Reflexion en torno a la Cultura

Por: Zeta
Fuente: «Cultura en movimiento»

El rol entregado a la Cultura ha sido comúnmente simplificado y malentendido. Lo primero que hacemos es condicionar todo el vasto ámbito que comprende el concepto Cultura con precisiones que suelen, frecuentemente, panfletizar o sobreideologizar tales propuestas. La Cultura es un campo de enfrentamiento ni mas ni menos importante que cualquier otro espacio de lucha y tiene un lugar preponderante toda vez que a ella le corresponde construir un sentido común en las personas

Si consideramos la Cultura en su acepción antropológica, comprendida como el conjunto de rasgos distintivos que caracterizan el modelo de vida de un pueblo o de una sociedad, entre otros, la relación entre cultura y economía carecería de sentido, puesto que la forma de organización productiva de una sociedad estaría incluida en su propia Cultura. Por consiguiente, respondiendo a la interrogante entorno a si la Cultura sería un aspecto más, como mero instrumento del desarrollo o bien sería el objetivo y finalidad del desarrollo, entendido como la realización de la vida humana bajo sus múltiples formas.

El concepto de Cultura en el sentido humanista, sería la complejidad resultante de la suma de objetivos, valores, morales, intelectuales y estéticos que una sociedad determinada considera que constituye el designio de la organización, la división y la dirección de su trabajo. En esta perspectiva es algo mas que una ideología, pues podemos hablar de una Cultura existente pasada o presente, si sus objetivos y valores representados se han traducido de algún modo en la realidad social concreta. Tanto el recorte mecánico de materiales sobreimpuestos desde afuera, como la confiscación de toda facultad de discernimiento crítico, acondicionan a las Culturas latinoamericanas, para que vivan su relación a la Cultura bajo el modo de lo imitativo. Se copian determinaciones de lenguajes que no corresponden a los requerimientos contextuales del propio proceso de significación social.

Los primeros intentos en los procesos de Cultura de reivindicación de lo propio, como el rescate del paisaje andino o bien la consagración de lo indígena, a través de folklorismos y costumbrismos, el retorno a los mitos de lo originario, que condensa lo latinoamericano en el primitivismo de imágenes encargadas de retratar su ser; la mitologización de lo nativo y el fantasma del origen, que alimentan la metafísica del discurso latinoamericano, son las primeras erradas manifestaciones responsables de los arcaísmos de conciencia. Esto puede explicar la paradoja que tiene una parte tan amplia de la Cultura de occidente, de su arte y de su literatura, haya consistido en protesta, en crítica y condena de la Cultura dominante; y no solo de su miserable traducción en la realidad sino de su propio contenido y de sus mismos principios.

El hecho de que realicemos nuestro trabajo Cultural en sectores populares, no implica en absoluto, que estemos realizando un trabajo Cultural popular revolucionario, simplemente implica que realizamos un trabajo Cultural territorial. De este modo, suele creerse que una actividad Cultural es útil o buena, solamente por que ha sido realizada en sectores populares o junto a ellos. Así se elude debatir con respecto a que mensajes se están entregando, con qué lenguajes se realiza. En otras palabras una actividad no es necesariamente popular, sólo por que se realiza en sectores populares; una actividad Cultural, realizada por organizaciones populares y en un sector popular puede ser perfectamente una actividad Cultural burguesa, aún cuando no haya sido el objetivo de sus organizadores y protagonistas.

El carácter de clase de una organización social y popular se expresa no solo en los objetivos, sino también, en el conjunto de actividades que se realice Dichas actividades deben poseer una direccionalidad política estratégica que permita acumular fuerza para la clase. Cuando se habla de acumulación de fuerzas en el ámbito de lo Cultural y social nos estamos refiriendo a una acumulación a nivel de sentido común, esto es expresado en la instalación y desarrollo de un discurso determinado, de una estética específica. La acumulación Cultural para el campo popular es fundamental, sino una de las condiciones previas a la acumulación material propiamente tal.

El enemigo se nos enfrenta medianamente articulado, pero con los niveles de vinculación suficientes para instalar el sistema completo en contra nuestro. Ante dicha estructura, hemos respondido con golpes demasiado parciales acotados en su impacto y trascendencia. Definitivamente por ese camino no avanzaremos hacia la transformación radical de nuestra sociedad; los esfuerzos específicos desvinculados entre si y sin perspectivas estratégicas incluso le sirven al sistema, en términos de que el puede argumentar que efectivamente el sistema democrático burgués es eso, la expresión de las múltiples diversidades.

Reflexion en torno a la Cultura
Por: Zeta

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Publicado en «cultura en movimiento»

El rol entregado a la Cultura ha sido comúnmente simplificado y malentendido. Lo primero que hacemos es condicionar todo el vasto ámbito que comprende el concepto Cultura con precisiones que suelen, frecuentemente, panfletizar o sobreideologizar tales propuestas. La Cultura es un campo de enfrentamiento ni mas ni menos importante que cualquier otro espacio de lucha y tiene un lugar preponderante toda vez que a ella le corresponde construir un sentido común en las personas
Si consideramos la Cultura en su acepción antropológica, comprendida como el conjunto de rasgos distintivos que caracterizan el modelo de vida de un pueblo o de una sociedad, entre otros, la relación entre cultura y economía carecería de sentido, puesto que la forma de organización productiva de una sociedad estaría incluida en su propia Cultura. Por consiguiente, respondiendo a la interrogante entorno a si la Cultura sería un aspecto más, como mero instrumento del desarrollo o bien sería el objetivo y finalidad del desarrollo, entendido como la realización de la vida humana bajo sus múltiples formas.

El concepto de Cultura en el sentido humanista, sería la complejidad resultante de la suma de objetivos, valores, morales, intelectuales y estéticos que una sociedad determinada considera que constituye el designio de la organización, la división y la dirección de su trabajo. En esta perspectiva es algo mas que una ideología, pues podemos hablar de una Cultura existente pasada o presente, si sus objetivos y valores representados se han traducido de algún modo en la realidad social concreta. Tanto el recorte mecánico de materiales sobreimpuestos desde afuera, como la confiscación de toda facultad de discernimiento crítico, acondicionan a las Culturas latinoamericanas, para que vivan su relación a la Cultura bajo el modo de lo imitativo. Se copian determinaciones de lenguajes que no corresponden a los requerimientos contextuales del propio proceso de significación social.

Los primeros intentos en los procesos de Cultura de reivindicación de lo propio, como el rescate del paisaje andino o bien la consagración de lo indígena, a través de folklorismos y costumbrismos, el retorno a los mitos de lo originario, que condensa lo latinoamericano en el primitivismo de imágenes encargadas de retratar su ser; la mitologización de lo nativo y el fantasma del origen, que alimentan la metafísica del discurso latinoamericano, son las primeras erradas manifestaciones responsables de los arcaísmos de conciencia. Esto puede explicar la paradoja que tiene una parte tan amplia de la Cultura de occidente, de su arte y de su literatura, haya consistido en protesta, en crítica y condena de la Cultura dominante; y no solo de su miserable traducción en la realidad sino de su propio contenido y de sus mismos principios.

El hecho de que realicemos nuestro trabajo Cultural en sectores populares, no implica en absoluto, que estemos realizando un trabajo Cultural popular revolucionario, simplemente implica que realizamos un trabajo Cultural territorial. De este modo, suele creerse que una actividad Cultural es útil o buena, solamente por que ha sido realizada en sectores populares o junto a ellos. Así se elude debatir con respecto a que mensajes se están entregando, con qué lenguajes se realiza. En otras palabras una actividad no es necesariamente popular, sólo por que se realiza en sectores populares; una actividad Cultural, realizada por organizaciones populares y en un sector popular puede ser perfectamente una actividad Cultural burguesa, aún cuando no haya sido el objetivo de sus organizadores y protagonistas.

El carácter de clase de una organización social y popular se expresa no solo en los objetivos, sino también, en el conjunto de actividades que se realice Dichas actividades deben poseer una direccionalidad política estratégica que permita acumular fuerza para la clase. Cuando se habla de acumulación de fuerzas en el ámbito de lo Cultural y social nos estamos refiriendo a una acumulación a nivel de sentido común, esto es expresado en la instalación y desarrollo de un discurso determinado, de una estética específica. La acumulación Cultural para el campo popular es fundamental, sino una de las condiciones previas a la acumulación material propiamente tal.

El enemigo se nos enfrenta medianamente articulado, pero con los niveles de vinculación suficientes para instalar el sistema completo en contra nuestro. Ante dicha estructura, hemos respondido con golpes demasiado parciales acotados en su impacto y trascendencia. Definitivamente por ese camino no avanzaremos hacia la transformación radical de nuestra sociedad; los esfuerzos específicos desvinculados entre si y sin perspectivas estratégicas incluso le sirven al sistema, en términos de que el puede argumentar que efectivamente el sistema democrático burgués es eso, la expresión de las múltiples diversidades.

En medio de dicha búsqueda se proponen experimentaciones de trabajo que pretendan resemantizar la carga de imágenes provenientes de lenguajes internacionales, cuestionando una tradición, un conjunto de enseñanzas academizadas por la repetición canónica de su pasado, el fetichismo del arte y el rol sublimatorio que cumple la obra en la tradición de la estética. Desacralizar los géneros historiacamente establecidos que separan las distintas artes. Reformulando el nexo entre arte y política fuera de toda dependencia ilustrativa al contexto geográfico o sociopolitico, sino objetivarla en tensiones de signos, generadas al interior de sus dispositivos materiales de producción artística, cuestionando las reglas de producción que ciñen la obra a la unicidad de un genero y replantear delimitaciones de soportes y formatos. Reexaminando la dependencia del objeto de arte a las instituciones que administran su distribución, su consumo, e inscripción oficial. Acciones que pretenden dar cuenta de la heterogeneidad de los códigos, que componen las irregularidades de la trama Cultural del sujeto latinoamericano: y esto desde la disimilitud de los signos que conjuga en cuanto provenientes de los distintos conjuntos de lenguajes extranjeros, reformulando el cuerpo de la obra que la desadapte de su rol de conformidad a las estructuras de producción dominantes, desarmando su red de apropiaciones mercantiles. Los principios de ampliación o maniobras de desacondicionamiento institucional del formato de la obra, que reelabora tanto la categoría de lo creativo a los campos tradicionalmente delimitados por una ley de los géneros que aíslan e incomunican practicas, para ser ahora capaz de integrar la polivalencia del desarrollo histórico.

Juventud Rebelde Miguel Enríquez
(Valparaiso)

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