Por: Tomás Malagón
Fuente: Solidaridad.net (2003-06-23)
Cultura popular es la que hace descubrir la situación de alineación y falta de desarrollo en que el pueblo se encuentra. Es mucho y malo lo que le pasa al pueblo, pero lo peor es que éste no sepa lo que le pasa. Cultura popular es lograr que el pueblo sepa hacer una crítica certera de su situación. Es hacer al pueblo descubrir los objetivos hacia los cuales ha de orientar la acción por su promoción. Es poner en la pista para encontrar el camino por el que debe discurrir esta misma acción, los medios justos y eficaces que se han de emplear, las metas inmediatas que hay que conseguir. Es, finalmente, cultivar aquellas virtudes, aquella ética y aquellas aptitudes y sentimientos que transforman a la persona en auténtico militante al servicio del pueblo. Cuando la cultura que se ofrece al pueblo no es nada de esto (y normalmente no lo es), entonces constituye una forma más de alineación, y no debe extrañarnos que al pueblo le interese poco.
ALINEACIÓN, CONCIENCIA Y PROMOCIÓN
Es un hecho que el hombre no se autoposee, no es el artífice de su existencia, está como fuera de sí, no decide su vida desde sí mismo, sino desde una conciencia casi siempre irreal, parcial y superficial, y por consiguiente inauténtica, y desde las influencias que recibe del exterior. El hombre es hoy una unidad rota, escindida y fragmentada. Por una parte está lo que es, la gran dignidad de su naturaleza; por otra parte, su vivir, la gran miseria de su vida; por otra parte, su conciencia, el conjunto de engaños, de verdades a medias, de ilusiones, con que quiere explicarse lo que es el mundo y lo que es él mismo, en que anega la tristeza de sus fracasos, a que atribuye falsamente sus éxitos y con lo que se sugestiona como una poderosa droga para tener fuerzas para seguir igual. El hombre está alienado, es decir, vive sin usar de sus facultades y posibilidades, o porque las desconoce, o porque no las tiene cultivadas, o porque ha sido de ellas expoliado.
En este sentido podemos decir que existe en el hombre una alienación de su conciencia, alienación derivada de su situación política, social y económica, situación que constituye otra forma de alienación, una alineación vital en que el hombre se encuentra falseado en su forma de vivir, bien por el cúmulo de atribuciones y de privilegios que le embrutecen, bien por las expoliaciones y explotaciones que le oprimen.
La alineación del pueblo, entendido éste como aquel conjunto de ciudadanos que carecen de la influencia que procede del poder y del dinero, es especialmente dolorosa por la miseria y el sufrimiento que lleva consigo y por el ingente número de personas (la inmensa mayoría) a quienes afecta.
El propio pueblo ha de ser el protagonista de su liberación, pues no se puede hablar de promoción del pueblo si ésta no es autopromoción, ya que se trata ante todo del desarrollo y expansión de la propia personalidad, cosa que nadie puede hacer por otro.
Ahora bien, la salida del pueblo de aquella su situación de miserable alineación exige lucha. ¿Primordialmente en el campo político? ¿En el social? ¿En el económico? ¿En los tres simultáneamente? No queremos intervenir ahora en esta discusión. Lo que sí es cierto es que lo primero que se necesita son luchadores. Y los luchadores, en este caso, luchan sólo en virtud de una conciencia que los impulsa y mantiene. Esta conciencia popular es una verdadera cultura. Y el medio mejor para difundirla y desarrollarla es la Encuesta.
Reconocemos también y damos como seguro que en la presente situación de alineación sólo una minoría va a estar dispuesta a tomar sobre sí el trabajo de elaborar esa verdadera cultura popular, profundizando y agudizando la conciencia de los males que afligen al pueblo. Pero esa minoría será el fermento, la vanguardia y la autora principal de la promoción de los oprimidos.
CULTURA POPULAR
Hemos hablado de la gran necesidad de una cultura popular capaz de suscitar los luchadores que el pueblo necesita. ¿En qué consiste esta cultura?
Decimos que es un hombre culto aquel que posee una cosmovisión válida para la época en que vive y que, además, tiene suficientemente cultivada su personalidad y sus aptitudes, de modo que en algún orden contribuye al bien de la humanidad.
En la cultura, por consiguiente, se distinguen dos aspectos: el saber, la cosmovisión, la representación de la realidad, por una parte, y el cultivo de la personalidad, del cuerpo y del espíritu, por otra. Este segundo aspecto es mucho más importante que el primero.
En cuanto al primer aspecto, la cultura, si es auténtica, es la misma para todos en cada época y en cada parte del mundo. Las ciencias naturales, la historia, las matemáticas, son las mismas para todos. Las diferencias entre las diversas culturas provienen del elemento que en cada caso aparece más destacado. Así, la cultura egipcia fue de carácter fundamentalmente religioso; la griega es filosófica; la romana, jurídica, y actualmente está surgiendo una cultura técnica. En los tiempos antiguos hubo una cultura mítica; la Edad Media poseyó una cultura metafísico- teológica; en el Posrenacimiento se desarrollo una cultura racionalista, y la actual es una cultura fenomenológica y científica. Hay, asimismo una cultura norteamericana cuya nota esencial es el pragmatismo. Pero dentro de estas diferencias, la cultura como representación del mundo es la misma para todos. Se tiene o no se tiene esa cultura. Ojalá llegue a toda la sociedad.
Sin embargo, si atendemos al segundo aspecto, o sea la cultura como cultivo de la personalidad, ha sido y es diferente según los grupos humanos que la encarnan. Así, ha existido una cultura sacerdotal o clerical, una cultura aristocrática, una cultura burguesa; y hay también una cultura obrera y popular. Cada una de estas culturas ha tratado o trata de desarrollar en cada uno de los grupos humanos en que se halla representada todo un conjunto característico de hábitos mentales, de actitudes vitales, de reacciones y modos de conducta.
En este sentido, nosotros decimos que hay que difundir y desarrollar una cultura popular.
Cultura popular es la que valora, potencia y fomenta las aportaciones del pueblo al bien de la humanidad.
Cultura popular es la que hace descubrir la situación de alineación y falta de desarrollo en que el pueblo se encuentra. Es mucho y malo lo que le pasa al pueblo, pero lo peor es que éste no sepa lo que le pasa. Cultura popular es lograr que el pueblo sepa hacer una crítica certera de su situación.
Es hacer al pueblo descubrir los objetivos hacia los cuales ha de orientar la acción por su promoción.
Es poner en la pista para encontrar el camino por el que debe discurrir esta misma acción, los medios justos y eficaces que se han de emplear, las metas inmediatas que hay que conseguir.
Es, finalmente, cultivar aquellas virtudes, aquella ética y aquellas aptitudes y sentimientos que transforman a la persona en auténtico militante al servicio del pueblo.
Cuando la cultura que se ofrece al pueblo no es nada de esto (y normalmente no lo es), entonces constituye una forma más de alineación, y no debe extrañarnos que al pueblo le interese poco.
La cultura popular, en cambio, debe interesar a todos, al pueblo y cuantos con buena voluntad desean la paz y la justicia.
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