Primer Concilio Ateo, la hetería felicitaria del ateísmo canalla

Por: Atilana Guerrero Sánchez
Fuente: El catoblepas, N° 71, Enero 2008-03-28

Una sección de Nódulo Materialista estuvo presente en el llamado «Primer Concilio Ateo» celebrado durante los días 7, 8 y 9 de diciembre de 2007 en la ciudad española de Toledo

El insólito nombre de «Primer Concilio Ateo» con el que la Federación Internacional de Ateos (FIdA) había decidido llamar al evento, nos predispuso a categorizarlo como de «Congreso de Filosofía» del «tipo galeato» (del latín galeātus, cubierto con casco o celada){1}. De un «tipo galeato», eso sí, bien raro, puesto que en lugar de acogerse al cientificismo al uso, según el cual los filósofos «embozados» prefieren pasar por sociólogos o psicólogos, en este caso preferían pasar por teólogos.

Es cierto que un concilio, en sentido etimológico, no es una junta de obispos, pero parecía innecesario cargar con las resonancias eclesiásticas de la palabra.

Acatando, no obstante de mala gana, el «disfraz público» elegido por sus organizadores, asistiríamos a una serie de conferencias con títulos y expositores que parecían oportunos para lo que propiamente se iba a tratar: El desafío de los fundamentalismos. Por ejemplo, Gonzalo Puente Ojea, embajador de España que lo fue ante el Vaticano y representante del monismo materialista, querido polemista del materialismo filosófico; Agustín Izquierdo Sánchez, doctor en Filosofía, cuya conferencia llevaba por título «Fundamentalismo y Filosofía» o Juan Antonio Aguilera Mochón, profesor de Bioquímica y Biología molecular, que trataría de la relación entre la ciencia y el ateísmo, entre otros.

La verdad es que, después de haber asistido, podemos adelantar que la naturaleza de la convocatoria ante la que nos encontramos distó mucho, por cierto, de ser ni filosófica ni antifilosófica. Y que tuvo más que ver en realidad con un «concilio» de lo que a primera vista pudimos sospechar. Dejaremos para el final la justificación de estas palabras.

* * *

Vamos a acogernos, entonces, al tipo de relato institucionalizado en la literatura eclesiástica como la descripción del concilio por un participante. Y siguiendo el esquema formal de uno cualquiera, daremos cuenta de las siguientes partes del mismo: convocatoria, apertura, desarrollo y clausura del concilio{2}.

Hay que tener presente que el participante de un concilio no necesariamente se ha de entender, al menos así sucedía en los primeros concilios del cristianismo, participante también de la doctrina sostenida por quien lo convoca, conocida en nuestro caso en parte por los documentos que la organización había emitido{3}.

En cambio, desde nuestra inscripción telemática tuvimos la prueba de que el concilio ateo no estaba pensado para acoger a teístas, deístas o agnósticos. Peor aún, tampoco se contaba con la existencia de ateísmos irreconciliables entre sí; la prueba, decíamos, es la siguiente: sólo el mero hecho de inscribirse y pagar la cuota de asistente implicaba automáticamente ser miembro, durante un año, de la misma Federación Internacional de Ateos (FIdA).

Esta falta de dialéctica en sus coordenadas teóricas impedía ya, de entrada, que el acto, público en sí, tuviera alcance universal al menos entre las personas que compartimos el español. Pues desde nuestro ateísmo católico, creemos que cualquiera que no estuviera preso de una falsa conciencia irrecuperable, debería haberse considerado como posible asistente. Si pensar es pensar contra alguien… a poder ser, en voz alta para que me escuche.

La convocatoria

La primera noticia escrita sobre la FIdA y su convocatoria la tuvimos gracias al magnífico libro de Gustavo Bueno, recién publicado, La fe del ateo, en el que, en su página 11{3b}, se advierte del confusionismo con el que esta organización se presenta en un «Manifiesto público»{Ape0} que «se salta todas las categorías vigentes de la Antropología y la Sociología de la Religión».

Además, José Manuel Rodríguez Pardo, en un excelente artículo del número de noviembre de nuestra revista titulado «Ateísmo metafísico, frente a Ateísmo funcional», también nos ofreció un diagnóstico certero acerca de la crítica, frustrada por su inanidad, con la que uno de los miembros de esta Federación respondía al mencionado libro de Bueno.
Convocatoria del Primer Concilio Ateo [21 octubre 2007]
Pero nuestro bienintencionado prejuicio de considerar el evento como un congreso de filosofía, el mismo que nos había hecho interesarnos por asistir, comenzó a disiparse al tener noticia del «Manifiesto por la Excomunión»{Ape1}, remitido por la FIdA al Papa y a los «obispos del mundo».

El documento en cuestión, cuya rudeza conceptual nos abstenemos de comentar, aparte de históricamente disparatado, tiene como objeto exigir a la Iglesia católica que excomulgue a los miembros de la FIdA por herejía, blasfemia y demás «graves pecados». En fin, una «autodenuncia» que si se toma en broma, tanto peor. Las consecuencias teóricas o ideales de la excomunión, socialmente hablando, ¿cuáles son? ¿Qué puede importar que alguien esté registrado burocráticamente como católico siendo ateo? Realmente nos parecen problemas de conciencias atormentadas que demuestran un apego emocional por la Iglesia y sus leyes muy propio del que ha «colgado los hábitos» (para más señas, entregado con copia en latín).

En cualquier caso, el «manifiesto por la excomunión» nos permitió adoptar la distancia necesaria para percibir el evento más bien desde una perspectiva antropológica que filosófica, aunque la decantación por una u otra sólo sería posible «sobre el terreno».

La apertura

Comenzamos, pues, con la apertura. El lugar de la celebración fue la antigua iglesia de San Vicente de Toledo, un templo mudéjar ya desacralizado que actualmente funciona como un bar de copas y sala de conciertos o exposiciones llamado «Círculo de Arte de Toledo».

Tal ubicación fue muy celebrada entre los organizadores por el que creían escarnio que supondría para la Iglesia toledana que un concilio de ateos pudiera realizarse donde a pocos metros, según decían, había estado la Casa de los Inquisidores. «¡El primero de la historia y aquí!», se decía.

Al entrar en la antigua iglesia, una música, al parecer compuesta para la ocasión y cuyo estilo recordaba el comienzo de una película de terror, recibía al participante. Todo muy adecuado teniendo en cuenta el cartel publicitario del «Concilio», el negro de las vestimentas del personal organizador, y la combinación de rojo y negro que decoraba las paredes de la nave central.

Pero entrando ya en materia, teníamos ganas de saber si se respondería a las siguientes preguntas: ¿Por qué un «Concilio»? ¿Por qué ese ojo encerrado en un triángulo inequívocamente relacionado con el dogma católico de la Trinidad?

Y así fue como precisamente comenzó el coordinador de la FIdA, Francisco Miñarro, su discurso de apertura del mismo.{Ape2} (Nos abstendremos de comentarlo en extenso, pero destacaremos aquello que nos parezca más importante.) Y dijo:

«En la perspectiva de una estrategia que busca recuperar el sentido de la existencia humana mediante presupuestos ajenos al condicionamiento religioso, el abordaje semántico es una herramienta imprescindible, puesto que el lenguaje, en sí mismo, es quizá la herencia más democrática y más liberadora de cuantas se nos han transmitido.
El filósofo Feuerbach encontró la esencia de la religión en la proyección abusiva de los significados de la naturaleza humana, transferidos a ficciones teológicas que despojaban a ésta, finalmente, de contenidos. Este robo gnoseológico se relaciona directamente con una estratagema, la de la apropiación indebida de las palabras. Un ejercicio practicado hasta la saciedad por los especialistas de la religión.
No es término, el de Concilio, que pertenezca exclusivamente a la tradición católica. En realidad, ningún término le es propio de manera privativa. Su depósito de creencias es un heterogéneo conjunto de adquisiciones, préstamos e interpretaciones que habrá de serle despojado algún día. Al liberar a ciertos elementos lingüísticos de su encierro teológico, ejercemos nuestro derecho a la justicia y a la compensación.» (negrita nuestra)

Bien. Salvando su fárrago, el texto responde precisamente por qué se llama «concilio» a esta reunión y por qué se utiliza un símbolo antitrinitarista como logotipo de la FIdA, a saber, porque quieren apropiarse de lo que dicen haber sido disfrutado hasta ahora por la Iglesia Católica, mostrando de paso su indocta identificación entre esta y la religión entendida de manera unívoca. Y ello para «recuperar el sentido de la existencia humana».

Es indudable que a las palabras pronunciadas por el coordinador del evento, Miñarro, le vienen como anillo al dedo la interpretación de la escena de la película Viridiana de Buñuel que Gustavo Bueno ofrece en su libro El mito de la Felicidad.{4}

Nos referimos a aquella escena en la que el palacio de los señores es tomado por los mendigos, aprovechando que aquellos no están, para disfrutar del lujo por una noche (la última cena). ¿No sería la misma forma en la que estos ateos se quieren «reapropiar» del lenguaje teológico? ¿Y por qué razón un ateo debería reapropiarse o usurpar lo que es de la Iglesia? ¿Es que acaso es deseable? Pero no sólo dice lo del «reapropiarse» respecto al lenguaje, sino respecto al depósito de creencias, entre las cuales, suponemos, se encuentra la de la misma creencia en la existencia de Dios…

Esta apertura del concilio nos permite entender que estamos ante una manifestación de lo que Bueno ha denominado el «síndrome teórico-práctico» de la «concepción canalla de la felicidad»{5}, en este caso, a través de lo que quiere ser una institución cultural que realice, suponemos que periódicamente, la «celebración gozosa» del hecho que suscita la alegría de sus participantes, es decir, el contento de «ser ateos».

Y es natural que este síndrome está asociado a un tipo de ateísmo, simplista, que no distinga entre las diversas religiones (no es lo mismo negar a Zeus que a Alá), ni entre las distintas Ideas del dios monoteísta (el cristiano es politeísta para el musulmán).

El ateísmo asociado al «síndrome canalla» será el ateísmo existencial del Dios terciario, del Dios del monoteísmo, que es el ateísmo por antonomasia. Pero lo particular del ateo así definido es que la esencia de Dios no la rechaza, al menos totalmente, porque encuentra algunos de sus atributos en otros «lugares» asociados a su vida feliz (la Democracia, el Estado de Derecho, la Ciencia, el Progreso… en fin, los actuales dispensadores de felicidad una vez que «Dios ha muerto»).

Por eso este ateísmo existencial puede llegar a ser tan mitológico, si no más, que el propio teísmo, puesto que los sucedáneos «terrenales», al fin, no dejan de ser instituciones humanas vulgares sacralizadas (de hecho, algunos de los presentes más activos tenían preferencias estéticas por la figura mitológica del diablo en forma de macho cabrío con el que ilustraban sus camisetas y sus folletos).

Asimismo el ateísmo asociado a este «síndrome» será, como acabamos de comprobar, un ateísmo privativo, frente al negativo que simplemente niega la realidad de Dios, porque los sucedáneos no consiguen suplantar «de verdad» aquella felicidad eterna que el cristianismo tomista podía defender. Por eso su odio cerril a la Iglesia, porque prometiéndoles la vida eterna, se sienten engañados, como clientes estafados.

Y es fundamental que hablen de la «recuperación del sentido de la existencia humana» al comienzo de la Apertura. Porque, en efecto, ¿qué tiene que ver el ateísmo con el «sentido de la existencia humana»?

Desde las coordenadas del materialismo filosófico, expresadas en La fe del ateo, nada.

La existencia humana no tiene «sentido», pero porque puede tener muchos, contrapuestos, y no como la meta trascendente que imantara toda la existencia en solitario, sino que de entrada son los disponibles históricamente por los planes del grupo en los que el individuo se inserta; la mera expresión «el sentido de la existencia humana» está tallada en los presupuestos del teísmo terciario.

Querer, entonces, como dicen, «recuperar el sentido de la existencia humana» es, de nuevo, ocupar el papel de la Iglesia. En efecto, la metafísica desde la que tiene sentido hablar del llamado «destino del hombre», cuyo modelo es el tomismo, está ligado al conocimiento mismo de Dios que sólo a través de la Iglesia se cumple («Yo soy el camino»). Es su magisterio el que permite que la revelación con la que Dios se presentó a los hombres llegue a «todo el mundo», católicamente. Y dicho conocimiento divino, la bienaventuranza, es la misma felicidad objetiva, no ya la delectación o gozo subjetivo que la acompaña.

Pero la doctrina de la «felicidad canalla» se ha quedado con el goce subjetivo (la felicidad formal), que habrá que «rellenar» con otra cosa que no es Dios (la felicidad objetiva o material).

Por eso es por lo que hablaríamos de un «ateísmo canalla», porque, como los canes (de donde viene la raíz de la palabra) respecto de los hombres, o las hienas de los leones, vive de las migajas que sobraron de aquella ontoteología tomista. La misma que tiene el valor, entre otros muchos, y ya sería suficiente para otorgarle desde el ateísmo el necesario respeto dialéctico, de situarnos en la antesala de nuestra concepción materialista.

Pero así es como explica el ateísmo el coordinador de la FIdA:

«Queremos hablar de fundamentalismo. Somos ateos, y creo que por eso amamos tanto la naturaleza, la vida y el conocimiento. Por eso, también, nos preocupa el rumbo que puede adoptar la historia, el proceso involutivo que parece darse en gran parte de las sociedades. […]
Nuestra intención no es otra que la de impulsar una renovación ética e ideológica a partir de la actualización de los principios y contenidos de la Ilustración: la razón, las libertades, la autonomía del individuo, el hedonismo, la solidaridad y la justicia. Y, por lo tanto, la trayectoria a seguir será siempre la afirmación del ser humano, del cuerpo, de la búsqueda del placer, entendido como la aceptación plena y libre de la existencia, como el único fin en la vida y como el solo escenario posible para la expansión y la práctica de virtudes éticas y de políticas responsables. Con ello nos enfrentamos directamente a los valores clericales de la obediencia, el castigo, el sacrificio y el dolor. Tocamos así su punto más débil: la evidencia de su eterna manipulación de los cuerpos y de las conciencias mediante técnicas psicológicas de control.»

Y así es como, en efecto, la concepción de la «felicidad canalla» aparece otra vez entre los principios del «concilio», esta vez, incluso, remitiéndonos a su origen histórico en la Ilustración, de la que han ido a elegir sólo sus residuos más prescindibles{6}. Pues, ¿qué quiere decir eso de que porque somos ateos «amamos tanto la vida»? Esta frase aparentemente poética lleva aparejado el razonamiento que ya hemos visto según el cual el «ateo canalla» diría: «dado que ya no tenemos garantizada la felicidad eterna porque Dios no existe, disfrutemos de la vida todo lo que podamos hasta que se acabe». Quedándose sin Dios, resulta que lo busca «en la naturaleza, la vida, el conocimiento, en el cuerpo, en el placer…». Es decir, todo lo que, en lugar de la Iglesia, institución no felicitaria (pues sus valores son la obediencia, el castigo, el dolor…) nos garantizan el sucedáneo de paraíso, el goce subjetivo de los consumidores satisfechos de la democracia.

Observemos, si no, cómo hablan de la ciudad donde se celebraría el evento felicitario:

«Toledo, esta ciudad maravillosa que nos acoge, también parece sufrir un rapto, cuando oímos de boca de algunos de sus representantes políticos, de los tramposos desinformadores de cierta prensa y del clero parásito que les alimenta, el mensaje unívoco de su catolicidad. Nunca, en una democracia básica, puede un territorio identificarse con un discurso teológico concreto. Durante mucho tiempo fue así, de igual modo que España entera se confundió con el nacional-catolicismo durante la dictadura franquista, o que en Irán se declaraba el Estado islámico tras la revolución chiíta. Pero habitamos ahora en una democracia. Imperfecta, desigual, limitada. Mas, con todo, democracia.» (negrita nuestra)

El fundamentalismo democrático es esencial a este «ateísmo canalla». Es la garantía de que las imperfecciones que hay en el mundo, causadas por las religiones entendidas unívocamente, pueden echarse en la cuenta de los déficits que en un futuro, y entre otros agentes gracias a la FIdA, se compensarán, con un superávit. Esta idea de la «compensación» ya aparecía en el primer párrafo que hemos comentado anteriormente («por justicia y compensación»).

Es también, entonces, una visión escatológica maniquea de la realidad la que conservan estos ateos al imaginarse que comienzan a librar una batalla contra las «fuerzas de la oscuridad» que algún día ganarán –según lo expresaban de viva voz en la ceremonia conciliar al hablar de este «primer concilio» como primer eslabón de los venideros–: «Nosotros no lo veremos…», dijo alguno.

Especialmente en este párrafo es notable la demagogia con la que tienen que salvar de su «odio teológico» al «pueblo», un agente benéfico en esa lucha contra las «fuerzas de la oscuridad» representadas en España por el catolicismo, cuando dicen de Toledo que es una ciudad maravillosa que les acoge.

«¿Maravillosa?» Habría que contestar: «Llena de Iglesias, de curas que pasean por sus calles, de gente que va a misa… España entera debería arder como una tea», tendríamos que gritar como miembros de la FIdA.

Pero toda la inquina que tienen contra ese «clero parásito», recae sobre ese «pueblo» que lo aguanta de buen grado.

El desarrollo

Llegados a este punto en el que nuestro diagnóstico está casi cumplido, hay que tener en cuenta que las conferencias impartidas por algunos de los allí invitados resultaron interesantes y provechosas.

Pero no vamos a hacerlas objeto de nuestro análisis porque lo que de ellas pudiéramos decir no tiene sentido en el contexto de este «concilio». Simplemente, sus contenidos cubrieron de cara al «evento», que es de lo que propiamente estamos hablando, y cuya definición es únicamente lo que nos interesa, el expediente que correspondería al «momento teórico» que el «síndrome canalla» necesita para justificarse. Claro que no fue cualquiera la teoría que allí se expuso, el monismo materialista de Puente Ojea, y que la tónica general fue la del fundamentalismo cientificista a él asociado, pero, no creemos que tuviera allí precisamente el lugar de su discusión y por eso no lo vamos a hacer tampoco en esta crónica.

De la misma forma en que dice Bueno que la Orquesta Filarmónica de Viena puede dar un concierto de verdad o puede interpretar un «concierto servil» de Año Nuevo «al servicio de una fiesta en la que la autocomplacencia se regula con palmadas rítmicas», diríamos nosotros que estas conferencias o mesas redondas participaron de un evento cuyo «ambiente» objetivamente las «insonorizaba».

Estamos, entonces, queriendo ofrecer una definición real del «Concilio ateo» como evento o fenómeno ligado a una ideología que entendemos constitutiva del Estado de Bienestar, porque lo que no fue, tal es nuestra tesis, es un congreso de filosofía. El fenómeno que en sí representa tiene el interés antropológico de mostrarnos una reunión felicitaria (en el sentido en el que hemos hablado del ateísmo asociado a la felicidad canalla), cuya misión se agota en el disfrute de los asistentes y cuya verbalización podría ser esta: «somos nosotros y estamos aquí, hemos venido a reírnos.»

Ahora bien, dado que una ideología de tan ínfima calidad es incapaz de apresar la verdadera realidad, que siempre desborda una redes tan poco tupidas, de ser «montado» como un «evento felicitario» podría haber resultado otra cosa.

Al menos hubo quienes intentamos discutirla allí y tuvimos un ligero eco; el suficiente como para comprobar que no todo era canallesco. En efecto, afortunadamente había, como nosotros mismos, miembros que acudieron en otro «plan», el filosófico, como dijimos al principio, pero necesariamente entonces serían defraudados por el evento felicitario (y nos consta, por las conversaciones que tuvimos con algunos, que así fue).

El que la reunión tuviera como fin la reunión misma parece un contrasentido, pero no lo es en una determinada agrupación que funciona como una hetería{7}, con una ideología sectaria. Lo importante era reunirse, atención, pero para separarse de los demás que no son ateos, al menos durante los tres días que duraba el concilio, de los «creyentes», especialmente los católicos. «Aquellos con quienes el resto de los días tenemos que relacionarnos sin que sepan –dirá el ateo que se siente salvado por serlo– de nuestro profundo desprecio por ellos y sus costumbres.»

De hecho, como dijimos, su finalidad no era la de que cualquiera pudiese acudir; y no porque se exigiera requisito ninguno (bastaba con pagar), sino porque los insultos y las mofas con las que habían dado previamente buena cuenta de su opinión sobre los católicos en los documentos citados más arriba, ya servían para discriminar a quienes no habrían podido escuchar mensajes de tal tenor.

Es decir, que los conferenciantes que sí defendieron racionalmente el ateísmo, aunque todos lo hicieron desde el univocismo, que fueron la mayoría, no estaban ni mucho menos en la línea del concilio. Y el que lo estaba, colaboró a evitar la discusión racional, especialmente mediante un tipo de exposición didáctico-artística en la que las simples confesiones de gustos personales, su «libre pensamiento», tenían el protagonismo.

¿No hay ninguna función circunscrita a un campo de la realidad política positiva al margen de la ideología por la que esta federación funcione fuera de «eventos felicitarios»?

Creemos que sí; de hecho, sería posible llevar adelante algunas de las pretensiones positivas de la federación, en el sentido de «circunscritas» a un campo técnico o político, sin necesidad de alimentar el ateísmo canalla, del cual, además, debería librarse como federación, dando paso a otras posiciones más serias que seguro existen dentro de ella.

Por ejemplo, durante el concilio se enumeraron algunas: que en la escuela pública no se imparta la asignatura de religión, o que España no mantenga un Concordato determinado con la Santa Sede, o que no haya símbolos religiosos en actos públicos, &c. Bien, cosas así podrán ser discutibles y desde el conjunto cero de premisas no se pueden defender de ninguna manera, van siempre envueltas por ideologías de mayor o menor racionalidad, pero no necesariamente son peticiones propias del ateísmo canalla.

Aunque tampoco podemos engañarnos, algunas de estas cuestiones circunscritas a campos técnicos o ministerios de un gobierno, suelen estar englobadas en una ideología que podrá aparentar ser más racional por su estilo juridicista, pero su simplismo a veces es superior si cabe; suelen ser el tipo de cuestiones asociadas al humanismo del Pensamiento Alicia.

A favor del ateísmo canalla habría que decir que al menos guarda cierta concepción conflictiva de la sociedad, y es tan consciente de las dificultades que tiene para cumplir sus propósitos, que vive de ellas, se agota en la provocación. Porque según el humanismo aliciano, el mero hecho de que en la Constitución (a la que apelan como al texto sagrado) España se defina como un Estado aconfesional, es causa de que todo lo que de religioso, en general, pero especialmente católico, se manifiesta en la vida cotidiana sea tachado de antidemocrático.

Nos estamos refiriendo especialmente a la representación que el laicismo tuvo en el concilio con la Asociación Europa Laica, a pesar de que por parte de sus representantes en persona se ofreciera una visión muy sensata de la actual enseñanza secundaria.

Pero la asociación entre el laicismo y el ateísmo que funciona en esta federación, sólo es prueba de la inconsistencia teórica que arrastra, porque el ateísmo como doctrina ontológica materialista tiene muy poco que hacer con quien defienda la llamada «libertad de conciencia», concepto metafísico que nos recuerda, además, la particular forma religiosa del protestante (como más o menos dijo Marx: «Lutero hizo a todos los curas laicos, porque hizo a todos los laicos curas»).

De hecho, esta federación se dirá de Ateos, pero a ella se pueden asociar a su vez organizaciones propias de estos creyentes vergonzantes. Al menos durante aquellos tres días se dieron a conocer mediante las conferencias, libros en venta y folletos gratuitos algunas asociaciones como la de Unión de Ateos y Librepensadores, con sede en Barcelona, pero de ámbito estatal; Ateus de Catalunya, que no hace falta decir de donde son; Europa laica, que ya hemos nombrado, también española; y la alemana Alianza contra el conformismo de Friburgo de Brisgovia. Todas ellas defienden el laicismo.

La clausura

Para el último día se reservó el papel que en una ceremonia felicitaria ha de tener el «arte». Dedicaremos a esta jornada un comentario como día ejemplar de la intelligentsia del evento.{Ape3}

Justamente, el arte del fotógrafo, el arte del pintor y el arte del payaso.

Porque una «teoría» como es la del ateísmo canalla, dicho en palabras de Bueno, requiere de la reconstrucción imaginaria de escenarios relacionados con ella (como que no consistiría más que en el «sombreado verbal» de imágenes felicitarias facilitadas por las tecnologías del presente o del pasado).

Las fotografías de J. A. M. Montoya (especialmente las que tienen que ver con la interpretación de iconografía religiosa desde el prisma de las «obscenidades de pareja» o las de obscenidades de cloaca»{8}) ya habían amenizado las conferencias en los días anteriores. En una pantalla situada a la izquierda del escenario.

Pero, para el tercer día, no fue su obra, sino el autor en persona quien expuso sus teorías artísticas («la transgresión es un acto voluntario y lúcido de quererse apartar de un grupo») y sus dificultades para enfrentarse a la persecución de la censura («siempre he sido rebelde y subversivo»); fue aplaudido como quien, en los primeros concilios cristianos, acudía como «confesor» «que llevaba así la huella de las persecuciones recientes».{9}

Y es que este tercer día fue aquel en el que más sentido tuvo el nombre de «concilio», aunque sea ciñéndonos a la definición con la que Teodoreto de Ciro describió el concilio de Nicea: una «asamblea de mártires». Así se presentaron estos tres artistas ante el público.

El artista pintor nos descifró las claves del cuadro de El Bosco, el Tríptico de las Delicias, desde las precisas coordenadas del ateísmo canalla que, por cierto, para una visión histórica que no sea un puro disparate suponen su completa tergiversación.

Pero el famoso Tríptico abierto en una panorámica pantalla que ocupaba el escenario sirvió de ilustración para una «lección» que nos enseñó que el Jardín de las Delicias era la imagen de la vida «atea y libertaria» (sic). Era, según él, un mensaje cifrado de El Bosco para los ateos venideros que, evidentemente, Felipe II –al que llamó «Franco purulento lleno de escapularios»–, teniéndolo enfrente, no podía captar.

Y en su calidad de «confesor» se despidió brindando por los que «como Lorca habían muerto por sus ideas».

Por último el payaso, Leo Bassi, nos contó a través de un video que se emitía por primera vez en público titulado Torquemada y el Bufón su vida de «artista perseguido» y su «lucha por la libertad». Después, representó un fragmento de su obra perseguida La revelación. Y pudimos, en efecto, comprobar la inocencia infantil de unas escenas por las que un católico no debiera temer ningún perjuicio a su dignidad como creyente, aunque otra cosa distinta diríamos de la de los que las contemplaran felices.

Y cuando por fin todo acabó, Leo Bassi dedicó el espectáculo sin explicar por qué «a Antonio José de Silva, quemado en la hoguera por la Inquisición».

Así, la celebración gozosa en la que estos tres «confesores» se hicieron herederos de los herejes, brujas, y demás perseguidos de la historia terminó con palmadas rítmicas reguladas por la autocomplacencia de los asistentes.

Conclusión

Nos gustaría terminar con una cita de La fe del ateo que corresponde al párrafo en el que se critica la posición del fundamentalismo antirreligioso. Una de cuyas especies sería la de este ateísmo que hemos intentado analizar:

«No queda otra alternativa sino la de mirar con desprecio a quienes hablan, en general, de la rudeza del pensamiento teológico y de su acción retardataria, y creen, con ingenuidad de adolescente idealista, que removida la religión e instaurado el ateísmo, el progreso, el bienestar, la paz y la felicidad vendrán por sí mismos.»

Notas

{1} Dice Gustavo Bueno del «Tipo Galeato» en El papel de la Filosofía en el conjunto del saber, pág. 54: «Con este nombre, un poco arcaico, designo la actitud antifilosófica mantenida por escritores de temas realmente filosóficos, pero que, por causas diversas, desean segregarse de la filosofía. Se diría que su deseo está destinado a defenderse de la probable clasificación que sus escritos merecerán como escritos filosóficos. Acaso se dirigen veladamente a otros científicos para hacerles llegar la impresión de que pertenecen a su misma raza –hypothesis non fingo–.»

{2} Ramón Teja, Los Concilios en el cristianismo antiguo, Ediciones del Orto, 1999. Texto 7, pág. 65. [Descripción del Concilio de Nicea por un participante: Eusebio de Cesarea.]

{3} Cuenta Ramón Teja en el libro citado que, «todo parece indicar que no existían normas y requisitos de carácter general sobre la participación de los laicos y que la situación debía ser bastante fluida durante los siglos II y III. Una situación que se reflejó todavía en el concilio ecuménico de Nicea. […] Es posible, incluso, que asistiesen también los filósofos paganos como el discípulo de Jámblico, Sopater, y que la presencia de los no clérigos tuviese una importancia significativa pues Sozomeno dice que asistió un amplio número de paganos, unos para adquirir mayor información sobre la nueva religión que acababa de ganarse el favor imperial, otros para sembrar la discordia entre las filas de los cristianos».

{3b} Este es el párrafo que dedica Gustavo Bueno a la FIdA en el Prólogo de La fe del ateo, Temas de Hoy, Madrid 2007, página. 11 (el libro va firmado el 1º de septiembre de 2007 y apareció en octubre):

{4} El mito de la felicidad, Ediciones B, 2005, pág. 278.

{5} El mito de la felicidad, pág. 276.

{6} Sobre la proliferación de instituciones o heterías felicitarias en la Francia prerrevolucionaria y su análisis desde este concepto del «síndrome de la felicidad canalla», véase el comentario de Bueno en las páginas 282 y siguientes del libro citado. De aquí tomamos el nombre de «felicitarios», que era como se llamaba, como dice Bueno, a los miembros de la Orden de la Felicidad o de los Caballeros del Áncora. Nosotros se lo llamamos a los miembros de la Federación de Ateos.

{7} La Hetería soteriológica, como concepto antropológico, es el concepto que Gustavo Bueno construyó para definir a los «Psicoanalistas y Epicúreos» (El Basilisco, nº 13, 1982, págs. 12-39). Como tal es una agrupación constituída por individuos cuyos ideales se mantienen dentro de la formalidad subjetiva individual, es decir, lo que mundanamente se expresa como el «encontrarse a sí mismo» o «realizarse», siempre que se definan como fines inmanentes a la propia individualidad («felicidad», «placer», «tranquilidad», &c.).

{8} Estos conceptos, tan importantes para no dejarse llevar por la «metafísica de la basura» que acaso produjera la visión de las fotografías censuradas para este concilio, véanse en Gustavo Bueno, «Monogamia», Interviú, nº 1311, 11 de junio de 2001, pág. 18.

{9} Ramón Teja, op. cit., pág. 21.

Apéndice 0

Ateísmo o barbarie
Manifiesto público de la Federación Internacional de Ateos
[sin fecha, pero ya difundido en internet en noviembre de 2005.]

Las afirmaciones de la religión no pueden ser objeto de conocimiento teórico. El sentimiento por parte del hombre de la conciencia de su culpa constante y su aspiración a la felicidad engendran en él la fe en un dios que castiga y ama; pero no puede haber pruebas de la veracidad de esta fe.

Todos los dogmas de las religiones resultan, a la luz de esta concepción, subjetivos y arbitrarios.

La razón y la experiencia histórica demuestran que el prejuicio religioso constituye un serio obstáculo para el pleno desarrollo de la libertad y la felicidad de los individuos. Los portavoces de la irracionalidad exigen fe y sumisión bajo el temor de una futura catástrofe escatológica, operando con amenazas de tormentos infernales y con promesas de goces paradisíacos.

Condicionada por su poder hipnótico, gran parte de la humanidad sigue encadenada a esta ficción, siendo a la vez cómplices y víctimas del engaño masivo representado por las religiones. La liberación de estas cadenas espirituales tiene un significado decisivo en el desarrollo de la sociedad y en el proceso de liberación del ser humano. Por ello, la lucha contra la religión no se puede limitar sólo a la esfera política o económica. Ha de poseer inevitablemente como base una nueva cosmovisión y una nueva actitud ética, orientada contra la ideología totalitaria religiosa. Frente a la barbarie representada por los dogmatismos, proponemos un retorno de la razón, una nueva visión de la realidad y la voluntad de liberar a los individuos de las fábulas derivadas del pensamiento mágico.

El desarrollo del pensamiento ateo ha sido históricamente tortuoso y contradictorio. Pero las manifestaciones de este desarrollo han sido eslabones hacia el ateísmo consecuente. Ante el juicio de la razón, la religión en su conjunto resulta decididamente condenada. No obstante, la superstición religiosa organizada mantiene todavía estrechas alianzas con el poder político y económico, con la moral y con la cultura. Tal superstición permite y sustenta el influjo que la irracionalidad ejerce sobre nuestra época, en forma de integrismos y fundamentalismos.

Ciertas formas de oposición a las condiciones establecidas no son efectivas sino a través de una colectivización del esfuerzo. Pretendemos dar forma a un movimiento ateo global, que se dote de unos objetivos concretos y que planifique sus actuaciones públicas. Pensamos que jamás se ha dado al ateísmo la importancia que posee como fundamento de las bases científicas, políticas y filosóficas de Occidente. Creemos necesario profundizar en los fundamentos históricos, sociológicos, psicológicos y filosóficos del ateísmo, seccionar las raíces de nuestra heredada moral judeocristiana y analizar críticamente el papel que la religiosidad ha ejercido y ejerce sobre la conducta social.

Estamos convencidos del papel del ateísmo como catalizador de fuerzas transformadoras. La Federación Internacional de Ateos está integrada por hombres y mujeres seguros de la necesidad de prescindir de la idea de dios, de combatir el error fatal de esta creencia y de acotar progresivamente la influencia de las religiones y de sus ideologías afines en nuestras respectivas sociedades. A través de ella será posible canalizar de forma positiva nuestra capacidad de análisis y de respuesta ante la amenaza representada por la religiosidad y por el prejuicio idealista para el pleno desarrollo de los derechos y libertades civiles en los sistemas políticos en los que habitamos. Es un paso imprescindible en la formación de una sociedad más crítica, consciente, libre y autónoma, capaz de enfrentarse colectiva y coherentemente a la presión ejercida por el oscurantismo religioso.

El pensamiento libre no se detiene jamás ante el fetichismo. Ha llegado el momento de converger en una asociación atea internacional, que se concrete en una lúcida y efectiva conspiración contra todo tipo de irracionalismo.

Apéndice 1

Manifiesto por la excomunión
Actus formalis defectionis ab Ecclesia catholica

Nosotros, miembros de la Federación Internacional de Ateos, haciendo uso de nuestra plena libertad y con absoluta conciencia del significado y el alcance de nuestra petición, deseamos manifestar al Pontífice romano y a los obispos del mundo, así como a los responsables máximos de la Iglesia católica, y en especial a los de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo siguiente:

Reconocemos en la Iglesia Católica a la corporación más intolerante, homicida y destructiva de cuantas históricamente han existido. Reconocemos en su doctrina una ideología del odio y de la guerra, y un retablo de falsedades, trampas, contradicciones, engaños y ridiculeces erigido con el único fin de anular la inteligencia y denigrar la razón. Reconocemos en la moral cristiana un cloroformo destinado a neutralizar el placer y la imaginación, a hacer de nuestros cuerpos el más cercano enemigo y a trocar la virtud en sumisión. Reconocemos en el Papado a un emisario de la tortura y de la mentira, a una marioneta de los intereses del Estado fascista vaticano. Reconocemos en el alto clero a una banda de parásitos sociales, ávidos de poder y de saqueo. Reconocemos en los fieles católicos a una humanidad engañada, por la que sentimos solidaridad y compasión. Reconocemos en todas las víctimas del terror religioso la prueba definitiva de vuestra culpabilidad.

Y por lo tanto, os acusamos públicamente:

De haber condenado a muerte a millones de individuos, por colaborar con vuestras instrucciones a la expansión del VIH/SIDA. De practicar relaciones simbióticas con toda clase de totalitarismos, de fomentarlos, de justificarlos y de prostituiros ante ellos. De bendecir a los asesinos y a los tiranos. De proclamar santas cruzadas contra las mujeres y los hombres que han dudado de vuestra verdad. De esclavizar a los débiles. De adular a los generales y a los caudillos. De fomentar el odio a los cuerpos, a la felicidad y al placer. De insultar a la inteligencia, y de pretender someterla a vuestra absurda y primitiva teología. De jerarquizar los géneros, las relaciones y los sentimientos, de acuerdo con la moral siniestra que practicáis.

De imponer vuestras fobias como sagrados mandamientos. De atacar sistemáticamente las libertades individuales y colectivas. De saquear a los pueblos, sin tregua y con total impunidad, por medio de vuestros acuerdos diplomáticos, de vuestros Concordatos y de vuestras alianzas con el poder político. De traficar con la infancia. De fornicar con ella. De mentir. De abusar. De discriminar. De encubrir a los pederastas. De haber creado la Santa Inquisición. De encender hogueras que todavía no han cesado de arder. De despreciar a la ciencia y al conocimiento. De torturar, de masacrar y de ocultar la verdad histórica. De manipular la memoria colectiva. De perpetuar vuestra ideología inyectándola en las mentes infantiles. Y de instigar, conspirar, falsificar e imponer mediante la violencia vuestro delirio patológico.

Y os recordamos, además:

Que el código de Derecho Canónico que rige las sanciones y faltas en vuestra corporación, reactualizado por el difunto Karol Wojtyla, establece una relación de censuras cuyo objetivo declarado es la prevención y protección de vuestro rebaño de fieles. Que entre estas sanciones destaca, por su especial relevancia, la pena de excomunión. Que se establece dicha pena para los delitos «más graves», aquellos que la autoridad eclesiástica considera que colocan al sujeto fuera de la comunión con su Iglesia. Que el artículo 1364 §1 del Código de Derecho Canónico afirma que «el apóstata de la fe, el hereje o el cismático incurren en excomunión latae sententiae». Que el artículo 1369 establece que «quien, en un espectáculo o reunión públicos, en un escrito divulgado, o de cualquier otro modo por los medios de comunicación social, profiere una blasfemia, atenta gravemente contra las buenas costumbres, injuria la religión o la Iglesia o suscita odio o desprecio contra ellas debe ser castigado con una pena justa». Que el artículo 1373 explicita que «quien suscita públicamente la aversión o el odio de los súbditos contra la Sede Apostólica o el Ordinario, con el motivo de algún acto de potestad o de ministerio eclesiástico, o induce a los súbditos a desobedecerlos, debe ser castigado con entredicho o con otras penas justas». Y que el artículo 1374, siendo extremadamente claro en su redacción, sentencia que «quien se inscribe en una asociación que maquina contra la Iglesia debe ser castigado con una pena justa», y que «quien promueve o dirige esa asociación, ha de ser castigado con entredicho».

Y por añadidura os informamos de:

Que en los Estatutos de nuestra Federación se definen de forma diáfana los objetivos a los que deseamos dirigirnos, consistentes en denunciar y erradicar la influencia social y cultural ligada a las ideas de «Dios», del «alma» y de lo «sobrenatural»; en luchar contra la implantación del «hecho religioso» y contra los privilegios económicos y políticos de los que disfrutan la religión y sus instituciones; en la difusión del ateísmo como alternativa racional frente a la superstición religiosa; y en la defensa y expansión del racionalismo y del librepensamiento.

Por lo que exponemos:

Que la frecuente negativa de los miembros de las Conferencias Episcopales a asumir y reconocer el derecho de apostasía, manifestando los dirigentes de ciertas diócesis que el registro de bautismo es una simple anotación histórica no sujeta a la normativa sobre la protección de datos personales, y desarrollando una estrategia jurídica definida por su desobediencia a los tribunales, nos obliga a considerar la exigencia de la excomunión «latae sententiae» declarada para los miembros de nuestra organización que, por motivos sociales o de tradición familiar, fueron incluidos en su infancia en el cómputo de individuos bautizados y, por lo tanto, en el censo estadístico de católicos.

Tras todo lo cual, exigimos, apelando a vuestra presumible coherencia:

Que, en declaración eclesiástica y por oficial escrito, sea emitida CONDENA DE EXCOMUNIÓN PÚBLICA a TODOS los miembros, actuales y futuros, de la Federación Internacional de Ateos, no dejando así duda alguna en cuanto a la negativa absoluta, por nuestra parte, a seguir perteneciendo, en los casos en los que así conste, al cómputo de los fieles de la secta católica.

Rechazamos enérgicamente vuestra doctrina, vuestro culto, vuestra moral y vuestro cuerpo dogmático. Apostatamos de la fe católica (art. 1364). Suscitamos desprecio contra la Iglesia (art. 1369). Inducimos a la desobediencia frente a ella (art. 1373). Y, aún más importante, nos esforzamos en aquello que, según vuestro particular lenguaje, contribuye a «maquinar» contra la Corporación (art. 1374). Es decir, en denunciar, en hacer públicas y en exponer las actividades criminales presentes y pasadas en las que esté involucrado el clero católico, y en iniciar acciones concretas tendentes a destruir la influencia que éste mantiene sobre la cultura, la política y la sociedad.

En Toledo, Sede del I Concilio Ateo, a 22 de noviembre de 2007.
La Asamblea de socios de la Federación Internacional de Ateos (FIdA). Por representación, Francisco Miñarro, Coordinador. Entidad inscrita en el Registro Nacional de Asociaciones del Ministerio del Interior Español, nº nacional 586954. CIF G97756001. Apdo. de Correos nº 44. 46930 – Quart de Poblet. Valencia (España).

Nota: Copias del Manifiesto por la Excomunión en castellano y en latín han sido enviadas a los siguientes individuos y organismos:
Joseph Alois Ratzinger, Alias Benedicto XVI, Papa. Palacio Apostólico, 00120, Ciudad del Vaticano.
Cardenal William Joseph Levada, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (Congregatio pro Doctrina Fidei), Piazza del S. Uffizio, 11, 00193 – Roma, Italia.
Arzobispo Ángelo Amato, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe (Congregatio pro Doctrina Fidei), Piazza del S. Uffizio, 11, 00193 – Roma, Italia.
Conferencia Episcopal Española. Añastro, 1. 28033, Madrid. conferenciaepiscopal@planalfa.es
Obispos y Secretarios de todas las diócesis del Estado Español.
Cardenal Jorge Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires, Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Av. Rivadavia 415. C1002AAC. Capital Federal, Argentina. arzobispado@arzbaires.org.ar
Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, Presidente de la Conferencia Episcopal Chilena. Echaurren 4, pisos 5 y 6, Santiago. dop@iglesia.cl
Mons. Héctor Miguel Cabrejos Vidarte, Arzobispo Metropolitano de Trujillo. Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Jr. Estados Unidos 838 – Jesús María (Lima 11) – Perú. prensa@iglesiacatolica.org.pe
Conferencia Episcopal Mexicana (CEM). webcem@cem.org.mx
Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). celam@celam.org
Conferenza Episcopale Italiana. Circonvallazione Aurelia, 50. 00165, Roma.

Apéndice 2

Documento de apertura del I Concilio Ateo
Francisco Miñarro, Coordinador de la Federación Internacional de Ateos (FIdA). Círculo de Arte de Toledo, 07.12.07

¿Por qué un «Concilio»? ¿Y por qué en Toledo?

Intentaré dar una respuesta definitiva a estas dos cuestiones que, desde hace semanas, se nos han planteado de forma persistente.

Un Concilio es un encuentro, pero un encuentro que se pretende capaz de hallar respuestas, de llegar a conclusiones. En la perspectiva de una estrategia que busca recuperar el sentido de la existencia humana mediante presupuestos ajenos al condicionamiento religioso, el abordaje semántico es una herramienta imprescindible, puesto que el lenguaje, en sí mismo, es quizá la herencia más democrática y más liberadora de cuantas se nos han transmitido.

El filósofo Feuerbach encontró la esencia de la religión en la proyección abusiva de los significados de la naturaleza humana, transferidos a ficciones teológicas que despojaban a ésta, finalmente, de contenidos. Este robo gnoseológico se relaciona directamente con una estratagema, la de la apropiación indebida de las palabras. Un ejercicio practicado hasta la saciedad por los especialistas de la religión.

No es término, el de Concilio, que pertenezca exclusivamente a la tradición católica. En realidad, ningún término le es propio de manera privativa. Su depósito de creencias es un heterogéneo conjunto de adquisiciones, préstamos e interpretaciones que habrá de serle despojado algún día. Al liberar a ciertos elementos lingüísticos de su encierro teológico, ejercemos nuestro derecho a la justicia y a la compensación.

Queremos hablar de fundamentalismo. Somos ateos, y creo que por eso amamos tanto la naturaleza, la vida y el conocimiento. Por eso, también, nos preocupa el rumbo que puede adoptar la historia, el proceso involutivo que parece darse en gran parte de las sociedades.

Las situaciones conflictivas, las interacciones entre el espacio público y la fe religiosa, la ambición desmedida de sus portavoces, su intolerante intromisión en los asuntos del Estado, se han convertido en un lugar común normalizado, cotidiano, al que la escasa cultura democrática de la ciudadanía no encuentra medios de oposición. El proyecto laicista incluso es considerado por la mayoría como algo secundario, prescindible dentro de un ámbito de convivencia excesivamente inclinado a evitar riesgos y confrontaciones. Como un fluir hacia un nuevo Medievo, las exigencias expansivas de la fe, en especial las del monoteísmo absoluto del Islam y las de las distintas versiones del neocristianismo evangélico, del catolicismo romano y de la ortodoxia oriental, van minando paulatinamente el campo de nuestras libertades. Nos adentran en su ritmo y en su territorio, con la intención de hacerlos omnipresentes y de convertirlos en valores dominantes.

Simbólicamente, el impulso de re-evangelización, de re-catolización de la sociedad, representa una versión compleja del viejo mito del rapto de Europa. A los credos históricos se une, además, una pléyade de nuevas formas de religiosidad, la mayoría de las cuales se limita a ejercer técnicas de control y de distorsión mental aprendidas de sus hermanas mayores.

Toledo, esta ciudad maravillosa que nos acoge, también parece sufrir un rapto, cuando oímos de boca de algunos de sus representantes políticos, de los tramposos desinformadores de cierta prensa y del clero parásito que les alimenta, el mensaje unívoco de su «catolicidad». Nunca, en una democracia básica, puede un territorio identificarse con un discurso teológico concreto. Durante mucho tiempo fue así, de igual modo que España entera se confundió con el nacional-catolicismo durante la dictadura franquista, o que en Irán se declaraba el «Estado islámico» tras la revolución chiíta. Pero habitamos ahora en una democracia. Imperfecta, desigual, limitada. Mas, con todo, democracia.

Los fundamentalismos son eso, precisamente: afirmaciones teológicas con pretensiones políticas. Recordando a Azaña, pienso que Toledo ya no es católica. Por mucho que se empeñen los cardenales, se entreabrió ya la puerta hacia un espacio plural, en el que el derecho a la libertad de creer o no creer, o de creer en esto y no en aquello otro, debe ser respetado como norma fundamental de convivencia. ¿Que era más difícil celebrar aquí un Concilio Ateo? Sí, sin duda. Y precisamente por ello el desafío planteado adquiere un valor añadido.

Pero la ofensiva de la evangelización, dotada recientemente por Ratzinger de un «panzer» en forma de encíclica contra el ateísmo, no admite sutilezas. La fe es invasora, no quiere límites a su expansividad. Precisamente por ello abordamos el proyecto de una red, de una plataforma atea que busque neutralizar el poder de la religión.

Nuestras acciones, declaraciones e iniciativas habrán de ser continuas, incidiendo siempre en una serie de elementos clave: la vinculación de la Iglesia y de los integrismos religiosos con el totalitarismo, la peligrosidad de su moral con respecto a las libertades y derechos individuales, su desmedida afición a la rapiña y la denuncia de su historia criminal.

Nuestra intención no es otra que la de impulsar una renovación ética e ideológica a partir de la actualización de los principios y contenidos de la Ilustración: la razón, las libertades, la autonomía del individuo, el hedonismo, la solidaridad y la justicia. Y, por lo tanto, la trayectoria a seguir será siempre la afirmación del ser humano, del cuerpo, de la búsqueda del placer, entendido como la aceptación plena y libre de la existencia, como el único fin en la vida y como el solo escenario posible para la expansión y la práctica de virtudes éticas y de políticas responsables. Con ello nos enfrentamos directamente a los valores clericales de la obediencia, el castigo, el sacrificio y el dolor. Tocamos así su punto más débil: la evidencia de su eterna manipulación de los cuerpos y de las conciencias mediante técnicas psicológicas de control.

Y la manera de ejercer esta renovación cultural será, además, por medio de un proyecto imaginativo, que promueva la participación, el debate y el análisis. Contando con la complicidad de intelectuales, políticos, artistas y ciudadanos conscientes. Demostrando no sólo una completa coherencia en la línea adoptada, sino un serio compromiso y un claro nivel de exigencia. Desarrollando nuevos lenguajes y formas de comunicación. Aclarando finalmente a los conservadores de derecha e izquierda por qué el ateísmo es un factor imprescindible para abordar una necesaria transformación social.

Iniciamos un movimiento nuevo. Que no nos satisfaga la adaptación mimética a las viejas estructuras funcionales. Promovamos la creación poética y la razón científica, el juego social, el empleo de nuevas técnicas y de nuevos modelos y el uso de las herramientas adecuadas a la guerrilla cultural en que nos hemos constituido.

Seamos claros y contundentes, ya que por fin podemos decir en voz alta aquello que pensamos. Aquí y ahora.

Bienvenidos al Primer Concilio Ateo.

Apéndice 3

Apertura de la tercera jornada del I Concilio Ateo
Francisco Miñarro, Coordinador de la Federación Internacional de Ateos (FIdA). Toledo, 09.12.07

Cada vez con mayor frecuencia, la libertad de crítica y de expresión sufre los ataques fundamentalistas de quienes, habiendo renunciado voluntariamente a la razón, elevan la exigencia del respeto a sus convicciones por encima de aquellas. Esta situación apenas hubiera sido previsible hace unos años. La venenosa zarpa de la Iglesia católica, el largo brazo de la ramera de Roma, alcanza ahora el nivel de las decisiones políticas y del espacio público, y contribuye, como podemos ver, a adentrar a la cultura en el callejón sin salida de la domesticación y la vigilancia.

Pero no sólo intentan silenciar nuestros derechos. Pretenden además catalogarlos como delitos, arguyendo límites cuyo origen teológico basta para demostrar su falsedad. Porque las doctrinas, los mitos y los dogmas no pueden ser sujetos jurisdiccionales, y, por ello, apenas merecen más consideración que las pseudociencias, que la alquimia, la astrología o la magia.

La censura impuesta a Leo Bassi en multitud de ayuntamientos españoles, o el escándalo mediático y el acoso profesional sufrido por el fotógrafo JAM Montoya, son ejemplos del terrorismo cultural propiciado por el clero más siniestro y por los adiestrados fieles que manejan la administración pública y los diversos centros de poder. Y no se trata de ejemplos aislados. Durante el último año se han repetido decenas de situaciones más o menos similares, producto de una estrategia integrista que pretende reducir la cultura a un cuestionable objeto de mercado, y que confunde la desnudez con la pornografía, o la libertad de conciencia y de expresión con la «blasfemia».

Los asesinos de la razón están ahí, en forma de obispos indignados, de abogados ultras, de fanáticos religiosos, de inquisidores agradecidos, de legionarios de la represión y de traidores de la democracia. Frente a ellos, en pie, nos encontramos hoy nosotros, los miembros de la Federación Internacional de Ateos, dispuestos a abordar un proyecto ético y cultural renovador.

No claudicaremos. El sufrimiento y la sangre de millones de herejes, disidentes y librepensadores a lo largo de la historia no fue en vano. Los verdugos de siempre temen que, de nuevo, su voz adquiera actualidad. Lo dijimos antes y lo decimos ahora: «Nuestra libertad es innegociable.» Muchas gracias.
© 2008 www.nodulo.org
 

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