso”, ahora para los posmodernos la historia no marcha de manera ascendente, es discontinua, con múltiples direcciones, por lo tanto existe una constante incertidumbre respecto del futuro. “No hay una racionalidad interna y única que regula el movimiento de la historia, sino múltiples fuerzas inconjugables en la razón comprehensiva, y que dan resultados imprevistos, provisorios, parciales dispersos”82 . La segunda es la “idea de vanguardia”, ya que como no hay una racionalidad y direccionalidad únicas en la historia, menos se reconoce como legítima la aspiración de un grupo que se adjudique la interpretación racional de la historia.

Ahora nadie puede establecer orientaciones totalizadoras de nada, menos de la historia. La tercera es la “idea de integración modernizadora o modernización integradora”, que se refiere al cuestionamiento que hacen los posmodernos a las utopías ilustradas e industrialistas –base valórica de la modernidad- que entienden el desarrollo como homogeneización progresiva; esto es objetado por los posmodernos porque creen que tal percepción es bastante anacrónica a luz de la “proliferación de la variedad”. Pero ello, finalmente, no es traducido en nada concreto porque adhieren igualmente al discurso global.

Por último están “las ideologías”, entend iendo por ellas una “visión integrada del mundo que permite explicar una gran variedad de fenómenos en base a unos pocos principios básicos, desde los cuales se proyecta una imagen deseada de orden, considerada universalmente válida, y que puede coincidir en mayor o menor medida con el orden vigente”83 . Los posmodernos descalifican las ideologías porque para ellos no son más que imágenes de un orden social ideal que utilizan recursos autoritarios para imponer orientaciones sobre la sociedad. Esta crítica ideológica se capitaliza en crítica al marxismo y a las versiones socialistas; los posmodernos se oponen a las utopías igualitarias y ven el capitalismo la única ideología que ordena sin coerción, garantizando la diversidad de gustos, proyectos, lenguajes, estrategias. “La desregulación económica, la privatización progresiva aparecen como políticas casi ad hoc para la plena actualización de “individualismo lúdico” que pregona el discurso postmoderno”84 .

Entonces, el relato posmoderno declara la obsolescencia del ideal de progreso de la razón histórica, de las vanguardias, de la modernización integradora, de las ideologías, de las utopías. Pero al mismo tiempo que acaba con estos ideales modernos proclama la exaltación de la diversidad, el individualismo cultural, la multiplicidad de lenguajes, la incertidumbre sobre el futuro, la muerte de las certezas y el relativismo axiológico, entre otros postulados. “La vaguedad de esta propuesta no inquieta a sus portadores, pues encaja perfectamente con la idea de la indeterminación respecto del futuro que, para la sensibilidad posmoderna, marca el compás de los tiempos”85 .

La posmodernidad acaba con las ilusiones de la modernidad. Lo podríamos caracterizar como el pensamiento de la incertidumbre, de la duda. «El clima posmoderno al que hemos ingresado, equivale a estar en un ambiente que no promete nada, donde el sentido de la historia se confunde y donde reina la incertidumbre y el temor al futuro»86 .

En esta etapa el hombre vive el aquí y el ahora, no se proyecta, no piensa en el mañana, nada tiene sentido porque para él el futuro es algo incierto, ya no hay un terreno firme que pisar. El hombre se ha encargado de sobrevivir, más que de vivir; al preocuparse sólo del ahora el individuo está inmerso en un mundo acelerado que no le deja tiempo para la reflexión, para proyectarse, soñar … el hombre ha perdido la esperanza. «Ser posmoderno es comprender, a partir de esa asunción radical de la contingencia, que el futuro no existe; o bien, como dice Baudrillard, que ya ha arribado. No hay nada ya que podamos esperar, la historia poco a poco se ha ido reduciendo al ámbito de la actualidad»87 . Este pensamiento tan drástico y negativo sobre la vida genera en el hombre un hondo pesimismo, ya nada puede deducirse por las leyes, ya la razón no juega el rol de antes, todo es inestable, hay caos, por lo tanto incertidumbre. Este es el contexto actual, bajo estas circunstancias vive el hombre, sumido en la más profunda de las desesperanzas.

Sólo vive el día a día y no busca proyectarse más allá de eso porque ya no cree en un futuro, no cree en algo superior. El individuo busca la satisfacción fácil, lo útil, lo lucrativo, lo que le produce un beneficio rápido; ya no se interesa tanto por los demás, ahora busca su propia ganancia.

El hombre actual vive en la era de los fines, no en cuanto a una visión teleológica, sino que apocalíptica; todo se acaba, todo se termina rápido, las cosas se esfuman con facilidad. Es el fin de la historia, el fin de las utopías, el fin de las ideologías, el fin de las certidumbres. El pesimismo se ha impuesto y difícilmente se pueda convencer al hombre que los fines están en sus propias mentes, que los términos y las rupturas son creaciones humanas y que nada llega a su fin, sino que son procesos que van y vue lven, ciclos que se cierran y se abren. Lo único que está claro y que nadie se atreve a discutir es que el hombre ya no tiene las certezas de antes, dejó atrás las convicciones clásicas que lo sostenían, creyendo en un ser todopoderoso que era capaz de todo, omnipotente y omnipresente.

Fin de las Certidumbres:

La posmodernidad es un período de incertidumbre, ahora todo se cuestiona, incluso la razón, esa poderosa arma con la que contaba el hombre moderno para responder a sus inquietudes. Hoy hay temor e inestabilidad, ya que la ciencia ha dejado de ser el saber que confiere a las personas una verdad totalizante y única. En esta era, nada es predecible, todo se vuelve más complejo, más opaco y difícil de comprender.

Ahora vivimos en un período donde los acontecimientos no son deducibles por las leyes científicas, ya que éstas no pueden entregar al hombre un conocimiento cabal de la realidad, del universo, del cosmos. En una sociedad cada vez más globalizada surgen nuevas interrogantes y dudas que se torna n inexplicables ante los ojos de la razón occidental. “Así mientras los temores de ayer, hace mil años, nacían de las calamidades y la impotencia del conocimiento, los miedos de hoy, en cambio, son los del capitalismo tardío , de la alta modernidad, de una civilización dominada por el conocimiento y la comunicación” .

Pero no sólo hay incertidumbre sino también soledad y angustia frente a las reflexiones y los descubrimientos de la ciencia tradicional que desligaron al hombre de su entorno, lo aislaron, impidiéndole percibir otras verdades que no estuvieran confiadas a las «certezas» que proveían de la razón instrumental. Este paradigma de la ciencia tradicional se deslegitima a partir de los planteamientos de Ilya Prigogine, quien postula que la naturaleza del hombre es histórica, es decir, hay un pasado, un presente y un futuro, tiempos que desempeñan roles distintos en la vida de las personas. “Lo que era ayer, ya no lo es mañana. Los imperios desaparecen. Las noticias se transmiten, literalmente, a la ve locidad de la luz. Los ídolos se evaporan antes siquiera que hayamos alcanzado a identificarlos. Es el ritmo endemoniado del video-clip. Todo lo que parecía sólido se esfuma en el aire” .

Prigogine parte cuestionándose la concepción y el rol que los teóricos clásicos, encabezados por Newton, concebían del tiempo, entendido como una visión determinista «lo que hoy es ley, lo fue ayer y lo será mañana». Para estos científicos clásicos no existe una diferencia entre el pasado y el futuro, no hay una línea de tiempo, ésta es irrelevante.

«En la época de Newton, las leyes de la física eran aceptadas como la expresión de un conocimiento ideal, objetivo y completo. Puesto que dichas leyes afirmaban la equivalencia entre pasado y futuro, cualquier tentativa de atribuir una significación fundamental a la flecha del tiempo parecía una amenaza a este ideal» . La tesis de Prigogine se basa en la física de no equilibrio y en la dinámica de los sistemas inestables (teoría del caos), concepciones que le permiten reformular la dimensión atemporal -postulada por la ciencia tradicional- y concebir la relatividad del tiempo, entendida como la inexistencia de un conocimiento absoluto, de certezas. Ahora hay sólo posibilidades. «Hoy creemos estar en un punto crucial de una nueva aventura, en el punto de partida de una nueva racionalidad que ya no identifica la ciencia y la certidumbre, probabilidad e ignorancia» .

Es a partir de las concepciones físicas que se modifican las antiguas nociones del tiempo -referidas al orden y la estabilidad de los sistemas- reconociéndose el papel quedesempeñan las fluctuaciones y la inestabilidad en la vida del hombre. «Esta formulación rompe la simetría entre el pasado y el futuro que afirma la física tradicional. Ésta vinculaba conocimiento completo y certidumbre, que en ciertas ocasiones iniciales apropiadas garantizaban la previsibilidad del futuro y la posibilidad de retrodecir el pasado. Apenas se incorpora la inestabilidad, la significación de las leyes de la naturaleza cobra un nuevo sentido. En adelante expresan posibilidades» .

Los planteamientos de Prigogine no son mera teoría, ya que se internan en la naturaleza, en la creación del universo, del cosmos y del mundo, intentando explicarla al individuo. Al respecto postula que la ciencia debe describir la condición histórica de una manera menos previsible y más aleatoria, acercándola a una imagen del universo similar a la visión de la condición humana.

Consideramos que este autor aspira a comprometerse con el hombre, con ese hombre que durante tanto tiempo la ciencia lo tuvo al margen de un universo regido por leyes deterministas. Prigogine postula un nuevo acercamiento, una unión entre las personas y su naturaleza, una imagen del mundo totalmente diferente a aquel cosmos frío y mecanicista que rigió el conocimiento tradicional. «Asistimos al surgimiento de una ciencia que ya no se limita a situaciones simplificadas, sino que nos enfrenta a la complejidad del mundo real; una ciencia que permite que la creatividad humana se vivencie como la expresión singular de un rasgo fundamental, común en todos los niveles de la naturaleza» .

Es así como la física moderna, que durante siglos rechazó la idea de lo casual y el orden, hoy debe enfrentarse a uno de los conceptos más fértiles del pensamiento científico-filosófico: el caos, entendido como la inestabilidad y la incertidumbre frente a una naturaleza que se autodetermina. Esta nueva percepción del hombre y su entorno impide pronosticar los sucesos «un batir de alas de una mariposa en un lugar del planeta puede provocar una tempestad en el otro lado del globo».

Esta manera de concebir la vida implica que la ciencia debe renunciar a la posibilidad de predecir con seguridad cualquier acontecimiento. Esta forma de comprender lo caótico justifica la dificultad de establecer leyes históricas sobre la creación del cosmos y del universo, ya que la comprensión del mundo para Prigogine es utópica.

Ya nada es comprensible a primera vista. El mundo, conformado por complejos sistemas globales y altamente sofisticados, genera una percepción de riesgo que es provocada por la propia capacidad de intervención humana en la sociedad y en la naturaleza. “Son incertidumbres nuevas, de mayor alcance y más profundas. Como el miedo al holocausto nuclear, o a quedar un día sin atmósfera que respirar, o al narcotráfico, o a las oscilaciones de la economía con sus efectos sobre el empleo y el bienestar”.

Vemos entonces como existe una incertidumbre generalizada producto de un saber que no puede predecirse a través de las leyes que rigieron el conocimiento científico de antaño y por la aparición de procesos globales -de carácter tecnológico comunicacional- que tienen una complejidad todavía mayor para el hombre. “Las tecnologías disponibles y las ciencias en las que se fundan, han cambiado para siempre nuestra representación del mundo y nuestra manera de estar en él, al costo sin embargo de destruir nuestras certezas y dejarnos sumidos en la perplejidad”.

Esto causa un gran revuelo en la vida del individuo, porque ya no hay un hilo conductor que los oriente, ya no existe una finalidad única. Hoy todo puede ser, nada queda descartado porque la incertidumbre está en el ambiente, ahora es parte de nosotros mismos, tanto así que incluso se plantea el fin de la historia.

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