La rebelión de las miradas que se caminan juntas

Por: Colectivo seudónimos firmantes
Fuente: 1° parte del “Manifiesto para una izquierda rebelde”

Nota aclaratoria sobre la versión 1.1.

Manifiesto para una izquierda rebelde. Versión 1.1 es, de hecho, la primera revisión del libro Contra l’imperi, llibertat solidària! Manifest de la Xarxa Comunista Rebel. Versió 1.0, un texto finalizado en el verano del 2003 y publicado digitalmente en abril del 2004.

La versión 1.0, escrita en catalán, tenía varias asignaturas pendientes. En primer lugar, su traducción a otras lenguas, comenzando por el castellano. Una petición, y un deseo, al que por fin hemos podido dar respuesta. Además, un ensayo como el que hace ya más de un año lanzamos a la red necesitaba captar percepciones externas y abordar, cuando menos, un cierto ajuste. Hubiéramos preferido que este relevo lo hubiesen tomado otr@s, pero nadie se aventuró a recoger el testigo, aunque si nos llegó el aliento suficiente para continuar dando pasos hacia adelante. Ahora lo intentamos por segunda vez.

A pesar de que creemos que el documento madre continúa siendo válido en el fondo de sus profundidades, las rectificaciones a las que nos referíamos antes acabaron matizando numerosos puntos. Sin embargo, hemos respetado los contenidos relacionados con el contexto temporal en el que fue redactado el original porque nos pareció que así se reflejaría mejor una reflexión materializada en una coyuntura muy concreta, llena de amenazas y de oportunidades. Muchas cosas han sucedido desde entonces, pero algunas no hacen más que corroborar la urgencia de asumir nuevas dinámicas más allá de las ya existentes. Para nosostr@s, el balance apresurado y provisional entre el 2003 y el 2005 nos confirma que si no surge un sujeto colectivo rebelde y anticapitalista, a escala mundial, el imperio hará lo que siempre acostumbró a hacer el capitalismo: fagocitar la resistencia a cambio, eso sí, de aceptar algunas modestas incomodidades.

En este sentido, la principal enmienda de la versión 1.1 ha sido la de reconocer nuestras propias limitaciones. En la versión 1.0 sugerimos la “marca” comunismo rebelde (un paradigma radical por antiautoritario) pensando que podría sintonizar con la historia plural de las izquierdas, incorporando, a su vez, una síntesis de lo mejor de éstas. Nos equivocamos. La cultura pesa, y las palabras más. Humildemente, no se nos antoja otro horizonte que el socialista libertario si pretendemos transitar hacia una sociedad más libre e igualitaria que respete las diferencias y las incluya, de manera   solidaria, como un potencial humano que nos permita crecer en creatividad y dignidad a todos los habitantes de este planeta. Ahora bien, es evidente que a la hora de etiquetarnos en público las cosas no son tan sencillas. Parece claro que la palabra izquierda, a pesar de su manoseo, nos identificó antes y lo sigue haciéndo todavía. Aquí cada cual añadió, en función de su tradición, múltiples adjetivos para distanciarse de los “otros”: izquierda revolucionaria, comunista, socialista, radical, transformadora, anticapitalista, libertaria… Una circunstancia que, insistimos, para bien o para mal no ha desparecido.
 
Partamos pues de la realidad si lo que pretendemos es, en efecto, transformarla. Una realidad que busque y promocione los puntos en común. Y lo que es seguro es que entre los movimientos sociales y las izquierdas anticapitalistas hace tiempo que crece una semilla antijerárquica, una semilla que hay que regar para que se reproduzca, dé frutos y se mezcle. Una semilla rebelde.

Primavera del 2005.
Introducción: 35 años después

La rebelión de las miradas que se caminan juntas es una propuesta analítica resumida de una gran variedad de aspectos que condicionan la actual realidad opresiva. El mérito de sus seudónim@s firmantes ha sido, en todo caso, el de ofrecer una oportunidad más para socializar conocimientos que ya manejamos los humanos pero que habitualmente se encuentran fragmentados y dispersos. Manifiesto para una izquierda rebelde es la primera versión de una estrategia cooperativa, intelectual y manual, de millones de Homo sapiens (*) que con sus aportaciones específicas abren, tenazmente, caminos de esperanza hacia un futuro más libre e igualitario. Nosotr@s tan solo hemos succionado estas productividades, apoyándonos en la praxis de los movimientos revolucionarios y rebeldes, y en investigaciones científicas recientes y pasadas. Pensamos que la Humanidad ha conseguido un grado de madurez incompleta, pero suficiente, que nos permite abordar la reconstrucción de una nueva via hacia la socialización definitiva de la especie.
La complejidad y la interconexión de flujos de todo tipo que conforman la civilización de nuestros dias hace difícil discriminar  entre las cuestiones prioritarias y aquellas que tienen un peso secundario. Ahora bien, si hemos de escoger entre algunas de las razones determinantes en el estancamiento de las perspectivas emancipatorias, la alienación del lenguaje iría por delante. El primer problema a resolver por el Homo sapiens es el de la reapropiación de las palabras robadas históricamente por los “poderes primates” (las élites opresoras), tanto en la sociedad capitalista como en su variante finiquitada del “socialismo” de Estado.

El proceso socializador de la especie es un trayecto inacabado que ha pasado por diferentes fases más o menos favorables a los intereses objetivos del conjunto de la Humanidad. Entendemos por socialización la ruta inaugurada unos dos millones y medio de años atrás para transformar al animal humano en un ser plenamente social, un proceso en el que los homínidos que alcanzaron una tecnología superior fueron evolucionando, mientras que los menos desarrollados acabaron extinguiéndose. Un recorrido que para algunos investigadores supuso un proceso de transformación progresivo y lento, y para otros una cadena de saltos bruscos y rápidos, pero que, en cualquier caso, terminó por legar a un solo representante –el Homo sapiens moderno- no hace más de ciento cincuenta o doscientos mil años.

Ha sido la ciencia la que se ha encargado de demostrar que nuestra constitución biológica es sustancialmente diferente a la del resto del mundo animal al sustentarse en una dotación genética prácticamente idéntica e indeterminada, de una enorme plasticidad, que nos aboca, obligadamente, a desarrollarnos en comunidad, requiriendo de un marco de convivencia basado en la igualdad de oportunidades para que cualquier persona pueda desarrollar sus capacidades intrínsecas. Por eso partimos del convencimiento de que si el entorno cultural se estructura para propocionarnos todo aquello que necesitamos, el individuo lo compensará favorablemente, ofreciéndole su creatividad transformadora. La socialización, pues, cabe entenderla como un   intercambio equilibrado y cooperativo, donde igualdad y libertad se retroalimentan incrementando el potencial de ambas en beneficio de toda la especie.

El proceso de lucha por la socialización se acabó concretando, en la parte más reciente de la historia de la evolución humana, en luchas de clases entre élites minoritarias y sectores mayoritarios desfavorecidos. Las clases dominadas han empujado siempre la maquinaria socializadora, porque su objetivo primordial ha sido la extensión de los avances adaptativos conseguidos de forma cooperativa pero apropiados sistemáticamente por los poderes de turno en provecho suyo, excluyendo al resto de humanos de su disfrute mediante la imposición jerárquica y el ejercicio de la fuerza.

El avance de la lucha de clases por la socialización fue un camino penoso repleto de victorias y de derrotas. Algunas conquistas evolutivas resultaron tan evidentes que los poderes primates se vieron obligados a rendirse ante su inevitabilidad. La asunción forzada de preceptos como democracia, libertad, igualdad, solidaridad, justicia o derechos humanos son una consecuencia. Aunque, por desgracia, el proceso socializador todavía no ha culminado satisfactoriamente. Y esto quiere decir, entre otros aspectos, que no hemos conseguido acabar con las diferencias de clase.

Los primates-capitalistas ahora, de la misma manera que las burocracias dominantes en los paises “socialistas” de Estado con anterioridad, han procedido a la privatización de las palabras, pervirtiendo su significado. Dicen unas cosas mientras hacen otras. Así, las clases privilegiadas intentan legitimarse ante la sociedad   haciéndonos creer que su quehacer es el que tod@s deseamos, y que su actuación se inspira en la defensa de unos principios universales compartidos con el común.
Y a la vista estan los resultados. El actual Imperio Global Capitalista (llamado así porqué ya abraza a la totalidad del planeta) es la máxima manifestación de la hipocresía, pues ha llegado al extremo de destruir referentes comunicativos claves inhabilitando parcialmente uno de los principales instrumentos que son específicos de los humanos, el lenguaje, en detrimento de toda la Humanidad. Los buenos significantes han perdido su valor semántico, privatizados por las clases dominantes. Y l@s de aquí abajo nos hemos quedado huérfan@s y desorientad@s.

La nueva resistencia que emerge ha de resolver este punto. La sociedad informacional en que vivimos nos conduce inevitablemente a la meta prioritaria de reconstruir las palabras. Deberemos ser valientes y desterrar los prejuicios, pues lo tendremos que hacer sol@s y desde la base. Ninguna buena palabra (democracia, libertad, socialismo…) se salva de la manipulación a la que la han reducido los primates-capitalistas que nos sujetan. Escapar del control del imperio comporta huir de su lenguaje y reelaborar nuestros códigos con autonomía.

No obstante, los conceptos alienados nos son imprescindibles. Hemos de partir de la reapropiación de las formas silábicas, recualificarlas y adjetivarlas con los complementos clarificadores que hagan falta. Expresiones como justícia o derechos humanos son nexos significativos y comunicacionales que hemos elaborado toda la especie durante siglos. Nos han ido definiendo poco a poco como seres vivos diferenciados. No los podemos dejar escapar.

La desalienación del lenguaje consistirá en enterrar su valor de cambio actual sustituyéndolo por un valor de uso, depurando la suciedad acumulada y redefiniendo sus contenidos. El lenguaje rebelde del S XXI seguramente no ha de inventar demasiados términos, pero si que ha de subvertir las palabras principales identificadoras de un destino común, reciclar terminologías con el objetivo de asentar los significados emergentes, poner el acento en aquellas formas más adecuadas para explicarnos y entendernos, y acometer una articulación integrada que blinde esta aventura incipiente en pos de la socialización de un lenguaje emancipatorio.

Al mismo tiempo, tendremos que arriesgarnos si no queremos caer en la trampa a la que nos somete el capitalismo. El imperio aliena el lenguaje asumiendo una porción de éste como propio y demonizando aquel que considera potencialmente más peligroso para su hegemonía. Enunciados como socialismo o comunismo han sido tan prostituidos como la misma idea de democracia o libertad. En este sentido, las diferencias no son relevantes. Por tanto, se trata de aprovechar todos los recursos comunicacionales adaptativos conseguidos para darles la vuelta a nuestro favor. La liberación del lenguaje ha de plantearse en serio cuales son sus potencialidades desde una perspectiva alternativa, no supeditada a la contaminación interesada a la que la han conducido las clases dominantes para perpetuarse en el poder.

Igualmente, la reconstrucción del lenguaje ha de ser substancial, no ideológica ni dogmática. Hemos de aplicar una perspectiva científica, centrada en la intencionalidad socializadora de la especie, reconocer la multiplicidad de aportaciones revolucionarias y rebeldes, y hacerlas confluir.

La lucha socializadora se inspira en la ética de la vida. Es la lucha del Bien contra el Mal. Este combate se ha dibujado a través de fórmulas distintas que   necesitamos integrar en un proyecto constituyente. Entre los teólogos de la liberación, los marxistas críticos antiautoritarios, los ecologistas anticapitalistas, el anarquismo, los colectivos libertarios, las organizaciones feministas, las de liberación sexual, los ecosocialistas, las ONGD independientes no paternalistas, las ONG solidarias y internacionalistas, los movimientos sociopolíticos democático-participativos y, en general, la red antiglobalizadora,  no hay grandes distancias en lo que respecta a sus valores humanizadores. Durante mucho tiempo cada cual ha intentado luchar desde postulados ideológicos diversificados, orientándose en la penumbra teórica, pero apuntando en mayor o en menor medida hacia direcciones más coincidentes de lo que a menudo aparentaban. Ahora hay que aprovechar esta sinergia y darle forma. Necesitamos un instrumental básico que nos conecte reconociéndonos, y nos dé fuerza para consolidar el estallido resistente. Deberán ser herramientas dispares, aptas para expandirse en la sociedad de la información, permitiéndonos la suficiente flexibilidad para avanzar por un recorrido en red, antiautoritario y plenamente participativo. No proponemos construir ningún partido político ni internacional jerárquica alguna. Los modelos antisistémicos anteriores fracasaron, precisamente,  porqué iban en contra del proceso socializador, en donde la verticalidad animal originaria del pasado primate de los hombres y de las mujeres obstaculizó de forma reiterada la ampliación horizontal, a escala planetaria, de las relaciones sociales cooperativas entre las personas y entre los pueblos.
 
La lucha de clases por la socialización humanizadora de la especie ha significado un proceso de ensanchamiento de los espacios de igualdad social y de libertad de los individuos. El concepto de libertad solidaria que defenderemos en el   libro pretende sintetizar este impulso humano. Y la propuesta de articular a la izquierda rebelde del S XXI en una red autónoma (antijerárquica y no sujeta a dictados de ningún tipo) es nuestra aportación política consecuente. No nos determina ninguna fijación ideológica partidaria. Todo lo contrario, hemos querido dar un paso hacia adelante superando nuestros propios límites formativos. Asumiendo el riesgo de equivocarnos en la selección de algunos de los términos utilizados, estamos segur@s de la urgencia histórica de reconstruir el lenguaje, liberándolo del secuestro desde el que los poderes primates lo han alienado a través del tiempo y del espacio. No obstante, creemos que l@s integrantes del movimiento resistente permanecemos aún condicionad@s por el fracaso de las experiencias antisistémicas del S XX. Ayudar a dar un vuelco a esta situación ha sido nuestra principal intención. Consideramos que la lógica operativa de la militancia alternativa, dirigida a ganar reconocimiento social, nos ha dejado a medio camino. Estamos inmersos en un callejón sin salida a largo plazo, que tan solo modificaremos si nos autootorgamos una nueva legitimidad dando el cambio conceptual adecuado, todas y todos juntos. Y, con independencia de la formulación elegida (el presente manifiesto se ha de considerar un recurso, no una imposición), si la reconstrucción del espejo es amplia y la efectuamos con una relativa rapidez, quizás hasta nos beneficiemos de las posiciones recuperadas últimamente.

La rebelión de las miradas que se caminan juntas es un ensayo político, pero también es, en cierto modo, un relato de ficción. La Red Autónoma de la Izquierda Rebelde (RAIR) que proponemos no existe, ni tampoco la generaremos nosotr@s. La hemos imaginado como idea, como ejemplo simulado que ilustra y aglutina mejor algunos de los planteamientos aquí expuestos. La creación de la RAIR es una posibilidad que nos interpela a tod@s por igual.

Siguiendo con este juego de proposiciones, el Manifiesto para una izquierda rebelde. V. 1.1 lo contemplamos como una versión inicial y abierta que no nos pertenece. Si tiene aceptación deberá recrearse constantemente a partir de una lluvia incesante de conexiones que lo retroalimenten y modifiquen, desbordando su potencial incipiente. Te ofertamos ya desde el principio el siguiente procedimiento. Si al finalizar la lectura del presente manifiesto decides simpatizar con las tesis rebeldes, habrás dado el primer paso, convirtiéndote, mentalmente, en un nodo emergente de la red. A continuación te sugerimos que te hagas visible, explicando e intensificando la praxis de la libertad solidaria en todos los ámbitos posibles de tu vida. Es probable que no te cueste demasiado pues estamos segur@s de que ya eres un buen o una buena militante libre y solidari@. En caso contrario, ahora tienes la oportunidad de cambiar de hábitos. Pruébalo… ¿Hubo éxito?… Te damos la enhorabuena, una nueva desconexión del Imperio Global Capitalista está en marcha… iniciándose tu conexión activa a la red autónoma de la izquierda rebelde universal… A posteriori, coméntalo (si quieres) dentro de la asociación, el grupo de amigas y amigos, la organización sindical o el partido político al que pertenezcas. Difunde el libro para que lo lean tus compañer@s. Si tiene aceptación, discutidlo. Si llegais a un consenso favorable, podeis modificarlo en una versión mejorada. O si estais de acuerdo como colectivo, os animamos a que hagais pública vuestra adhesión al manifiesto, y si es factible, adaptad vuestros estatutos a los principios rebeldes. De esta manera, otro nodo – asociativo – se añadirá a la revuelta. En el supuesto de que el proceso sea mundial y copioso, el ente resistente se habrá formalizado: materialmente a nivel local, virtualmente a nivel global. No inventamos nada. Así ha sucedido con el movimiento antiglobalización.

A partir de aquí rodaremos en un constante ir y venir, encontrándonos de mil maneras para consensuar objetivos y acciones coordinadas, dispersándonos otra vez para diversificar estrategias autónomas específicas en ciudades, naciones o regiones. Nadie podrá parar el contraimperio porqué estaremos construyendo, desde la base, una forma social alternativa, entretejida mediante redes vehiculadas horizontalmente. Las armas del imperio terminarán por girársele en su contra.

La revolución de 1968 enlaza ahora con el levantamiento popular de la   primavera del 2003. Treinta y cinco años después, ciudadan@s de todo el mundo se han  manifestado en masa contra la guerra de Irak utilizando una red disidente, constituida a partir de una inmensa polifonía de movimientos sociales rebeldes distribuidos por todo el planeta en permanente comunicación gracias a la revolución informacional. Un paradigma senzillo pero categórico ha unido a millones de personas de distintas edades y procedencias sociales y culturales: la necesidad imperiosa de construir otro mundo posible en donde la dignidad de los seres humanos se convierta en el centro de una política antijerárquica profundamente participativa. Es posible que hayamos puesto en marcha el penúltimo impulso resocializador. Procuremos no frenarlo nosotr@s mism@s.

Por fortuna, la especie es tan variada como numerosa. De similar manera, la Red Autónoma de la Izquierda Rebelde (RAIR) no se trata de un partido tradicional que llama a la población a ingresar en sus filas monolíticas. La RAIR pretende establecer un sistema de coordenadas fresco, generador de una potencia cooperativa, emancipatoria y contrahegemónica que se enfrente conscientemente al Imperio Global Capitalista. La RAIR es una iniciativa político-cultural que habrá de traducirse, si lográ impactar en el común, en un proceso de cambio civilizatorio lento expresado de múltiples maneras, un recorrido progresivo dirigido a conectar a los humanos de todo el planeta interesados en un giro radical de la realidad. La riqueza del trayecto rebelde dependerá de lo que cada un@ pueda aportar en el momento que lo decida. Ni antes ni después. La democracia no se impone, la democracia fluye. La revolución democrática sólo serà irreversible en el preciso instante en que las relaciones sociales adquieran una madurez participativa de tal grado que hagan imposible concebir la vida desde una óptica no humana bien opuesta a la que nos somete la sociedad actual.

Todo y sabiendo que la barbarie capitalista nos ha conducido a un callejón sin salida, abocándonos a la destrucción de la biosfera y de la Humanidad entera, únicamente te sugerimos que nos consideres. Tómate tu tiempo.

La RAIR es un estallido de deseos compartidos a favor de la inteligencia y del amor humanos. El imperio capitalista, en cambio, manipula e institucionaliza los deseos para sujetarnos a una vida antihumana. La izquierda rebelde no puede caer en la misma trampa.

Busca tu tiempo. Tiempo de dominio creativo y de potencia transformadora. Y cuando lo encuentres, te invitamos a desear con nosotr@s. Libremente, solidariamente.

El ordenador se pone en funcionamiento…

Redactado en catalán en el verano de 2003.
Traducido al castellano y revisado en la primavera de 2005.

(*) Nota: el Homo sapiens es la única especie superviviente del género Homo (por eso en ocasiones también nos denominanos género humano) un aspecto que clarificamos de paso ya que en el libro no nos detendremos a analizar el fenómeno de la hominización. La hominización fue el conjunto de procesos evolutivos –anteriores al de la socialización- que llevaron a la aparición de los humanos a partir de los homínidos predecesores. Llamamos homínidos a la familia de primates que comprendía dos géneros, el Australopithecus y el Homo, de los cuales tan sólo el Homo ha sobrevivido hasta hoy (aunque para algunos científicos esta separación no es tan patente). El género Homo, de origen africano, se caracteriza por un conjunto de disposiciones anatómicas referidas a su postura bípeda en posición erecta (con pies no prensiles y una verticalización completa del cráneo), su dentición de aspecto humano y la presencia de hipercefalización. De la especie Homo sapiens del género Homo de la familia de los homínidos se originaron diferentes subespecies, entre ellas el Homo sapiens sapiens, convertida, finalmente, en su solitaria descendiente contemporánea, esto es, los humanos actuales, los que no sólo sabemos sino que además somos conscientes de ello, es decir, sabemos que sabemos (sapiens sapiens).
 

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